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28 julio 2018

'Mamma Mia: Una y otra vez': decisiones que lo cambian todo

En 2008, ¡Mamma Mia! La película, dirigida por una inexperta Phyllida Lloyd en base a un simpático guion de Catherine Johnson que ya había triunfado en los escenarios de Broadway, conquistó a los fans de los musicales desenfadados, de una Meryl Streep que demostró que ningún género se le resiste y, por supuesto, del inmortal grupo sueco ABBA. La crítica, sin embargo, reaccionó con acidez, opinando que probablemente se lo pasaran mejor los intérpretes haciéndola que los espectadores viéndola. Se equivocaban: pese al rebosante cutrerío, aquella cinta fue y sigue siendo un perfecto "placer culpable". Una década más tarde, sin embargo, la secuela —y precuela— ha logrado lo que parecía imposible: conquistar a toda clase de públicos, incluyendo los más exigentes, gracias a un guion más sólido, un reparto más entregado y, sobre todo, una puesta en escena mucho más elaborada.

Amanda Seyfried, Dominic Cooper y Cher en Mamma Mia: Una y otra vez
Nada como la fabulosidad de Cher
Mamma Mia: Una y otra vez (Mamma Mia: Here We Go Again!, 2018) es la tercera y mejor película del guionista y realizador londinense Ol Parker, quien no terminó de convencer con Rosas rojas (2005) y Ahora y siempre (2012) pero sí con el libreto de El exótico Hotel Marigold (John Madden, 2011) (no tanto, con la insípida secuela: El nuevo exótico Hotel Marigold, también de Madden, 2015). Consciente de qué funcionó en 2008 (el candor del elenco y el retrato del cariño familiar) y qué no lo hizo tanto (la factura amateur y, sí, la falta de entonación), él ha ofrecido la perfecta segunda parte, dando al excelente reparto de aquella la oportunidad, bien de redimirse (Pierce Brosnan, que llegó a ganar el Razzie por lo que parecía más un paseo frente a la cámara que una interpretación, ofrece esta vez un trabajo harto sentido y valiente con el que parece aceptar su edad por vez primera), bien de reencontrarse consigo mismos (Meryl Streep, que brilló en su día como nunca, hace una aparición breve pero estelar que nos recuerda lo efímera que es la vida), bien de demostrar cuánto han evolucionado (Amanda Seyfried, por aquel entonces una "colegiala", ya es toda una actriz hecha y derecha). Junto a los tres intérpretes mencionados, volvemos a encontrarnos, como si de viejos amigos se tratasen, con los divertidos —y a todas luces atractivos— Christine Baranski, Julie Walters, Colin Firth, Stellan Skarsgard y Dominic Cooper. Y, claro, sumamos rostros nuevos, a destacar una brillante Lily James (la Cenicienta de Kenneth Branagh, 2015) como la versión joven de Streep, además de un simpático Andy García y, sí, la mejor anexión que podía imaginarse: Cher, quien ya ha expandido el misticismo anunciando su propio disco de canciones de ABBA (estos dos últimos, todo hay que decirlo, parecen metidos con calzador).

15 mayo 2018

'Lady Bird', para mí, por mí (o cómo ser feminista sin proponérselo)

Que Lady Bird convirtiera a Greta Gerwig en la quinta mujer nominada al Oscar a mejor dirección (así como la primera desde que Kathryn Bigelow lo ganara por fin por la brillante En tierra hostil, 2009) desvió la atención sobre las cualidades de una cinta fácil de infravalor por su  fresco contexto juvenil y su carácter aparentemente liviano. Mas no nos despistemos: si Lady Bird obtuvo cinco nominaciones al Oscar (película, actriz, actriz de reparto, guion original y dirección, estas dos últimas para la polifacética creadora californiana) no fue por beneficiarse del impulso del movimiento #MeToo, sino sencilla y llanamente porque así lo merecía.

Saoirse Ronan y Beanie Feldstein en Lady Bird (2017)
Lady Bird ofrece una mirada cálida pero sincera
a la amistad femenina en los tiempos estudiantiles
Es difícil, no obstante, determinar el impacto que esta fresca comedia dramática habría tenido de brotar en un momento diferente. Pero, a fin de cuentas, siempre lo es: toda obra es hija de su tiempo. Como su valiente creadora, Lady Bird es feminista. Y mucho. Sin molestarse en serlo. Su protagonista, que podría perfectamente haber sido encarnada por la propia Gerwig (actriz, antes que directora, memorable en sus colaboraciones con su pareja, Noah Baumbach: Greenberg (2010), Frances Ha (2012) y Mistress America (2015), las dos últimas escritas mano a mano entre ambos) sueña con la clase de vida excitante que día tras día le niega la gris Sacramento (una de las pocas ciudades de la cool California que las guías turísticas invitan cortésmente a no visitar jamás). Y, como todo adolescente que se siente fuera de lugar, hace locura tras locura sin pensárselo dos veces, desde tirarse de un coche en movimiento como declaración de intenciones (uno de los grandes memes del año) hasta soltar a una autoridad que, de haber su madre abortado, la vida sería mejor para todos. Ella no es Gerwig, como ya se ha dicho, pero al tiempo lo es y mucho, pues gran parte del libreto parte de su propia vida, empezando por una relación de amor-odio con la infancia que, sin requerir la espectacularidad de Boyhood (Richard Linklater, 2014), la pequeña cinta plasma a la perfección en lo que supone otro bellísimo tributo al proceso de crecer.

29 mayo 2017

'No sé decir adiós': cuando la vida se esfuma entre los dedos

Como el primer gran escaparate anual del cine español, el Festival de Málaga siempre nos ofrece un par de joyas, generalmente óperas primas, a las que seguir la pista hasta la entrega de los Goya. Este año estas son indudablemente Verano 1933, de Carla Simón, y No sé decir adiós, de Lino Escalera. Mientras esperamos a la llegada a las salas de la primera, hablemos de la segunda, un excelente drama que se alzó con el Premio Especial del Jurado (Biznaga de Plata) y una Mención Especial del Jurado de la Crítica al trabajo actoral, así como con reconocimientos individuales a mejor interpretación femenina (Nathalie Poza), mejor actor de reparto (Juan Diego) y mejor guion (Pablo Remón y Lino Escalera), todos ellos enormemente merecidos.

Juan Diego y Nathalie Poza en No sé decir adiós
Los constantes fundidos a negro de No sé decir adiós
nos recuerdan las eternas reaperturas de la vida
La ópera prima de Lino Escalera, un español formado en cine entre Cuba y Nueva York, es un drama sobre la aceptación de la muerte por parte de dos hijas muy diferentes: la siempre malhumorada Carla (Nathalie Poza), hastiada de una existencia vacía en la gran ciudad que trata de llenar con sexo, drogas y otros vicios que sólo acentúan su desgracia, y la bonachona Blanca (Lola Dueñas), cada vez más consciente de que quedarse en el pueblo la ha convertido en una infeliz paleta. Motivos opuestos desembocan así en la misma consternación: la vida se está esfumando entre sus dedos por no haber sido ninguna de las dos capaz de sacarle el máximo partido. Así, pese a que el repentino cáncer del padre (Juan Diego) es lo que desencadena la trama, son realmente las vidas de las dos hijas las que se ganan nuestra preocupación e identificación: para bien y para mal, él ya ha disfrutado de una larga y próspera existencia, ¿pero acaso no están ellas muertas en vida? Por suerte, siempre hay esperanza, aunque quizá más para una que para otra, lo cual sólo depende de su forma de ver las cosas: Carla tiene múltiples posibilidades a su alcance, pero se empeña en ver siempre el lado negativo, echar tierra sobre su propio tejado y destruir cualquier opción de redención, mientras que la más inocente Blanca, aunque atrapada en una existencia pueril, mantiene la ilusión por seguir disfrutando de ella (mientras Carla recuerda con una mezcla de nostalgia y amargura sus pinitos en el ballet, Blanca hace inesperados planes para dedicarse al teatro, una profesión cuyo mayor atractivo es precisamente poder convertirse en otra persona). Al final, tanto ellas como nosotros utilizamos estos debates internos para evitar pensar en la inevitable despedida que alberga el film: aquella para la que uno sólo es capaz de despedirse cuando ya es tarde.

10 mayo 2017

La saga 'Harry Potter': siete libros, ocho películas, infinita magia

Harry Potter y la piedra filosofal (2001)
La llegada a Hogwarts de La piedra filosofal es
uno de los momentos más mágicos de toda la saga
Aunque las apariencias llevan a pensar que Harry Potter es el típico proyecto cinematográfico nacido con el único afán de inflar las arcas de Hollywood, lo cierto es que la historia que hay detrás es bastante más íntima y romántica. De hecho, la planificación de esta saga comenzó antes de que los libros fueran famosos siquiera, o sea, coincidiendo con la publicación de Harry Potter y la piedra filosofal en 1997 (siete años después de ser concebido). En aquella época, David Heyman se encontraba en Hollywood buscando un libro infantil que pudiera ser llevado a la gran pantalla; su primera opción fue The Ogre Downstairs, (Diana Wynne Jones, 1974), pero su equipo de producción, Heyday Films, le hizo llegar una copia de la novela de J. K. Rowling, de la que se enamoró al instante. El productor llevó entonces el proyecto a Warner Bros., estudio con el que tenía un acuerdo de colaboración, y juntos lograron convencer a la que ahora es la escritora más rica del mundo de que cediera sus derechos (recibiendo un millón de libras por los cuatro primeros libros). Las condiciones de la autora fueron estrictas, pero también clave de la calidad de las producciones: el control de la historia quedaría en sus manos, las secuelas se limitarían al material hallado en los libros y el reparto lo constituirían eminentemente intérpretes británicos.

01 febrero 2017

La fascinación por el cine zombi

Train to Busan (Yeon Sang-ho, 2016)
Train to Busan es una de las revelaciones del año
El último Festival de Sitges acogió dos nuevas joyitas del cine de zombis: la surcoreana Train to Busan (Yeon Sang-ho, 2016) y la británica Melanie. The Girl With All the Gifts (Colm McCarthy, 2016), ambas en cartelera. La primera recurre a un ritmo trepidante para contar algo mil veces visto (la expansión de un virus letal, en este caso por Corea del Sur) como nunca lo hemos visto (centrando gran parte de la acción en un tren KTX que viaja de Seúl a Busan, lo que hace lleva a irremediablemente en Rompenieves (Bong Joon-ho, 2013), el último taquillazo del cine surcoreano), sorprendiendo al espectador en todo momento sin dejar de jugar con los clichés del género, mientras que la segunda apuesta por un tempo más pausado y sosegado que sume al espectador en un sueño posapocalíptico verdaderamente inteligente. Train to Busan se alzó con los premios concernientes a mejor director y mejores efectos visuales; Melanie. The Girl With All the Gifts, con el relativo a mejor actriz para la debutante Sennia Nanua, quien encarna al miembro más especial de una generación nacida mitad “hambrienta”, mitad humana. El éxito internacional de crítica y público de ambas producciones nos recuerda que el cine de zombis todavía tiene mucho que contar.

17 octubre 2016

'Captain Fantastic': ¿qué educación necesitamos?

Que todos los niños necesitan una educación es algo harto repetido y aceptado por la mayoría de los mortales, pero todavía no está claro qué educación es exactamente la que necesitan. ¿Se halla en las clásicas normas y asignaturas la clave de un desarrollo personal satisfactorio o sería acaso mejor recurrir a una formación más práctica, libre y desprejuiciada? ¿Cumplen las escuelas con las necesidades del ser humano tal y como están planteadas o residen estas en terrenos más salvajes y osados? Y, en cualquier caso, ¿qué constituye verdaderamente una instrucción completa? El segundo trabajo del estadounidense Matt Ross (que no terminó de convencer con 28 Hotel Rooms, 2012) aborda estas cuestiones mediante una combinación de riesgo y convención ideal de cara a llegar a la audiencia más amplia posible, lo que explica que posea dos galardones tan diferentes como la mejor dirección de la sección “Un Certain Regard” de Cannes y el Premio del Público de Karlovy Vary, habiendo conquistado así a crítica y público por igual. Y es que, pese a partir de técnicas narrativas formularias, el original guion del propio Ross logra adentrarnos en un universo audiovisual tan atractivo como inquietante.

Captain Fantastic (2016)
Aunque cínica y alocada, Captain Fantastic
es una tierna mirada a la entidad familiar
En Captain Fantastic (2016) el siempre arriesgado Viggo Mortensen encarna a un hombre que lleva diez años viviendo en los aislados bosques del noroeste del Pacífico en compañía de sus seis hijos, quienes han crecido (y siguen creciendo) sin conocer otro modo de vida, pero no por ello descuidando el ejercicio de cuerpo y mente. Así, duros entrenamientos físicos y vivos debates filosóficos forman parte de una rutina ajena a la contaminación  —tanto literal como metafóricamente hablando— del mundo contemporáneo. La red, la telefonía móvil o la televisión prueban ser prescindibles en lo que a la felicidad de los infantes se refiere, mas no así el contacto con otros seres humanos. Muchos son, de hecho, los sentimientos que no pueden explorarse en la sola compañía de la familia y la naturaleza, como descubre antes que nadie (como es natural) el mayor de los hermanos —el rudo pero encantador George MacKay de Mi vida ahora (Kevin Macdonald, 2013) y Pride (Matthew Warchus, 2014)—, para quien todos los conocimientos teóricos adquiridos en el campo revelan ser fútiles a la hora de conquistar el corazón femenino. Y es que, como no podía ser de otra manera, la familia es arrastrada a la sociedad a causa de un acontecimiento relacionado con la bipolar progenitora, cuya ausencia actúa durante la primera parte de la cinta como único obstáculo al perenne bienestar de los personajes. De la noche a la mañana, los siete protagonistas habrán de verse las caras con el orden establecido, lo que dará lugar a algunos de los momentos más hilarantes de una obra que sabe moverse con solvencia entre el drama y la comedia durante todo el metraje.

Cartel de Captain Fantastic (2016)
La extravagancia domina el colorido
cartel original de Captain Fantatic
Así, las espectaculares secuencias iniciales del filme, durante las que el preciosista director de fotografía Stéphane Fontaine y el espiritual compositor Alex Sommers captan con garbo la existencia humana más salvaje, ceden paso a otras más convencionales en las que, evocando Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006) —empezando, claro está, por sendos hogares móviles en forma de furgonetas—, los personajes exploran las relaciones surgidas, tanto entre ellos mismos, como con otros miembros de la sociedad en la que acaban de aterrizar. La simpatía permanece, pero la crítica social se acentúa, revelándose el mundo contemporáneo como un lugar hipócrita cuyos delineados hábitos luchan en vano por tapar agujeros ideológicos insalvables. Que la más pequeña de la familia sea capaz, no sólo de memorizar el código legislativo estadounidense, sino también de reflexionar al respecto, mientras sus supuestamente civilizados primos —receptores de la educación que sus padres echan en cara al protagonista haber arrebatado a sus hijos— se limitan a poner cara de circunstancia resulta tan desternillante como mordaz (y, lo que es peor, verídico). A fin de cuentas, así funciona el sistema educativo: mucho ruido y pocas nueces, o, lo que es lo mismo, apariencia grandilocuente que, a la hora de la verdad, revela una insuficiencia plena. Sin embargo, para bien o para mal, Matt Ross no se atreve a cuestionar por completo el orden establecido, admitiendo que la idealizada existencia presentada posee, no ya peligros, sino directamente sus propias carencias. “La virtud está en el término medio”, parece decir Captain Fantastic después de todo. Quizá esta no sea la conclusión más arriesgada posible, pero sí es la más objetiva, así como la única viable para un producto decidido a auspiciar la reflexión complaciendo al mayor número de espectadores. Y es que para eso hace falta esperanza.

27 marzo 2016

'Nuestra hermana pequeña': la magia cotidiana de Kore-eda

Dice Kore-eda Hirozaku que no se siente particularmente cómodo rodando historias sobre la familia. Sin embargo, más de la mitad de su filmografía tiene en los lazos familiares el eje central, estando estos presentes incluso en los casos en que, sencillamente, no están (Nadie sabe, 2006). Durante los últimos años, el maestro japonés ha perdido a sus dos progenitores y formado una nueva familia en forma de nueva generación, algo latente en sus maravillosas Still Walking (2008), Kiseki (Milagro) (2011) y De tal padre, tal hijo (2013), a las que ahora se suma la encantadora Nuestra hermana pequeña (Umimachi Diary, 2015), erróneamente considerada como una obra menor del cineasta pese a —o, mejor dicho, debido a— ser todo un canto a la sutileza. Curiosamente, los espectadores sí la han recibido como merece, otorgándole el Premio del Público del Festival de San Sebastián meses después de ver la luz en el seno de una Sección Oficial de Cannes verdaderamente memorable que también nos ofreció otras joyas como el The Assassin de Hou Hsiao-Hsien o la Carol de Todd Haynes.

Nuestra hermana pequeña (Umimachi Diary, 2015)
Nuestra hermana pequeña recibió cinco premios de
la Academia Japonesa: película, dirección, fotografía,
iluminación e intérprete revelación (Suzu Hirose)
A diferencia de la mayoría de las obras de Kore-eda, basadas en sus propias experiencias personales, Nuestra hermana pequeña parte del manga Umimachi Diary, de Akimi Yoshida. Sin embargo, la cinta posee la fuerte esencia del guionista, realizador y montador nipón a raíz del elegante tratamiento del tema del duelo (presente ya en su primera obra: Maborosi, 1995) y la relevancia de las escenas culinarias —clave de la excelente Still Walking— como parte de una sutil narrativa, que, en la línea del cineasta clásico japonés Ozu Yasujiro (gran influencia del cineasta a raíz de obras maestras como Primavera tardía (1949), Cuentos de Tokio (1954) y Buenos días (1959), por mucho que él lo niegue), se basa en transmitir lo máximo a través de lo mínimo. De esta forma, una ingenua reacción ante un plato de comida, una mirada despertada por una frase intrascendente o una conversación aparentemente banal significan a menudo mucho más de lo que aparentan.

29 enero 2016

'Embarazados': persiguiendo la paternidad (y/o la felicidad)

Que la comedia sea el género más infravalorado por los españoles es una verdadera pena, porque probablemente sea también el que mejor se nos da. Así lo demuestra una vez más la simpática Embarazados (2016), en la que Paco León y Alexandra Jiménez se enfrentan a las dificultades de la fecundación in vitro (y de la propia paternidad) con la justa dosis de humor y dramatismo, ganándose al espectador desde el primer minuto.

Alexandra Jiménez y Paco León en Embarazados (Juana Macías, 2016)
Paco León y Alexandra Jiménez se enfrentan a los
conflictos de la paternidad en la divertida Embarazados
Embarazados es la segunda película de Juana Macías, quien sorprendió en 2010 con su aplaudido debut Planes para mañana, que le dio el galardón correspondiente a mejor dirección en el Festival de Málaga y la nominación al Goya a mejor dirección novel. En esta ocasión, la realizadora cambia el drama por la comedia, pero mantiene la combinación de astucia narrativa y melancólica emotividad que impulsó su primer trabajo, conformándose como una figura a la que seguir la pista a partir de ahora. De hecho, la obra es un recordatorio de que las mejores comedias saben renunciar de vez en cuando a la risa para conquistar el corazón del espectador, clave del éxito de notables cintas recientes como 3 bodas de más (Javier Ruiz Caldera, 2013), Ocho apellidos vascos (Emilio Martínez-Lázaro, 2014) o Requisitos para ser una persona normal (Leticia Dolera, 2015). Nada mejor que la empatía para ganarse la sonrisa del espectador más exigente.

09 noviembre 2015

'El desconocido': crisis sobre ruedas

La crisis ha influido a todos los aspectos del Estado español. Y el cine, por supuesto, no es una excepción. Algunos cineastas, como Juan Miguel del Castillo (Techo y comida) han optado por denunciarla a través del clásico cine social que tan buenos frutos da desde los tiempos del neorrealismo. Otros, como Dani de la Torre, han preferido un tratamiento más comercial pero también menos previsible (que no por ello mejor ni peor: ambos deberían competir por el próximo Goya a mejor dirección novel junto al A cambio de nada de Daniel Guzmán y el Requisitos para ser una persona normal de Leticia Dolera; ¡qué gran año para las óperas primas patrias!). Todos ellos han logrado sumar buenas críticas al clamor de un público cada vez más consciente de que el cine español lleva años sin tener barreras.

Paula del Río y Luis Tosar en El desconocido (Dani de la Torre, 2015)
El desconocido disfrutó de un primer pase especial
en el último Festival de San Sebastián
Así, El desconocido supone el salto al largometraje del realizador del corto Minas (2003) y la miniserie Mar libre (2010). ¡Y vaya debut! Lejos de amedrentarse, el guionista y director gallego ha facturado un emocionante thriller a la altura de obras como El Niño, del experimentado Daniel Monzón, a niveles tanto técnico como narrativo. Y precisamente con dicha cinta comparte, no sólo protagonista (un Luis Tosar tan magnífico como siempre), sino también espectacularidad: rodada en las calles de A Coruña, El desconocido presenta algunas de las escenas de acción más impresionantes de la historia del cine español, dominados por la sorprendente combinación de grúa, steadicam, dron y tecnología digital, fundidos mágicamente en la sala de montaje para confeccionar trepidantes planos secuencia que dejarán sin aire al espectador más calmado.

31 octubre 2015

'Babadook': el monstruo interior

A priori, el terror no es un género especialmente inteligente. A priori. Y es que lo único más difícil que hacer reír es causar pavor. Por consiguiente, lo único más difícil que hacer una buena comedia es hacer una buena película de terror. Año tras año, múltiples son los estrenos de cine de terror (ahí está Sitges para demostrarlo) y, sin embargo, las películas recopiladas en los especiales de Halloween son siempre las mismas: Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960), Pesadilla en Elm Street (Wes Craven, 1984), Los otros (Alejandro Amenábar, 2001), etc. ¿Por qué? Pues, sencillamente, porque ante un género tan trillado resulta difícil innovar, siendo la mayoría de producciones prescindibles en cuanto se echa la vista atrás. Así, para los seguidores del género, cada filme verdaderamente sorprendente es como una aguja escondida en un pajar… lleno de las agujas equivocadas. Esto vuelve aún más especiales los estrenos de Babadook e It follows que hemos disfrutado durante los últimos meses (si bien la primera producción pertenece al 2014 y la segunda al 2015, lo que apoya las teorías de que el cine de terror sólo destaca una vez al año), dos pequeños triunfos del género, cuyo entusiasmado recibimiento crítico se ha traducido en una acogida relativamente tibia por parte de los espectadores; en celebración del día de Halloween (que ya he festejado en otras ocasiones con artículos como 'Terror para un buen Halloween' o '10 películas de terror para vivir el espíritu de Halloween') voy a hablaros un poco de la primera de ellas, confiando en que explorar su historia y posibles interpretaciones os haga verla con otros ojos.

Essie Davis y Noah Wiseman en Babadook (Jennifer Kent, 2014)
La experimentada Essie Davis y el jovencísimo
Noah Wiseman protagonizan Babadook
Empecemos situándonos. La australiano-canadiense Babadook (The Babadook, 2014), estrenada en el Festival de Sundance, supone el debut en la dirección de largometraje de la actriz australiana Jennifer Kent, que adapta su propio cortometraje: Monster (2005) —apodado ahora como “Baby Babadook”—, en el que una madre y su hija se enfrentan al monstruo del armario. Pese a estudiar en el National Institute of Dramatic Art, Kent terminó hartándose de la interpretación, lo que le llevó a pedir a Lars von Trier que le dejara participar en el rodaje del peculiar film Dogville (2003). Sorprendentemente, el famoso realizador danés aceptó —¿¡tan fácil es trabajar con uno de los genios del momento!?—, granjeándole una experiencia que ella considera como su escuela de cine y que fue clave para la confección de Babadook. En 2009, Kent empezó a trabajar en el guion de la película con la idea de explorar la oscuridad inherente a nosotros mismos y el temor a volverse loco, sumando a ello una nueva perspectiva de la paternidad (“No digo que todos queramos matar a nuestros hijos, pero muchas madres lo pasan mal; hablar de la maternidad sin reducirla a una experiencia perfecta se ha convertido en un tabú”, afirmó sin tapujos). Entre sus influencias, Kent cita obras clave del género como Nosferatu (F. W. Murnau, 1922), Vampyr, la bruja vampiro (Carl Theodor Dreyer, 1932), Los ojos sin rostro (Georges Franju, 1960), El carnaval de las almas (Herk Harvey, 1962), La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974), La noche de Halloween (John Carpenter, 1978), El resplandor (Stanley Kubrick, 1980), La cosa (John Carpenter, 1982) y Déjame entrar (Tomas Alfredson, 2008).

08 septiembre 2015

De 'Pequeña Miss Sunshine' a 'Nuestro último verano en Escocia'

Las familias desestructuradas están a la orden del día. A fin de cuentas, ¿qué familia no lo está hoy en día, aunque sólo sea un poco? ¿Qué familia que se preste carece de un poco de locura y unos cuantos gritos de vez en cuando? Y, pese a todo, ¿quién no ha llegado a pensar que no hay familia más curiosa que la suya? Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006) y Nuestro último verano en Escocia (Andy Hamilton y Guy Jenkin, 2015) nos recuerdan que el sentimiento de pertenecer a una familia de locos es más generalizado de lo que pensamos. Y ambas lo hacen combinando con maestría la comedia y el drama, sin abusar en exceso de ninguno de los dos géneros para dejar una sensación que roza lo agridulce pero desemboca en una bella —pero realista— positividad.

Abigail Breslin en Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006)
La genialAbigail Breslin fue la revelación de
la joya indie Pequeña Miss Sunshine
Nuestro último verano en Escocia supone el salto conjunto al séptimo arte de los sexagenarios realizadores británicos Andy Hamilton y Guy Jenkin, artífices de la popular serie Outnumbered (2007), centrada en un matrimonio con problemas para educar a sus tres hijos. Presentada en la pasada Seminci de Valladolid, la cinta bebe enormemente, tanto de dicha serie, como de Pequeña Miss Sunshine, al presentar una pareja londinense en pleno divorcio —la deliciosa Rosamund Pike nominada al Óscar por Perdida (David Fincher, 2014) y el icónico David Tennant de Doctor Who— que debe aparentar felicidad mientras visita en Escocia al enfermo padre de él —Billy Connolly, tan simpático como estuvo en Una serie de catastróficas desdichas (Brad Silberling, 2005)— acompañada de sus tres hijos (Emilia Jones, Bobby Smalldridge y Harriet Turnbull). Aunque todo el reparto (que también incluye a Ben Miller, Amelia Bullmore y la siempre agradable pero algo fuera de lugar Celia Imrie) está perfectamente escogido, la frescura del film se debe principalmente a la impagable espontaneidad de los tres niños, quienes actúan con una naturalidad de la que muchos intérpretes profesionales tienen mucho que aprender. Gracias a ellos, la cinta es capaz de imprimir una sonrisa permanente en el rostro de los espectadores pese a la dureza de algunos temas tratados, tales como los problemas conyugales, la depresión crónica o la aceptación de la muerte.

01 marzo 2015

'Boyhood': doce años de vida

Los doce rostros de Ellan Coltrane en Boyhood (Richard Linklater, 2014)
Doce años. Doce fotos. Doce rostros de Ellan Coltrane
Incontables son los acontecimientos históricos plasmados por el séptimo arte. Pero pocas son las películas que logran convertirse en verdaderos acontecimientos históricos. Pues bien, la bellísima (re)presentación de la vida que nos ha regalado Richard Linklater —limitarse a hablar de infancia sería infravalorar su envergadura— es innegablemente una de ellas. Boyhood (cuyo título original, 12 Years, se cambió a última hora para evitar confusiones con el 12 años de esclavitud de Steve McQueen) no es sólo un film único en su especie, sino un dinámico álbum fotográfico de valor incalculable. Tras un impresionante recorrido de críticas y laureles, esta obra maestra terminó quedándose a las puertas del Óscar a mejor película, pero lo cierto es que Boyhood está por encima de ello, pues, desde su estreno en el festival de Sundance el 19 de enero de 2014, ha traspasado el estatus de obra audiovisual para volverse una efeméride que perdurará eternamente como un retrato sin precedentes de la existencia humana.

22 enero 2015

'La teoría del todo': la fuerza del amor de Jane y Stephen Hawking

La teoría del todo (James Marsh, 2014)
La teoría del todo extrapola la vida de
Stephen y Jane Hawking a la vida humana
Algunas películas, como la Perdida de David Fincher, parten de un material plagado de giros y sorpresas que nos impactan con cada plano. Otras, como La teoría del todo, lo tienen más difícil para sorprendernos. ¿Cómo asombrar al público con la archiconocida historia de uno de los científicos más famosos de la historia? ¿Cómo convertir un biopic sobre Stephen Hawking en una cinta única en su especie? ¿Cómo ganarse la identificación del espectador a través de la rigurosa ciencia? Reconozco que me enfrenté a La teoría del todo con reservas: tras la entretenida The Imitation Game, esperaba otro film biográfico británico al que la falta de innovación y credibilidad histórica impidiesen brillar con fuerza. Y, si bien no me encontré ante un desenfreno de emociones, sí disfruté de una historia real maravillosamente bien contada que resultó tener mucho más que ofrecer de lo que las apariencias auguraban.

08 mayo 2014

Carmina o revienta y amén. El triunfo de la familia León

Coincidiendo con el Día de la Madre, la semana pasada llegó a la cartelera española la comedia dramática Carmina y amén., esperada secuela de Carmina o revienta., obra que sorprendió a todos hace dos años por su habilidad para lograr nuestra identificación con personajes que, probablemente, encontraríamos por la calle y juzgaríamos antes de conocer. Con inusual habilidad, las dos películas nos enseñan a poner fin a los prejuicios y evitar etiquetas cuando tratamos con personas.

Paco León dirige a Carmina y María en Carmina o revienta. (Paco León, 2012)
Paco León acumuló anécdotas de su madre para
plasmarlas en las dos películas
Ambas películas conforman un emotivo canto de amor hacia todas las madres y están dirigidas con sorprendente habilidad por el actor cómico Paco León, famoso por sus impagables parodias en Homo Zapping (2003), así como por interpretar a Luisma en la popular aunque irregular serie Aída (2005). Él ya demostró un gran talento para la cámara en su primer film, Carmina o revienta (2012), por el que fue nominado al Goya a mejor dirección novel —galardón que incomprensiblemente fue a parar a Enrique Gato por Las aventuras de Tadeo Jones (2012), obra bastante mejor animada que escrita y dirigida—, pero Carmina y amén. (2014) ha dejado claro que aquello no fue un mero golpe de suerte.
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