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24 junio 2026

'15 pruebas de amor': luminoso viaje hacia la maternidad


15 pruebas de amor aborda una realidad poco habitual en el cine: la experiencia de la madre no gestante dentro de una pareja de mujeres que espera un hijo. Alice Douard convierte esa situación en el centro de una historia que habla de identidad, vínculos familiares y reconocimiento, evitando el tono reivindicativo más obvio para centrarse en las dudas y emociones de sus personajes.

La película sigue a Céline mientras se prepara para la llegada de su primera hija. Aunque forma parte del proyecto familiar desde el principio, el embarazo de su pareja, Nadia, despierta en ella una serie de inseguridades sobre su lugar como madre. El guion encuentra interés precisamente en esos conflictos cotidianos, tratados con una mezcla equilibrada de humor y sensibilidad.

Gran parte de la fuerza de la película reside en las interpretaciones. Ella Rumpf (Crudo) compone un personaje lleno de matices, capaz de transmitir vulnerabilidad sin excesos dramáticos. Monia Chokri (Los amores imaginarios) aporta naturalidad y complicidad a la relación de pareja, mientras que la veterana Noémie Lvovsky destaca en un papel secundario que añade profundidad emocional al conjunto.

El proyecto tiene además un componente autobiográfico. La directora se inspiró en su propia experiencia como futura madre no gestante. Esa cercanía con el material se percibe en la precisión con la que retrata situaciones y sentimientos muy concretos. Es su primer largometraje de ficción tras varios cortos premiados. Apoyada en la fotografía de Jacques Girault (Sauvage), opta por una puesta en escena sobria que confía en los personajes, sin necesidad de artificios.

Más que una película sobre el conflicto, 15 pruebas de amor funciona como una observación detallada, y a menudo hilarante, de cómo se construye una familia.



30 octubre 2020

'Verano del 85' como metáfora perfecta del primer amor

Ya no escribo aquí tanto como antes, en parte por falta de tiempo y en parte, para qué negarlo, porque el periodismo cinematográfico está masificado y encima Blogger cada vez se molesta menos en funcionar bien. Pero no he podido resistirme a hacerlo a propósito de Verano del 85, la maravillosa, y quizás incomprendida, última película de François Ozon.

Benjamin Boisin y Félix Lefebvre en la moto, Verano del 85
Benjamin Boisin y Félix Lefebvre
en la vital pero peligrosa moto
Tras triunfar en la taquilla francesa y pasar por la Sección Oficial del Festival de San Sebastián, Verano del 85 (
Eté 85, 2020) ha llegado a las salas españolas dispuesta a animar el otoño, con una historia que se mueve de lujo entre el romance juvenil, el drama y el thriller. Tras la cámara se encuentra, como ya se ha dicho, François Ozon, uno de los directores más exquisitos e infravalorados del momento, artífice, entre otras, de 8 mujeres (2002), En la casa (2012) y Una nueva amiga (2014). En esta ocasión, el muy personal cineasta galo adapta, con la elegancia que lo caracteriza, la conmovedora novela Dance on My Grave (1982) del británico Aidan Chambers, la cual traslada a un pueblo costero francés en 1985, coincidiendo con el contexto en que él mismo la leyó (bueno, casi: originalmente iba a ser 1984, pero fecha y título se cambiaron a raíz del estreno de la, para qué negarlo, solo pasable cinta de terror Verano del 84, de Anouk Whissell, François Simard y Yoann-Karl Whissell).

21 diciembre 2019

Star Wars. El ascenso de Skywalker: cobardía sin rumbo galáctico

Es difícil evaluar una película como Star Wars: El ascenso de Skywalker (Star Wars: The Rise of Skywalker, 2019) sin dejarse llevar por lo que esta saga significa para tantos de nosotros. Pero tampoco tendría sentido hacerlo: no estamos sólo ante una película, siquiera sólo ante otra película de Star Wars. No, estamos ante la conclusión, en teoría definitiva, de la saga Skywalker, compuesta de tres trilogías independientes pero fuertemente interconectadas que nos han hecho soñar, reír y llorar y, con excepción, claro está, de la primera, no tendrían sentido por sí solas. 

Kylo Ren y Rey en El ascenso de Skywalker
El enfrentamiento entre la luz (el bien) y la oscuridad
(el mal) se confirma como el tema central de la saga
El ascenso de Skywalker tiene lugar poco después de Los últimos Jedi (Rian Johnson, 2017), sin duda la cinta más polémica de la saga, una de las favoritas de la crítica especializada y, sin embargo, la más odiada por los fans a raíz de sus valientes, pero no siempre bien encaminadas, decisiones. Pues bien, J. J. Abrams, que convirtió El despertar de la fuerza (2015) prácticamente en un remake de la canónica La guerra de las galaxias (George Lucas, 1977), ha hecho como si tan arriesgado capítulo intermedio no existiera, corrigiendo sus supuestos errores y retomando el espíritu que, en teoría corresponde a la saga, pero evitando también volver a caer en el déjà vu que, pese a las alabanzas, tanto se le echó en cara. El resultado, cobarde y absurdo como él solo, se queda en tierra de nadie: sorprende más que las dos películas previas gracias básicamente a que ya no había nada que calcar pero, en general, lo hace para mal, desviándose por completo de la coherencia de esa galaxia muy, muy lejana tal y como hizo la denostada Los últimos Jedi, pero sin motivación autoral alguna más allá de contentar a unos fans que empezábamos a desear el mismo borrado de memoria que sufre de vez en cuando el genial C-3PO (Anthony Daniels). Al final, la crítica se ha aburrido, los fans se han llevado las manos a la cabeza y el público medio se ha limitado a pasar el rato, lo que convierte esta obra en el mayor tropiezo de tan irregular franquicia.

08 diciembre 2019

Premios de Cine Europeo 2019: consolidación de la mirada LGTB

La 32ª edición de los Premios de Cine Europeo seré recordada eminentemente por dos asuntos: el récord de galardones de La favorita (ocho) y el triunfo de la cinematografía LGTB, donde se enmarcan tanto esa cinta, que para muchos parecía ya agua pasada al ser realmente un título de 2018, como las que, por así decirlo, se han hecho con las medallas de plata y bronce: Dolor y gloria y Retrato de una mujer en llamas, dos de las joyas europeas del año. Los tres títulos abordan la comunidad no heteronormativa con originalidad, valentía y, ante todo, plena naturalidad.

La favorita, de Yorgos Lanthimos
La favorita estuvo nominada a 10 premios Oscar,
pero finalmente sólo Olivia Colman ganó el suyo
La favorita, que, valga la redundancia, fue una de las cintas favoritas de la carrera hacia el Oscar del año pasado, se hizo con todos los galardones a los que optaba: mejor película, mejor director para el griego Yorgos Lanthimos, personalísimo artífice de Canino (2009) y Langosta (2015); mejor actriz para la magnífica y muy británica Olivia Colman (receptora por este mismo papel del Oscar, el Globo de Oro y el BAFTA), que no acudió a la gala por estar ocupada jugando con sus hijos y sus perros, y mejor comedia (sí, ese absurdo galardón cuyo propósito no termina de quedar claro). A esos cuatro premios, todos muy merecidos pero quizá excesivos, hay que sumar otros cuatro de carácter técnico recogidos con anterioridad: fotografía para Robbie Ryan por "alejarse de las convenciones del drama de época lo máximo posible", montaje para Yorgos Mavropsaridis por dar a la película "un flujo fácil y natural de una manera inteligente, nueva e inventiva", vestuario para la ya mítica Sandy Powell por "ofrecer todos los guiños necesarios para una película de época que refrescantemente se siente como una ópera punk rock" y mejor maquillaje y peluquería para Nadia Stacey por un trabajo "hilarante pero también extremadamente triste". Y es que estamos ante una de las obras más geniales del año, tanto narrativa como visualmente.

26 noviembre 2019

La mirada del amor: 'Retrato de una mujer en llamas'

Céline Sciamma, mujer y lesbiana, se considera una cineasta avant garde sencillamente por ser lo que es: una mujer, concretamente una mujer lesbiana, en un mundo todavía patriarcal y heteronormativo donde una película hecha por y sobre mujeres sigue siendo la excepción a la regla. Sus cuatro películas hasta la fecha, todas excelentes, son genuinas miradas tanto al universo femenino como a la realidad LGTB y la última de ellas la ha confirmado como una de las grandes del cine contemporáneo.

Retrato de una mujer en llamas
Contemplando a Adèle Haenel en
Retrato de una mujer en llamas
Reconocida con el premio a mejor guion en el último Festival de Cannes, Retrato de una mujer en llamas (Portrait de la jeune fille en feu, 2019), es la obra cumbre de Sciamma, quien ya en su primera obra, Lirios de agua (2007), retrató el amor lésbico con suma sensibilidad, dando además a conocer a la que sería su pareja artística y emocional, Adèle Haenel. Entretanto, Tomboy (2011) ofreció uno de los retratos de la transexualidad infantil más importantes jamás creados y Girlhood (2014) hizo lo propio con una adolescente negra, confirmándose el interés de la realizadora gala por dar voz a los outsiders. En el caso de la cinta que nos ocupa, de lejos la más ambiciosa hasta el momento, nos trasladamos a un atmosférico rincón de la costa francesa, allá por 1770, donde Héloïse (Noémie Merlant) debe pintar el retrato de bodas de Marianne, a quien encarna la mencionada Haenel. Las dos actrices están magníficas, siendo además la química que las une inmejorable, lo cual es clave para el juego de miradas en el que se nos sume. En esas miradas, en esos harto expresivos ojos, vemos crecer el deseo pero también el amor, emocionándonos al temer que, en un mundo tan calculado y conservador, tan humanos sentimientos nunca puedan explotarse del todo.

17 junio 2019

'Sauvage': animal herido, chapero

Pese a la creciente visibilidad del colectivo gay, la prostitución masculina parece seguir al margen de la sociedad, quizá a raíz de la privacidad que suele exigir la clientela. ¿Pero cómo es realmente la vida de un chapero? Las respuestas varían, pero pocos tienen siquiera alguna en la mente. En su extraordinaria ópera prima, el francés Camille Vidal-Naquet retrata a uno de ellos: el sensual pero desarraigado Léo, cuya vida ficticia no debe tomarse de referencia pero sí sirve para ir más allá de la objetivación del cuerpo y hasta el alma que este modo de vida acarrea. Sin prejuicio alguno, Sauvage (2018) derriba barreras entre la prostitución masculina (o, al menos, quienes la ejercen) y la sociedad contra la que el propio título se rebela. Y lo hace de un modo difícil de olvidar.

Félix Maritaud, Sauvage
El sexo es omnipresente en Sauvage,
pero desde perspectivas opuestas
Léo (Félix Maritaud) ha optado por una vida que dista de lo que la mayoría consideraría vida siquiera, no pretendiendo la película explicar su motivación más allá de una evidente necesidad interna e imperante de seguir viviendo del único modo que parece conocer, o sea, de sobrevivir: cualquier salida se antoja inviable, lo que vuelve el visionado tan frustrante como la existencia misma. El descarnado y naturalista trabajo fotográfico del también primerizo Jacques Girault sigue al introspectivo personaje como si de su propia sombra se tratara, retratándolo como un animal herido que, al igual que cualquier perro callejero, tan sólo desea algo de cariño, pero no necesariamente de quien puede granjeárselo. La generosidad con que ofrece no ya su cuerpo sino incluso su corazón es devastadora. 

31 marzo 2019

'Dolor y gloria': puro Almodóvar

Detestado e idolatrado a partes iguales, Pedro Almodóvar es sin lugar a dudas el creador más emblemático de la cinematografía española, con lo que cada uno de sus hasta ahora veintiún estrenos ha constituido toda una efeméride. Sin embargo, desde aquella vuelta a los orígenes que representó Volver (2006), ninguna de sus producciones había estado a la altura de clásicos como Entre tinieblas (1983), La ley del deseo (1987), ¡Átame! (1989), Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), Todo sobre mi madre (1999) o Hable con ella (2002); al menos, desde el punto de vista de quien firma estas líneas. Todas eran interesantes y entretenidas (sí, incluso Los amantes pasajeros, 2013), pero faltaba algo que por fin hemos recuperado con Dolor y gloria (2019), otro retorno al pasado en el que, tal y como ya hizo con La mala educación (2004), el manchego remueve más que nunca sus propios recuerdos.

Antonio Banderas en Dolor y gloria
Antonio Banderas ofrece en Dolor y gloria
la mejor interpretación de su carrera
Dolor y gloria entrelaza dos momentos de la vida de Salvador Mallo, álter ego de Almodóvar al que da vida en su etapa infantil, en unos años 60 de (auto)descubrimiento, el debutante Asier Flores (actor nato, según el realizador) y en su etapa adulta, cuando ya en los 80 es un cineasta atosigado tanto por el dolor físico como por el que acarrea su memoria, un magnífico Antonio Banderas. Que hay mucho de Almodóvar en el personaje es evidente, y no sólo porque los unen época, carácter y hasta estética, sino porque la salud del propio cineasta atravesó hace poco un mal momento tras el que, para bien y para mal, no ha vuelto a ser el mismo. En la que constituye sin duda su mejor interpretación hasta la fecha (el Goya por fin será suyo, no hay duda), Banderas desborda significado con cada gesto, invitándonos a evocar un pasado confeccionado a partes iguales por la remembranza y la imaginación del propio Almodóvar. La escena en que nos mira desde esas aguas donde parece sumergirse en busca de consuelo es sencillamente mágica... y es sólo la primera.

25 febrero 2019

Premios Oscar 2019: mediocridad para el libro de los records

La 91ª edición de los Premios Oscar será recordada como un auténtico horror por partida doble. Para empezar, la gala fue tremendamente cutre, aburrida e impersonal, no logrando la Academia compensar la falta de maestro de ceremonias pese a que las siempre ingeniosas Amy Poehler, Tina Fey y Maya Rudolph nos hicieran olvidarla por un momento con su discurso inicial. Para seguir, el palmarés es tan esperpéntico como populista, exento por completo del prestigio del que luego busca presumir. Tanto el evento como los premios en él repartidos se cuentan, de hecho, entre los peores de la historia de esta mítica entidad... y eso que varios de sus records son dignos de celebración.

Malek, Colman, King y Ali, Premios Oscar 2019
Tres de los cuatro intérpretes premiados
lo fueron por personajes LGTB
Dos películas harto facilonas han triunfado a nivel cualitativo y cuantitativo. Así, Green Book, de Peter Farrelly ―sí, el codirector de Dos tontos muy tontos (1994) y Algo pasa con Mary (1998)― se ha llevado los reconocimientos a mejor película, guion original y actor de reparto (Mahershala Ali, quien ya ganó hace dos años con Moonlight (2016) y es por tanto el segundo intérprete negro con dos estatuillas en su haber, tras Denzel Washington), continuando la tradición reciente de vencedoras con colecta escasa. En número de menciones la supera Bohemian Rhapsody, biopic de Freddy Mercury que dirigió Bryan Singer hasta que fue despedido por su conducta pasota y acosadora en el que han recaído tres premios técnicos ya acostumbrados a ir de la mano (montaje, mezcla de sonido y montaje de sonido), además del esperado reconocimiento a Rami Malek, actor de nombre y ascendencia egipcia que brilla bastante más en la serie Mr. Robot. Ambas películas, además, están envueltas en polémica a propósito tanto de su escasa verosimilitud histórica como del tratamiento reaccionario que, con supuestas buenas intenciones, dan al racismo y la homofobia, algo que quizá pueda perdonarse a Green Book por tratarse de una (divertidísima) comedia pero no a la supuestamente seria Bohemian Rhapsody (la cual, por cierto, terminó Dexter Fletcher, quien estrena pronto otro biopic musical: Rocketman, sobre la vida de Elton John).

21 marzo 2018

'Call Me by Your Name': enamorarse (para siempre)

Llámame por tu nombre (2007) es la primera novela del americano-italo-egipcio André Aciman, quien ha publicado desde entonces Eight White Nights (2010), Harvard Square (2013) y Enigma Variations: A Novel (2017). La obra, absolutamente maravillosa, nos traslada a un apacible verano ochentero del norte de Italia, donde se fragua un romance entre un perceptivo chico de diecisiete años (Elio), y el nuevo ayudante de su padre, un veinteañero estadounidense (Oliver). Pero lo hace desde un futuro en el que Elio rememora lo vivido con una mezcla de nostalgia y pesar, lo que sume toda la narración en pura melancolía. Diez años más tarde, el palermitano Luca Guadagnino, realizador especializado en producciones italianas con repartos internacionales como Yo soy el amor (2009) y Cegados por el sol (2015), se ha decidido a llevarla a la gran pantalla. Y el resultado no podría haber sido más satisfactorio.

Timothée Chalamet y Armie Hammer en Call Me by Your Name
Timothée Chalamet y Armie Hammer
son la pareja del año
Nominada a los Oscars a mejor película, actor protagonista (Timothée Chalamet, quien ofrece sin exagerar una de las interpretaciones más sentidas, personales y atrayentes de la historia del celuloide) y canción (para Sufjan Stevens y su "Mystery of Love", que brota en el momento perfecto y de la forma perfecta, clavándose en lo más hondo del alma) y receptora con máximo merecimiento de la estatuilla a mejor guion adaptado (tornando a James Ivory en el oscarizado de mayor edad de la historia), Call Me by Your Name (2017) es una auténtica joya. Más elegante e inspirado que nunca, Guadagnino saca máximo partido de las refinadas localizaciones italianas, bien apoyado en la cálida y colmada de significado fotografía de Sayombhu Mukdeeprom y el selecto uso de música clásica, dos claves del lirismo desprendido. Y en el centro de todo tenemos una historia de amor inolvidable que convierte al mentado (y jovencísimo) Chalamet y el irresistible Armie Hammer (que saltó a la fama en 2010 con La red social de David Fincher) en la pareja del año. Claro, que lo tenían fácil: están en la película del año.

05 marzo 2018

Premios Oscar 2018: 'La forma del agua' y la victoria de los favoritos

Premios Óscar 2018: Sam Rockwell, Frances McDormand, Allison Janney y Gary Oldman
Sam Rockwell, Frances McDormand, Allison Janney
y Gary Oldman dominaron la Oscar Race
«Que todas las mujeres nominadas se pongan de pie; miraos, porque todas tenemos historias que contar y necesitamos que se financien nuestros proyectos; señoras y señores: inclusión». El poderoso discurso de Frances McDormand al ganar el Óscar a mejor actriz en el año del Time’s Up fue, de lejos, el momento más poderoso de la noche. Y es que tan sencillo gesto resonó especialmente por venir de alguien que rara vez se ha posicionado sobre tema político alguno, prefiriendo en su lugar toques de humor punzante como los que dedicó al público de los Spirit Awards la noche anterior, en la que no dudó en quejarse de lo fatigante que puede resultar la Oscar Race para un front-runner. Ciertamente la intérprete, que ya obtuvo la estatuilla con el Fargo (1996) de los hermanos Coen, lo había ganado todo esta temporada, al igual que había hecho su brillante compañero de cartel en Tres anuncios en las afueras (la gran derrotada de la noche), Sam Rockwell (digno mejor actor de reparto), así como la hasta ahora infravalorada Allison Janney (mejor actriz de reparto, en este caso por Yo, Tonya) y el ya icónico Gary Oldman (mejor actor, por fin, por El instante más oscuro, donde está irreconocible), dejando respectivamente de lado a los también maravillosos Saoirse Ronan, Willem Dafoe, Laurie Metcalf y Timothée Chalamet; otra vez será.

06 marzo 2017

Crónica de la 14ª Muestra Syfy de Cine Fantástico de Madrid

La Muestra Syfy de Cine Fantástico es uno de los eventos cinematográficos más divertidos e icónicos de nuestro país. No tanto por las películas —que también—, sino por el ambiente único que se respira en el Palacio de la Prensa durante sus cuatro días, una singular combinación de amor cinéfilo y ensoñación friki impulsada por el involucrado público —ver una película en la Muestra Syfy es verla en compañía, pues ninguna proyección se libra de comentarios ocurrentes (o no tanto), risas estridentes y bromas internas— y, claro está, la presentadora Leticia Dolera, quien, consciente de que la mayoría de espectadores son hombres heterosexuales, aprovecha cualquier ocasión para reivindicar el feminismo, hasta el punto de bautizar la 14ª Muestra Syfy como “la Muestra feminista”.

Kong: La isla calavera
Kong: La isla calavera es la primera favorita a los
próximos Oscars a montaje de sonido y efectos visuales
Pese a la caída a última hora de la vencedora del último Festival de Sitges (Swiss Army Man, de Dan Kwan y Daniel Scheinert, una película maltratada por su propia distribuidora, que extrañamente no es otra que la Disney), la programación de la 14ª Muestra Syfy ha resultado muy interesante. El evento dio comienzo por todo lo alto con la que probablemente sea la mejor película de la saga X-Men hasta la fecha: Logan, de James Mangold. Contagiada por el espíritu distópico-existencial de Mad Max: Furia en la carretera (George Miller, 2015), esta cinta presenta a un Lobezno desorientado, vulnerable y apesadumbrado al que Hugh Jackman dota de más humanidad que nunca. El resultado es tan visceral como conmovedor: una pausada road movie que sirve de evocador crepúsculo para una saga que ha vivido demasiados altibajos. Por su parte, la obra de clausura, Kong: La isla calavera, de Jordan Vogt-Roberts, constituye el último éxito de la encomiable tendencia de Hollywood de encargar ambiciosas superproducciones a realizadores independientes de cara a que el cine comercial no esté exento de personalidad. Así es como el joven director de la encantadora Los reyes del verano (2013) ha creado lo mejor que ha protagonizado el simio gigante desde su creación en 1933. Tom Hiddleston, Brie Larson, Samuel L. Jackson, John Goodman y John C. Reilly protagonizan una mística aventura al más puro estilo clásico con tintes de Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979) y Jurassick Park (Steven Spielberg, 1993). El buen ritmo de un guion que fusiona aventura, terror y comedia y la fascinación de unos efectos visuales cuyas prodigiosas criaturas harán las delicias de los amantes de la naturaleza dan como resultado uno de los grandes entretenimientos del año, además de un siempre necesario canto animalista y antibelista.

12 febrero 2017

'Moonlight': homosexualidad herida

Pese a la supuesta aceptación generalizada de la homosexualidad en occidente, las películas importantes centradas en esta temática que se estrenan cada año siguen contándose con los dedos de la mano. Películas interesantes sobra la realidad LGTB hay muchas, sí; y también son varias las cintas visualmente extraordinarias y narrativamente innovadoras donde la temática se aborda de pasada. Pero las obras que combinan ambas facetas, o sea, aquellas que plasman una realidad todavía harto desconocida con respeto y sutileza a través de una puesta en escena lo suficientemente rica para cautivar a espectadores no necesariamente atraídos por esta temática de antemano, son verdaderamente escasas. Por eso, la llegada de Moonlight (2016), extraordinario segundo trabajo del realizador afroamericano Barry Jenkins, merece un sonoro aplauso.

Ashton Sanders en Moonlight
Ashton Sanders encarna con fuerza al "Chiron
adolescente", un personaje enjaulado por el mundo
Pese a encontrarse entre las favoritas de la temporada de premios (se alzó con el Globo de Oro a mejor drama y cuenta con 8 nominaciones a los Oscars: película, director, guion adaptado, actor de reparto, actriz de reparto, fotografía y montaje), Moonlight nació como un proyecto muy pequeño al que costó lo suyo desarrollarse. En el año 2003 Tarell Alvin McCraney escribió la obra teatral semiautobiográfica Moonlight Black Boys Look Blue como respuesta a la muerte de su madre a manos del SIDA. La obra permaneció en un cajón durante una década hasta servir de base a Moonlight, lo que explica que esta cinta opte al Óscar a mejor adaptación pese a tratarse de una historia que ve la luz por primera vez. Tras su ópera prima, Medicine for Melancholy (2008) —que curiosamente recordaba a Antes del amanecer (1995) cuando Moonlight recuerda a Boyhood (2014), ambas de Richard Linklater—, Jenkins escribió varios guiones que no llegaron a producirse, con lo que, cuando en 2013 la productora Adele Romanski le instó a dirigir su segundo largometraje, el joven recibió la oportunidad de partir de la obra de McCraney con los brazos abiertos. Juntos pasaron del formato teatral al cinematográfico, añadiendo el importante detalle de dividir la obra original en tres capítulos en función de la edad y los apodos del protagonista: niñez (i. Little), adolescencia (ii. Chiron) y madurez (iii. Black).

21 octubre 2016

Madurar un ‘Verano en Brooklyn’

La sensibilidad de Ira Sachs a la hora de abordar las relaciones homosexuales en las pequeñas grandes cintas The Delta (1996), Keep The Lights On (2012) y El amor es extraño (2014) es clave de la que quizá sea su mejor creación hasta el momento: Verano en Brooklyn (Little Men, 2016), presentada en Sundance, galardonada en Deauville y acogida entre las “Perlas” de San Sebastián. Como sucede en los tres títulos mencionados, los protagonistas son dos varones, pero en esta ocasión el realizador ha optado por la ambigüedad a la hora de retratar su relación, ya que la sexualidad no constituye en absoluto el corazón de una cinta plagada de verdades sobre la existencia contemporánea.

Verano en Brooklyn (Little Men, 2016)
Verano en Brooklyn debe mucho a la ambigua química
entre los jóvenes Theo Taplitz y Michael Barbieri
La trama de Verano en Brooklyn (ideada por Sachs en compañía de Mauricio Zacharias, con quien también escribió sus dos últimos filmes) se resume en dos pinceladas: Jake y Tony, dos adolescentes, se hacen amigos en un edificio de Brooklyn pese a que sus familias (de procedencias muy distintas) estén enfrentadas por el arrendamiento de una tienda desde la muerte del abuelo de Jake, amigo de la madre de Tony (acontecimiento que, de hecho, da lugar a todo el film). Así, mientras el mundo de los adultos gira en torno a agobiantes responsabilidades que sólo parece poder solventar el dinero (siendo todas las posturas tan contradictorias como comprensibles), los dos jóvenes desarrollan sus pasiones respectivas por la pintura (en el caso del más introspectivo Jake, con quien el realizador afirma identificarse especialmente) y la interpretación (perfecta forma de expresión para el más sociable Tony, quien, a voz en grito, protagoniza junto a su profesor una de las escenas más sugerentes del año). Mas todo ello forma parte del futuro: en el presente, nada hay más importante que su relación, una amistad tan pura como enriquecedora por la que, cuan Romeo y Julieta, ambos se enfrentarán a sus propios progenitores haciendo uso de la única arma que poseen a tan tierna edad: el silencio. ¿Hay más que simpatía entre los jóvenes protagonistas? Ira Sachs no lo deja claro, si bien determinadas situaciones y miradas siembran claras pistas al respecto. No en vano se dice que “los labios mienten, los ojos no”.

Cartel de Verano en Brooklyn (Little Men, 2016)
El cartel de Verano en Brooklyn
contrasta sus dos mundos:
la madurez y la adolescencia
Tanto Theo Taplitz como Michael Barbieri están perfectos en sus respectivos debuts, colmando de matices a sus personajes y de fuerza a sus diálogos. De hecho, ni siquiera cuatro intérpretes de la talla de Greg Kinnear —Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006)—, Jennifer Ehle —Historia de una pasión (Terence Davies, 2016)—, Paulina García —Gloria (Sebastián Lelio, 2013)— y Alfred Molina (quien repite a las órdenes de Sachs tras optar al Spirit Award por El amor es extraño) logran hacerles sombra. Conviene por tanto aplaudir la labor de casting a la hora de dar con tan carismáticos jóvenes, a los que cabe augurar un fantástico futuro (de hecho, el genial Barbieri, que curiosamente se postuló para el papel de Jake, estará en el Spider-Man: Homecoming de Jon Watts, previsto para 2017). Así lo explica Sachs: “Sabía que tenía que elegir chicos que fueran memorables y encontré eso en Theo y Michael, de caracteres opuestos: Theo parecía salido de las películas de Robert Bresson y Michael, de las de Scorsese, con lo que trabajé con ellos como si así fuera”. A fin de cuentas, pese a las distracciones del título en castellano, nada hay más importante en el filme que sus “little men”: tan jóvenes para involucrarse en los problemas de los adultos como mayores para permanecer al margen de ellos; tan inocentes para labrarse un futuro como maduros para evitar pensar en él. Encantadoramente filmada por Óscar Durán y musicalizada por Dickon Hinchliffe, Un verano en Brooklyn es una pequeña joya dispuesta a dejar huella en el espectador en forma de melancólica sonrisa.

21 agosto 2016

10 curiosidades sobre ‘The Duke of Burgundy’, la mejor película del año

La británico-húngara The Duke of Burgundy (2014) es una de las películas más fascinantes que han pisado la cartelera durante los últimos años. Mucho se ha hablado sobre ella… Y sin embargo es casi mejor no decir nada, ya que la cinta se disfruta más si se ve partiendo de cero y se digiere con la mente abierta. Por ello, en lugar de hacer una crítica convencional, voy a centrarme en diez curiosidades (o datos, o detalles, llámeselos como se quiera) de tan interesante obra.

The Duke of Burgundy (2014)
Las mariposas son clave de The Duke of Burgundy
-La cinta debe su nombre a un tipo de mariposa conocido en ámbitos científicos como  hamearis lucina. De pequeño tamaño y tonos marrones y amarillos, esta especie tan sólo se encuentra en Inglaterra. Puesto que las protagonistas estudian lepidopterología, las mariposas juegan un papel importancia en el film, pero nadie recuerda a qué se debe el título exactamente.

-The Duke of Burgundy es el tercer largometraje de ficción —tras Katalien Varga (2009) y Berberian Sound Studio (2012)— del siempre arriesgado realizador británico Peter Strickland, quien ha vivido en el este de Europa durante la última década, lo que explica que fuera filmada en los alrededores de Budapest.

04 agosto 2016

'Theo y Hugo, París 5:59': ¿y después del cuarto oscuro... qué?

Desde que empezó a hacer acto de presencia en el cine, la homosexualidad ha estado ligada a la segunda parte del vocablo, hasta el punto de que prácticamente no se concibe una película protagonizada por homosexuales sin algún instante subido de tono. Según la obra, esta decisión puede verse, bien como un resquicio más de homofobia, bien como todo un acto de reivindicación, pero muchas de estas escenas están sencillamente fuera de lugar, aportando poco o nada al desarrollo de la acción y los personajes más allá de recordarnos que estos, efectivamente, tienen —como la mayoría de la población mayor de edad— relaciones sexuales. No es este el caso de las grandes obras de temática LGTB que nos ha regalado el cine francés últimamente, comenzando por La vida de Adele, de Abdellatif Kechiche, y El desconocido del lago, de Alain Guiraudie, aclamadas a su paso por el Festival de Cannes del 2013, y, ahora, la extraordinaria Theo y Hugo, París 5:59, una película más humilde pero igual de hermosa que ha pasado tristemente desapercibida pese a contener (al igual que sus dos predecesoras) una de las historias de amor homosexual —o de amor, a secas— más maravillosas que recuerda el séptimo arte.

Theo y Hugo, París 5:59 (Théo et Hugo dans le même bateau, 2015)
Geoffrey Couët y François Nambot se estrenan
en la gran pantalla con Theo y Hugo, París 5:59
Theo y Hugo, París 5:59 (Théo et Hugo dans le même bateau, 2015) es innegablemente la mejor película de Olivier Ducastel y Jacques Martineau, pareja de realizadores galos a la que debemos Jeanne y el chico formidable (1998, nominada al César a mejor dirección novel), Drôle de Félix (2000), Mi verdadera vida en Rouen (2002), Crustacés et coquillages (2005), Nés en 68 (2008) y Family Tree (2010), todas ellas con la homosexualidad como tema, sea principal o secundario. La cinta comienza en un club de sexo dominado por el deseo carnal masculino, curioso contexto en el que se conocen, entregan y enamoran Theo y Hugo (Geoffrey Couët y François Nambot, ambos debutantes, ambos maravillosos). Y es que, evitando los prejuicios que suelen acompañar a esta clase de ambientes, la cinta introduce a dos jóvenes inseguros, apacibles, soñadores… y dispuestos a encontrar a su media naranja. Mas al igual que no renuncian ambos por ello al placer sexual más extremo, la envolvente cámara de Manuel Marmier no tiene reparos en retratar su encuentro en todo su ardor, presentando un tratamiento que sería tachado de mera pornografía de no estar por completo justificado de cara a lo que está por venir. Y es que, dejados atrás el anonimato y la lujuria del local, los dos jóvenes se desvelan como almas sensibles ávidas por conocerse mutuamente y comprobar si su conexión sexual puede ser el primer paso de algo mucho más grande y hermoso.

18 marzo 2016

'El cuento de la princesa Kaguya' y 'El recuerdo de Marnie': la despedida (temporal) de Ghibli

Tras años de espera (sin exagerar) por fin llegan a la cartelera española las dos últimas joyas del Studio Ghibli, las primeras en hacerlo desde el retiro del maestro Hayao Miyazaki. Se trata de El cuento de la princesa Kaguya (Kaguya-hime no Monogatari / The Tale of Princess Kaguya, 2013) y El recuerdo de Marnie (Omoide no Mânî / When Marnie Was There, 2014), las únicas cintas del estudio no dirigidas por Miyazaki que han logrado ser candidatas al Óscar a mejor película de animación. Frente a la obra cumbre del veterano Isao Takahata, encontramos uno de los primeros brotes de la principal esperanza actual de Ghibli, el relativamente joven Hiromasa Yonebayashi, quien ya sorprendió en 2010 con Arrietty y el mundo de los diminutos, su ópera prima tras años de dedicación invisible a la querida productora.

El cuento de la princesa Kaguya recibió 3 nominaciones
a los Annie: película, dirección y música original
El estreno conjunto de El cuento de la princesa Kaguya y El recuerdo de Marnie es un perfecto ejemplo de las dos vertientes de Ghibli, personificadas por sus dos fundadores: la vertiente realista liderada por Isao Takahata (La tumba de las luciérnagas, 1988), y la vertiente fantástica representada por Hayao Miyazaki (El viaje de Chihiro, 2001). Sin embargo, ambas corrientes están mucho más entrelazadas de lo que parece, siendo en esta ocasión Takahata el responsable de la fantasiosa El cuento de la princesa Kaguya (que, eso sí, concede más atención a la vida tradicional japonesa que a los propios elementos fantásticos) y Yonebayashi (heredero de Miyazaki), el director de la dramática El recuerdo de Marnie (donde, no obstante, fantasía y realidad nunca dejan de convivir, aunque sea en formato naturalista). Y es que la conexión entre el onirismo fantástico y la sencillez del día a día es la máxima de un estudio no por casualidad representado por Mi vecino Totoro (1988), obra cumbre de Miyazaki conectada a su vez con el drama rural Un verano en casa del abuelo (Hou Hsiao-Hsien, 1984). [Más al respecto en: 'Nostálicos veranos']

05 febrero 2016

'Carol': la elegancia de Todd Haynes, Cate Blanchett y Rooney Mara

Décadas después de su publicación, Carol se mantiene como una de las obras literarias más especiales de todos los tiempos. Y es que, aun siendo internacionalmente conocida por sus novelas negras, Patricia Highsmith —que la publicó con el título El precio de la sal y bajo el pseudónimo de Claire Morgan— dio a la comunidad LGTB el mejor regalo que esta podría haber recibido en pleno 1952: una historia donde una relación lésbica era finalmente posible; una historia donde el amor entre personas del mismo sexo era tratado con respeto, naturalidad, belleza y, sobre todo, esperanza; una historia ciertamente visionaria que muchos (y, sobre todo, muchas) han leído una y otra vez.

Rooney Mara y Cate Blanchett en Carol (Todd Haynes, 2015)
El trabajo de Rooney Mara y Cate Blanchett han sido
reconocidos por todas los premios importantes del año
Por supuesto, el estreno de su adaptación cinematográfica en el pasado Festival de Cannes fue todo un acontecimiento que se zanjó con críticas excelentes y el premio interpretativo para Rooney Mara, a quien descubrimos hace muy poco gracias al innecesario remake Los hombres que no amaban a las mujeres (David Fincher, 2011). Extrañamente, la actriz hubo de compartir el galardón con Emmanuelle Bercot (Mi amor, de Maïwenn Le Besco) en lugar de hacerlo con su magnífica compañera de reparto, la doblemente oscarizada Cate Blanchett, con la que conforma en Carol una de las parejas cinematográficas más especiales del año, anteponiéndose la sutil candidez de la primera a la carismática fuerza de la segunda. Y es que esta obra supone para las lesbianas lo que Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005) fue hace diez años para la gais: el reconocimiento definitivo a su existencia en forma de una película que, sin ser necesariamente comercial, da al amor homosexual el justo tratamiento que la historia del cine le ha negado. De hecho, tal y como hizo el inusual western romántico protagonizado por Heath Ledger y Jake Gyllenhaal, Carol ha sido una de las protagonistas de la temporada de premios aun cuando el agridulce final la ha dejado fuera del Óscar a mejor película (suceso que recuerda a la noche en que Brokeback Mountain perdió la estatuilla a favor de la mucho menos aplaudida Crash, de Paul Haggis, tras dominar la temporada…). [Más sobre las nominaciones al Óscar aquí]

17 noviembre 2015

LesGaiCineMad 2015: el cine LGTB da la vuelta al mundo

Durante los últimos 18 días, el Festival de Cine Lésbico, Gay y Transexual de Madrid ha acogido algunas de las mejores películas LGTB del año tal y como lleva dos décadas haciendo. La 20ª edición ha estado a la altura de las circunstancias, ofreciendo una de las mejores selecciones de su historia, con gran variedad de estilos, géneros y nacionalidades. Empero, cuatro films se han repartido el palmarés: Something Must Break (película y actriz), Je suis à toi (director y actor), Appropriate Behavior (guion) y Liz en septiembre (Premio del Público), todos ellos merecidos. Tal y como hice al término de la 19ª edición, os dejo mis impresiones sobre todos los largometrajes de ficción presentados, ordenados del más flojo al más destacable (si bien os insto a descubrirlos todos por vosotros mismos).

Something Must Break (Ester Martin Bergskmark, 2014)
Something Must Break ya triunfó en el
prestigioso Festival de Rotterdam
21. Dyke Hard (Bitte Andersson, 2014). Esperpéntica, ruidosa y excesiva, esta película fue fruto del esfuerzo del festival por celebrar Halloween en condiciones. Desde luego, en ella no faltan  fantasmas, cyborgs, ninjas y todo lo que haga falta, pero las aventuras de esta banda de rock lésbica resultan verdaderamente insoportables (y más próximas a la serie Z que a la serie B que las inspira).

20. Portrait of a Serial Monogamist (John Mitchell y Christine Zeidler, 2013). Al igual que Appropriate behavior, esta cinta narra las andanzas de una joven que acaba de cortar con su novia, pero carece del ingenio y la profundidad psicológica que convierten a la otra cinta en una de las joyas del certamen. En contraposición, esta comedia es tópica y aburrida, nada ayudada por la falta de carisma de su reparto.

19 mayo 2015

'Bajo el arcoíris' (Juan Roures, 2015)

Espero que me disculpéis, porque, por una vez, voy a dejar de lado el séptimo arte para hablaros de mi primera novela: Bajo el arcoíris, una historia sobre la amistad y la identidad protagonizada por cinco jóvenes homosexuales que comparten sueños y decepciones en las calles de Madrid.

La literatura y el cine (del que, como veis, no puedo estar mucho tiempo sin hablar) comparten una característica principal: contar historias. El principal motivo para embarcarse en la creación de una película o una novela es tener una historia que contar. Y yo, en Bajo el arcoíris, no tenía una, sino cinco. Las historias del sensato y enamoradizo Besay, el cínico y cautivador Guille, el bonachón y despistado Leo, el conservador y acomplejado Álex y el ingenioso y valiente Fran, las cuales, en parte, constituyen mi propia historia, pero, sobre todo, conforman las historias de las personas que conocí en COGAM (la asociación LGTB de Madrid), que he intentado retratar con humor y honestidad.

Portada de 'Bajo el arcoíris' (Juan Roures, 2015)
Portada de Bajo el arcoíris
(Juan Roures, 2015)
Suena tópico decirlo, pero realmente he escrito el libro que a mí me habría gustado leer hace unos años. Si os acercáis a la sección LGTB de cualquier librería, descubriréis que la mayoría de las portadas incluyen hombres sexis, a menudo directamente desnudos. Para mí, la homosexualidad es otra cosa. Y escribí Bajo el arcoíris con la intención de normalizarla. Por eso, creé personajes que afrontan la homosexualidad de distintas maneras y hablan sobre ella con naturalidad (sería ingenuo afirmar que los gais no hablan de ser gais a menudo, sobre todo cuando acaban de “salir el armario”). Sin embargo, la homosexualidad no es el elemento principal del libro, del mismo modo que no es el elemento principal de la vida de nadie. La sexualidad (sea la que sea) tan sólo es una parte de nosotros. Y, por supuesto, afecta a nuestra forma de relacionarnos con las personas que nos rodean, tanto en el amor como en la amistad.

01 mayo 2015

'Pride', 'Billy Elliot' y 'Full Monty': humor, música, empleo e identidad

Si te gustaron Full Monty (1997) y Billy Elliot (2000), no puedes perderte Pride (2014)… Así se anunciaba recientemente una de las mejores películas del año, una comedia sobre la unión entre una asociación LGTB y un pequeño pueblo minero durante el mandato de Margaret Thatcher. Pero, ¿está justificada la conexión entre los tres títulos o es una mera estrategia comercial? Pues, por una vez, la publicidad ha dado en el clavo, porque las tres películas —todas ellas muy recomendables— comparten mucho más que el tono y la nacionalidad. A ellas va dedicado este artículo como celebración del Día del Trabajador.

Pride (Matthew Warchus, 2014)
Pride deja de lado los efectos negativos que la huelga tuvo
el movimiento sindical y se centra en el mensaje positivo
Dirigida por el dramaturgo británico Matthew Warchus (quien, hasta ahora, sólo tenía otra película en su haber: Círculo de engaños, 1999), Pride (Orgullo) nos traslada al Reino Unido en 1984, cuando el desastre laboral causado por la mano de hierro de Margaret Thatcher dejó a muchas familias en la calle. En medio de la desesperación, un grupo de gais y lesbianas decide crear el LGSM (Lesbians and Gays Support Miners), recaudando una gran suma de dinero que los prejuicios les impiden emplear para lo que desean: ayudar a los parados. Al final, un pequeño pueblo de mineros acepta, no sin reservas, la ayuda, dando pie a una curiosa y divertida alianza. Confeccionada por el escritor novel Stephen Beresford, la cinta parte de una maravillosa historia real y cuenta con la excelente presencia de Bill Nighy (ganador del BAFTA por Love Actually, de Richard Curtis, 2003), Imelda Staunton (nominada al Óscar por El secreto de Vera Drake, de Mike Leigh, 2004) y Dominic West (protagonista de la excelente serie The Wire) junto a los rostros menos conocidos pero igualmente fantásticos de Andrew Scott, Ben Schnetzer, Monica Dolan, George MacKay, Paddy Considine, Joseph Gilgun, Sophie Evans, Jessie Cave y Freddie Fox. La película fue nominada al Globo de Oro a mejor comedia/musical, obtuvo el BAFTA a mejor debut británico del año y triunfó en los British Independent Film Awards.
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