Una de las películas más queridas por el público del
año pasado fue Las ventajas de ser un
marginado (2013), adaptación de Stephen Chbosky de su propia novela. Se
trata de una obra sencilla que llega al corazón de los espectadores por su
cuidadoso tratamiento de una etapa que todos recordamos con nostalgia: la
adolescencia, o, mejor, dicho, el final de ésta.
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| Las ventajas de ser un marginado cuenta con un maravilloso reparto de estrellas juveniles y una fantástica banda sonora que acentúa la nostalgia |
Los años de adolescencia a menudo no son ni los más
felices ni los más importantes, pero sí constituyen una época única en la vida
en la que todo es posible y el futuro es incierto. Las ventajas de ser un marginado cuenta la historia de tres jóvenes
que se enfrentan a las dudas vitales de encontrarse en el limbo entre la
infancia y la edad adulta, entre la despreocupación y la responsabilidad.
El adorable Logan Lerman encarna a Charlie, un chico
con bastantes problemas de identidad y mucho miedo de llegar al instituto.
Siempre ha sido un marginado y teme volver a serlo. Pero esta vez conoce a los
hermanastros Sam (Emma Watson) y Patrick (Ezra Miller), quienes, pese a contar
con sus propios problemas (ella no confía en sí misma tras una mala racha de
alcohol y sexo fácil y él debe afrontar la homofobia del instituto), son
capaces de poner éstos al margen y disfrutar de la vida. Al ritmo de música de
The Smiths, The Samples o David Bowie y bailando al ritmo de The Rocky Horror Picture Show, los tres encuentran
apoyo los unos en los otros.
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| Cuenta conmigo adapta una de las novelas más tiernas de Stephen King con gran acierto |
Y es que la amistad es la base de la adolescencia.
Son las amistades lo que más recordamos de esta etapa y lo que más nos marca,
pese a que la mayoría se pierden con el paso de los años. Un bello ejemplo de
esto es Cuenta conmigo (Rob Reiner,
1986), en la que cuatro chicos deciden jugar a ser héroes y se adentran en el
bosque en busca de un cadáver siguiendo las vías del tren. Lo que debía ser una
mera excursión infantil, se convierte en toda una aventura en la que los cuatro
amigos aprenden a valerse por sí mismos y descubren que, bajo sus habituales
insultos, hay un gran cariño que nunca desaparecerá, como muestra la última
frase de la película: "Nunca
volví a tener amigos como los que tuve a los doce años. Cielos, ¿acaso alguien
sí?”
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| Los protagonistas de Adventureland nunca imaginaron que un verano trabajando sería tan especial |
En esta última actúa también la genial Emma Stone,
quien saltaría a la fama al año siguiente con Rumores y mentiras (Will Gluck, 2010), que, disfrazada de comedia
estúpida sobre una adolescente que se hace pasar por promiscua, ofrece una
mordaz crítica a la sociedad actual, en la que todos sabemos que el mundo está
plagado de mentiras y, aun así, nos creemos lo primero que escuchamos.
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| Los protagonistas de High School Musical deben pensar en el futuro sin olvidar disfrutar del presente |
Mucho más suave en tono es la infravalorada trilogía
High School Musical (Kenny Ortega,
2006-2008), en la que varios jóvenes aprenden a sobrellevar los tópicos del
instituto gracias a la música. Entre maravillosas canciones como “Stick to
the status quo”, "You are the music in me” y “Just wanna be with you”
encontramos un bello autodescubrimiento por parte de los protagonistas de que
la vida, tal y como la conocen, está a punto de cambiar. Y, desde luego, Zac
Efron y Vanessa Hudgens resultan mucho más creíbles por los pasillos del
instituto que John Travolta y Olivia Newton-John en la famosa Grease (Randal Kleiser, 1979), que
también se refugia en la genial banda sonora de canciones.
Las historias de adolescentes
son cada vez más frecuentes, pero el cine no siempre las tuvo en cuenta. Fue en
los años 50 cuando, pasada la II Guerra Mundial y aumentado el nivel de vida de
las clases medias, los adolescentes empezaron a tener su propio dinero y
Hollywood descubrió un nuevo público. Hasta entonces, los adolescentes eran
normalmente ridiculizados en el cine y rara vez tenían protagonismo, con lo que
era necesario crear modelos a los que admirar. Y lo mejor fue recurrir a los
nuevos actores del Método, que rechazaban la artificiosidad y parecían encarnar
a sus personajes más que interpretarlos.
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| Rebelde sin causa fue pionera en mostrar una juventud independiente de los padres y crítica con éstos |
Esto era lo que los jóvenes
necesitaban para identificarse y Marlon Brando y James Dean se convirtieron con
rapidez en auténticas estrellas. El primero protagonizó la impactante Salvaje (László Benedek, 1953), que contaba
con todo lo que la sociedad americana había luchado por censurar: jóvenes motoristas
alborotadores y rebeldes, mientras que el segundo constituyó un modelo más
sensible en Al este del edén (Eliza
Kazan, 1955) y se convirtió en todo un icono de la “juventud eterna” a causa de
su trágica y prematura muerte en un accidente de moto que tuvo lugar antes incluso
del estreno de la mítica Rebelde sin
causa (Nicholas Ray, 1955). En esta película, Natalie Wood, Sal Mineo y él
encarnan a tres adolescentes hartos del control de los adultos sobre sus vidas
y necesitados de forjarse sus propios destinos.
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| Fruta prohibida refleja la crisis de la juventud por la situación de Japón tras la II Guerra Mundial |
Las consecuencias de la
intromisión de los padres fueron llevadas hasta las últimas consecuencias en Resplandor en la hierba (Elia Kazan,
1961), donde dos jóvenes (Warren Beatty y Natalie Wood) son obligados a poner
las convenciones sociales por encima de su amor. Desde entonces, el cine no ha
dejado de condenar la forma en que algunos padres se empeñan en dirigir las
vidas de sus hijos sin darse cuenta de que solo dejándoles volar por sí solos
podrán éstos encontrar su propio camino. Este auge del cine adolescente llegó a
todos los rincones del mundo, desde la japonesa Fruta prohibida (Kô Nakahira, 1956), donde dos hermanos pelean por
una chica menos inocente de lo que aparenta, hasta la francesa Los 400 golpes (François Truffaut, 1959),
donde un adolescente debe hacer frente a la falta de cariño recibido de sus
progenitores.
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| American Graffiti optó a los Oscars a mejor película y director y puso a George Lucas en el punto de mira |
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| Los protagonistas de El club de los cinco encuentran un inesperado consuelo los unos en los otros |
Una nueva generación de actores
jóvenes fue etiquetada como los “Brat Pack”, especialmente a causa de dos
memorables películas: St. Elmo, punto de
encuentro (Joel Schumacher, 1985) y la maravillosa El club de los cinco (John Hughes, 1985), en la que cinco
desconocidos de distintas clases y gustos son castigados a pasar un sábado en
el instituto y, poco a poco, aprenden a comprender al resto. Entre los actores “Brat
Pack” (denominación de la que ellos mismo renegaron) destacan Emilio Estévez,
Rob Lowe, Demi Moore o Judd Nelson, quienes encarnaron a una generación más trágica
y a menudo abocada a las drogas y el cinismo, tanto en pantalla como en la vida
real.
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| La noche de Halloween supuso el debut de Jamie Lee Curtis como la virginal protagonista |
Enormemente conservadora es
también la bochornosa saga Crepúsculo
(2008-2012), no en vano basada en la obra de la escritora mormona Stephenie
Meyer. Ésta no desaprovechó ninguna ocasión para transmitir abstinencia sexual
y pureza de espíritu y la exigencia de su vampírico protagonista (Robert
Pattinson) de esperar a la boda para tener sexo fue fielmente mantenida en las
películas. Eso sí, entre los diálogos irrisorios y las interpretaciones
mediocres, reside un dilema importante: ¿vivir eternamente en la adolescencia o
afrontar la naturaleza caduca de la existencia humana?
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| El club de los poetas muertos es todo un canto a favor de la democracia, la igualdad y la libertad |
Claro, que esta crisis de
identidad se puede transmitir sin necesidad de recurrir a hombres lobo sin
camiseta. El club de los poetas muertos
(Peter Weir, 1989) muestra a un grupo de alumnos de un estricto colegio inglés
aprendiendo a disfrutar del momento gracias (“carpe diem”) al excéntrico
profesor encarnado por Robin Williams. Entre bellos poemas y profundos
discursos, estos jóvenes aprenderán que los sueños están para luchar por ellos
antes de que sea tarde. En un ambiente mucho menos elitista, los protagonistas
de Arena en los bolsillos (César Martínez-Herrada,
2006) huirán de sus míseros hogares en un bello viaje de autodescubrimiento con
una única meta: el mar, esa infinita masa azul que la vida en Madrid sólo les
permite imaginar.
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| Las protagonistas de Linda Linda Linda son conscientes de que una etapa llega a su fin... y quieren aprovecharla |
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| Los juncos salvajes obtuvo 4 premios César: película director, guión y actriz revelación |
Parte imprescindible de casi
cualquier cinta de adolescentes es el despertar sexual. Pero no hablo de
bochornos como American Pie (Paul Weitz,
1999), sino del tratamiento tierno y sincero de cómo los niños ya no son tan
niños y empiezan a descubrir su propio cuerpo y a sentir lo que nunca
imaginaron. La maravillosa Los juncos
salvajes (André Téchiné, 1994) trata las relaciones entre un grupo de
jóvenes de un internado francés con la guerra de independencia de Argelia de
fondo. François descubre que es gay y se enamora de Serge, quien al principio
le corresponde pero termina interesándose por una chica bastante desarrollada. La
crisis de identidad y el conflicto político se entrelazan a la perfección
mientras los tres jóvenes descubren el significado de la vida (o, mejor dicho,
se acercan a hacerlo).
La película también fue de las
primeras en contar con un protagonista adolescente homosexual, algo que hasta
entonces había sido prácticamente tabú. Pero la homosexualidad es parte de uno mismo desde que se nace, y la adolescencia es sin duda la época en que irremediablemente
sale a relucir. La sueca Fucking Amal
(Lukas Moodysson, 1998) y la española Krámpack
(Cesc Gay, 2000) son algunas de las cintas más tiernas y arriesgadas a este
respecto, al centrarse en la crisis interior que viven los adolescentes
homosexuales, para quienes la vida es casi una tortura diaria hasta que
aprenden a aceptarse a sí mismos.
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| Krámpack muestra el despertar sexual de dos amigos: uno heterosexual y uno homosexual |
Y es que la adolescencia es una etapa hermosa pero
también muy dura, en la que necesitamos sentirnos queridos y apoyados más que
nunca. A menudo, es difícil distinguir un drama como Beautiful thing (Hettie MacDonald, 1996) de una comedia como Bienvenido al mundo de LOL (Lisa
Azuelos, 2008), porque la adolescencia es una etapa de blancos y negros, donde
los acontecimientos felices nunca dejan de alternarse con los tristes, la vida
pierde y retoma el sentido a cada instante y es posible reír y llorar al mismo tiempo.
La adolescencia nunca deja de ser una etapa de nostalgia
y eterno recuerdo en la que la letra de la canción “Forever Young”, de Alphaville, cobra más sentido que nunca. Unos años de cambio y sorpresas, en los
que todo parece, o demasiado banal, o demasiado importante. Un tiempo en el que
la vida se presenta ante ti, con todos sus caminos y todas sus opciones, y te
invita a elegir la persona que querrás ser el resto de tu vida. Por unos
instantes, somos infinitos.
Y, sobre todo, una etapa que siempre seguirá ahí.
Para recordarla en esas lluviosas tardes de nostalgia.
© El copyright del texto pertenece exclusivamente a Juan Roures
© El copyright de las imágenes pertenece a sus respectivos autores y/o productoras/distribuidoras
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