26 abril 2016

'El despertar de la Fuerza' vs. 'La amenaza fantasma' (Star Wars)

El pasado 18 de diciembre tuvo lugar uno de los acontecimientos cinematográficos más relevantes de la historia del cine, quizá sólo comparable al que aconteció el 19 de mayo dieciséis años atrás. Hablo, por supuesto, de El despertar de la Fuerza (The Force Awakens, 2015), de J. J. Abrams, y La amenaza fantasma (The Phantom Menace, 1999), de George Lucas, respectivos último (hasta la fecha) y primer episodios de la saga Star Wars, donde representan dos reinicios tan diferentes como interesantes (aunque también cuestionables). A raíz de esto último, he decidido contrastar ambas producciones para sacar a relucir los puntos fuertes (y, claro está, los débiles) de tan populares cintas. ¡Empecemos!

La amenaza fantasma (The Phantom Menace, 1999), de George Lucas
La historia original: punto para La amenaza fantasma
1. La historia original. Si algo se ha echado en cara por activa y por pasiva a El despertar de la Fuerza es su escasa inventiva a nivel narrativo, al haber optado sus creadores por el homenaje hasta límites imposibles. Que el resultado sea prácticamente un calco de La guerra de las galaxias (George Lucas, 1977) con algún detalle de El imperio contraataca (Irvin Kershner, 1980) garantiza tanto el entretenimiento como la nostalgia, pero lastra el carácter fascinador. Por su parte, la más arriesgada La amenaza fantasma se adentró en senderos políticos que, si bien buscaban invitar a reflexionar sobre cuestiones muy actuales, se quedaban a medio gas. Aun así, los senderos recorridos por esta cinta son clave de la riqueza de este universo. Y, sobre todo, muy novedosos. 

21 abril 2016

'El libro de la selva': encanto clásico y espectacularidad animal

¡Qué bien se lo está montando Disney! Entre el universo Star Wars y la revisión de los clásicos animados, el estudio cinematográfico más famoso del mundo tiene varios años por delante de jugosa taquilla. Y sus creativos y directivos son conscientes de ello. Lejos han quedado los tiempos de secuelas Disney dirigidas directamente al mercado del DVD para los espectadores menos exigentes: consciente de la necesidad imperante de cuidar los detalles incluso en producciones de triunfo asegurado, la productora ha recuperado poco a poco la posición de líder del entretenimiento que perdió durante la primera década del siglo XXI. El éxito rotundo de crítica y público de El libro de la selva (The Jungle Book, 2016), esperada-y-temida revisión del clásico animado de 1967, es otro ejemplo de ello. Y es que, para sorpresa de muchos, nos encontramos ante una de las películas más memorables de un año que debería cerrarse con su obligada presencia en la temporada de premios.

El libro de la selva (The Jungle Book, 2016)
La creación de El libro de la selva de acción real
fue anunciada por Disney el 9 de julio de 2013
Jugar con los clásicos es, a priori, un éxito asegurado; pero también un riesgo asegurado. A fin de cuentas, El libro de la selva de Wolfgang Reitherman es una de las películas más queridas, no ya del estudio Disney (para el que es clave al tratarse de la última obra que Walt Disney supervisó personalmente, la primera también en estrenarse tras su traumática muerte), sino directamente de la historia del celuloide. Y es que durante las últimas décadas muchos son aquellos que han degustado una y otra vez su combinación de pícaro humor, hipnótica animación selvática, carismáticos personajes, pegadizas canciones y, sobre todo, refrescante buen rollo. Pues bien, todo ello y mucho más está presente en la cinta de acción real (por decir algo, ya que es digital en su práctica totalidad) de Jon Favreau, quien ha confeccionado la que es de lejos la mejor obra de una carrera que incluye divertimentos menores como la aventura infantil Zathura (2005), la superproducción de superhéroes Iron Man (2008) y la simpática comedia Chef (2014).

17 abril 2016

'El incendio' (de una pareja)

Lucía y Marcelo, una pareja de treintañeros, se dirige en coche con cien mil dólares a pagar su futura casa, pero el vendedor no llega a tiempo y la escritura se posterga. Alterados y frustrados, regresan a un apartamento alquilado devenido en cárcel. Esconden el dinero, pero no todo es tan fácil de esconder. “Tranquila, es un día como cualquier otro”, dice él. Pero no lo es: durante las siguientes veinticuatro horas, los sentimientos explotan y los problemas se magnifican, revelándose toda la oscuridad acumulada a lo largo de una relación durante la que ninguno de los dos ha sido plenamente sincero con el otro. Todo por el azar más nimio. Hablamos de El incendio (2015).

Pilar Gamboa y Juan Barberini en El incendio (2015)
El incendio obtuvo dos nominaciones a los Premios Sur:
mejor dirección novel y mejor actriz
La primera película de Juan Schnitman en solitario es un desgarrador drama que concentra en apenas un día todas las vicisitudes de una pareja cuya relación ha desembocado en gélido nerviosismo a raíz de una acumulación de rencillas no superadas. Amparándose en el extraordinario trabajo protagónico de Pilar Gamboa (quien perdió el Premio Sur frente a la poderosa Dolores Fonzi de Paulina, de Santiago Mitre) y Juan Barberini, el joven realizador argentino reduce el montaje al mínimo de forma que no sea este, sino el reparto, el motor de la tensión suprema generada. Además, en consonancia con una relación que se tambalea, la cámara de Soledad Rodríguez se mantiene perennemente inestable, estando los planos a menudo torcidos o incluso mal iluminados (área en la que el bajo presupuesto también influye, claro).

14 abril 2016

'The Lady in the Van': el eterno carisma de Maggie Smith

Hay actrices que se bastan por sí solas para engrandecer un proyecto. A sus 81 años, la británica Maggie Smith, oscarizada por Los mejores años de Miss Brodie (Ronald Neame, 1969) y California Suite (Herbert Ross, 1978), eternamente unida al drama de época a raíz de películas como Una habitación con vistas (James Ivory, 1985) y series como Downton Abbey (2010-2015) e inmortalizada por las nuevas generaciones como la sabia profesora McGonagall de la saga Harry Potter (2001-2011), es indudablemente una de ellas. Por consiguiente, oír hablar de una película hilarantemente denominada The Lady in the Van (2015) y saber que ella la protagoniza es todo un aliciente para visitar las salas. Por suerte, la cinta no decepciona.

Maggie Smith en The Lady in the Van (2015)
La gran Maggie Smith tiene en su haber el Óscar
cinematográfico, el Emmy televisivo y el Tony teatral
The Lady in the Van es la nueva comedia dramática del infravalorado realizador británico Nicholas Hytner, a quien debemos cintas tan variadas e interesantes como el apabullante drama histórico La locura del rey Jorge (1994), candidata a catorce BAFTA (incluyendo mejor dirección); el sugerente drama de brujería El crisol (1998), interesante metáfora de la “caza de brujas” de McCarthy, y la simpática comedia romántica Mucho más que amigos (1998), en la que Jennifer Aniston se enamora de su mejor amigo gay (adorable Paul Rudd al que conoció en la serie Friends). Su última película cuenta la historia real de Mary Shepherd, una anciana que vivió durante quince años en una caravana en la entrada del garaje del escritor Alan Bennett (candidato al Óscar por la mencionada La locura del rey Jorge), quien firma el guion a partir de la producción teatral de 1999. En dicha obra, que sería adaptada en 2009 por la BBC Radio 4, ya participaron los tres responsables de The Lady in the Van: Hytner, Bennett y Smith.

09 abril 2016

'Ser o no ser': parodia eternamente (in)oportuna

Cuando Ser o no ser (To Be or Not to Be, 1942) vio la luz por primera vez, Pearl Harbor acababa de ser atacada, los nazis recorrían Europa a sus anchas y Carole Lombard —señora de Clark Gable y estrella de la función— había muerto en un accidente de avión. Corría 1942 y no era el mejor momento para reírse. Siete décadas más tarde, la película más famosa de Ernst Lubitsch se ve con ojos más reflexivos. Lo que entonces sonó a burla inapropiada, ahora se recibe como una de las parodias más inteligentes y atrevidas de la historia del celuloide. Y, curiosamente, no tanto por lo que es como por lo que fue.

La planificación teatral de Ser o no ser es perfecta
para esta representación de la representación
Tiempo después del estreno de El gran dictador (1940), Charles Chaplin afirmó que habría sido incapaz de filmarla de haber imaginado los verdaderos horrores que estaban por venir. Lanzada sólo dos años más tarde, Ser o no ser era más consciente de la realidad que parodiaba, pero eso no impidió que gran parte de la crítica la encontrara excesiva e inmoral al no terminar de entender el subtexto latente a diálogos ahora míticos como el «nosotros estamos haciendo con Polonia lo que él ha hecho con Shakespeare». Ser conocido como el rey de la comedia probablemente dificultó a Lubitsch ser tomado en serio; a fin de cuentas, en su reciente Ninotchka (1939, sátira antisoviética) acababa de hacer reír a la mismísima Greta Garbo.
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