29 junio 2016

'Kill Bill' & 'Lady Snowblood': resonancias y puntos de vista

Picado de la heroína sumetida
Que Kill Bill (2003-2004) no existiría de no ser por el cine asiático de artes marciales es tan evidente como célebre, pero cuánto debe Quentin Tarantino a la Lady Snowblood (1973) de Toshiya Fujita no es suficientemente sonado. Las dos obras narran la odisea de una mujer (dos en el segundo caso: la esposa que presenció el crimen y la hija condenada a tomar su relevo) por vengar la muerte de sus seres queridos y comparten claves de la puesta en escena, a destacar el uso de los planos cenitales, picados y contrapicados para representar la relación entre las (anti)heroínas y sus enemigos. Y es que en ambos casos se recurre a un potente plano contrapicado para presentar a los asesinos como conjunto (cuatro en ambos casos, pues Bill cuenta con su propio plano), así como a sucesivos cenitales en los que las tornas han cambiado, volviéndose víctimas los asesinos y viceversa.

09 junio 2016

'Green Room': terror y extremismo

“Cuando recibí el guion en mi casa de Inglaterra, lo encontré tan terrorífico que tuve que cerrar con llave, encender el sistema de seguridad y servirme un whisky. Entonces supe que quería interpretar a Darcy Banker porque un personaje tan aterrador sería un reto increíble y daría lugar a una película irresistible”. Así habló Patrick Stewart, veterano de las icónicas sagas Star Trek y X-Men, de Green Room (2016), su fascinante incursión en el thriller de terror, donde conforma junto a Anton Yelchin (presente precisamente en los reboots de Star Trek), Imogen Poots, Alia Shawkat, Mark Webber y Macon Blair un reparto tan prometedor como relativamente desconocido que, precisamente por eso, resulta perfecto para encumbrar una de las sorpresas independientes del año. Y es que si algo logra esta cinta es sumir en oscura inseguridad a un espectador para quien el cuarto verde tendrá el mismo efecto de encierro que padecen los aterrados personajes.

Todo indica que pronto veremos mucho
más de la carismática Imogen Poots
Tras la excesiva Murder Party (2007) y la contenida (vale, hasta la escena final) Blue Ruin (2013) —ambas también con Blair, su actor fetiche—, Jeremy Saulnier parece haber encontrado el equilibrio con este inquietante thriller sobre una banda punk convertida en el blanco de una aterradora pandilla de skinheads tras ser a su pesar testigo de sus violentos actos. La propia película es pura violencia, si bien el buen gusto a la hora de representarla evita que el pánico se torne en desagrado (salvo cuando este es imprescindible, claro). De hecho, como sucede con el aclamado cine de Quentin Tarantino (con el que, por lo demás, Green Room tiene poco que ver más allá del forzado encierro de la decepcionante Los odiosos ocho, 2015), no es tanto la propia violencia, como el buen ritmo y los ingeniosos diálogos, lo que termina conquistando al espectador. Bueno, eso y unos notablemente definidos protagonistas que se ganan con rapidez nuestra identificación, provocando que sintamos el terror en nuestras propias carnes. Terror este provocado, tanto por lo que acontece en pantalla, como por la devastadora consciencia de la gélida maldad a la que los extremismos reducen al ser humano.

05 junio 2016

5 películas clave narradas en un único plano secuencia

El plano secuencia, consistente en rodar una escena o conjunto de escenas sin corte de montaje alguno, es uno de los elementos de puesta en escena más representativos, impactantes y arriesgados, pudiendo ser su uso tanto una complicadísima maniobra como sencillamente la forma más rápida de ahorrar dinero en producción. Dada la fascinación que despierta, varios son los cineastas que han optado por narrar (que no necesariamente filmar) sus historias enteramente en plano secuencia, o sea, sin un solo corto desde el primer fotograma hasta el último. Hoy voy a hablaros de las cinco cintas que encuentro más representativas a este respecto, aun cuando no todas sean completamente honestas en lo que al método se refiere...

La soga (Alfred Hitchcock, 1948)
La soga (1948): 80' de plano secuencia falseado
La soga (Alfred Hitchcock, 1948). A nadie debería sorprender que el maestro del suspense fuera pionero en lo que a planos secuencia se refiere a la hora de contar la cínica historia de dos universitarios (John Dall y Farley Granger en personajes claramente homosexuales) que estrangulan a un compañero, esconden el cadáver en un arcón e invitan a su profesor (James Stewart) a cenar justo encima de él. La imposibilidad tecnológica de la época de filmar más de diez minutos seguidos no impidió al cineasta británico confeccionar un intrigante film en una supuesta sola toma. Cierto es que cada diez minutos la cámara se acerca a un fondo oscuro para permitir el corte (y que dos de estos se notan intencionadamente), pero el resultado es continuo en apariencia, lo que supone todo un record para la época. Curiosamente, también se trata de la primera obra en color de Hitchcock, quien partió de la obra de teatro homónima de Patrick Hamilton (escrita en 1929 a partir del asesinato real de Bobby Franks a manos de Nathan Freudenthal Leopold, Jr. y Richard A. Loeb en 1924). El milimetrado rodaje fue posible gracias a que los muros del escenario se movían sobre ruedas y podían desplazarse silenciosamente, encargándose un grupo de operadores de mover los muebles fuera de la trayectoria de la cámara, la cual, al igual que los micrófonos, se mantenía en constante movimiento. Como complemento, el fondo neoyorkino mostrado a través de las ventanas era el diorama más grande jamás utilizado en un escenario sonoro, siendo su propia contemplación, que incluye una señal roja de neón con el perfil de Hitchcock promocionando un producto ficticio para la pérdida de peso —usado previamente durante el cameo en Náufragos (1944)— y nubes hechas de fibra de vidrio que cambian de posición hasta ocho veces, todo un espectáculo en sí mismo.

29 mayo 2016

'Dr. Horrible's Sing-Along Blog': el musical que pedía la red

En noviembre de 2001 los seguidores de Buffy, cazavampiros, creada en 1997 por Joss Whedon, se encontraron ante un inesperado capítulo musical perfectamente integrado en la sexta temporada de la serie pero disfrutable como obra independiente. Buffy, cazavampiros: Otra vez con más sentimiento supuso un interesantísimo paso para un género que acababa de ser revitalizado en la gran pantalla por la espléndida Moulin Rouge. A diferencia del pastiche posmoderno de Baz Luhrmann, esta animada producción televisiva homenajeaba al cine clásico a la par que aportaba una banda sonora completamente original que se quedó grabada en la mente de los innumerables fans de la icónica serie, probando así que el tristemente olvidado cine musical (1) todavía era de interés, (2) puede hacerse sin excesivo artificio o presupuesto, y (3) tiene encanto propio pese a no contar con cantantes experimentados. Múltiples son los especiales televisivos que han recurrido al antiguo género escapista por excelencia desde entonces.

Neil Patrick Harris, cuerpo y alma de
Dr. Horrible's Sing-Along Blog
Quince años más tarde, los musicales cinematográficos herederos de clásicos como Cantando bajo la lluvia (Stanely Donen y Gene Kelly, 1952) todavía se cuentan con los dedos de una mano, pero las posibilidades del género en otro tipo de plataformas no han pasado desapercibidas. La segunda incursión de Joss Whedon en él es una miniserie en tres actos de 14 minutos cada uno titulada Dr. Horrible's Sing-Along Blog que vio la luz en internet entre el 15 y el 20 de julio de 2008 (mismo año en que Meryl Streep y Pierce Brosnan se hacían chocantemente con el micrófono en la simpática ¡Mamma Mía! de Phyllida Lloyd). Esta sencilla historia de un malvado y mediocre científico (perfecto Neil Patrick Harris, todo un maestro del vodevil pese a lo que su rol en Cómo conocí a vuestra madre pudiera aparentar) enfrentado con el Capitán Hammer (el siempre vanidoso Nathan Fillion, que al año siguiente se convertiría en la estrella de Castle) por el amor de su compañera de lavandería (Felicia Day) es sólo una excusa para dar rienda suelta a una divertidísima mezcolanza de ingenioso humor, singular ciencia-ficción, ácida crítica social y tiernos números musicales que, en la línea de Buffy, evita sabiamente caer en la trampa de tomarse demasiado en serio a sí misma.

20 mayo 2016

'Más allá de las montañas': pasado, presente y futuro en eterno cambio

En apenas tres décadas, el gigante asiático ha cambiado la economía socialista por un neocapitalismo que vuelve difícil seguir hablando de comunismo. Todo ha mutado en China desde la muerte de Mao Zedong en 1976 y, a la vez, todo sigue igual. Y nadie ha retratado tan bien este penetrante proceso como Jia Zhangke, a quien debemos cintas tan interesantes como Pickpocket (1997), Platform (2000), El mundo (2004), Naturaleza muerta (2006), Ciudad 24 (2008) y la polémica Un toque de violencia (2013). Su última y maravillosa producción va un paso más allá, sumando a la revisión del pasado y la reflexión sobre el presente una melancólicamente resignada mirada al futuro. Se trata de Más allá de las montañas (Mountains May Depart / Shan he gu ren, 2015), presentada en la Sección Oficial del Festival de Cannes hace exactamente un año y galardonada con el Premio del Público a mejor película europea (sí, es una coproducción entre China, Japón y Francia) del Festival de San Sebastián, en el que tuve la ocasión de disfrutarla por primera vez… y definirla, no sólo como la muestra más destacada del certamen, sino directamente como una de las mejores cintas del año. Hoy, por fin, aterriza en la cartelera.

Jia Zhang Ke y la actriz Tao Zhao trabajan juntos
por séptima vez en Más allá de las montañas
A finales de 1999, la joven Shen Tao es cortejada por dos amigos de la infancia: un trabajador de una mina de carbón y un propietario de una gasolinera. Ellos representan las dos Chinas, la del pasado y la del futuro, la humilde y la ambiciosa, la tradicional y la progresista. Ambos la aman y ambos se complementan en ese amor, con lo que la elección de la protagonista no podría ser más complicada. Pero, como toda decisión importante, esta marcará su futuro, así como el de las personas que la rodean, para siempre. Y es que Más allá de las montañas es una reflexión sobre la inestabilidad de un país en estado de mutación, sí, pero también —y quizá más importante— sobre la aceptación del paso del tiempo y las propias decisiones, así como la necesidad de conocerse a uno mismo de cara a vivir una vida plena. La cinta no se limita en absoluto a mostrarnos los dilemas acontecidos a finales de los noventa, sino que refleja dos momentos más de corte decisivo para la vida de la protagonista, acontecidos a su vez en un moderno 2014 donde la tecnología empieza a apoderarse de las relaciones y un ficticio —sutil pero efectivamente ambientado— 2025 en el que el mundo ha dado un paso de gigante pero las principales preocupaciones humanas siguen siendo las mismas. Para estas fechas, durante las que los personajes van y vienen de forma inesperadamente intermitente, la filmación cambia el formato en 1:33 original por los más modernos 1:85 y 2:39, respectivamente, lo que aporta también una textura diferente a cada periodo.

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