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27 julio 2026

'La última ronda en Venecia': viaje de amistad, memoria y placeres

No todas las películas sobre viajes hablan realmente de destinos. En La última ronda en Venecia, la carretera funciona más como un espacio de encuentro que como un simple recorrido: un lugar donde tres personajes con edades, experiencias y expectativas muy diferentes terminan compartiendo algo más importante que un desplazamiento físico. Francesco Sossai construye una historia pequeña en apariencia, pero llena de observaciones sobre la amistad, la nostalgia y esas oportunidades inesperadas que aparecen cuando menos se buscan.

La película sigue a Carlobianchi y Doriano, dos hombres que mantienen una peculiar filosofía de vida alrededor de las conversaciones largas, las noches que se alargan y la tradición de no abandonar nunca la última copa. Su rutina cambia cuando conocen a Giulio, un joven estudiante de arquitectura que atraviesa un momento de dudas y búsqueda personal. El encuentro entre los tres da lugar a un viaje por las llanuras del Véneto donde el humor y la melancolía conviven con naturalidad, alejándose de los relatos de crecimiento más convencionales.

Francesco Sossai, una de las voces emergentes más interesantes del cine italiano contemporáneo, apuesta por una mirada cercana y humanista. La película no necesita grandes conflictos para encontrar emoción: su fuerza está en los diálogos, en los silencios y en la forma en que observa a unos personajes imperfectos pero profundamente reconocibles. Junto al coguionista Adriano Candiago, Sossai construye una narración que encuentra belleza en lo cotidiano y que convierte los pequeños momentos en el verdadero centro de la historia.

El reparto es uno de los pilares del filme. Filippo Scotti (descubrimiento de Fue la mano de Dios), Sergio Romano y Pierpaolo Capovilla forman un trío protagonista con una química que sostiene el equilibrio entre comedia y drama, mientras que intérpretes como Roberto Citran y Andrea Pennacchi completan un peculiar conjunto de secundarios. La naturalidad de las interpretaciones permite que las relaciones evolucionen sin artificios, como una amistad que nace delante del espectador.

En el apartado visual, La última ronda en Venecia destaca por su manera de retratar el paisaje del Véneto, lejos de la imagen turística más conocida de la región. La fotografía de Massimiliano Kuveiller convierte carreteras secundarias, bares y espacios cotidianos en escenarios cargados de identidad. El montaje de Paolo Cottignola y la música de Krano acompañan ese tono entre divertido y contemplativo que define la película.

El recorrido internacional de la película confirmó pronto su buena acogida. La última ronda en Venecia fue presentada en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes y pasó por Toronto. Su reconocimiento se amplió con los premios David di Donatello, donde obtuvo ocho galardones: mejor película, mejor dirección, mejor actor, mejor guion, mejor montaje, mejor casting, mejor canción y mejor producción.

Más allá de su reconocimiento en festivales y premios, el atractivo de La última ronda en Venecia está en su capacidad para encontrar emoción en una historia aparentemente sencilla. Es una película sobre personas que buscan algo sin saber exactamente qué, sobre conversaciones que se alargan más de lo previsto y sobre la importancia de esos encuentros que, sin cambiar necesariamente una vida entera, sí pueden modificar la forma de mirarla. Sossai firma una obra cercana, divertida y melancólica que reivindica el valor de detenerse un momento y prestar atención a quienes viajan a nuestro lado.

24 junio 2026

'15 pruebas de amor': luminoso viaje hacia la maternidad


15 pruebas de amor aborda una realidad poco habitual en el cine: la experiencia de la madre no gestante dentro de una pareja de mujeres que espera un hijo. Alice Douard convierte esa situación en el centro de una historia que habla de identidad, vínculos familiares y reconocimiento, evitando el tono reivindicativo más obvio para centrarse en las dudas y emociones de sus personajes.

La película sigue a Céline mientras se prepara para la llegada de su primera hija. Aunque forma parte del proyecto familiar desde el principio, el embarazo de su pareja, Nadia, despierta en ella una serie de inseguridades sobre su lugar como madre. El guion encuentra interés precisamente en esos conflictos cotidianos, tratados con una mezcla equilibrada de humor y sensibilidad.

Gran parte de la fuerza de la película reside en las interpretaciones. Ella Rumpf (Crudo) compone un personaje lleno de matices, capaz de transmitir vulnerabilidad sin excesos dramáticos. Monia Chokri (Los amores imaginarios) aporta naturalidad y complicidad a la relación de pareja, mientras que la veterana Noémie Lvovsky destaca en un papel secundario que añade profundidad emocional al conjunto.

El proyecto tiene además un componente autobiográfico. La directora se inspiró en su propia experiencia como futura madre no gestante. Esa cercanía con el material se percibe en la precisión con la que retrata situaciones y sentimientos muy concretos. Es su primer largometraje de ficción tras varios cortos premiados. Apoyada en la fotografía de Jacques Girault (Sauvage), opta por una puesta en escena sobria que confía en los personajes, sin necesidad de artificios.

Más que una película sobre el conflicto, 15 pruebas de amor funciona como una observación detallada, y a menudo hilarante, de cómo se construye una familia.



26 marzo 2020

Las mejores comedias para ver en VOD (Amazon, Apple TV, Disney+, Filmin, HBO, Movistar+ y Netflix)

Entre la asfixia de la cuarentena y el miedo al coronavirus, estos días se agradece desconectar más que nunca. Y, para eso, nada mejor que reír. Por tanto, aquí tenéis una  selección subjetiva pero fiable de las mejores comedias que pueden verse actualmente en las principales plataformas de video on demand: Amazon Prime, Apple TV, Disney+, Filmin, HBO, Movistar+ y, claro, Netflix.

La boda de mi mejor amiga
La boda de mi mejor amiga, mucho más
inteligente de lo que aparenta (y divertidísima)
Amazon Prime Video: 3 bodas de más ● Aterriza como puedas ● Brittany corre una maratón ● Casi imposible  Dando la nota ● Green Book ● El espía que me plantó  Eighth Grade  Four Rooms ● La boda de mi mejor amiga ● La gran enfermedad del amor ● La madre del novio  Malas madres ● Mamma Mia: Una y otra vez ● Primos ● Requisitos para ser una persona normal ●#SexPact ● Superempollonas ● Troop Zero  Tully ● Zombies Party

10 diciembre 2017

Premios de Cine Europeo 2017: triunfa la comedia negra

The Square, de Ruben Östlund
The Square ofrece una serie de sketches acerca de los
absurdos del mundo del arte... o el mundo a secas
Que The Square triunfaría en los 30º Premios de Cine Europeo se veía venir. A fin de cuentas, la cinta sueca contaba ya con la prestigiosa Palma de Oro de Cannes y la competencia, aunque estimable, era escasa. No se esperaba empero que tan incómodo trabajo vencería en todas las categorías a las que optaba, sumando así al ya obtenido galardón a mejor diseño de producción (entregado a Josefin Åsberg hace unas semanas junto al resto de laureles técnicos) los relativos a mejor película, director (para Ruben Östlund, quien ya optó al mismo con la superior Fuerza mayor en 2014), guion, comedia y actor (Claes Bang). Seis entorchados llevan a la película a emular el triunfo de la maravillosa El escritor (Roman Polanski, 2010), compartiendo con esta el récord de estos premios.

22 agosto 2017

La belleza poética de Liv Tyler

A la hora de seleccionar una actriz para el papel de la princesa elfa Arwen para la trilogía de El Señor de los Anillos (2001-2003), los productores pensaron rápidamente en la bellísima Liv Tyler, hija del vocalista de Aerosmith Steven Tyler y la modelo Bebe Buell (quien, por cierto, hizo creer a la chica que su padre era el músico  Todd Rundgren). Por aquel entonces, la actriz había protagonizado una docena de interesantes films que, por unos motivos u otros, no le habían permitido brillar como ella podía.

Liv Tyler en El retorno del rey
El Señor de los Anillos. El retorno del rey obtuvo
el premio a mejor reparto del Sindicato de Actores
El personaje de Arwen, la más hermosa de los habitantes de la Tierra Media, le venía como anillo al dedo. Sin embargo, era un papel arriesgado: la belleza debía ser acompañada de estilo y una gracia casi etérea que pocas actrices podrían emular. Tyler encarnó al personaje con tal poderío que los productores decidieron aumentar la importancia de su personaje en la saga y presentarla en los pósteres promocionales de los tres filmes pese a que su relevancia en la novela original era bastante escasa. Ciertamente, sus poéticas escenas se encuentran entre los mejores momentos de tan maravillosa saga.

28 octubre 2016

'Maggie's Plan': controlar el destino

Maggie tiene un plan tras otro. Algunos, como la decisión de ser madre soltera, la implican sólo a ella (o, ¡ay la ingenuidad!, eso se cree). Otros van más allá, involucrándose intrusivamente en la vida de los demás hasta rozar el absurdo. Todo ello, desde las mejores intenciones. A simple vista, Maggie puede parecer una psicópata manipuladora, pero basta conocerla para comprobar que su afán por controlarlo todo tan sólo esconde una encantadora inocencia bañada de inseguridad. Y es que, en realidad, Maggie es la mejor amiga que se puede tener, alguien dispuesto a poner la satisfacción ajena por delante de la suya, así como a hacer las mayores locuras por el bien de los demás (al margen de que sea ella a quien debemos el “mal” previo). ¿Pero quién es Maggie? Pues nada más y nada menos que la maravillosa Greta Gerwig, la única intérprete que podría dar al personaje tan perfecta mezcla de candor y chifladura, tal y como ya probó en las maravillosas Frances Ha (2012) y Mistress America (2015), ambas dirigidas por Noah Baumbach y ambientadas, al igual que la película que nos ocupa, en un flamante Nueva York que, invadido por tan apacible música y tan frescos diálogos, vuelve inevitable pensar en el gran Woody Allen.

Maggie's Plan nos recuerda cuán frágiles y peculiares
son en última instancia las relaciones humanas
Maggie’s Plan (2016) es el último largometraje de Rebecca Miller, cuyas Angela (1995), Intimidades (2002), La balada de Jack y Rose (2005) y La vida privada de Pippa Lee (2009) también contaban con carismáticas mujeres como protagonistas. Y probablemente sea el mejor de los cinco. Parece por tanto que a la guionista y realizadora de Connecticut le ha sentado bien el salto a la comedia, si bien sus andaduras en el drama son latentes en la melancolía que inunda su quinto trabajo. Así, como sucede en las mejores creaciones de los mencionados Allen y Baumbach, el dramático contexto se aborda desde un humor tan simpático como punzante que, lejos de evitar tomarse en serio a los personajes, fomenta la empatía hacia ellos. Que casi todos los diálogos sean dignos de enmarcar para el recuerdo quizá sea irreal, pero es una licencia que, no sólo debe aceptarse como es, sino que curiosamente no rompe con la perenne naturalidad pretendida. A ello beneficia un excelente reparto donde encontramos, junto a la genial Gerwig, a la versada Julianne Moore, los siempre frescos Bill Hader y Maya Rudolph, el rudo vikingo Travis Fimmel y un Ethan Hawke habituado al tono de la propuesta gracias a sus colaboraciones con Richard Linklater.

El cartel de Maggie's Plan resalta
la relación entre Gerwig y Hawke
Borrosa como la vida misma, la película tiene en el destino su tema principal: ¿podemos jugar con él o somos sus prisioneros? Que todos somos esclavos de nuestros hijos nonatos es sólo una de las curiosas ideas nacidas de un guion siempre dispuesto a sorprender y enamorar. Tal y como hacía Mia Hansen-Løve en la magnífica El porvenir (2016), la reflexión vital se entremezcla con la cotidianidad para cobrar una dimensión tan cercana como filosófica. Entretanto, el amor se presenta frágil e inestable, pero también como una red de salvamento. Al final, nos hallamos ante la historia de varias almas perdidas entre sentimientos no siempre fáciles de comprender, lo que los sitúa en un complejo juego donde nadie tiene claro qué hacer para ganar. Todos se encuentran a años luz de la perfección, no temiendo el desprejuiciado guion adentrarse en el patetismo a sabiendas de que los ha dotado de suficiente humanidad para que los aceptemos tal y como son. Tan profunda como sencilla, Maggie’s Plan es una joyita sobre el desamor, la frustración, la soledad, el fracaso, las meteduras de pata y otros pequeños problemas que el día a día contemporáneo nos ha enseñado a afrontar y, a ser posible, superar con una sonrisa.

17 octubre 2016

'Captain Fantastic': ¿qué educación necesitamos?

Que todos los niños necesitan una educación es algo harto repetido y aceptado por la mayoría de los mortales, pero todavía no está claro qué educación es exactamente la que necesitan. ¿Se halla en las clásicas normas y asignaturas la clave de un desarrollo personal satisfactorio o sería acaso mejor recurrir a una formación más práctica, libre y desprejuiciada? ¿Cumplen las escuelas con las necesidades del ser humano tal y como están planteadas o residen estas en terrenos más salvajes y osados? Y, en cualquier caso, ¿qué constituye verdaderamente una instrucción completa? El segundo trabajo del estadounidense Matt Ross (que no terminó de convencer con 28 Hotel Rooms, 2012) aborda estas cuestiones mediante una combinación de riesgo y convención ideal de cara a llegar a la audiencia más amplia posible, lo que explica que posea dos galardones tan diferentes como la mejor dirección de la sección “Un Certain Regard” de Cannes y el Premio del Público de Karlovy Vary, habiendo conquistado así a crítica y público por igual. Y es que, pese a partir de técnicas narrativas formularias, el original guion del propio Ross logra adentrarnos en un universo audiovisual tan atractivo como inquietante.

Captain Fantastic (2016)
Aunque cínica y alocada, Captain Fantastic
es una tierna mirada a la entidad familiar
En Captain Fantastic (2016) el siempre arriesgado Viggo Mortensen encarna a un hombre que lleva diez años viviendo en los aislados bosques del noroeste del Pacífico en compañía de sus seis hijos, quienes han crecido (y siguen creciendo) sin conocer otro modo de vida, pero no por ello descuidando el ejercicio de cuerpo y mente. Así, duros entrenamientos físicos y vivos debates filosóficos forman parte de una rutina ajena a la contaminación  —tanto literal como metafóricamente hablando— del mundo contemporáneo. La red, la telefonía móvil o la televisión prueban ser prescindibles en lo que a la felicidad de los infantes se refiere, mas no así el contacto con otros seres humanos. Muchos son, de hecho, los sentimientos que no pueden explorarse en la sola compañía de la familia y la naturaleza, como descubre antes que nadie (como es natural) el mayor de los hermanos —el rudo pero encantador George MacKay de Mi vida ahora (Kevin Macdonald, 2013) y Pride (Matthew Warchus, 2014)—, para quien todos los conocimientos teóricos adquiridos en el campo revelan ser fútiles a la hora de conquistar el corazón femenino. Y es que, como no podía ser de otra manera, la familia es arrastrada a la sociedad a causa de un acontecimiento relacionado con la bipolar progenitora, cuya ausencia actúa durante la primera parte de la cinta como único obstáculo al perenne bienestar de los personajes. De la noche a la mañana, los siete protagonistas habrán de verse las caras con el orden establecido, lo que dará lugar a algunos de los momentos más hilarantes de una obra que sabe moverse con solvencia entre el drama y la comedia durante todo el metraje.

Cartel de Captain Fantastic (2016)
La extravagancia domina el colorido
cartel original de Captain Fantatic
Así, las espectaculares secuencias iniciales del filme, durante las que el preciosista director de fotografía Stéphane Fontaine y el espiritual compositor Alex Sommers captan con garbo la existencia humana más salvaje, ceden paso a otras más convencionales en las que, evocando Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006) —empezando, claro está, por sendos hogares móviles en forma de furgonetas—, los personajes exploran las relaciones surgidas, tanto entre ellos mismos, como con otros miembros de la sociedad en la que acaban de aterrizar. La simpatía permanece, pero la crítica social se acentúa, revelándose el mundo contemporáneo como un lugar hipócrita cuyos delineados hábitos luchan en vano por tapar agujeros ideológicos insalvables. Que la más pequeña de la familia sea capaz, no sólo de memorizar el código legislativo estadounidense, sino también de reflexionar al respecto, mientras sus supuestamente civilizados primos —receptores de la educación que sus padres echan en cara al protagonista haber arrebatado a sus hijos— se limitan a poner cara de circunstancia resulta tan desternillante como mordaz (y, lo que es peor, verídico). A fin de cuentas, así funciona el sistema educativo: mucho ruido y pocas nueces, o, lo que es lo mismo, apariencia grandilocuente que, a la hora de la verdad, revela una insuficiencia plena. Sin embargo, para bien o para mal, Matt Ross no se atreve a cuestionar por completo el orden establecido, admitiendo que la idealizada existencia presentada posee, no ya peligros, sino directamente sus propias carencias. “La virtud está en el término medio”, parece decir Captain Fantastic después de todo. Quizá esta no sea la conclusión más arriesgada posible, pero sí es la más objetiva, así como la única viable para un producto decidido a auspiciar la reflexión complaciendo al mayor número de espectadores. Y es que para eso hace falta esperanza.

17 mayo 2016

'Noche real': cóctel británico de comedia social y drama de época

Si hay dos géneros que bordan especialmente los británicos desde los años noventa esos son la comedia social y el drama de época. En ambos casos, se procede a comentar la actualidad desde el entretenimiento, bien relacionando a la recién fallecida Lady Di con la protagonista de Elizabeth (Shekhar Kapur, 1998), bien exponiendo el peligro de los prejuicios a través del grupo de parados de Full Monty (Peter Cattaneo, 1997), por citar sólo dos ejemplos. En el primer caso, se deslumbra al espectador gracias al diseño de producción y el vestuario; en el segundo, a través del humor y la música. Mientras, el subtexto es bastante más complejo de lo que se entrevé a simple vista. Noche real (A Royal Night Out, 2015), la nueva producción de Julian Jarrold —director de Pisando fuerte (2005) y La joven Jane Austen (2007) pero más conocido por sus meticulosas creaciones de época para la BBC— supone una curiosa mezcla de las dos corrientes comentadas, con lo que verdaderamente no podría tratarse de una obra más encantadoramente británica.

Sarah Gadon en Noche real (A Royal Night Out, 2015)
El contraste entre la sofisticada princesa Elizabeth
y el alocado mundo real es la clave de Noche real
Nos encontramos ante una recreación ficcionada de los hechos que acontecieron el 8 de mayo de 1945 (Día de la Victoria) en el seno de la Casa Real británica: la salida más que controlada de las princesas a celebrar la victoria en un grupo de dieciséis personas que incluía a la niñera, varios amigos y militares protectores sirve a Kevin Hood (que ya colaboró con Jarrold en La joven Jane Austen) y el debutante Trevor De Silva para imaginar divertidas aventuras nocturnas vividas por la sensata heredera Elizabeth (refinada Sarah Gadon, receptora del Genie canadiense por la inquietante Enemy, de Denis Villeneuve, 2013) y su alocada hermana Margaret (hilarante Bell Powley, ganadora del Gotham por la fresca The Diary of a Teenage Girl, de Marielle Heller, 2015), hasta entonces refugiadas —o encerradas, según se mire— en una cristalina burbuja. Que las edades de actrices y personajes reales (28 y 23 frente a 19 y 14, respectivamente) no concuerden lo más mínimo es lo de menos, ya que la fidelidad a la aburrida historia original es, para bien y para mal, escasa. No obstante, como suele suceder en las producciones británicas de este tipo, el respeto a la Casa Real es mayúsculo, fomentándose el humor más sutil y elegante sin caer jamás en la vulgar caricatura.

14 abril 2016

'The Lady in the Van': el eterno carisma de Maggie Smith

Hay actrices que se bastan por sí solas para engrandecer un proyecto. A sus 81 años, la británica Maggie Smith, oscarizada por Los mejores años de Miss Brodie (Ronald Neame, 1969) y California Suite (Herbert Ross, 1978), eternamente unida al drama de época a raíz de películas como Una habitación con vistas (James Ivory, 1985) y series como Downton Abbey (2010-2015) e inmortalizada por las nuevas generaciones como la sabia profesora McGonagall de la saga Harry Potter (2001-2011), es indudablemente una de ellas. Por consiguiente, oír hablar de una película hilarantemente denominada The Lady in the Van (2015) y saber que ella la protagoniza es todo un aliciente para visitar las salas. Por suerte, la cinta no decepciona.

Maggie Smith en The Lady in the Van (2015)
La gran Maggie Smith tiene en su haber el Óscar
cinematográfico, el Emmy televisivo y el Tony teatral
The Lady in the Van es la nueva comedia dramática del infravalorado realizador británico Nicholas Hytner, a quien debemos cintas tan variadas e interesantes como el apabullante drama histórico La locura del rey Jorge (1994), candidata a catorce BAFTA (incluyendo mejor dirección); el sugerente drama de brujería El crisol (1998), interesante metáfora de la “caza de brujas” de McCarthy, y la simpática comedia romántica Mucho más que amigos (1998), en la que Jennifer Aniston se enamora de su mejor amigo gay (adorable Paul Rudd al que conoció en la serie Friends). Su última película cuenta la historia real de Mary Shepherd, una anciana que vivió durante quince años en una caravana en la entrada del garaje del escritor Alan Bennett (candidato al Óscar por la mencionada La locura del rey Jorge), quien firma el guion a partir de la producción teatral de 1999. En dicha obra, que sería adaptada en 2009 por la BBC Radio 4, ya participaron los tres responsables de The Lady in the Van: Hytner, Bennett y Smith.

09 abril 2016

'Ser o no ser': parodia eternamente (in)oportuna

Cuando Ser o no ser (To Be or Not to Be, 1942) vio la luz por primera vez, Pearl Harbor acababa de ser atacada, los nazis recorrían Europa a sus anchas y Carole Lombard —señora de Clark Gable y estrella de la función— había muerto en un accidente de avión. Corría 1942 y no era el mejor momento para reírse. Siete décadas más tarde, la película más famosa de Ernst Lubitsch se ve con ojos más reflexivos. Lo que entonces sonó a burla inapropiada, ahora se recibe como una de las parodias más inteligentes y atrevidas de la historia del celuloide. Y, curiosamente, no tanto por lo que es como por lo que fue.

La planificación teatral de Ser o no ser es perfecta
para esta representación de la representación
Tiempo después del estreno de El gran dictador (1940), Charles Chaplin afirmó que habría sido incapaz de filmarla de haber imaginado los verdaderos horrores que estaban por venir. Lanzada sólo dos años más tarde, Ser o no ser era más consciente de la realidad que parodiaba, pero eso no impidió que gran parte de la crítica la encontrara excesiva e inmoral al no terminar de entender el subtexto latente a diálogos ahora míticos como el «nosotros estamos haciendo con Polonia lo que él ha hecho con Shakespeare». Ser conocido como el rey de la comedia probablemente dificultó a Lubitsch ser tomado en serio; a fin de cuentas, en su reciente Ninotchka (1939, sátira antisoviética) acababa de hacer reír a la mismísima Greta Garbo.

31 marzo 2016

'KIKI, el amor se hace': naturalizando filias sexuales

Tras sorprender a todo el país con el díptico conformado por la interesante Carmina o revienta. (2012) —que granjeó candidaturas al Goya a la familia León al completo: mejor actriz revelación para Carmina Barrios, mejor actriz secundaria para María León y mejor dirección novel para él mismo—  y la absolutamente maravillosa Carmina y amén. (2014) [más al respecto en: 'Carmina o revienta y amén. El triunfo de la familia León'], Paco León ha confirmado sus dotes de director con su tercer largometraje, la alocada comedia sexual KIKI, el amor se hace (2016), cuyo visionado escandalizará a más de uno. Y es que su temática no es otra que la dacrifilia, la somnofilia, la elifilia, la harpaxofilia y otras curiosas filias sexuales difíciles de integrar en la vida que la sociedad actual ha establecido como normal. Y es que, si la sexualidad es de por sí un tema tabú, ¿qué decir del deseo provocado por contemplar a alguien llorar, dormir, llevar determinado tipo de tela… o incluso asaltarnos violentamente?

Paco León en el rodaje de Kiki, el amor se hace
(en el fondo: Álex García y Natalia de Molina)
Natalia de Molina —ganadora de sendos premios Goya por Vivir es fácil con los ojos cerrados (David Trueba, 2011) y Techo y comida (Juan Miguel del Castillo, 2015)—, Álex García (candidato al Goya revelación por La novia, Paula Ortiz, 2015), Alexandra Jiménez (genial protagonista de Embarazados, de Juana Macías, este año junto al propio Paco León), Candela Peña —flamante ganadora de tres premios Goya por grandes trabajos en Te doy mis ojos (Icíar Bollaín, 2003), Princesas (Fernando León de Aranoa, 2006) y Una pistola en cada mano (Cesc Gay, 2011), Luis Callejo (Mi gran noche, de Álex de la Iglesia, 2015), Luis Bermejo candidato al Goya por Una palabra tuya (Ángeles González-Sinde, 2008) y Magical Girl (Carlos Vermut, 2014), Belén Cuesta (una de las pocas novedades de Ocho apellidos catalanes, de Emilio Martínez-Lázaro, 2015), Ana Katz (protagonista y directora de Mi amiga del parque, 2015), el adorable descubrimiento David Mora (Los amigos raros, de Roberto Pérez Toledo, 2014) y el propio Paco León son los valientes integrantes de un genial reparto coral cuyo talento cómico resulta imprescindible precisamente para tomarse el film en serio.

08 marzo 2016

13ª Muestra Syfy: 'Absolutamente todo', 'High-Rise' y 'Buffy musical'

La 13ª Muestra Syfy de Cine Fantástico de Madrid ha concluido dejándonos un buen puñado de títulos dispuestos a convertirse en obras de culto (al menos, de cara a aderezar divertidas tardes frikis entre amigos). En esta segunda parte de mi crónica del festival, hablo de Absolutamente todo, High-Rise y el capítulo musical de Buffy cazavampiros, completando así la cobertura de seis de las piezas más destacables de este icónico evento cinematográfico.

High-Rise (Ben Wheatley, 2015)
High-Rise optó a 4 British Independente Film Awards:
actor, secundaria (Miller), secundario (Evans) y guion
“¿Os acordáis de Snowpiercer? Pues esto es igual pero en vertical”. Así presentó Leticia Dolera una de esas películas que no dejan indiferente: High-Rise (2015). Y es que, si la coreana Rompenieves (Snowpiercer) (Bong Joon-ho, 2013) ofrecía un metafórico retrato social en forma de un tren forzado a dar vueltas y vueltas a un mundo congelado para evitar enfriarse, la última película de Ben Wheatley (a quien debemos la interesante Turistas, mejor guion y mejor actriz en Sitges, 2012) parte de la novela de J.G. Ballard para ofrecer una reflexión sobre la sociedad moderna a través de un rascacielos convertido en un mundo propio. Tom Hiddleston —el Loki de Marvel— y Luke Evans —el Bardo de El Hobbit— encabezan con carisma un perfecto reparto donde también brillan Elizabeth Moss (recién salida de la serie Mad Men), Jeremy Irons y, sobre todo, una explosiva Sienna Miller. Ellos y la imaginativa puesta en escena (que juega excitantemente con los colores, las texturas, los sonidos, los movimientos y los reflejos), salvan un enrevesado guion que empieza bien pero desemboca poco a poco en desconcertante locura (firmado, por cierto, por Amy Jump, esposa del realizador). Presentada sin pena ni gloria en el pasado Festival de San Sebastián, la obra tiene innegablemente su público, pero podría resultar mucho más satisfactoria de haber medido mejor sus pretensiones.

29 enero 2016

'Embarazados': persiguiendo la paternidad (y/o la felicidad)

Que la comedia sea el género más infravalorado por los españoles es una verdadera pena, porque probablemente sea también el que mejor se nos da. Así lo demuestra una vez más la simpática Embarazados (2016), en la que Paco León y Alexandra Jiménez se enfrentan a las dificultades de la fecundación in vitro (y de la propia paternidad) con la justa dosis de humor y dramatismo, ganándose al espectador desde el primer minuto.

Alexandra Jiménez y Paco León en Embarazados (Juana Macías, 2016)
Paco León y Alexandra Jiménez se enfrentan a los
conflictos de la paternidad en la divertida Embarazados
Embarazados es la segunda película de Juana Macías, quien sorprendió en 2010 con su aplaudido debut Planes para mañana, que le dio el galardón correspondiente a mejor dirección en el Festival de Málaga y la nominación al Goya a mejor dirección novel. En esta ocasión, la realizadora cambia el drama por la comedia, pero mantiene la combinación de astucia narrativa y melancólica emotividad que impulsó su primer trabajo, conformándose como una figura a la que seguir la pista a partir de ahora. De hecho, la obra es un recordatorio de que las mejores comedias saben renunciar de vez en cuando a la risa para conquistar el corazón del espectador, clave del éxito de notables cintas recientes como 3 bodas de más (Javier Ruiz Caldera, 2013), Ocho apellidos vascos (Emilio Martínez-Lázaro, 2014) o Requisitos para ser una persona normal (Leticia Dolera, 2015). Nada mejor que la empatía para ganarse la sonrisa del espectador más exigente.

26 enero 2016

Las 'Pesadillas' de R. L. Stine inspiran una divertida película

Considerado el “Stephen King de la literatura infantil”, R. L. Stine ha vendido cerca de 400 millones de libros, la mayoría gracias a su prolífica serie Pesadillas, con la que adentró a niños de todo el planeta en el mundo del terror durante los años noventa. Tal es la amplitud de ese fenómeno, que sorprende que la adaptación cinematográfica haya tardado tanto en llegar. Ante el resultado, parece que la espera ha merecido la pena, si bien el estreno de Pesadillas (Goosebumps, 2015) ha pillado a los lectores de los libros originales algo mayorcitos para recibirla como se merece.

Jack Black, Dylan Minnette, Ryan Lee y Odeya Rush en Pesadillas (2015)
Jack Black, Dylan Minnette, Ryan Lee y Odeya Rush
protagonizan la adaptación cinematográfica de Pesadillas
Tras las poco imaginativas cintas de animación El espantatiburones (2004) y Monstruos contra alienígenas (2009) y la infame aventura de acción real Los viajes de Gulliver (2010), resulta chocante que Sony haya confiado en Rob Letterman para dirigir una de sus películas más esperadas, si bien es cierto que no era necesariamente la dirección lo peor de estos tres títulos. En este caso, el guion —la parte más importante e infravalorada de este tipo de producciones— lo firman tres hombres acostumbrados al trabajo en equipo: Carl Ellsworth —coguionista de la entretenida Disturbia (D. J. Caruso, 2007)—, Darren Lemke —uno de los creadores de la infravalorada Jack el cazagigantes (Bryan Singer, 2013)— y Larry Karaszewski —coganador del Globo de Oro por el libreto de El escándalo de Larry Flynt (Milos Forman, 1996)—, siendo el resultado imaginativo pero fiel a la esencia de los libros (a destacar la habilidad de enlazar pequeños sustos con sus respectivas explicaciones hasta que estas se agotan y el terror imaginado se vuelve real, quizá el principal elemento identificador de aquellos).

16 enero 2016

'No es mi tipo': ¿es posible el amor entre polos opuestos?

Cuando un profesor de filosofía parisino es trasladado a Arrás por un año, el tiempo se convierte en un vacío difícil de llenar. Acostumbrado a respirar cultura de día y aventura de noche, él se aburre irremediablemente hasta que una bella peluquera comienza a aderezar su vida con la complejidad escondida tras su risueña sonrisa. Sin embargo, como ya augura el título del film, sus diferencias son abismales: él idolatra a Kant y Proust y ella prefiere los libros “con historias que contar”, él disfruta de veladas selectas y ella de fiesta alocada micrófono en mano, él conoce la historia pasada y ella controla la prensa amarilla y, lo que es peor: aun cuando él aparente mayor madurez que ella, es él quien tiene miedo al compromiso y ella quien cuenta con un hijo a su cargo. ¿Puede el amor unir dos mundos diametralmente opuestos? Tendréis que ver No es mi tipo (Pas son genre, 2014) para averiguarlo.

No es mi tipo optó a dos premios César:
mejor actriz y mejor guion adaptado
El francés Loïc Corbery y la belga Émile Dequenne protagonizan esta agradable coproducción franco-belga, conformando una pareja carismática pero algo descompensada dado que, frente al debut de él en el largometraje, ella ya cuenta con dos premios de Cannes, gracias a las intensas Rosetta (Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne, 1999) y Perder la razón (Joachim Lafosse, 2012). Aun así, Corbery aguanta, nunca mejor dicho, el tipo, conformando un protagonista que se gana al espectador con rapidez pese a no siempre hacer lo que consideraríamos correcto. A ello ayuda enormemente un realizador tan versado como el belga Lucas Belvaux (La raison du plus faible, 2006), quien sabe tratar a sus personajes como se merecen. Así lo explica él: “jamás juzgo a un personaje. Me esfuerzo por estar en buena sintonía con la naturaleza de todos, incluso con los que mienten o peor aún. Renoir dice que cada uno tiene sus motivos. Es cierto, con independencia de que sean buenos o malos. Si juzgas a los personajes, estos se acaban: devienen entidades puramente ficticias que pueden instrumentalizarse enteramente y dejan de interesar. Trato de compartir mi punto de vista mediante el modo en que establezco las escenas y su dirección”.

12 diciembre 2015

Premios del Cine Europeo 2015: riesgo, reflexión y poesía

Los Premios de Cine Europeo (European Film Awards), sean más o menos justo, siempre revelan títulos interesantes, muchos de los cuales lo tienen difícil para llegar al ámbito comercial pese a su sobresaliente calidad. Austera, carente de números musicales y llena de reivindicación a favor de la unidad de Europa y la libertad de los artistas, la 28ª edición se ha cerrado con una clara ganadora: la cinta anglo-suizo-franco-italiana La juventud, de Paolo Sorrentino, quien ha vuelto a conquistar a la Academia dos años después de vencer con La gran belleza (2013, comentario aquí). Más especial si cabe fue la noche para Michael Caine y Charlotte Rampling, quienes llegaron dispuestos a recoger sendos premios honoríficos y se fueron a casa con los galardones concernientes a mejor actor y actriz, respectivamente. Gran trío de vencedores para una gala que comenzó con la imagen de Charles Chaplin en El gran dictador (1940), a juego con las palabras del presidente de la Academia Wim Wenders —“no queremos ni podemos volver a los tiempos oscuros que ha vivido Europa”—, referidas especialmente a los atentados de París y el encarcelamiento del director ucraniano Oleg Sentsov.

La juventud (Paolo Sorrentino, 2015)
Michael Caine, poseedor de dos Oscars a mejor
actor secundario, sumó anoche dos merecidos EFA
Aunque augurado por la mayoría de los expertos, el triunfo de la extraordinaria La juventud es relativamente sorprendente dado su fugaz paso por Cannes. O quizá no: hace dos años sucedió exactamente lo mismo con la última cinta de Sorrentino, La gran belleza, ignorada en el festival galo —que prefirió a la franco-belga La vida de Adèle, de Abdellatif Kechiche—, pero multigalardonada en estos premios por encima de la misma cinta que le arrebató la Palma de Oro. Curiosamente, Paolo Sorrentino fue en ambos casos reconocido como realizador y no como guionista, perdiendo entonces ante En la casa, de François Ozon, y esta vez frente a la otra gran favorita de las apuestas: Langosta, escrita por Efthimis Filippou y el propio realizador Yorgos Lanthimos (Canino, 2009), ambos griegos, pero coproducida por Reino Unido, Irlanda, Grecia, Francia y Países Bajos (sí, de coproducciones fue la noche). La original cinta suma así este galardón al concerniente a mejor diseño de vestuario, recogido hace unas semanas por Sarah Blenkinsop. Así explicó la cuestionable decisión el jurado en su día: “utilizando el color y la forma de una manera maravillosa para pintar cada plano de la película, el diseño de vestuario ayuda a hacer realidad la visión del director; cada pequeña pieza que los actores visten tiene su propia y reconocible historia”.

09 diciembre 2015

'Turbo Kid': nostalgia ochentera

Los ochenta constituyen indudablemente la década de la nostalgia. Películas como Mad Max (George Miller, 1979), En busca del arca perdida (Steven Spielberg, 1981), Terminator (James Cameron, 1984) y Regreso al futuro (Robert Zemeckis, 1985) han permanecido desde su estreno en el corazón de miles de espectadores, que aún no han superado los tiempos que los vieron crecer (a fin de cuentas, el grueso de la población adulta actual fue adolescente en los ochenta). A todas ellas homenajea Turbo Kid (2015), una aventura cómica de terror y acción postpocalíptica coproducida entre Canadá y Nueva Zelanda que explota la añoranza provocada por tan carismática época. La escribe y dirigida el entusiasta equipo de cortometrajistas formado por Anouk WhissellFrançois Simard y Yoann-Karl Whissell, que ya explotó algunas de las ideas del film en T Is for Turbo (2011), donde un chico encuentra un casco que le da superpoderes.

Turbo Kid (2015), de Anouk Whissell, François Simard, Yoann-Karl Whissell
La tierna relación entre The Kid y la robot Apple es
una de las bazas de la simpática Turbo Kid
Turbo Kid nos traslada a un futuro post-apocalíptico donde el agua es un bien muy preciado (sí, como en la saga Mad Max) y persiste la ley del más fuerte. “The Kid” (simpático Munro Chambers) es un joven con “estilo Marty McFly” que se ha criado solo gracias a la ayuda de comics retro y otros objetos añejos. Acompañado de una simpática robot de apariencia humana (dulce Laurence Leboeuf) y un héroe a lo Indiana Jones (carismático Aaron Jeffery) deberá enfrentarse a los malvados secuaces del malvado Zeus (Michael Ironside, rostro popular de cine de género), heredero del famoso Terminator, que se ha autoproclamado jefe del territorio. La trama no da mucho más de sí, para qué negarlo, pero destila frescura (y sangre...) por los cuatro costados. De hecho, tal y como sucedía con el fenómeno Kung Fury (David Sandberg, 2015), la película es sólo una excusa para festejar el recuerdo de los ochenta. Al igual que el corto sueco (sorprendentemente nominado a los próximos Premios de Cine Europeo), Turbo Kid bebe de todo lo que hizo memorable el cine ochentero, si bien es menos alocada (aunque también menos original).

08 septiembre 2015

De 'Pequeña Miss Sunshine' a 'Nuestro último verano en Escocia'

Las familias desestructuradas están a la orden del día. A fin de cuentas, ¿qué familia no lo está hoy en día, aunque sólo sea un poco? ¿Qué familia que se preste carece de un poco de locura y unos cuantos gritos de vez en cuando? Y, pese a todo, ¿quién no ha llegado a pensar que no hay familia más curiosa que la suya? Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006) y Nuestro último verano en Escocia (Andy Hamilton y Guy Jenkin, 2015) nos recuerdan que el sentimiento de pertenecer a una familia de locos es más generalizado de lo que pensamos. Y ambas lo hacen combinando con maestría la comedia y el drama, sin abusar en exceso de ninguno de los dos géneros para dejar una sensación que roza lo agridulce pero desemboca en una bella —pero realista— positividad.

Abigail Breslin en Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006)
La genialAbigail Breslin fue la revelación de
la joya indie Pequeña Miss Sunshine
Nuestro último verano en Escocia supone el salto conjunto al séptimo arte de los sexagenarios realizadores británicos Andy Hamilton y Guy Jenkin, artífices de la popular serie Outnumbered (2007), centrada en un matrimonio con problemas para educar a sus tres hijos. Presentada en la pasada Seminci de Valladolid, la cinta bebe enormemente, tanto de dicha serie, como de Pequeña Miss Sunshine, al presentar una pareja londinense en pleno divorcio —la deliciosa Rosamund Pike nominada al Óscar por Perdida (David Fincher, 2014) y el icónico David Tennant de Doctor Who— que debe aparentar felicidad mientras visita en Escocia al enfermo padre de él —Billy Connolly, tan simpático como estuvo en Una serie de catastróficas desdichas (Brad Silberling, 2005)— acompañada de sus tres hijos (Emilia Jones, Bobby Smalldridge y Harriet Turnbull). Aunque todo el reparto (que también incluye a Ben Miller, Amelia Bullmore y la siempre agradable pero algo fuera de lugar Celia Imrie) está perfectamente escogido, la frescura del film se debe principalmente a la impagable espontaneidad de los tres niños, quienes actúan con una naturalidad de la que muchos intérpretes profesionales tienen mucho que aprender. Gracias a ellos, la cinta es capaz de imprimir una sonrisa permanente en el rostro de los espectadores pese a la dureza de algunos temas tratados, tales como los problemas conyugales, la depresión crónica o la aceptación de la muerte.

30 enero 2015

'Into the Woods': un musical de cuento en el corazón del bosque

Regular está siendo el recibimiento de Into the Woods en España. Pero no me sorprende, pues conjuga los tres géneros más tristemente infravalorados: musical, fantasía y comedia. Y, claro, hace falta ser fan de los tres (o, al menos, de los dos primeros) para disfrutar de la nueva película de Rob Marshall, adaptada por James Lapine a partir de su propio musical de Broadway, que le granjeó a él el Tony a mejor guion y a su compañero Stephen Sondheim el concerniente a mejor composición musical. Con éste último se reunió hace doce años Rob Marshall tras el éxito de Chicago (2002) —que obtuvo 13 nominaciones a los Oscars (incluyendo mejor dirección) y ganó 6 (incluyendo mejor película)— con la intención de llevar al cine uno de sus musicales, como Follies o Sweeney Todd. Y ahí empezó todo.

Lilla Crawford en Into the Woods (Rob Marshall, 2014)
Caperucita, Cenicienta, Jack (con sus habichuelas) y
Rapunzel coinciden en el bosque (into the woods)
Convencido de su idoneidad para el cándido Marshall, Sondheim le ofreció Into the Woods. El cineasta estuvo de acuerdo, pero el best-seller de Arthur Golden se puso en su camino, dando lugar a Memorias de una Geisha (2005). Y después llegaron Nine (2009) y Piratas del Caribe 4 (2011). Visto lo visto, Marshall habría hecho bien en centrarse en Into the Woods, pero necesitó tomarse su tiempo para asimilar tan potencial grandeza. Entonces, en 2011, en el décimo aniversario del 11-S, el cineasta escucho a Barack Obama dirigirse a las familias de las víctimas con un “No estáis solos… Nadie está solo” que le recordó inevitablemente a la conmovedora canción “No one is alone” del musical, así como al esperanzador mensaje del mismo. De ese modo, tras una década de auténticos bodrios que jamás debieron ver la luz, Marshall decidió que había llegado la hora de adentrarse en el bosque, un lugar donde buscar sueños, afrontar miedos, perderse… y reencontrarse.

02 noviembre 2014

'Relatos salvajes': la película perfecta para tiempos de crisis

“La difusa frontera que separa la civilización de la barbarie, el vértigo de perder los estribos y el innegable placer de perder el control” es, en palabras de su guionista y director, Daniel Szifron, la base de Relatos salvajes, película que, no sólo se ha convertida en la más taquillera de Argentina en 2014 (con más de 3 millones de espectadores), sino también en la más vista internacionalmente de la historia del país (y eso que sigue en cartelera). Además, ha sido una de las más vistas durante la pasada Fiesta del Cine.

Imagen promocional de Relatos salvajes
Imagen promocional de Relatos salvajes
Siguiendo con las declaraciones del director, la cinta consta de seis historias autoconclusivas sobre “situaciones conflictivas de la cotidianeidad (…) que como ciudadanos comunes reprimimos tras medir el costo-beneficio de una acción, optando por ser menos impulsivos y no responder a las agresiones externas”. La combinación de violencia exagerada y humor negro da lugar a múltiples momentos memorables sobre personajes obligados a traspasar sus propios límites por motivos tan comunes como multas injustas, peleas de carretera y bodas estropeadas por las mentiras. La popularidad de cintas como Oldboy (Park Chan-wook, 2003) y Malditos bastardos (Quentin Tarantino, 2009) puso de manifiesto el atractivo que la venganza despierta entre los espectadores, pero la clave de Relatos salvajes radica en su capacidad de transformar esos impulsos en momentos desternillantes, pudiendo así llegar a un tipo de público mucho más amplio.
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