un blog de Juan Roures

04 agosto 2013

Breve historia del cine americano estadounidense (EE.UU.)

Tras más de un mes viajando por EE.UU., no veo mejor forma de regresar al blog que hacerlo con un artículo sobre el cine estadounidense. Mientras que para muchos el cine estadounidense constituye todo lo que entienden por “cine”, para otros esconde lo peor de la industria: tópicos e imagen de superioridad. Pero lo cierto es que, nos guste o no, los estadounidenses han alcanzado la perfección en casi todos los géneros y estilos cinematográficos, algo que no debe ser menospreciado. 

Centauros del desierto, de John Ford, 1956
Los paisajes de westerns como Centauros del desierto
se han convertido en un icono del cine estadounidense
No obstante, no fue en EE.UU. donde nació el cine, sino en Francia, donde los hermanos Lumière realizaron la primera proyección cinematográfica de la historia en 1895, con títulos como Llegada de un tren a la estación de la Ciotat, que se limitaba a mostrar una realidad cotidiana, o El regador regado, la primera comedia. Fue también allí donde George Méliès se convirtió en el padre del cine fantástico con la sorprendente Viaje a la luna (1902).

Sin embargo, ya en 1891 había patentado el estadounidense Thomas Alva Edison el kinetoscopio, el precursor del proyector de cine. Aunque en realidad fue su ayudante Laurie Dickson, la mente creativa de Edison, quien lo desarrolló inspirándose en las series fotográficas de caballos al galope de Eadweard Muybridge. Desgraciadamente, la exagerada patente del proyecto obligó a los demás cineastas a buscar sus propios medios de embarcarse en el séptimo arte.

Asalto y robo a un tren, de Edwin S. Porter, 1903
Asalto y robo a un tren se considera el primer
gran clásico del cine estadounidense
En EE.UU., las primeras exhibiciones de películas para grandes audiencias se hicieron  en los descansos de los shows de vodevil. El cine no tardó en convertirse en negocio y los empresarios empezaron a viajar por el país con sus películas. Una de éstas se convertiría en una de las obras más importantes de la historia, tanto por sus avances en el campo del montaje como por considerarse el primer western. Se trata de Asalto y robo a un tren, creada en 1903 por Edwin S. Porter, quien demostró que escenas grabadas en distintos momentos y lugares podían alternarse para contar una historia más completa. Es decir, introdujo el montaje como recurso cinematográfico.

El nacimiento de una nación (1915)
La racista El nacimiento de una nación fue la base del
lenguaje cinematográfico tal y como lo conocemos
Pero fue D. W. Griffith quien se convirtió en el auténtico padre del cine estadounidense al introducir el flashback y el primer plano en El nacimiento de una nación (1915), una cinta épica de tres horas de duración que resultó tan impresionante como racista, ya que el Ku Klux Klan aparecía como salvador y los esclavos afroamericanos como auténticos villanos descerebrados. Aunque, a causa de esto, la valoración crítica de la obra resulta complicada, lo innegable es que así nació el lenguaje cinematográfico tal y como lo entendemos hoy en día. A modo de disculpa, al año siguiente Griffith rodó la colosal Intolerancia (1916), en la que cuatro historias de injusticias sociales y religiosas son alternadas para transmitir la idea de su título. Un presupuesto descomunal dio lugar a decorados impresionantes cargados de miles de extras. Por tanto, queda de manifiesto que la grandiosidad ciega a los productores desde tiempos inmemoriales, ya que una sencilla comedia de Buster Keaton como El cameraman (1928) podía alcanzar el mismo éxito gracias a unos simples pero cuidados gags.

El cameraman (1928)
El cameraman es uno de los mejores
ejemplos de la comedia absurda
Con el primer plano surgieron también las primeras estrellas cinematográficas, siendo Theda Bara la primera actriz en convertirse en objeto de una campaña publicitaria que renovó por completo su imagen para transformarla en una exótica vampiresa. Mientras tanto, el italiano Rodolfo Valentino se convirtió en el latin lover por excelencia y su prematura muerte llevó a varias admiradoras al suicidio.

Aunque en sus orígenes el epicentro del cine fue Nueva York, los productores no tardaron en trasladarse a Hollywood a causa de los grandes espacios para rodar y el buen tiempo. Fue allí donde nacieron los cinco grandes estudios cinematográficos, Paramount, Metro-Goldwyn-Mayer, 20th Century Fox, Warner Bros y RKO, a los que se unieron otros tres de menos envergadura: Universal, Columbia y United Artists.  Todos ellos seguían un sistema basado en la eficacia y los largos contratos de permanencia que, gracias a las estrellas y los géneros, permitía crear películas en serie a bajo coste que cumplieran determinados parámetros de éxito asegurado para un determinado tipo de público. Por desgracia, esto iba en detrimento de la creatividad y la innovación, ya que el negocio era lo primero, pero sí supuso la creación de películas perfectas dentro de sus géneros.

El canto de Jazz (1927)
El cantor de Jazz marcó la introducción del sonido en
el cine y recibió un Oscar honorífico por ello
Lo que tampoco ayudaba a la libertad creativa era el Código Hays, establecido por la Motion Picture Producers and Distributors of America (MPPDA) en 1934 bajo orden de William H. Hays, líder del partido republicano. Este exagerado libreto prohibía toda exaltación, por sutil que fuera, del mal, el pecado, el crimen, el desnudo, el alcohol, las palabrotas, la blasfemia o la sexualidad y establecía normas exactas sobre el vestuario (o, más bien, la ausencia de él) de los actores y actrices. Y es que la sociedad estadounidense siempre ha sido mucho más conservadora de lo que algunos quieren creer.

Alas (1927)
Alas, la primera película oscarizada de la historia,
mostraba un claro homoerotismo inesperado
En 1927, el cine fue un paso más allá con la introducción del sonido. Fue en plena crisis financiera cuando la Warner Bros decidió probar suerte y alternar los habituales subtítulos con diálogos y canciones en El canto de Jazz, de Alan Crosland. Al año siguiente, Mickey Mouse saltó a la fama en El botero Willy (1928), dirigida por Walt Disney y Ub Iwerks, el primer cortometraje de animación con sonido sincronizado. Y, dos años después, la Academia entregó los primeros premios Oscar de la historia, recayendo el de mejor película en Alas (William A. Wellman, 1927) por encima de la muy superior Amanecer (F. W. Murnau, 1927). Lo que empezó como una especie de reunión de amigos no tardó en convertirse en uno de los eventos más esperados por la industria cinematográfica, dando lugar a múltiples conflictos entre las productoras.

Robin de los bosques (1935)
Gracias al color, Robin de los bosques ha
resistido al paso del tiempo
El segundo Oscar a mejor película recayó en el primer musical de la historia: Melodía de Broadway (Harry Beaumont, 1929), de narrativa mediocre pero gran valor de innovación. Este género no tardó en convertirse en uno de los más populares y en la imagen del esplendor de la Edad de Oro de los estudios. La elegancia de Fred Astaire y Ginger Rogers en las películas de la RKO se oponía al vibrante ritmo de Gene Kelly y Judy Garland para la MGM, pero el público recibía a todos ellos con entusiasmo. Con la llegada del sonido también cobró fuerza el género de aventuras, con clásicos instantáneos como King Kong (Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper, 1933), con efectos visuales sorprendentes para la época, y Robin de los bosques (Michael Curtiz y William Keighley, 1937), protagonizada por Errol Flynn y la bella Olivia de Havilland (quien le acompañó en 9 films), cuyo enfrentamiento con su propia hermana, Joan Fontaine, daría lugar a algunos de los cotilleos más sonados del mundillo. Ambas eran, por cierto, dos de los rostros más habituales del melodrama, conocido como "el género de las mujeres".

Tiempos modernos (1935)
Charles Chaplin critica la industrialización con humor
en la genial Tiempos modernos
No obstante, la llegada del sonido también supuso el fin de las carreras de muchos intérpretes cuyas voces no estaban a la altura de su imagen (Mary Pickford, Douglas Fairbanks…), tal y como refleja el excelente musical Cantando bajo la lluvia (Gene Kelly y Stanley Donen, 1952). Mientras la diva Marlene Dietrich era de las pocas en hacer una fluida transición del mudo al sonoro, el cineasta Charles Chaplin decidía tomárselo con calma y seguir rodando películas mudas durante años, haciéndonos olvidar la importancia del sonido en obras maestras como Luces de la ciudad (1931), Tiempos modernos (1935) y El gran dictador (1940).

Lo que el viento se llevó, 1939
Lo que el viento se llevó fue la primera película para
la que se empleó el término "diseño de producción"
En 1939, la MGM sorprendió al mundo con la película más famosa de la historia, Lo que el viento se llevó, codirigida por Víctor Fleming, Sam Wood y George Cukor, quien abandonó el proyecto por petición del actor principal Clark Gable, quien, aparentemente, tenía poco interés en trabajar con un director abiertamente gay después de haber él mismo trabajado como chico de compañía… En cualquier caso, él y Vivien Leigh protagonizaron el romance épico del siglo en un año que, aun hoy, se considera el mejor de la historia cinematográficamente hablando. Quien lo dude, puede echar un vistazo a La diligencia, primer western de John Ford rodado en el Monument Valley; El mago de Oz, esplendoroso y colorido musical fantástico de Víctor Fleming; Ninotchka, donde Greta Garbo nos hacía reír por primera vez bajo la dirección de Ernst Lubitsch; o Caballero sin espada, icónico drama de Frank Capra protagonizado por el adorado James Stewart.

Blancanieves y los siete enanitos, 1937
Blancanieves y los siete enanitos no es el primer film
animado, pero sí el primero de éxito y trascendencia
Los años 30 y 40 dieron lugar a todo tipo de películas memorables para todos los gustos, desde la colección de títulos de terror de la Universal que dio comienzo con El doctor Frankenstein (James Whale, 1931) hasta los clásicos animados de Walt Disney iniciados por Blancanieves y los siete enanitos (David Hand, 1937), pasando por obras maestras instantáneas como El halcón maltés (John Huston, 1941), primer ejemplo de cine negro, la mítica Casablanca (Michael Curtiz, 1942) con Humphrey Bogart e Ingrid Bergman formando la pareja del siglo, la alegre Cita en San Luis (Vincente Minnelli, 1944) con sus pegadizas canciones o la pasional Gilda (Charles Vidor, 1946), que convirtió a Rita Hayworth en el sex symbol por excelencia. Por desgracia, la innovación y el éxito no iban siempre de la mano y un título como Ciudadano Kane, en el que Orson Welles arriesgó en la profundidad de campo, el claro-oscuro, los travellings, los contrapicados y picados… y ofreció absoluta perfección en interpretaciones y sonido, pasó sorprendentemente desapercibido en su momento. Eso sí, el tiempo pone a cada uno en su lugar y dicha película encabeza casi todos los listados de mejores películas de la historia confeccionados desde entonces, algo que tampoco deja de ser exagerado.

La señora Miniver, 1942
La señora Miniver reflejaba las preocupaciones del
público de la época: familia y guerra
En cualquier caso, aquellos eran los tiempos de la II Guerra Mundial y no es de extrañar que la innovación cinematográfica palideciese ante cintas patrióticas como La señora Miniver (William Wyler, 1942) que hoy han sido prácticamente olvidadas. De hecho, un tercio de las producciones de 1942 estaban relacionadas con la guerra, sin duda como causa del desastre de Pearl Harbour. Muchos cineastas decidieron mostrar su apoyo a la patria, siendo el caso más representativo el de Frank Capra, quien, poco antes de dirigir su icónica Qué bello es vivir (1946), se puso al frente de la serie documental Why we fight (1942-1945) para apoyar a las tropas. El cine se convirtió así en una fuente de optimismo y unión nacional y gracias a ello Hollywood alcanzó el punto más álgido de su historia. No obstante, la industria del cine no tardó en sufrir una auténtica división interna a causa de la Caza de Brujas del senador McCarthy que quedaría de manifiesto en la recogida del Oscar por La ley del silencio (1954) de Elia Kazan, quien recibió tanto aplausos por su magnífica labor como abucheos a causa de su traición a compañeros comunistas que vieron así terminadas sus carreras (muchos de ellos se verían obligados a utilizar nombres falsos durante años). La sensación de inseguridad derivada de la captura de comunistas fue un duro golpe para Hollywood, que vio así terminada su etapa dorada de producción.

Además, el reinado del cine como producto de entretenimiento llegó a su fin durante los años 50 a causa del nacimiento de su “hermano pequeño”: la televisión. De la noche a la mañana, todo el mundo tenía un televisor en su casa, lo que, unido al traslado de las familias acaudaladas al extrarradio, se tradujo en una reducción importante de la taquilla cinematográfica. La televisión fue declarada enemiga del cine y convertida en tabú cinematográfico, siendo el caso más representativo la prohibición de los estudios Warner de que un aparato televisivo apareciera en cualquiera de sus películas. 

La túnica sagrada, 1953
Richard Burton y Jean Simmons son rostros habituales
de los dramas épicos, como La túnica sagrada
No obstante, la televisión tuvo un efecto muy positivo en el cine estadounidense: la innovación. Para triunfar, había que ofrecer productos diferentes y novedosos. En 1953, La túnica sagrada, drama bíblico de Henry Koster, alcanzó un gran éxito gracias a la introducción del CinemaScope, que ofrecía pantallas alargadas llenas de color y espectáculo. La grandiosidad se convirtió en clave del éxito y las historias bíblicas, a menudo rodadas en España e Italia para reducir gastos, vivieron un gran auge. Aun así, el alto coste y el constante descuido del guión a menudo dificultaban recuperar los gastos, y, si no, que se lo digan a Cleopatra (Joseph L. Mankiewicz, 1963), cuya producción sin miramientos (caprichos de la estrella Elizabeth Taylor incluidos) dejó en bancarrota a la 20th Century Fox.

Salvaje, 1950
La imagen rebelde de Brando en Salvaje
no gustó demasiado al ala conservadora
Mientras el Código Hays era poco a poco ignorado hasta el punto de que el drama sobre el alcoholismo Días sin huella (Billy Wilder, 1945) se hiciera con el Oscar a mejor película, el sistema de estudios entraba en decadencia y géneros tan populares como el cine negro y el western perdían fuelle en detrimento de películas más frescas y sorprendentes. Clave a este respecto fue una nueva generación de jóvenes más rebelde y libre que gozaba de privilegios económicos que sus padres ni habían soñado y empezaba a cuestionarse las opiniones de aquéllos. Actores como Marlon Brando y James Dean se convirtieron en iconos de la juventud gracias a Salvaje (László Benedek, 1950) y Rebelde sin causa (Nicholas Ray, 1955), respectivamente, donde mostraban las preocupaciones de la juventud de la época y el afán por el riesgo y la independencia. Ambos procedían de la escuela del Método de Lee Strasberg, que no se conformaba con la interpretación, sino que buscaba la conversión del actor en su personaje.

Vacaciones en Roma, 1953
Audrey Hepburn triunfó en Vacaciones en Roma; era
la actriz ideal para los amantes del Hollywood dorado
No obstante, el cine estadounidense no dejó por ello de lado los grandes romances ni las divertidas comedias, como muestran clásicos como la delicada Vacaciones en Roma (William Wyler, 1953), que lanzó al estrellato a Audrey Hepburn en compañía de Gregory Peck, o la divertida Con faldas y a lo loco (Billy Wilder, 1959), fantásticamente protagonizada por Jack Lemmon, Tony Curtis y Marilyn Monroe, infravalorada actriz que se convertiría en símbolo de la crudeza de Hollywood y que, curiosamente, llamó la atención de los productores por primera vez en una cruda película sobre el mundo del espectáculo, la magnífica Eva al desnudo (Joseph L. Mankiewicz, 1950), que supuso un sorprendente regreso de Bette Davis en mejor forma que nunca. La sensualidad de Monroe se oponía a la dulzura de Hepburn y ambas se convirtieron en las dos actrices más icónicas de la historia. Eso sí, ni siquiera las superproducciones llenas de estrellas lograban superar en taquilla a clásicos Disney como Peter Pan (Clyde Geronimi, Hamilton Luske y Wilfred Jackson, 1953) o La bella durmiente (Clyde Geronimi, 1959).

Los tiempos siguieron cambiando y el cine terminó aliado con la televisión, que le permitía recuperar ingresos no obtenidos en las salas. Además, el talento televisivo se pasó a la gran pantalla con éxitos como Marty (Delbert Mann, 1955), primera y única película galardonada a la vez con el Oscar a mejor film y la Palma de Oro de Cannes, todo ello por limitarse a contar la historia de un hombre sencillo (Ernst Borgnine, hasta entonces villano secundario clave) con el que cualquiera podía identificarse. Por influencia del cine europeo y por la propia necesidad del público, la cotidianidad empezó a dominar la gran pantalla.

El graduado, 1967
La sexualidad de El graduado parece casi infantil
hoy en día, pero fue todo un shock en 1967
Sorprender a los espectadores se convirtió en el objetivo principal del cine, bien con unos efectos especiales nunca vistos (Los diez mandamientos, de Cecil B. DeMille, 1956), bien matando a la protagonista a mitad de la película (Psicosis, de Alfred Hitchcock, 1960). La clave estaba en dar a los espectadores algo que sólo pudiesen obtener en las salas. Fue así también como el sexo y la violencia fueron introduciéndose poco a poco en la gran pantalla, en contraposición a la televisión, de carácter más familiar. En 1967 el Código Hays dejó pasó al sistema de calificación por edades, lo que permitió a El graduado, de Mike Nichols (quien, además de ganar el Oscar, se convirtió así en el primer director que cobra un millón de dólares por su trabajo), mostrar una relación pasional entre el joven Dustin Hoffman y la madura Anne Bancroft, y a Bonnie & Clyde, de Arthur Penn, mitificar a dos ladrones de bancos fantásticamente interpretados por Warren Beatty y Faye Dunaway. Los productores descubrían así que la audiencia se identificaba mucho más fácilmente con personas que dudan y caen en el pecado que con héroes clásicos y carismáticos como el Cary Grant de Luna nueva (Howard Hawks, 1940) o el John Wayne de Centauros del desierto (John Ford, 1956), aunque éstos siempre tendrían su hueco en el imaginario colectivo. Incluso La calumnia (Willim Wyler, 1961) se atrevía a mostrar la ansiedad de una mujer lesbiana (Shirley McLaine) enamorada de su compañera de trabajo, aunque con gran sutileza, por supuesto. Por su parte, John Cassavettes se convirtió en autor de culto con obras como Rostros (Faces) (1968). Eso sí, el hecho de que Sonrisas y lágrimas (Robert Wise, 1965) fuera la película más taquillera desde Lo que el viento se llevó deja claro que el carácter escapista del cine distaba mucho de desaparecer.

El cazador, 1979
El cazador fue criticada por varios cineastas liberales,
pero obtuvo 5 Oscars por su impacto
La ideología revolucionaria de los sesenta dejó huella en el cine, especialmente a partir de las revueltas de 1968, ocasionadas por millones de jóvenes descontentos con el modo en que funcionaba la sociedad. El asesinato los Kennedy y de Martin Luther King y la incursión de EE.UU. en la guerra de Vietnam fueron algunos de los acontecimientos clave de una época marcada por la lucha social contra la desigualdad de género y color de piel. El triunfo del film racial En el calor de la noche (Norman Jewison, 1967) en la ceremonia de los Oscar de 1968 fue visto como una muestra de apoyo de la Academia a las reivindicaciones, ya que la calidad del mismo era inferior a varias de las nominadas. El polémico cine underground de artistas como Andy Warhol surgió como una mera provocación a la sociedad establecida, mientras que varios cineastas de prestigio dedicaron sus obras a Vietnam, desde la visión izquierdista de El regreso (Hal Ashby, 1978), protagonizada por la reivindicativa Jane Fonda, hasta la más derechista pero igualmente crítica El cazador (Michael Cimino, 1978), donde Christopher Walken protagonizó la impactante y polémica escena de la ruleta rusa.

La guerra de las galaxias, 1977
Cuando se estrenó La guerra de las galaxias,
la ciencia-ficción era un género olvidado
Aunque la sexualidad del cine americano no era comparable a la del cine europeo o asiático, la violencia alcanzó la cumbre en 1971 con La naranja mecánica, con la que Stanley Kubrick, quien ya había sorprendido con su 2001: Una odisea en el espacio (1968), dejó en shock a los espectadores de todo el mundo. Durante los setenta, surgió el fenómeno blockbuster gracias a dos películas clave: Aeropuerto (George Seaton, 1970), primera de una serie de películas sobre desastres naturales, y Tiburón (Steven Spielberg, 1975), grandísimo éxito veraniego que arrastró a los jóvenes a las salas una y otra vez; por su parte, El planeta de los simios (Franklin J. Schaffner, 1968) dio origen a una saga tan variada como irregular. Eso sí, nadie podía augurar entonces el éxito que el joven George Lucas alcanzaría con La guerra de las galaxias (1977), brillante película de aventuras futuristas que lanzó a la fama a Harrison Ford (pronto convertido en el Indiana Jones de En busca del arca perdida, ideada por Lucas y dirigida por Spielberg en 1981) y dio lugar a varias secuelas y precuelas de éxito, series de televisión y millones de productos de merchandising, convirtiéndose en la producción más exitosa de la historia.

Alguien voló sobre el nido del cuco, 1975
Alguien voló sobre el nido del cuco presenta una
impresionante interpretación de Jack Nicholson
Eso sí, el Oscar a mejor película fue a parar ese año a Annie Hall, primera obra madura del gran escritor y director Woody Allen, quien rodaría prácticamente una película por año desde entonces, la mayoría combinando la emblemática esencia de la ciudad de Nueva York con las dudas existenciales de sus habitantes. A ello se oponía la visión descarnada y cruel de la gran ciudad de nuevos cineastas como Francis Ford Coppola, que nos regaló con El Padrino (1972) la representación más realista del mundo de la mafia hasta la fecha; Roman Polanski, quien retrató un mundo sin esperanza en Chinatown (1974); Milos Forman, quien mostró los problemas de la excesiva disciplina en Alguien voló sobre el nido del cuco (1975); y Martin Scorsese, cuya violenta Taxi Driver (1976) debía mucho a la impresionante interpretación de Robert de Niro. Incluso el musical se convirtió en un género oscuro y revolucionario en Cabaret (Bob Fosse, 1972), maravillosamente protagonizado por Liza Minnelli, y la extravagante The Rocky Horror Picture Show (Jim Sharman, 1975), aunque, por desgracia, John Travolta y Olivia Newton-John marcaron con la exitosa Grease (Randal Kleiser, 1978) el adiós definitivo del género tal y como le había ocurrido al western unos años atrás.

Blade runner, 1982
Blade Runner pasó desapercibida
en su día pero ya es un clásico
Los ochenta afianzaron el carácter palomitero del cine de terror y aventuras fantásticas con éxitos como Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979), E.T. el extraterrestre (Steven Spielberg, 1982), Terminator (James Cameron, 1984), Pesadilla en Elm Street (Wes Craven, 1984) o Regreso al futuro (Robert Zemeckis, 1985), aunque auténticas obras maestras como El resplandor (Stanley Kubrick, 1980) o Blade Runner (Ridley Scott, 1982) fueron incomprensiblemente despreciadas por crítica y público. Mientras tanto, David Lynch se convertía en uno de los cineastas con más personalidad de la década gracias a Terciopelo azul (1986), que destapaba la oscura realidad de los barrios residenciales. Clave del éxito de éstos y otros films fue la aparición del VHS, lo que daba a las películas una vida comercial mucho más larga.

Solo en casa, 1990
Macauly Culkin triunfó en Solo en casa pero al final se 
convirtió en símbolo del fracaso de los niños estrella
Los chillidos del joven Macauly Culkin de Solo en casa (Chris Columbus, 1990) marcaron el inicio de una década prodigiosa para el cine estadounidense con un enorme número de obras maestras: El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991), La lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993), Cadena perpetua (Frank Darabont, 1994), Se7en (David Fincher, 1995), Mejor… imposible (James L. Brooks, 1997) o la revisión del western en Sin perdón (Clint Eastwood, 1992) son algunos ejemplos. Además, Quentin Tarantino y los hermanos Coen se ganaron al público joven con Pulp Fiction (1994) y Fargo (1997), respectivamente, ambos films que acompañaban la violencia de una grandísima calidad cinematográfica. Incluso los adolescentes parecían ávidos de sangre, lo que garantizó un interminable número de películas de terror de gran popularidad y menor calidad, como Scream. Vigila quién llama (Wes Craven, 1996) y sus interminables secuelas.

Pretty woman, 1990
Julia Roberts se ganó al mundo con comedias románticas
como Pretty Woman, una cenicienta moderna
En contraposición, encontramos Titanic (James Cameron, 1977), que batió todos los records gracias al maravilloso amor de Kate Winslet y Leonardo DiCaprio, y el auge de las comedias románticas como Pretty Woman (Garry Marshall, 1990), que convirtió a Julia Roberts en “la novia de América”. Sin olvidarse del apogeo del estudio Disney, que nos regaló una serie de maravillosos musicales animados iniciada por La sirenita (John Musker y Ron Clements, 1989) y perfeccionada en El rey león (Rob Minkoff y Roger Allers, 1994). Su éxito incitó a otros cineastas a seguir sus pasos, como muestran obras como Anastasia (Don Bluth y Gary Goldman, 1996) y El príncipe de Egipto (Simon Wells, Steve Hickner y Brenda Chapman, 1998), pero nadie logró superar la magia Disney de cintas como La bella y la bestia (Gary Trousdale y Kirk Wise, 1991), primer largometraje animado nominado al Oscar a mejor película.

Toy Story, 1995
Toy Story es la primera película realizada
íntegramente por animación digital
Además, la tecnología por ordenador no tardó en influir al séptimo arte, tanto por la aparición del DVD, como por su uso cinematográfico, bien para añadir realistas dinosaurios a Jurassic Park (Steven Spielberg, 1993), bien para confeccionar la película por completo, como en el caso de Toy Story (John Lasseter, 1995), el primer largometraje de Pixar, que se convertiría en el estudio más querido de todos gracias a éxitos como la divertida Buscando a Nemo (Andrew Stanton y Lee Unkrich, 2003) y la emotiva Up (Pete Docte y Bob Peterson, 2009). Todas ellas cuentan además con magníficas bandas sonoras, las cuales han mostrado un auténtico auge en los últimos años en todo tipo de géneros gracias al talento de compositores como James Horner, John Williams, Howard Shore, Alexander Desplat o Hans Zimmer.

Mi Idaho Privado, 1991
Mi Idaho Privado es un icono del cine independiente:
personajes solitarios en busca del sentido de la vida
A nivel menos comercial, Gus Van Sant sorprendió con Mi Idaho Privado (1991), clave del denominado New Queer Cinema, un movimiento que pretendía transmitir una imagen más realista y menos edulcorada de la comunidad LGTB. Pero, claro, solo una estrella de la talla de Tom Hanks logró dar a un homosexual enfermo de SIDA el respeto que se merecía en Philadelphia (Jonathan Demme, 1993). Hanks obtuvo un merecido Oscar por ello (logro que repetiría al año consecutivo con la reaccionaria pero popular Forrest Gump, de Robert Zemeckis), al igual que haría Hilary Swank seis años después por su emotiva interpretación de un joven transexual en Boys don´t cry (Kimberly Peirce, 1999). Curiosamente hasta que se estrenó la gran Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005), ninguna película sobre esta temática causó el impacto y el rechazo de Thelma & Louise (Ridley Scott, 1991), cuyas heroínas criminales (fantásticas Susan Sarandon y Geena Davis) se ganaron la identificación del espectador desde el principio, pero recibieron todo tipo de ataques injustos del ala conservadora. Dos años antes, Spike Lee había sorprendido a EE.UU. con su Haz lo que debas (1989), primer éxito comercial hecho por afroamericanos sobre afroamericanos.

El cambio de década supuso el reconocimiento definitivo del cine de animación con la creación de su propio Oscar. Shrek (Andrew Adamson y Vicky Jensom, 2001) y Ice Age: La edad de hielo (Chris Wedge y Carlos Saldanha, 2002) son dos de los ejemplos más exitosos y dieron lugar a interminables secuelas. Y es que la secuela y el remake son también, por desgracia, claves del cine americano moderno, ya que han probado ser la forma más efectiva de triunfar en taquilla sin importar la calidad. Y, si no, que se lo digan a la saga de Piratas del Caribe, cuya primera entrega, La maldición de la perla negra (Gore Verbinski, 2003), es sin duda la mejor y la que menos recaudó en taquilla.

Avatar, 2009
Avatar revolucionó el cine con sus efectos visuales, su
diseño de producción y su fotografía en tres dimensiones
Si en los años 50 el cine tuvo que enfrentarse a la televisión, el siglo XXI marcó la aparición de un enemigo mucho más poderoso: Internet. Ante la facilidad para ver películas online de forma gratuita, la grandiosidad y el espectáculo se han convertido en el modo más sencillo de arrastrar al público a las salas. Un fascinante diseño de producción y el perfeccionamiento de la tecnología 3D convirtieron a Avatar (James Cameron, 2009) en la película más taquillera de todos los tiempos. Curiosamente, ya se trató de hacer frente a la televisión en su día con el 3D, pero en plenos años 50 esa tecnología no había sido perfeccionada lo suficiente.

Juno, 2007
Juno muestra que sólo hace falta un buen guión e
interpretaciones bien dirigidas para crear un clásico
Aunque Peter Jackson demostró con su trilogía de El Señor de los Anillos (2001-2003) que la perfección técnica y artística no está reñida con la calidad narrativa, lo cierto es que la mayoría de superproducciones contemporáneas olvidan que la innovación del vestuario, el maquillaje, la dirección artística y los efectos visuales no es suficiente si no va acompañada de un buen guión. Al final, cintas independientes como Cookie´s fortune (Robert Altman, 1999), Lost in translation (Sofia Coppola, 2003), Entre copas (Alexander Payne, 2005), Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006) y Juno (Jason Reitman, 2007) alcanzan un grado de calidad mucho mayor y dejan una sonrisa mucho más amplia por el mero hecho de plasmar las realidades de gente sencilla en un guión brillante carente de artificios.

Chicago, 2002
El estilo de videoclip de Chicago
es muestra de la cultura moderna
Entre las apuestas más arriesgadas y sorprendentes del cine estadounidense reciente encontramos Requiem por un sueño (Darren Aranofsky, 2000), sobre el duro mundo de las drogas; Memento (2000), en la que Christopher Nolan presenta una narración en sentido inverso ideal para contar la historia de un hombre (Guy Pearce) que pierde la memoria constantemente; Big Fish (Tim Burton, 2003), que utiliza con gran habilidad la fantasía para hablar del amor paternal; V de Vendetta (James McTeigue, 2006), thriller político ambientado en un futuro arriesgadamente cercano protagonizado por Natalie Portman; y El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011), una difícil reflexión sobre el universo y la vida humana que demostró que Brad Pitt ya no era una simple estrella sexy. Hasta la comedia romántica vivió un auténtico giro con (500) Días Juntos (Marc Webb, 2009), una brillante película sobre el amor… sin amor, mientras que el thriller El ultimátum de Bourne (Paul Greengrass, 2007) puso un impresionante final a la trilogía del agente interpretado por Matt Damon gracias a un vibrante montaje de imagen y sonido. Además, el éxito del musical australiano Moulin Rouge (Baz Luhrmann, 2001) llevó al resurgir del género en EE.UU. y, pese a que ninguno alcanzó la calidad de éste o los grandes clásicos, Hollywood celebró su regreso premiando a Chicago (Rob Marshall, 2002), en el que Renée Zellweger y Catherine Zeta-Jones nos sorprendieron rompiendo el escenario, con el Oscar a mejor película en su 75ª edición.

En tierra hostil, 2009
En tierra hostil fue la primera película en reflejar la
 realidad de la guerra de Irak
Aunque las estrellas de cine siguen siendo clave a la hora de atraer a la audiencia, el antiguo misticismo de éstas ha dejado paso a la naturalidad y, aunque George Clooney o Naomi Watts mantienen su estatus inalcanzable, otros como la joven Jennifer Lawrence, última ganadora del Oscar a mejor actriz por su vibrante interpretación en El lado bueno de las cosas (David O. Russell, 2012), han demostrado que se puede ser parte de Hollywood sin dejarse arrastrar por la hipocresía y las apariencias que antaño criticaba El crepúsculo de los dioses (Billy Wilder, 1950). Y hablando de los Oscar, conviene destacar que en el año 2009 Katherine Bigelow se convirtió en la primera directora ganadora de uno por su impresionante trabajo para En tierra hostil, durísimo retrato de la guerra de Irak, la cual había influido enormemente en la industria y dado lugar al polémico documental Fahrenheit 9/11 (Michael Moore, 2004), enormemente crítico con el mandato de George W. Bush.

El cine de EE.UU. sigue siendo ejemplo de excesos y superficialidad, pero los cineastas han demostrado estar cada vez más preocupados por los asuntos de la gente de a pie y, en múltiples ocasiones, se han convertido en personas clave para denunciar injusticias o apoyar causas sociales. Estrellas como Paul Neman o Angelina Jolie incluso han dedicado gran parte de sus vidas a mejorar el planeta de un modo u otro. Criticar el cine americano es olvidar que Hollywood constituye tan sólo una parte de él e incluso atacar a Hollywood directamente supone una generalización injusta que olvida los cientos de horas que los grandes clásicos rodados en el paraíso de Los Angeles nos han hecho llorar, reír y vivir aventuras inimaginables.

American Beauty, 1999
American Beauty ataca todos los tópicos de la sociedad
estadounidense con humor y ácida ironía
El cine estadounidense sufre sin duda del carácter egocéntrico de un país que ha evolucionado a un ritmo demasiado trepidante para poder asimilarlo. Cintas como Apolo 13 (Ron Howard, 1995) incitan a la sonrisa por su excesivo carácter patriótico, pero en su contraposición están obras como American Beauty (Sam Mendes, 1999), interpretada con gran naturalidad por Kevin Spacey y Annette Bening, que atacan de lleno al sueño americano. Durante más de cien años, el cine estadounidense ha creado historias para todos los gustos y públicos, desde todos los puntos de vista imaginables. Por supuesto, aun queda mucho por hacer y el cine estadounidense debe hacer honor a su posición privilegiada ante el gran público con productos de calidad en los que la innovación técnica no trate de ocultar la mediocridad del guión.

En cualquier caso, tópicos y críticas aparte, si hay algo que los estadounidenses hacen mejor que nadie es avivar nuestras ansias de soñar. Sólo hay que ver el emotivo discurso de Meryl Streep al recoger su tercer premio Oscar, lo que aún la sitúa a un galardón de la cuatro veces premiada Katherine Hepburn, para comprobar que la magia del cine existe y está presente en quienes lo crean y disfrutan. Durante mi estancia en EE.UU. me di cuenta de que, si bien este país esconde muchos puntos negativos en sus excesos y afán de superioridad, no hay mejor lugar en el mundo para comprobar que la vida está llena de puertas y todo –absolutamente todo– es posible. Quizá la vida no sea tan fácil como nos hace creer el romance entre los guapísimos Cameron Díaz y Jude Law de la edulcorada The Holiday (Nancy Meyers, 2006), pero lo cierto es que sólo aceptando que los sueños son posibles podremos empezar a intentar alcanzarlos.


© El copyright del texto pertenece exclusivamente a Juan Roures
© El copyright de las imágenes pertenece a sus respectivos autores y/o productoras/distribuidoras


26 comentarios:

  1. Estupendo post! Da gusto leer cosas tan curradas!
    PD: Tus fotos dan mucha envidia...

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    1. Muchas gracias! Me alegro de que te guste el artículo (y las fotos jeje)

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  2. Veo que has venido con las pilas muy bien puestas. ¡¡¡Algunos tienen una suerte!!! No me cabe la menor duda que eres el mejor storyteller. ¿Qué piensas de Avatar? Mojate.

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    1. Muchísimas gracias :) Como guionista en potencia, ya puedo serlo! jeje.

      ¿Avatar? Sinceramente, creo que debo volver a verla para dar una opinión completamente fundada, pero, ya que preguntas, voy a mojarme. Creo que "Avatar" es una película muy importante por su contribución técnica que podría haber sido una obra maestra de contar con una historia más original.

      No me uno a quienes tachan su guión de mediocre, porque, aún así, la historia funciona, pero sin duda sobran tópicos y toda la imaginación que desborda el film en el plano técnico se echa de menos en el plano narrativo. Pese a ello, gracias al diseño de producción, los efectos y la fotografía, verla es toda una experiencia que yo disfruté. De todos modos, "El señor de los anillos" y "Star Wars" le dan mil vueltas contando con un presupuesto mucho menor. Y tú, ¿qué opinas?

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    2. Estoy totalmente de acuerdo contigo, sin embargo creo que pasará a la historia por dos razones: la primera porque, no sé por qué razón, es la que mejor ha logrado trasladar a la pantalla la tecnología de 3D, y la segunda, porque incorpora un interesante personaje, una respuesta a la propuesta de mujer-ciborg de Donna Haraway, el que interpreta Sigourney Weaver. Tú, que has tenido la suerte de pisar suelo norteamericano, y al que me gustaría ver convertido en un buen guionista (que ya lo vales), sabes lo avanzados que están en este país los estudios sobre el constructo de género y la creación de un modo de representación alternativo. La segunda parte, la de los navis, es mucho más discutible, aunque incorpore alguna cita a la Guerra de Irak nada desdeñable y la denuncia de la destrucción desde el aire.

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  3. Cómo te curras todos los post!! Son geniales, me encantan. Espero que te hayan ido genial las vacaciones, bienvenido!!

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    1. Muchas gracias! :) La verdad es que con éste me he pasado jeje, pero os debía un largo artículo tras mi larga ausencia!

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  4. Qué visión tan completa de toda la historia!
    Sigues manteniendo el mismo nivel alto que siempre.
    Una duda que me ha surgido a raíz de tu artículo, ¿llegó a terminarse alguna película en 3D en los años 50? Eso sí que parece de ciencia ficción!

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    1. Gracias! Pues sí, de hecho se hicieron unas cuantas, pero más que 3D resultaba borroso y los espectadores acabaron sufriendo dolores de cabeza. Además, el sistema era muy incómodo para quienes ya llevaban gafas. Al final, las películas buenas hechas para 3D (por ejemplo, Crimen Perfecto, de Hitchcock) se volvieron a estrenar sin esa tecnología molesta. Fue ese fiasco lo que llevó a Hollywood a tardar tanto en volver a intentarlo.

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  5. Si señor!! Tus post no pueden ser más completos e ilustrativos (y muy bien redactados). Enhorabuena.

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    1. Muchísimas gracias! :) Me hace mucha ilusión que los valoréis porque yo disfruto haciéndolos!

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  6. Magnífico repaso por la historia del cine estadounidense. Qué voy a decir yo de este cine; adoro el cine clásico, los mitos, los años 40, 50, directores como Mankiewicz,Hawks, Wilder, Wyler... Hollywood como bien dices nos ha hecho soñar con grandes historias, personajes inmortales... pero por supuesto no todo es la meca dorada y fuera de ella directores independientes han contado historias cercanas, reales y sin el yugo de los grandes estudios.

    Por cierto, aún recuerdo las horas que pasamos en la carrera viendo Intolerancia, en su día nos pareció un poco tostón pero fue clave para el lenguaje cinematográfico venidero.

    Nos seguimos leyendo :D

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    1. Muchas gracias! Está claro que hay películas que, al menos hoy en día, están más para el análisis que para el disfrute como tal. "El nacimiento de una nación", además de racista, es bastante interminable. Pero, vistas como objetos de estudio representantes de una época, resultan hasta divertidas! Saludos.

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  7. Magnifico reportaje,Juan.Largo y muy bien redactado.Ese paisaje de CENTAUROS DEL DESIERTO,donde rodó John Ford varias de sus películas,es todo un homenaje al cine americano.Un saludo.

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    1. Muchísimas gracias. La verdad es que el Monument Valley, que es donde se rodaron multitud de westerns míticos, es un símbolo clave de EE.UU. y tuve claro que sería la imagen de cabecera del artículo. Durante mi estancia en EE.UU. tuve la ocasión de visitarlo y resulta emocionante. Saludos.

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  8. Buenísimo artículo! Y que delicia de redacción! Sorprende comparar las primeras producciones con las últimas!

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    1. Muchas gracias! Me alegro de que te guste. Desde luego, comparar películas de distintas épocas es sorprendente, y es que el séptimo arte ha evolucionado a una velocidad prodigiosa. Saludos.

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  9. Maravilloso artículo! Me llena de orgullo ser tu amiga :D

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  10. No estoy de acuerdo en que Macaulay Culkin se convirtió en la imagen deprimente del niño fracasado.

    Macaulay Culkin es la estrella infantil de los años 90 hoy y siempre. ¡Bendito fracaso, haber conseguido decenas de películas taquilleras en aquellos años!

    Su caída en las drogas o el intento de suicidio no evitan que Macaulay Culkin siga siendo un actor muy querido por todos.

    Evidentemente es querido por toda la legión de fans que le seguimos en aquellos años, entre los que me incluyo. Sus detractores de entonces, lo serán más ahora. Pero el amor del gran público lo tiene y lo tendrá.

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    1. No se trata de estar o no de acuerdo. Limítate a escribir las palabras niño+prodigio+fracasado y verás que todas las entradas hablan de Macaulay Culkin. Eso no quita que también sea un símbolo del cine de los 90 o que se le recuerde con mayor o menor cariño.

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    2. A Hitler nadie le votó una mayoría y eso no evita que hiciese lo correcto. Lo digo por lo de que dices que haya mucha gente que relacionas niño+prodigio+fracasado se refieran a Macaulay.

      Sigo insistiendo en lo mismo. Me parece un locura relacionar "niño + fracasado". Otra cosa es "hombre + fracasado". Pero niño + fracaso es un absurdo.

      Precisamente, a un niño o adolescente le queda un gran futuro por delante para que su vida alce el vuelo, si es que ha tenido un bache. Pero el empleo de la expresión "niño fracasado" denota una crueldad insana, que no creo que sea tu intención. Pero, en mi opinión, es una expresión muy hiriente para todos los que la emplean.

      Aprovecho para decirte que el artículo es muy bueno, pero me toca defender a Macaulay, que con toda la juventud que tiene, quién sabe lo que le espera.

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    3. Yo en ningún momento le he llamado fracasado; todo lo que he dicho es que es el símbolo del fracaso del niño-estrella, que no es lo mismo. Bien es sabido que ser un niño famoso a menudo no solo no ayuda sino que perjudica y si preguntas a cualquiera a este respecto, se acordarán de Macauly Culkin y Lindsay Lohan. Eso los convierte en símbolos de esta triste realidad. La comparación con Hitler no tiene nada que ver, porque yo no estoy diciendo que el hecho de que mucha gente asocie a Macauly con el fracaso signifique que él sea un fracasado, sólo estoy diciendo que ello lo convierte en un símbolo de ello.

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