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22 junio 2016

'Kill Bill' & 'Lady Snowblood': resonancias y puntos de vista

Picado de la heroína sumetida
Que Kill Bill (2003-2004) no existiría de no ser por el cine asiático de artes marciales es tan evidente como célebre, pero cuánto debe Quentin Tarantino a la Lady Snowblood (1973) de Toshiya Fujita no es suficientemente sonado. Las dos obras narran la odisea de una mujer (dos en el segundo caso: la esposa que presenció el crimen y la hija condenada a tomar su relevo) por vengar la muerte de sus seres queridos y comparten claves de la puesta en escena, a destacar el uso de los planos cenitales, picados y contrapicados para representar la relación entre las (anti)heroínas y sus enemigos. Y es que en ambos casos se recurre a un potente plano contrapicado para presentar a los asesinos como conjunto (cuatro en ambos casos, pues Bill cuenta con su propio plano), así como a sucesivos cenitales en los que las tornas han cambiado, volviéndose víctimas los asesinos y viceversa.

09 junio 2016

'Green Room': terror y extremismo

“Cuando recibí el guion en mi casa de Inglaterra, lo encontré tan terrorífico que tuve que cerrar con llave, encender el sistema de seguridad y servirme un whisky. Entonces supe que quería interpretar a Darcy Banker porque un personaje tan aterrador sería un reto increíble y daría lugar a una película irresistible”. Así habló Patrick Stewart, veterano de las icónicas sagas Star Trek y X-Men, de Green Room (2016), su fascinante incursión en el thriller de terror, donde conforma junto a Anton Yelchin (presente precisamente en los reboots de Star Trek), Imogen Poots, Alia Shawkat, Mark Webber y Macon Blair un reparto tan prometedor como relativamente desconocido que, precisamente por eso, resulta perfecto para encumbrar una de las sorpresas independientes del año. Y es que si algo logra esta cinta es sumir en oscura inseguridad a un espectador para quien el cuarto verde tendrá el mismo efecto de encierro que padecen los aterrados personajes.

Todo indica que pronto veremos mucho
más de la carismática Imogen Poots
Tras la excesiva Murder Party (2007) y la contenida (vale, hasta la escena final) Blue Ruin (2013) —ambas también con Blair, su actor fetiche—, Jeremy Saulnier parece haber encontrado el equilibrio con este inquietante thriller sobre una banda punk convertida en el blanco de una aterradora pandilla de skinheads tras ser a su pesar testigo de sus violentos actos. La propia película es pura violencia, si bien el buen gusto a la hora de representarla evita que el pánico se torne en desagrado (salvo cuando este es imprescindible, claro). De hecho, como sucede con el aclamado cine de Quentin Tarantino (con el que, por lo demás, Green Room tiene poco que ver más allá del forzado encierro de la decepcionante Los odiosos ocho, 2015), no es tanto la propia violencia, como el buen ritmo y los ingeniosos diálogos, lo que termina conquistando al espectador. Bueno, eso y unos notablemente definidos protagonistas que se ganan con rapidez nuestra identificación, provocando que sintamos el terror en nuestras propias carnes. Terror este provocado, tanto por lo que acontece en pantalla, como por la devastadora consciencia de la gélida maldad a la que los extremismos reducen al ser humano.

03 julio 2015

'Mad Max: furia en la carretera': cine de acción con mayúsculas

Mad Max: furia en la carretera (George Miller, 2015)
El 98% de los críticos y el 89% del público aplaude a
Mad Max: furia en la carretera en Rotten Tomatoes
Sabes que te encuentras ante una obra maestra cuando te expones a un film aparentemente opuesto a tus ideales y no puedes despegar la mirada de la pantalla. La postapocalíptica Mad Max: furia en la carretera, que incluye casi todo lo que un servidor detesta en el séptimo arte (mucha acción y poca conversación, más armas que personajes, interminables persecuciones y una estética insaciablemente violenta), es un perfecto ejemplo de ello. Tras dos décadas en el tintero (el 11-S y la posterior Guerra de Irak no parecían el mejor momento para producirla), la esperada cuarta entrega de la saga Mad Max vio finalmente la luz en el pasado Festival de Cannes, donde recibió las críticas más entusiastas del prestigioso certamen.

26 noviembre 2014

'Trash': joyas entre la basura

Hay películas cuyos personajes actúan con perfecta credibilidad. Y otras en las que, sencillamente, parecen saberse el guion y seguirlo ciegamente sin temor a la falta de coherencia. Este vienes se estrena una de las segundas: Trash, ladrones de esperanza, coproducción británico-brasileña ambientada en las favelas de Río de Janeiro. Una cinta que, pese al dramatismo de su historia, no debe tomarse demasiado en serio, sino como un cuento de aventuras destinado al divertimento. De hecho, la elección de Richard Curtis (creador de Love Actually, 2003) como guionista y Stephen Daldry —nominado al Óscar por las notables Billy Elliot (2000), Las horas (2002) y The reader (2008)— como realizador es pista clara de que la obra se acerca más a la oscarizada Slumdog Millionaire (Danny Boyle, 2008) que a la crudísima Ciudad de Dios (Fernando Meirelles, 2002).

Póster anglosajón de Trash, ladrones de esperanza (Stephen Daldry, 2014)
El colorido póster anglosajón de Trash
emula el de Slumdog Millionaire
Basada en la novela de Andy Mulligan de 2010, Trash es un thriller dramático sobre las aventuras de tres niños cuyas vidas parecían destinadas a la basura eterna (al ostracismo eterno). Ellos son Raphael (Rickson Teves), Gardo (Eduardo Luis) y Rato (Gabriel Weinstein), involucrados en la cruda realidad política de Brasil al encontrar una misteriosa cartera que los hace poseedores de una información privilegiada. Ayudados por un cura (adorable Martin Sheen en su madurez) y una trabajadora de una ONG (Rooney Mara en un papel opuesto al de Los hombres que no amaban a las mujeres, thriller de David Fincher que le dio la fama en 2011), los tres se enfrentan a una sociedad que se les hace grande, dominada por la corrupción de todas sus esferas. Aún así, no pierden nunca la esperanza, tema clave de la cinta, que también nos enseña que el miedo no debe ser jamás una barrera a la hora de hacer lo correcto. El reparto se completa con los brasileños Wagner Moura, como el bondadoso José Ángelo, y Selton Mello, como el malvado jefe policial; como curiosidad, los carteles brasileños enfatizan la presencia de éstos, mientras que los pósters anglosajones se centran en Sheen y Mara (pese a que el noventa por ciento de los planos pertenece a los niños). 

02 noviembre 2014

'Relatos salvajes': la película perfecta para tiempos de crisis

“La difusa frontera que separa la civilización de la barbarie, el vértigo de perder los estribos y el innegable placer de perder el control” es, en palabras de su guionista y director, Daniel Szifron, la base de Relatos salvajes, película que, no sólo se ha convertida en la más taquillera de Argentina en 2014 (con más de 3 millones de espectadores), sino también en la más vista internacionalmente de la historia del país (y eso que sigue en cartelera). Además, ha sido una de las más vistas durante la pasada Fiesta del Cine.

Imagen promocional de Relatos salvajes
Imagen promocional de Relatos salvajes
Siguiendo con las declaraciones del director, la cinta consta de seis historias autoconclusivas sobre “situaciones conflictivas de la cotidianeidad (…) que como ciudadanos comunes reprimimos tras medir el costo-beneficio de una acción, optando por ser menos impulsivos y no responder a las agresiones externas”. La combinación de violencia exagerada y humor negro da lugar a múltiples momentos memorables sobre personajes obligados a traspasar sus propios límites por motivos tan comunes como multas injustas, peleas de carretera y bodas estropeadas por las mentiras. La popularidad de cintas como Oldboy (Park Chan-wook, 2003) y Malditos bastardos (Quentin Tarantino, 2009) puso de manifiesto el atractivo que la venganza despierta entre los espectadores, pero la clave de Relatos salvajes radica en su capacidad de transformar esos impulsos en momentos desternillantes, pudiendo así llegar a un tipo de público mucho más amplio.
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