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15 abril 2026

10 canciones famosas por películas para las que no fueron compuestas

Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia (Stanley Donen y Gene Kelly, 1952)
Canción: "Singing in the rain" (1929)
Película: Cantando bajo la lluvia (1952)
El cine y la música han estado relacionados desde el nacimiento del séptimo arte. Y muchas son las canciones originales que han nacido gracias a él [tema sobre el que podéis leer aquí]. Sin embargo, hay productores y directores que prefieren recurrir a canciones ya conocidas, bien para aprovechar su éxito entre el público, bien para darles el momento de gloria que merecen. Para bien o para mal, a menudo estas melodías quedan para siempre conectadas a las películas que las incluyeron, pese a haber sido compuestas tiempo atrás en un contexto completamente distinto. El artículo de hoy es un homenaje a diez de ellas, dedicado a conocer mejor su historia, así como su aportación a las películas que las volvieron imperecederas.

“Singing in the rain” fue compuesta a finales de los años 20 por Nacio Herb Brown (música) y Arthur Freed (letra). Este último es el letrista y productor de musicales más importante de la historia y clave del éxito de los musicales clásicos de la MGM, incluyendo, por supuesto Cantando bajo la lluvia (Stanley Donen y Gene Kelly, 1952), que hizo uso de la canción que le da título después de que otras tantas producciones lo hicieran. Sin embargo, la alegre versión de Gene Kelly bailando enamorado bajo el insistente aguacero logró que todas las demás quedaran olvidadas. De hecho, gracias a eso, la cinta está incluida en dos Top 10 de este blog: “Las películas más famosas de la historia” y, claro está, “Las escenas más famosas de la historia del cine”.

30 octubre 2020

'Verano del 85' como metáfora perfecta del primer amor

Ya no escribo aquí tanto como antes, en parte por falta de tiempo y en parte, para qué negarlo, porque el periodismo cinematográfico está masificado y encima Blogger cada vez se molesta menos en funcionar bien. Pero no he podido resistirme a hacerlo a propósito de Verano del 85, la maravillosa, y quizás incomprendida, última película de François Ozon.

Benjamin Boisin y Félix Lefebvre en la moto, Verano del 85
Benjamin Boisin y Félix Lefebvre
en la vital pero peligrosa moto
Tras triunfar en la taquilla francesa y pasar por la Sección Oficial del Festival de San Sebastián, Verano del 85 (
Eté 85, 2020) ha llegado a las salas españolas dispuesta a animar el otoño, con una historia que se mueve de lujo entre el romance juvenil, el drama y el thriller. Tras la cámara se encuentra, como ya se ha dicho, François Ozon, uno de los directores más exquisitos e infravalorados del momento, artífice, entre otras, de 8 mujeres (2002), En la casa (2012) y Una nueva amiga (2014). En esta ocasión, el muy personal cineasta galo adapta, con la elegancia que lo caracteriza, la conmovedora novela Dance on My Grave (1982) del británico Aidan Chambers, la cual traslada a un pueblo costero francés en 1985, coincidiendo con el contexto en que él mismo la leyó (bueno, casi: originalmente iba a ser 1984, pero fecha y título se cambiaron a raíz del estreno de la, para qué negarlo, solo pasable cinta de terror Verano del 84, de Anouk Whissell, François Simard y Yoann-Karl Whissell).

26 noviembre 2019

La mirada del amor: 'Retrato de una mujer en llamas'

Céline Sciamma, mujer y lesbiana, se considera una cineasta avant garde sencillamente por ser lo que es: una mujer, concretamente una mujer lesbiana, en un mundo todavía patriarcal y heteronormativo donde una película hecha por y sobre mujeres sigue siendo la excepción a la regla. Sus cuatro películas hasta la fecha, todas excelentes, son genuinas miradas tanto al universo femenino como a la realidad LGTB y la última de ellas la ha confirmado como una de las grandes del cine contemporáneo.

Retrato de una mujer en llamas
Contemplando a Adèle Haenel en
Retrato de una mujer en llamas
Reconocida con el premio a mejor guion en el último Festival de Cannes, Retrato de una mujer en llamas (Portrait de la jeune fille en feu, 2019), es la obra cumbre de Sciamma, quien ya en su primera obra, Lirios de agua (2007), retrató el amor lésbico con suma sensibilidad, dando además a conocer a la que sería su pareja artística y emocional, Adèle Haenel. Entretanto, Tomboy (2011) ofreció uno de los retratos de la transexualidad infantil más importantes jamás creados y Girlhood (2014) hizo lo propio con una adolescente negra, confirmándose el interés de la realizadora gala por dar voz a los outsiders. En el caso de la cinta que nos ocupa, de lejos la más ambiciosa hasta el momento, nos trasladamos a un atmosférico rincón de la costa francesa, allá por 1770, donde Héloïse (Noémie Merlant) debe pintar el retrato de bodas de Marianne, a quien encarna la mencionada Haenel. Las dos actrices están magníficas, siendo además la química que las une inmejorable, lo cual es clave para el juego de miradas en el que se nos sume. En esas miradas, en esos harto expresivos ojos, vemos crecer el deseo pero también el amor, emocionándonos al temer que, en un mundo tan calculado y conservador, tan humanos sentimientos nunca puedan explotarse del todo.

19 septiembre 2019

30 bandas sonoras muy especiales (Aniversario del blog VI)

Este año tiene lugar el séptimo aniversario de este espacio y para celebrarlo he decidido seleccionar 30 películas cuya música es, por un motivo u otro, especial para mí. Como sucedía con mis listados de películas, directores, actores, actrices y canciones, este no debe verse como una selección de las mejores bandas sonoras de la historia del cine, sino que se limita a albergar mis favoritas desde la pura subjetividad.

Expiación (2007)
Expiación (2007)
30. Carol (Todd Haynes, 2016). Música de Carter Burwell. Elegante y envolvente, la música de este melodrama de época habla por sí sola, sirviendo de perfecto acompañamiento para las miradas de las enamoradas, y no siempre sinceras, protagonistas.

29. La teoría del todo (James Marsh, 2014). Música de Jóhann Jóhansson. Este académico biopic conjuga los misterios del universo con los del amor, creando un paralelismo hermoso que debe mucho a la maravillosa música que lo acompaña.

28 julio 2018

'Mamma Mia: Una y otra vez': decisiones que lo cambian todo

En 2008, ¡Mamma Mia! La película, dirigida por una inexperta Phyllida Lloyd en base a un simpático guion de Catherine Johnson que ya había triunfado en los escenarios de Broadway, conquistó a los fans de los musicales desenfadados, de una Meryl Streep que demostró que ningún género se le resiste y, por supuesto, del inmortal grupo sueco ABBA. La crítica, sin embargo, reaccionó con acidez, opinando que probablemente se lo pasaran mejor los intérpretes haciéndola que los espectadores viéndola. Se equivocaban: pese al rebosante cutrerío, aquella cinta fue y sigue siendo un perfecto "placer culpable". Una década más tarde, sin embargo, la secuela y precuela ha logrado lo que parecía imposible: conquistar a toda clase de públicos, incluyendo los más exigentes, gracias a un guion más sólido, un reparto más entregado y, sobre todo, una puesta en escena mucho más elaborada.

Amanda Seyfried, Dominic Cooper y Cher en Mamma Mia: Una y otra vez
Nada como la fabulosidad de Cher
Mamma Mia: Una y otra vez (Mamma Mia: Here We Go Again!, 2018) es la tercera y mejor película del guionista y realizador londinense Ol Parker, quien no terminó de convencer con Rosas rojas (2005) y Ahora y siempre (2012) pero sí con el libreto de El exótico Hotel Marigold (John Madden, 2011) (no tanto, con la insípida secuela: El nuevo exótico Hotel Marigold, también de Madden, 2015). Consciente de qué funcionó en 2008 (el candor del elenco y el retrato del cariño familiar) y qué no lo hizo tanto (la factura amateur y, sí, la falta de entonación), él ha ofrecido la perfecta segunda parte, dando al excelente reparto de aquella la oportunidad, bien de redimirse (Pierce Brosnan, que llegó a ganar el Razzie por lo que parecía más un paseo frente a la cámara que una interpretación, ofrece esta vez un trabajo harto sentido y valiente con el que parece aceptar su edad por vez primera), bien de reencontrarse consigo mismos (Meryl Streep, que brilló en su día como nunca, hace una aparición breve pero estelar que nos recuerda lo efímera que es la vida), bien de demostrar cuánto han evolucionado (Amanda Seyfried, por aquel entonces una "colegiala", ya es toda una actriz hecha y derecha). Junto a los tres intérpretes mencionados, volvemos a encontrarnos, como si de viejos amigos se tratasen, con los divertidos y a todas luces atractivos Christine Baranski, Julie Walters, Colin Firth, Stellan Skarsgard y Dominic Cooper. Y, claro, sumamos rostros nuevos, a destacar una brillante Lily James (la Cenicienta de Kenneth Branagh, 2015) como la versión joven de Streep, además de un simpático Andy García y, sí, la mejor anexión que podía imaginarse: Cher, quien ya ha expandido el misticismo anunciando su propio disco de canciones de ABBA (estos dos últimos, todo hay que decirlo, parecen metidos con calzador).

21 marzo 2018

'Call Me by Your Name': enamorarse (para siempre)

Llámame por tu nombre (2007) es la primera novela del americano-italo-egipcio André Aciman, quien ha publicado desde entonces Eight White Nights (2010), Harvard Square (2013) y Enigma Variations: A Novel (2017). La obra, absolutamente maravillosa, nos traslada a un apacible verano ochentero del norte de Italia, donde se fragua un romance entre un perceptivo chico de diecisiete años (Elio), y el nuevo ayudante de su padre, un veinteañero estadounidense (Oliver). Pero lo hace desde un futuro en el que Elio rememora lo vivido con una mezcla de nostalgia y pesar, lo que sume toda la narración en pura melancolía. Diez años más tarde, el palermitano Luca Guadagnino, realizador especializado en producciones italianas con repartos internacionales como Yo soy el amor (2009) y Cegados por el sol (2015), se ha decidido a llevarla a la gran pantalla. Y el resultado no podría haber sido más satisfactorio.

Timothée Chalamet y Armie Hammer en Call Me by Your Name
Timothée Chalamet y Armie Hammer
son la pareja del año
Nominada a los Oscars a mejor película, actor protagonista (Timothée Chalamet, quien ofrece sin exagerar una de las interpretaciones más sentidas, personales y atrayentes de la historia del celuloide) y canción (para Sufjan Stevens y su "Mystery of Love", que brota en el momento perfecto y de la forma perfecta, clavándose en lo más hondo del alma) y receptora con máximo merecimiento de la estatuilla a mejor guion adaptado (tornando a James Ivory en el oscarizado de mayor edad de la historia), Call Me by Your Name (2017) es una auténtica joya. Más elegante e inspirado que nunca, Guadagnino saca máximo partido de las refinadas localizaciones italianas, bien apoyado en la cálida y colmada de significado fotografía de Sayombhu Mukdeeprom y el selecto uso de música clásica, dos claves del lirismo desprendido. Y en el centro de todo tenemos una historia de amor inolvidable que convierte al mentado (y jovencísimo) Chalamet y el irresistible Armie Hammer (que saltó a la fama en 2010 con La red social de David Fincher) en la pareja del año. Claro, que lo tenían fácil: están en la película del año.

10 mayo 2017

La saga 'Harry Potter': siete libros, ocho películas, infinita magia

Harry Potter y la piedra filosofal (2001)
La llegada a Hogwarts de La piedra filosofal es
uno de los momentos más mágicos de toda la saga
Aunque las apariencias llevan a pensar que Harry Potter es el típico proyecto cinematográfico nacido con el único afán de inflar las arcas de Hollywood, lo cierto es que la historia que hay detrás es bastante más íntima y romántica. De hecho, la planificación de esta saga comenzó antes de que los libros fueran famosos siquiera, o sea, coincidiendo con la publicación de Harry Potter y la piedra filosofal en 1997 (siete años después de ser concebido). En aquella época, David Heyman se encontraba en Hollywood buscando un libro infantil que pudiera ser llevado a la gran pantalla; su primera opción fue The Ogre Downstairs, (Diana Wynne Jones, 1974), pero su equipo de producción, Heyday Films, le hizo llegar una copia de la novela de J. K. Rowling, de la que se enamoró al instante. El productor llevó entonces el proyecto a Warner Bros., estudio con el que tenía un acuerdo de colaboración, y juntos lograron convencer a la que ahora es la escritora más rica del mundo de que cediera sus derechos (recibiendo un millón de libras por los cuatro primeros libros). Las condiciones de la autora fueron estrictas, pero también clave de la calidad de las producciones: el control de la historia quedaría en sus manos, las secuelas se limitarían al material hallado en los libros y el reparto lo constituirían eminentemente intérpretes británicos.

16 enero 2017

'La ciudad de las estrellas': cuando los sueños se hacen realidad

People love what other people are passionate about”. Esta maravillosa frase de La ciudad de las estrellas (La La Land, 2016) —que podría traducirse (sin el mismo efecto, como suele suceder con el doblaje) como “a la gente le encanta lo que apasiona a los demás”— resume a la perfección la esencia del tercer filme del jovencísimo Damien Chazelle, quien lo ideó nada más ofrecer Guy and Madeline on a Park Bench (2009) pero sólo encontró apoyos suficientes para producirlo tras triunfar internacionalmente con la impactante Whiplash (2014). Y es que, habiendo transcurrido más de medio siglo desde los tiempos de Cantando bajo la lluvia (Gene Kelly y Stanley Donen, 1952), ¿quién iba a apostar por tan arriesgado regreso al pasado? Por suerte, la deliciosa nostalgia que ha invadido la segunda década del siglo XXI no se ha limitado a galaxias lejanas (Rogue One, de Gareth Edward) y cuentos infantiles (El libro de la selva, de Jon Favreau), sino que ha ido poco a poco llegando a todos los ámbitos. Y el musical no ha sido la excepción.

La ciudad de las estrellas (La La Land, 2016)
En La ciudad de las estrellas, Emma Stone y Ryan
Gosling forman pareja cinematográfica por tercera vez
Antes de adentrarse a discutir La ciudad de las estrellas, conviene recordar que el declive del género musical en los años 60 fue fruto de un cúmulo de acontecimientos. De pronto, los centros comerciales, la televisión y la propia evolución del séptimo arte ofrecían a los ciudadanos estadounidenses (que, a fin de cuentas, siempre han sido los jueces de la cultura de masas) una oferta de entretenimiento mucho más amplia que terminó reduciendo la capacidad de las producciones musicales de recuperar sus exageradas inversiones. Quizá el realismo europeo no contagiara a Hollywood (que, de hecho, se embarcaría pronto en un viaje sin retorno colmado de efectos especiales), pero sí educó a los cada vez más modernos espectadores en un tipo de arte donde los repentinos cantos y bailes parecían invitar más al sonrojo que a la diversión. Todo esto coincidió con el ocaso del sistema de estudios, el cual, como todo sistema, tenía sus lacras pero resultaba innegablemente práctico a la hora de crear cine en serie de calidad. Y así fue como de la noche a la mañana el musical pasó de constituir el entretenimiento cinematográfico por excelencia a desaparecer prácticamente de las salas (a las que tan sólo llegaría ya de vez en cuando a modo de adaptación teatral). En el año 2001, el australiano Baz Luhrmann reavivó el género con Moulin Rouge, una obra posmoderna tan fascinante como infiel al espíritu clásico: relato escabroso, montaje trepidante y partitura a base de remixes frente a la sencillez narrativa, la apuesta por los planos secuencia y la música original de clásicos como Un americano en París (Vincente Minnelli, 1951). Considerada para bien y para mal como “un videoclip de dos horas de duración”, Moulin Rouge no dejó a nadie indiferente (enamorando justamente a más de uno), pero por motivos obvios no atrajo especialmente a los amantes del género y, por consiguiente, tampoco sentó un nuevo comienzo para este.

28 octubre 2016

'Maggie's Plan': controlar el destino

Maggie tiene un plan tras otro. Algunos, como la decisión de ser madre soltera, la implican sólo a ella (o, ¡ay la ingenuidad!, eso se cree). Otros van más allá, involucrándose intrusivamente en la vida de los demás hasta rozar el absurdo. Todo ello, desde las mejores intenciones. A simple vista, Maggie puede parecer una psicópata manipuladora, pero basta conocerla para comprobar que su afán por controlarlo todo tan sólo esconde una encantadora inocencia bañada de inseguridad. Y es que, en realidad, Maggie es la mejor amiga que se puede tener, alguien dispuesto a poner la satisfacción ajena por delante de la suya, así como a hacer las mayores locuras por el bien de los demás (al margen de que sea ella a quien debemos el “mal” previo). ¿Pero quién es Maggie? Pues nada más y nada menos que la maravillosa Greta Gerwig, la única intérprete que podría dar al personaje tan perfecta mezcla de candor y chifladura, tal y como ya probó en las maravillosas Frances Ha (2012) y Mistress America (2015), ambas dirigidas por Noah Baumbach y ambientadas, al igual que la película que nos ocupa, en un flamante Nueva York que, invadido por tan apacible música y tan frescos diálogos, vuelve inevitable pensar en el gran Woody Allen.

Maggie's Plan nos recuerda cuán frágiles y peculiares
son en última instancia las relaciones humanas
Maggie’s Plan (2016) es el último largometraje de Rebecca Miller, cuyas Angela (1995), Intimidades (2002), La balada de Jack y Rose (2005) y La vida privada de Pippa Lee (2009) también contaban con carismáticas mujeres como protagonistas. Y probablemente sea el mejor de los cinco. Parece por tanto que a la guionista y realizadora de Connecticut le ha sentado bien el salto a la comedia, si bien sus andaduras en el drama son latentes en la melancolía que inunda su quinto trabajo. Así, como sucede en las mejores creaciones de los mencionados Allen y Baumbach, el dramático contexto se aborda desde un humor tan simpático como punzante que, lejos de evitar tomarse en serio a los personajes, fomenta la empatía hacia ellos. Que casi todos los diálogos sean dignos de enmarcar para el recuerdo quizá sea irreal, pero es una licencia que, no sólo debe aceptarse como es, sino que curiosamente no rompe con la perenne naturalidad pretendida. A ello beneficia un excelente reparto donde encontramos, junto a la genial Gerwig, a la versada Julianne Moore, los siempre frescos Bill Hader y Maya Rudolph, el rudo vikingo Travis Fimmel y un Ethan Hawke habituado al tono de la propuesta gracias a sus colaboraciones con Richard Linklater.

El cartel de Maggie's Plan resalta
la relación entre Gerwig y Hawke
Borrosa como la vida misma, la película tiene en el destino su tema principal: ¿podemos jugar con él o somos sus prisioneros? Que todos somos esclavos de nuestros hijos nonatos es sólo una de las curiosas ideas nacidas de un guion siempre dispuesto a sorprender y enamorar. Tal y como hacía Mia Hansen-Løve en la magnífica El porvenir (2016), la reflexión vital se entremezcla con la cotidianidad para cobrar una dimensión tan cercana como filosófica. Entretanto, el amor se presenta frágil e inestable, pero también como una red de salvamento. Al final, nos hallamos ante la historia de varias almas perdidas entre sentimientos no siempre fáciles de comprender, lo que los sitúa en un complejo juego donde nadie tiene claro qué hacer para ganar. Todos se encuentran a años luz de la perfección, no temiendo el desprejuiciado guion adentrarse en el patetismo a sabiendas de que los ha dotado de suficiente humanidad para que los aceptemos tal y como son. Tan profunda como sencilla, Maggie’s Plan es una joyita sobre el desamor, la frustración, la soledad, el fracaso, las meteduras de pata y otros pequeños problemas que el día a día contemporáneo nos ha enseñado a afrontar y, a ser posible, superar con una sonrisa.

04 agosto 2016

'Theo y Hugo, París 5:59': ¿y después del cuarto oscuro... qué?

Desde que empezó a hacer acto de presencia en el cine, la homosexualidad ha estado ligada a la segunda parte del vocablo, hasta el punto de que prácticamente no se concibe una película protagonizada por homosexuales sin algún instante subido de tono. Según la obra, esta decisión puede verse, bien como un resquicio más de homofobia, bien como todo un acto de reivindicación, pero muchas de estas escenas están sencillamente fuera de lugar, aportando poco o nada al desarrollo de la acción y los personajes más allá de recordarnos que estos, efectivamente, tienen —como la mayoría de la población mayor de edad— relaciones sexuales. No es este el caso de las grandes obras de temática LGTB que nos ha regalado el cine francés últimamente, comenzando por La vida de Adele, de Abdellatif Kechiche, y El desconocido del lago, de Alain Guiraudie, aclamadas a su paso por el Festival de Cannes del 2013, y, ahora, la extraordinaria Theo y Hugo, París 5:59, una película más humilde pero igual de hermosa que ha pasado tristemente desapercibida pese a contener (al igual que sus dos predecesoras) una de las historias de amor homosexual —o de amor, a secas— más maravillosas que recuerda el séptimo arte.

Theo y Hugo, París 5:59 (Théo et Hugo dans le même bateau, 2015)
Geoffrey Couët y François Nambot se estrenan
en la gran pantalla con Theo y Hugo, París 5:59
Theo y Hugo, París 5:59 (Théo et Hugo dans le même bateau, 2015) es innegablemente la mejor película de Olivier Ducastel y Jacques Martineau, pareja de realizadores galos a la que debemos Jeanne y el chico formidable (1998, nominada al César a mejor dirección novel), Drôle de Félix (2000), Mi verdadera vida en Rouen (2002), Crustacés et coquillages (2005), Nés en 68 (2008) y Family Tree (2010), todas ellas con la homosexualidad como tema, sea principal o secundario. La cinta comienza en un club de sexo dominado por el deseo carnal masculino, curioso contexto en el que se conocen, entregan y enamoran Theo y Hugo (Geoffrey CouëtFrançois Nambot, ambos debutantes, ambos maravillosos). Y es que, evitando los prejuicios que suelen acompañar a esta clase de ambientes, la cinta introduce a dos jóvenes inseguros, apacibles, soñadores… y dispuestos a encontrar a su media naranja. Mas al igual que no renuncian ambos por ello al placer sexual más extremo, la envolvente cámara de Manuel Marmier no tiene reparos en retratar su encuentro en todo su ardor, presentando un tratamiento que sería tachado de mera pornografía de no estar por completo justificado de cara a lo que está por venir. Y es que, dejados atrás el anonimato y la lujuria del local, los dos jóvenes se desvelan como almas sensibles ávidas por conocerse mutuamente y comprobar si su conexión sexual puede ser el primer paso de algo mucho más grande y hermoso.

17 abril 2016

'El incendio' (de una pareja)

Lucía y Marcelo, una pareja de treintañeros, se dirige en coche con cien mil dólares a pagar su futura casa, pero el vendedor no llega a tiempo y la escritura se posterga. Alterados y frustrados, regresan a un apartamento alquilado devenido en cárcel. Esconden el dinero, pero no todo es tan fácil de esconder. “Tranquila, es un día como cualquier otro”, dice él. Pero no lo es: durante las siguientes veinticuatro horas, los sentimientos explotan y los problemas se magnifican, revelándose toda la oscuridad acumulada a lo largo de una relación durante la que ninguno de los dos ha sido plenamente sincero con el otro. Todo por el azar más nimio. Hablamos de El incendio (2015).

Pilar Gamboa y Juan Barberini en El incendio (2015)
El incendio obtuvo dos nominaciones a los Premios Sur:
mejor dirección novel y mejor actriz
La primera película de Juan Schnitman en solitario es un desgarrador drama que concentra en apenas un día todas las vicisitudes de una pareja cuya relación ha desembocado en gélido nerviosismo a raíz de una acumulación de rencillas no superadas. Amparándose en el extraordinario trabajo protagónico de Pilar Gamboa (quien perdió el Premio Sur frente a la poderosa Dolores Fonzi de Paulina, de Santiago Mitre) y Juan Barberini, el joven realizador argentino reduce el montaje al mínimo de forma que no sea este, sino el reparto, el motor de la tensión suprema generada. Además, en consonancia con una relación que se tambalea, la cámara de Soledad Rodríguez se mantiene perennemente inestable, estando los planos a menudo torcidos o incluso mal iluminados (área en la que el bajo presupuesto también influye, claro).

31 marzo 2016

'KIKI, el amor se hace': naturalizando filias sexuales

Tras sorprender a todo el país con el díptico conformado por la interesante Carmina o revienta. (2012) —que granjeó candidaturas al Goya a la familia León al completo: mejor actriz revelación para Carmina Barrios, mejor actriz secundaria para María León y mejor dirección novel para él mismo—  y la absolutamente maravillosa Carmina y amén. (2014) [más al respecto en: 'Carmina o revienta y amén. El triunfo de la familia León'], Paco León ha confirmado sus dotes de director con su tercer largometraje, la alocada comedia sexual KIKI, el amor se hace (2016), cuyo visionado escandalizará a más de uno. Y es que su temática no es otra que la dacrifilia, la somnofilia, la elifilia, la harpaxofilia y otras curiosas filias sexuales difíciles de integrar en la vida que la sociedad actual ha establecido como normal. Y es que, si la sexualidad es de por sí un tema tabú, ¿qué decir del deseo provocado por contemplar a alguien llorar, dormir, llevar determinado tipo de tela… o incluso asaltarnos violentamente?

Paco León en el rodaje de Kiki, el amor se hace
(en el fondo: Álex García y Natalia de Molina)
Natalia de Molina —ganadora de sendos premios Goya por Vivir es fácil con los ojos cerrados (David Trueba, 2011) y Techo y comida (Juan Miguel del Castillo, 2015)—, Álex García (candidato al Goya revelación por La novia, Paula Ortiz, 2015), Alexandra Jiménez (genial protagonista de Embarazados, de Juana Macías, este año junto al propio Paco León), Candela Peña —flamante ganadora de tres premios Goya por grandes trabajos en Te doy mis ojos (Icíar Bollaín, 2003), Princesas (Fernando León de Aranoa, 2006) y Una pistola en cada mano (Cesc Gay, 2011), Luis Callejo (Mi gran noche, de Álex de la Iglesia, 2015), Luis Bermejo candidato al Goya por Una palabra tuya (Ángeles González-Sinde, 2008) y Magical Girl (Carlos Vermut, 2014), Belén Cuesta (una de las pocas novedades de Ocho apellidos catalanes, de Emilio Martínez-Lázaro, 2015), Ana Katz (protagonista y directora de Mi amiga del parque, 2015), el adorable descubrimiento David Mora (Los amigos raros, de Roberto Pérez Toledo, 2014) y el propio Paco León son los valientes integrantes de un genial reparto coral cuyo talento cómico resulta imprescindible precisamente para tomarse el film en serio.

22 marzo 2016

'El regalo': cuando el pasado regresa

El regalo (The Gift, 2015)
La química entre Rebecca Hall y Jason Bateman
es clave del éxito de El regalo
No todos los regalos son bienvenidos. Sobre todo cuando los recibes de un antiguo compañero de clase del que no guardas muy buen recuerdo… Joel Edgerton ha aprovechado el gran momento que atraviesa como actor —durante el último lustro ha aparecido en la poderosa Warrior (Gavin O’Connor, 2011), la polémica La noche más oscura (Kathryn Bigelow, 2012), la exuberante El gran Gatsby (Baz Luhrmann, 2013), la espectacular Exodus: dioses y reyes (Ridley Scott, 2014) y la interesante Black Mass (Scott Cooper, 2015)— para dar el salto a la realización de largometraje. Y lo ha hecho por la puerta grande con El regalo (The Gift, 2015), por la que se llevó el premio a mejor actor en Sitges —sin duda como reconocimiento a su completa labor como guionista, director, productor e intérprete— y fue nominado al recién creado galardón del Sindicato de Directores a mejor dirección novel. ¿Quién lo iba a decir cuando le vimos interpretar al joven Owen Lars de la saga Star Wars? [Más curiosidades sobre los quehaceres del reparto de Star Wars aquí]

Un perturbador Joel Edgerton
protagoniza el cartel de El regalo
Protagonizada por unos perfectos Jason BatemanJuno (Jason Reitman, 2007), Desconexión (Henry Alex Rubin, 2012)— y Rebecca HallEl desafío: Frost contra Nixon (Ron Howard, 2008), La promesa (Patrice Leconte, 2013— como el clásico matrimonio de superficie dorada y corazón quebrantable, El regalo es un thriller psicológico cuya ingeniosa ejecución nos hace olvidar que se trata de una ópera prima. Recién entrado en los cuarenta, Joel Edgerton firma un elegante libreto que sumerge al espectador rápidamente en la narración; la clave radica en presentar a los personajes con un par de agudas pinceladas que vuelven particularmente perturbador el destino que les depara. La puesta en escena no se queda atrás, situándose la cámara del catalán Eduard Grau —candidato al Goya por Buried (Rodrigo Cortés, 2010)— siempre en el lugar más adecuado para confeccionar una sofocante atmósfera de perenne tensión.

05 febrero 2016

'Carol': la elegancia de Todd Haynes, Cate Blanchett y Rooney Mara

Décadas después de su publicación, Carol se mantiene como una de las obras literarias más especiales de todos los tiempos. Y es que, aun siendo internacionalmente conocida por sus novelas negras, Patricia Highsmithque la publicó con el título El precio de la sal y bajo el pseudónimo de Claire Morgan— dio a la comunidad LGTB el mejor regalo que esta podría haber recibido en pleno 1952: una historia donde una relación lésbica era finalmente posible; una historia donde el amor entre personas del mismo sexo era tratado con respeto, naturalidad, belleza y, sobre todo, esperanza; una historia ciertamente visionaria que muchos (y, sobre todo, muchas) han leído una y otra vez.

Rooney Mara y Cate Blanchett en Carol (Todd Haynes, 2015)
El trabajo de Rooney Mara y Cate Blanchett han sido
reconocidos por todas los premios importantes del año
Por supuesto, el estreno de su adaptación cinematográfica en el pasado Festival de Cannes fue todo un acontecimiento que se zanjó con críticas excelentes y el premio interpretativo para Rooney Mara, a quien descubrimos hace muy poco gracias al innecesario remake Los hombres que no amaban a las mujeres (David Fincher, 2011). Extrañamente, la actriz hubo de compartir el galardón con Emmanuelle Bercot (Mi amor, de Maïwenn Le Besco) en lugar de hacerlo con su magnífica compañera de reparto, la doblemente oscarizada Cate Blanchett, con la que conforma en Carol una de las parejas cinematográficas más especiales del año, anteponiéndose la sutil candidez de la primera a la carismática fuerza de la segunda. Y es que esta obra supone para las lesbianas lo que Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005) fue hace diez años para la gais: el reconocimiento definitivo a su existencia en forma de una película que, sin ser necesariamente comercial, da al amor homosexual el justo tratamiento que la historia del cine le ha negado. De hecho, tal y como hizo el inusual western romántico protagonizado por Heath Ledger y Jake Gyllenhaal, Carol ha sido una de las protagonistas de la temporada de premios aun cuando el agridulce final la ha dejado fuera del Óscar a mejor película (suceso que recuerda a la noche en que Brokeback Mountain perdió la estatuilla a favor de la mucho menos aplaudida Crash, de Paul Haggis, tras dominar la temporada…). [Más sobre las nominaciones al Óscar aquí]

29 enero 2016

'Embarazados': persiguiendo la paternidad (y/o la felicidad)

Que la comedia sea el género más infravalorado por los españoles es una verdadera pena, porque probablemente sea también el que mejor se nos da. Así lo demuestra una vez más la simpática Embarazados (2016), en la que Paco León y Alexandra Jiménez se enfrentan a las dificultades de la fecundación in vitro (y de la propia paternidad) con la justa dosis de humor y dramatismo, ganándose al espectador desde el primer minuto.

Alexandra Jiménez y Paco León en Embarazados (Juana Macías, 2016)
Paco León y Alexandra Jiménez se enfrentan a los
conflictos de la paternidad en la divertida Embarazados
Embarazados es la segunda película de Juana Macías, quien sorprendió en 2010 con su aplaudido debut Planes para mañana, que le dio el galardón correspondiente a mejor dirección en el Festival de Málaga y la nominación al Goya a mejor dirección novel. En esta ocasión, la realizadora cambia el drama por la comedia, pero mantiene la combinación de astucia narrativa y melancólica emotividad que impulsó su primer trabajo, conformándose como una figura a la que seguir la pista a partir de ahora. De hecho, la obra es un recordatorio de que las mejores comedias saben renunciar de vez en cuando a la risa para conquistar el corazón del espectador, clave del éxito de notables cintas recientes como 3 bodas de más (Javier Ruiz Caldera, 2013), Ocho apellidos vascos (Emilio Martínez-Lázaro, 2014) o Requisitos para ser una persona normal (Leticia Dolera, 2015). Nada mejor que la empatía para ganarse la sonrisa del espectador más exigente.

16 enero 2016

'No es mi tipo': ¿es posible el amor entre polos opuestos?

Cuando un profesor de filosofía parisino es trasladado a Arrás por un año, el tiempo se convierte en un vacío difícil de llenar. Acostumbrado a respirar cultura de día y aventura de noche, él se aburre irremediablemente hasta que una bella peluquera comienza a aderezar su vida con la complejidad escondida tras su risueña sonrisa. Sin embargo, como ya augura el título del film, sus diferencias son abismales: él idolatra a Kant y Proust y ella prefiere los libros “con historias que contar”, él disfruta de veladas selectas y ella de fiesta alocada micrófono en mano, él conoce la historia pasada y ella controla la prensa amarilla y, lo que es peor: aun cuando él aparente mayor madurez que ella, es él quien tiene miedo al compromiso y ella quien cuenta con un hijo a su cargo. ¿Puede el amor unir dos mundos diametralmente opuestos? Tendréis que ver No es mi tipo (Pas son genre, 2014) para averiguarlo.

No es mi tipo optó a dos premios César:
mejor actriz y mejor guion adaptado
El francés Loïc Corbery y la belga Émile Dequenne protagonizan esta agradable coproducción franco-belga, conformando una pareja carismática pero algo descompensada dado que, frente al debut de él en el largometraje, ella ya cuenta con dos premios de Cannes, gracias a las intensas Rosetta (Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne, 1999) y Perder la razón (Joachim Lafosse, 2012). Aun así, Corbery aguanta, nunca mejor dicho, el tipo, conformando un protagonista que se gana al espectador con rapidez pese a no siempre hacer lo que consideraríamos correcto. A ello ayuda enormemente un realizador tan versado como el belga Lucas Belvaux (La raison du plus faible, 2006), quien sabe tratar a sus personajes como se merecen. Así lo explica él: “jamás juzgo a un personaje. Me esfuerzo por estar en buena sintonía con la naturaleza de todos, incluso con los que mienten o peor aún. Renoir dice que cada uno tiene sus motivos. Es cierto, con independencia de que sean buenos o malos. Si juzgas a los personajes, estos se acaban: devienen entidades puramente ficticias que pueden instrumentalizarse enteramente y dejan de interesar. Trato de compartir mi punto de vista mediante el modo en que establezco las escenas y su dirección”.

08 enero 2016

'Langosta': Yorgos Lanthimos desmitificando la naranja

Cuenta Aristófanes a Platón en El Banquete (280 a.C.) que en el amanecer de los tiempos la raza humana era casi perfecta, poseyendo todos los seres dos fisonomías unidas a una sola cabeza. Los instó entonces su vigorosidad a plantar cara a los dioses, a lo que Júpiter respondió con una solución que disminuiría sus fuerzas para siempre: separarlos en dos. No esperaba él que cada mitad dedicaría su existencia a encontrar a la otra, siendo imposible la satisfacción plena sin fusionarse nuevamente. Grandes imperios han caído y (re)nacido desde entonces, pero la idea de “media naranja” sigue firmemente arraigada, dependiendo la felicidad a menudo de ella. Mas no todos lo ven así: con Langosta (The Lobster, 2015), el siempre provocador Yorgos Lanthimos cuestiona la propia pureza del amor, propinando un nuevo puñetazo a la sociedad patriarcal.

Colin Farrell y Rachel Weisz en Langosta (Yorgos Lanthimos, 2015)
Tras ganar el Premio del Jurado en Cannes, Langosta se
hizo con dos Premios de Cine Europeo: guion y vestuario
Como ya hizo en las polémicas Canino (2009) y Alps (2011) —coescritas también junto a Efthymis Filippou, el cineasta ateniense aborda en su cuarto film sentimientos naturales y universales desde una perspectiva forzadamente anómala que invita al espectador a reconocerse en ella sin dejar nunca de sorprenderse. Langosta contrapone dos mundos extremos: el de las parejas —la civilización— y el de los solteros —los outsiders—. Tan imprescindible es hallar pareja para formar parte del primero como renunciar al amor para ser aceptado en el segundo, castigando ambos la rebeldía con igual dureza (en forma de la macabra violencia y el frío patetismo que caracterizan a Lanthimos). Pero la humanidad no está preparada para tal presión, encontrando Colin Farrell siempre aquello que le es prohibido, temiendo al afecto en el mundo de las parejas y a la soledad en el de los solteros. Pese a la falta de empatía generada por su taciturno personaje —perfecta para la confección de asombro—, no resulta difícil identificarse con sus contrariados sentimientos: el amor nunca ha sabido cumplir horarios.

04 enero 2016

Pasión teatral: 'La novia' de Paula Ortiz y el 'Macbeth' de Justin Kurzel

Michael Fassbender y Marion Cotillard en Macbeth (Justin Kurzel, 2015)
Macbeth se estrenó en la Sección Oficial de Cannes
en una edición especialmente competitiva
El cine y el teatro son dos artes inevitablemente relacionadas. Ambas toman prestadas un par de horas de nuestras vidas para hacernos llegar historias a través de los ojos y los oídos: triunfan cuando captan nuestra atención y fracasan si nos hacen reír cuando debemos llorar y llorar cuando debemos reír. Pero tal y como comenté en el artículo dedicado al cine y el teatro, los estilos de estas artes hermanas son muy diferentes: en una prima la sutileza de cada gesto y en otra la pasión de cada movimiento; en una abundan los planos cerrados y la otra es un inevitable plano secuencia. Sin embargo, el cine también puede llegar a ser muy teatral, bien por el estilo de filmación, bien por la fuente de la que procede. Y este es el caso de dos de las películas del año: la española La novia, de Paula Ortiz, y la británica Macbeth, de Justin Kurzel, dos impresionantes segundas obras por parte de cineastas que debutaron con acierto en el 2011 (ella con De tu ventana a la mía y él con Snowtown). Y ambas cintas adaptan textos de referencia de sus respectivos países de origen (los de la producción, no los de los cineastas, pues Kurzel —quien, por cierto, es el marido de Essie Davis, la protagonista de Babadook (Jennifer Kent, 2014)— es uno de tantos talentos australianos exportados): la popular Bodas de sangre (1931), de Federico García Lorca, y la clásica Macbeth (1600, aprox.), de William Shakespeare, dos famosísimas tragedias libremente basadas en hechos reales.

26 julio 2015

'Requisitos para ser una persona normal': ¿qué es la normalidad?

“Me gustaría hacerte una pregunta: ¿eres una persona normal? Y después te haría otra: ¿qué es ser normal? Responder a estas dos preguntas, que yo misma me he hecho tantas veces, ha sido el motor para escribir y rodar esta película”. Así presenta Leticia Dolera su sorprendente ópera prima, tercera joya española del 2015 tras Felices 140, de la veterana Gracia Querejeta, y A cambio de nada, otro aclamado salto a la dirección de un joven intérprete patrio. Tal y como anunció en la pasada Muestra Syfy, Requisitos para ser una persona normal está dedicada a todos aquellos que, alguna vez, han sentido que no eran del todo… normales. O sea, a todos nosotros.

Manuel Burque y Dolera en Requisitos para ser una persona normal (Leticia Dolera, 2015)
Él quiere adelgazar; ella, "ser normal", pero...
¿qué es ser normal?
Pese a haber dirigido los premiados cortometrajes Lo siento, te quiero (2009), A o B (2010), Bloguera en construcción (2013, junto a Borja González Santaolalla) y Habitantes (2013), Leticia Dolera es más conocida por sus interpretaciones en cintas irregulares como Un café en cualquier esquina (Ramin Bahrani, 2005), Semen, una historia de amor (Inés París y Daniela Féjerman, 2005), De tu ventana a la mía (Paula Ortiz, 2011) y, sobre todo, [•REC]³: Génesis (Paco Plaza, 2012). Requisitos para ser una persona normal es, indudablemente, su obra más redonda y personal, no sólo por estar escrita, dirigida y protagonizada por ella misma, sino porque plantea una pregunta muy importante para ella (y para infinitas personas de nuestro país y otros rincones del mundo): ¿qué nos exige la sociedad y qué nos exigimos nosotros mismos?

31 marzo 2015

Revisión progresista de 'Cenicienta'

Tras el gran éxito de taquilla —que no crítica— de la Alicia en el País de las Maravillas de Tim Burton en 2010, Walt Disney Pictures decidió trasladar otro de sus clásicos animados a la acción real. Y la elegida fue La cenicienta (Clyde Geronimi, Hamilton Luske y Wilfred Jackson, 1950), primer film que realizó el estudio tras los años de silencio que provocó la II Guerra Mundial. En principio, la cinta parecía una idea oportunista con la que aprovechar el inesperado tirón moderno de los cuentos de hadas, pero al final la nueva Cenicienta (2015) se ha convertido, no sólo en la primera sorpresa cinematográfica del estudio, sino en una de las adaptaciones de cuentos más redondas que ha dado el séptimo arte. Gracias a ella, nuestras expectativas de cara a las próximas adaptaciones de acción real de DumboEl libro de la selvaLa bella y la bestiaMulán y Pinocho han experimentado un empujón considerable.

Lilly James y Richard Madden en Cenicienta (Kenneth Brannagh, 2015)
El cuidado visual de Cenicienta permite aislar
múltiples planos como si de cuadros se tratasen
Por supuesto, la clave del éxito del film no radica en la historia como tal, sino en un fantástico equipo donde todo el mundo ha puesto su granito de arena, desde la dirección de Kenneth Branagh hasta el protagonismo de Lilly James. Curiosamente, ninguno de los dos era la primera opción de Disney (ni parecían, a priori, acertadas alternativas). Así, James (lanzada al estrellato por la deliciosa serie Downton Abbey) sólo logró el papel gracias a que Emma Watson, Gabriella Wilde, Saoirse Ronan, Alicia Vikander, Bella Heathcote y Margot Robbie no pudieron encajar el rodaje en sus agendas. En cuanto a la dirección, en un principio el estudio encargó el film a Mark Romanek, quien intentó dar al cuento una visión demasiado oscura y terminó apartándose del proyecto. Me pregunto qué esperaban los ejecutivos de Disney… ¿Acaso no habían visto su Nunca me abandones (2010)?
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