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06 julio 2026

'Los músicos': tocar (y vivir) juntos

Hay películas que hablan de música y otras que consiguen hacerte sentir cómo funciona realmente. Los músicos pertenece a este segundo grupo. Grégory Magne construye un relato aparentemente sencillo (la reunión de un cuarteto de cuerda para interpretar una obra inédita con cuatro Stradivarius excepcionales), pero encuentra en ese punto de partida un espacio perfecto para hablar del ego, la escucha, la vulnerabilidad y la dificultad de crear algo en común.

Uno de los grandes aciertos de la película es que evita convertir la música clásica en un objeto solemne o inaccesible. Los ensayos, las discusiones y los silencios tienen tanta importancia como la interpretación final, porque Magne entiende que un cuarteto no se forma únicamente con cuatro grandes instrumentistas, sino con cuatro personas capaces de encontrar un lenguaje compartido. Esa idea atraviesa toda la película con una naturalidad admirable.

La autenticidad de ese proceso se percibe también en el reparto. Mathieu Spinosi, Emma Ravier, Marie Vialle y Daniel Garlitskys los cuatro intérpretes que dan vida a los músicos, son músicos reales. No solo por la credibilidad con la que sostienen cada ensayo o cada concierto, sino por la manera en que sus cuerpos, sus gestos y su relación con los instrumentos transmiten años de aprendizaje imposibles de fingir. Algunos de ellos nunca habían actuado. En cambio, Frédéric Pierrot Valérie Donzelli tienen largas carreras a sus espaldas y están, una vez más, fantásticos.

También merece una mención especial la partitura original de Grégoire Hetzel, que no acompaña la historia desde un segundo plano, sino que se convierte en uno de sus auténticos protagonistas. La película entiende que la música no ilustra las emociones: las provoca, las contradice y, en ocasiones, las resuelve mejor que cualquier diálogo.

Los músicos demuestra que no hacen falta grandes giros de guion para mantener el interés cuando los personajes están escritos con sensibilidad y el tema está tratado con conocimiento. Es una comedia elegante y cálida que celebra el valor de la escucha (musical y personal) sin caer en el sentimentalismo y ofrece una reflexión muy precisa sobre lo complicado y hermoso que resulta aprender a tocar, y a vivir, con los demás.

15 abril 2026

10 canciones famosas por películas para las que no fueron compuestas

Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia (Stanley Donen y Gene Kelly, 1952)
Canción: "Singing in the rain" (1929)
Película: Cantando bajo la lluvia (1952)
El cine y la música han estado relacionados desde el nacimiento del séptimo arte. Y muchas son las canciones originales que han nacido gracias a él [tema sobre el que podéis leer aquí]. Sin embargo, hay productores y directores que prefieren recurrir a canciones ya conocidas, bien para aprovechar su éxito entre el público, bien para darles el momento de gloria que merecen. Para bien o para mal, a menudo estas melodías quedan para siempre conectadas a las películas que las incluyeron, pese a haber sido compuestas tiempo atrás en un contexto completamente distinto. El artículo de hoy es un homenaje a diez de ellas, dedicado a conocer mejor su historia, así como su aportación a las películas que las volvieron imperecederas.

“Singing in the rain” fue compuesta a finales de los años 20 por Nacio Herb Brown (música) y Arthur Freed (letra). Este último es el letrista y productor de musicales más importante de la historia y clave del éxito de los musicales clásicos de la MGM, incluyendo, por supuesto Cantando bajo la lluvia (Stanley Donen y Gene Kelly, 1952), que hizo uso de la canción que le da título después de que otras tantas producciones lo hicieran. Sin embargo, la alegre versión de Gene Kelly bailando enamorado bajo el insistente aguacero logró que todas las demás quedaran olvidadas. De hecho, gracias a eso, la cinta está incluida en dos Top 10 de este blog: “Las películas más famosas de la historia” y, claro está, “Las escenas más famosas de la historia del cine”.

19 mayo 2021

¿Es 'El señor de los anillos' la mejor película de la historia?: 10 razones

Antes de nada, hay que aclarar dos cosas. Para empezar, no existe la mejor película de la historia porque no tiene sentido comparar según qué títulos entre sí, con lo que este artículo se adentra inevitablemente en el terreno de la subjetividad. Para seguir, sí: trato El señor de los anillos (The Lord of the Rings) como una única obra de 10 horas, ya que los tres capítulos (La comunidad del anillo, 2001; Las dos torres, 2002, y El retorno del rey, 2003) se filmaron a la vez, son inseparables y comparten trama, estilo y calidad. Sin más dilación, aquí van mis 10 razones por las que El señor de los anillos es la mejor película de la historia. Sí, la mejor película. Sí, de la historia.

Galadriel y Frodo

Una adaptación ¿imposible? Partir de un libro tan complejo como El señor de los anillos, de J. R. R. Tolkien, puede ser un triunfo seguro o una maldición. A fin de cuentas, durante décadas se consideró "inadaptable". Pero entonces llegaron Fran Walsh, Philippa Boyens y Peter Jackson y, con sumo mimo, revisaron cada párrafo para decidir qué incluir y qué, inevitablemente, dejar fuera, realizando un trabajo de adaptación impresionante que rara vez se valora como merece (no suele hablarse del guion a la hora de alabar esta trilogía cinematográfica). Los diálogos están llenos de fuerza, las decisiones de los personajes siempre están justificadas, las dispares escenas se suceden de forma muy orgánica y toda la mitología está bien hilada, instándose a leer a Tolkien para saber más pero funcionando perfectamente la obra por sí sola.

19 septiembre 2019

30 bandas sonoras muy especiales (Aniversario del blog VI)

Este año tiene lugar el séptimo aniversario de este espacio y para celebrarlo he decidido seleccionar 30 películas cuya música es, por un motivo u otro, especial para mí. Como sucedía con mis listados de películas, directores, actores, actrices y canciones, este no debe verse como una selección de las mejores bandas sonoras de la historia del cine, sino que se limita a albergar mis favoritas desde la pura subjetividad.

Expiación (2007)
Expiación (2007)
30. Carol (Todd Haynes, 2016). Música de Carter Burwell. Elegante y envolvente, la música de este melodrama de época habla por sí sola, sirviendo de perfecto acompañamiento para las miradas de las enamoradas, y no siempre sinceras, protagonistas.

29. La teoría del todo (James Marsh, 2014). Música de Jóhann Jóhansson. Este académico biopic conjuga los misterios del universo con los del amor, creando un paralelismo hermoso que debe mucho a la maravillosa música que lo acompaña.

28 julio 2018

'Mamma Mia: Una y otra vez': decisiones que lo cambian todo

En 2008, ¡Mamma Mia! La película, dirigida por una inexperta Phyllida Lloyd en base a un simpático guion de Catherine Johnson que ya había triunfado en los escenarios de Broadway, conquistó a los fans de los musicales desenfadados, de una Meryl Streep que demostró que ningún género se le resiste y, por supuesto, del inmortal grupo sueco ABBA. La crítica, sin embargo, reaccionó con acidez, opinando que probablemente se lo pasaran mejor los intérpretes haciéndola que los espectadores viéndola. Se equivocaban: pese al rebosante cutrerío, aquella cinta fue y sigue siendo un perfecto "placer culpable". Una década más tarde, sin embargo, la secuela y precuela ha logrado lo que parecía imposible: conquistar a toda clase de públicos, incluyendo los más exigentes, gracias a un guion más sólido, un reparto más entregado y, sobre todo, una puesta en escena mucho más elaborada.

Amanda Seyfried, Dominic Cooper y Cher en Mamma Mia: Una y otra vez
Nada como la fabulosidad de Cher
Mamma Mia: Una y otra vez (Mamma Mia: Here We Go Again!, 2018) es la tercera y mejor película del guionista y realizador londinense Ol Parker, quien no terminó de convencer con Rosas rojas (2005) y Ahora y siempre (2012) pero sí con el libreto de El exótico Hotel Marigold (John Madden, 2011) (no tanto, con la insípida secuela: El nuevo exótico Hotel Marigold, también de Madden, 2015). Consciente de qué funcionó en 2008 (el candor del elenco y el retrato del cariño familiar) y qué no lo hizo tanto (la factura amateur y, sí, la falta de entonación), él ha ofrecido la perfecta segunda parte, dando al excelente reparto de aquella la oportunidad, bien de redimirse (Pierce Brosnan, que llegó a ganar el Razzie por lo que parecía más un paseo frente a la cámara que una interpretación, ofrece esta vez un trabajo harto sentido y valiente con el que parece aceptar su edad por vez primera), bien de reencontrarse consigo mismos (Meryl Streep, que brilló en su día como nunca, hace una aparición breve pero estelar que nos recuerda lo efímera que es la vida), bien de demostrar cuánto han evolucionado (Amanda Seyfried, por aquel entonces una "colegiala", ya es toda una actriz hecha y derecha). Junto a los tres intérpretes mencionados, volvemos a encontrarnos, como si de viejos amigos se tratasen, con los divertidos y a todas luces atractivos Christine Baranski, Julie Walters, Colin Firth, Stellan Skarsgard y Dominic Cooper. Y, claro, sumamos rostros nuevos, a destacar una brillante Lily James (la Cenicienta de Kenneth Branagh, 2015) como la versión joven de Streep, además de un simpático Andy García y, sí, la mejor anexión que podía imaginarse: Cher, quien ya ha expandido el misticismo anunciando su propio disco de canciones de ABBA (estos dos últimos, todo hay que decirlo, parecen metidos con calzador).

07 julio 2017

‘Baby Driver’: un vals de acción

Poco margen hay a priori en el blockbuster para la innovación, pero cada año surge algún título capaz de convocar tanto la admiración de las masas como el respeto de la crítica gracias a conjugar una historia sencilla y efectiva con una puesta en escena capaz de fascinar a un público al que la era de las comunicaciones vuelve cada vez más difícil de fascinar. Éxitos de los últimos años como Mad Max: Furia en la carretera (George Miller, 2015) o  El libro de la selva (Jon Favreau, 2016) constituyen perfectos ejemplos de ello. Y este año es indudablemente el turno de Baby Driver (2017), un majestuoso espectáculo de acción con el que la carrera del británico Edgar Wright ha dado un paso de gigante.

Ansel Elgort en Baby Driver
Ansel Elgort ha aprovechado bien la oportunidad
de oro brindada por Baby Driver
Aplaudido dentro y fuera de su natal Reino Unido, Edgar Wright ha dotado a todas y cada una de sus producciones de un delicioso toque de humor británico, pertenecieran estas al género del western (A Fistful of Fingers, 1995), el terror (Zombies Party, 2004), el policiaco (Arma fatal, 2007), la fantasía (Scott Pilgrim contra el mundo, 2010) o la ciencia ficción (Bienvenidos al fin del mundo, 2013). Siempre hay, por tanto, dos formas opuestas de enfrentarse a sus películas: sumergiéndose en sus, pese a todo, emotivos e intrigantes relatos, o dejándose llevar por el absurdo destilado por sus guiones. Aun manteniendo esta línea, Baby Driver, la cinta más ambiciosa del joven realizador, es también la que más desentona dentro de su filmografía al no imponerse nunca el humor a la emocionante acción principal. Así, la historia de Baby —Ansel Elgort en el mejor papel de su carrera desde que nos enamorara con Bajo la misma estrella (John Boone, 2014)—, un joven y talentoso conductor especializado en fugas que depende del ritmo de su banda sonora personal para bordar su trabajo, nos atrapa desde el primer momento gracias al carisma del protagonista, a quien observamos caer prendido de la bella Debora —deliciosa Lily James de Cenicienta (Kenneth Branagh, 2015), quien sustituyó a Emma Stone cuando esta fichó para La La Land (Damien Chazelle, 2016)— mientras tememos por los abusos de Doc (veterano Kevin Spacey), jefe de una banda criminal al que debe rendir cuentas. Jamie Foxx, Jon Hamm y Eiza González conforman el espectacular plantel de secundarios, conscientes empero de que el turno de brillar con luz propia pertenece a Elgort, una de las promesas del cine contemporáneo.

16 enero 2017

'La ciudad de las estrellas': cuando los sueños se hacen realidad

People love what other people are passionate about”. Esta maravillosa frase de La ciudad de las estrellas (La La Land, 2016) —que podría traducirse (sin el mismo efecto, como suele suceder con el doblaje) como “a la gente le encanta lo que apasiona a los demás”— resume a la perfección la esencia del tercer filme del jovencísimo Damien Chazelle, quien lo ideó nada más ofrecer Guy and Madeline on a Park Bench (2009) pero sólo encontró apoyos suficientes para producirlo tras triunfar internacionalmente con la impactante Whiplash (2014). Y es que, habiendo transcurrido más de medio siglo desde los tiempos de Cantando bajo la lluvia (Gene Kelly y Stanley Donen, 1952), ¿quién iba a apostar por tan arriesgado regreso al pasado? Por suerte, la deliciosa nostalgia que ha invadido la segunda década del siglo XXI no se ha limitado a galaxias lejanas (Rogue One, de Gareth Edward) y cuentos infantiles (El libro de la selva, de Jon Favreau), sino que ha ido poco a poco llegando a todos los ámbitos. Y el musical no ha sido la excepción.

La ciudad de las estrellas (La La Land, 2016)
En La ciudad de las estrellas, Emma Stone y Ryan
Gosling forman pareja cinematográfica por tercera vez
Antes de adentrarse a discutir La ciudad de las estrellas, conviene recordar que el declive del género musical en los años 60 fue fruto de un cúmulo de acontecimientos. De pronto, los centros comerciales, la televisión y la propia evolución del séptimo arte ofrecían a los ciudadanos estadounidenses (que, a fin de cuentas, siempre han sido los jueces de la cultura de masas) una oferta de entretenimiento mucho más amplia que terminó reduciendo la capacidad de las producciones musicales de recuperar sus exageradas inversiones. Quizá el realismo europeo no contagiara a Hollywood (que, de hecho, se embarcaría pronto en un viaje sin retorno colmado de efectos especiales), pero sí educó a los cada vez más modernos espectadores en un tipo de arte donde los repentinos cantos y bailes parecían invitar más al sonrojo que a la diversión. Todo esto coincidió con el ocaso del sistema de estudios, el cual, como todo sistema, tenía sus lacras pero resultaba innegablemente práctico a la hora de crear cine en serie de calidad. Y así fue como de la noche a la mañana el musical pasó de constituir el entretenimiento cinematográfico por excelencia a desaparecer prácticamente de las salas (a las que tan sólo llegaría ya de vez en cuando a modo de adaptación teatral). En el año 2001, el australiano Baz Luhrmann reavivó el género con Moulin Rouge, una obra posmoderna tan fascinante como infiel al espíritu clásico: relato escabroso, montaje trepidante y partitura a base de remixes frente a la sencillez narrativa, la apuesta por los planos secuencia y la música original de clásicos como Un americano en París (Vincente Minnelli, 1951). Considerada para bien y para mal como “un videoclip de dos horas de duración”, Moulin Rouge no dejó a nadie indiferente (enamorando justamente a más de uno), pero por motivos obvios no atrajo especialmente a los amantes del género y, por consiguiente, tampoco sentó un nuevo comienzo para este.

26 agosto 2016

'Kubo y las dos cuerdas mágicas': ritmo de occidente, magia de oriente

En celebración de su décimo cumpleaños, el siempre interesante estudio cinematográfico Laika Animation ha confeccionado su cinta más redonda hasta la fecha tras regalarnos Los mundos de Coraline (Henry Selick, 2009), El alucinante mundo de Norman (Chris Butler y Sam Fell, 2012) y Los Boxtrolls (Graham Annable y Anthony Stacchi, 2014), todas ellas poseedoras de una peculiar combinación de atmósferas góticas y nostálgicas, humor dulce pero extravagante y gráficos stop-motion tan encantadoramente artesanos como refinadamente precisos. Las tres cintas optaron a un Óscar que Kubo y las dos cuerdas mágicas podría perfectamente ganar, si bien deberá verse las caras de nuevo con pesos pesados de Disney Pixar: el Buscando a Dory de Andrew Stanton y Angus MacLane; la Vaiana de John Musker y Ron Clements y el Zootrópolis de Byron Howard, Rich Moore y Jared Bush.

Kubo y las dos cuerdas mágicas (Kubo and the Two Strings, 2016)
Kubo y las dos cuerdas mágicas es una de las
favoritas para los próximos Premios Annie
Kubo y las dos cuerdas mágicas (Kubo and the Two Strings, 2016), debut en el largometraje de Travis Knight, nos traslada fastuosamente a un Japón envuelto en leyenda donde el pequeño Kubo vive apaciblemente entre cuentos fantásticos hasta que los espíritus del pasado dan un repentino giro a su vida que lo embarcará en una aventura inolvidable a compartir con una mona aleccionadora y un atolondrado escarabajo gigante. Los prestigiosos y (casi) siempre excelentes Matthew McConaughey, Charlize Theron, Rooney Mara y Ralph Fiennes —todos caucásicos, para enfado de la Media Action Network for Asian Americans— conforman, junto al joven, Art Parkinson el fantástico reparto vocal, dando una fuerza al divertido guion de Marc Haimes y Chris Butler que se pierde ligeramente en la versión doblada. Lo que por supuesto se mantiene intacto en todas las lenguas es el maravilloso plano visual, repleto de exóticos paisajes y sinuosos movimientos con los que la tecnología 3D envuelve al espectador desde el comienzo de la proyección. El gran Dario Marianelli, ganador del Óscar por Expiación (Joe Wright, 2007) aporta una bella partitura a la que pone la guinda la versión en shamisen (el instrumento musical que, junto al ensoñador origami, otorga al film su peculiar esencia) de Regina Spektor del tema “While My Guitar Gently Weeps” de Los Beatles.

09 junio 2016

'Green Room': terror y extremismo

“Cuando recibí el guion en mi casa de Inglaterra, lo encontré tan terrorífico que tuve que cerrar con llave, encender el sistema de seguridad y servirme un whisky. Entonces supe que quería interpretar a Darcy Banker porque un personaje tan aterrador sería un reto increíble y daría lugar a una película irresistible”. Así habló Patrick Stewart, veterano de las icónicas sagas Star Trek y X-Men, de Green Room (2016), su fascinante incursión en el thriller de terror, donde conforma junto a Anton Yelchin (presente precisamente en los reboots de Star Trek), Imogen Poots, Alia Shawkat, Mark Webber y Macon Blair un reparto tan prometedor como relativamente desconocido que, precisamente por eso, resulta perfecto para encumbrar una de las sorpresas independientes del año. Y es que si algo logra esta cinta es sumir en oscura inseguridad a un espectador para quien el cuarto verde tendrá el mismo efecto de encierro que padecen los aterrados personajes.

Todo indica que pronto veremos mucho
más de la carismática Imogen Poots
Tras la excesiva Murder Party (2007) y la contenida (vale, hasta la escena final) Blue Ruin (2013) —ambas también con Blair, su actor fetiche—, Jeremy Saulnier parece haber encontrado el equilibrio con este inquietante thriller sobre una banda punk convertida en el blanco de una aterradora pandilla de skinheads tras ser a su pesar testigo de sus violentos actos. La propia película es pura violencia, si bien el buen gusto a la hora de representarla evita que el pánico se torne en desagrado (salvo cuando este es imprescindible, claro). De hecho, como sucede con el aclamado cine de Quentin Tarantino (con el que, por lo demás, Green Room tiene poco que ver más allá del forzado encierro de la decepcionante Los odiosos ocho, 2015), no es tanto la propia violencia, como el buen ritmo y los ingeniosos diálogos, lo que termina conquistando al espectador. Bueno, eso y unos notablemente definidos protagonistas que se ganan con rapidez nuestra identificación, provocando que sintamos el terror en nuestras propias carnes. Terror este provocado, tanto por lo que acontece en pantalla, como por la devastadora consciencia de la gélida maldad a la que los extremismos reducen al ser humano.

03 abril 2016

'Madame Marguerite': la amarga hilaridad de una mentira piadosa

Los cuatro premios César alcanzados por Madame Marguerite (Marguerite, 2015) son perfecta muestra de sus características virtudes. Glamurosamente ambientada en el París de los años 20, la cinta recogió merecidamente los galardones concernientes a mejor diseño de producción (Martin Kurel) y mejor vestuario (Pierre-Jean Larroque), a los que se sumó como no podía ser de otra manera el entorchado a mejor actriz para la genial Catherine Frot (quien ganó el primero en 1996 con la tierna comedia negra Como en las mejores familias, de Cédric Klapisch, y suma un total de… ¡diez nominaciones!), además de, irónicamente, el de mejor sonido para François Musi y Hafner Gabriel precisamente por captar los espantosamente divertidos sonidos que salían de la boca de Marguerite Dumont, una mujer adinerada empeñada en ser cantante de ópera pese a ser incapaz de entonar correctamente dos notas seguidas.

Madame Marguerite (Marguerite, 2015)
Madame Marguerite fue candidata a 11 premios César,
incluyendo película, dirección, guion original y montaje
Tras recorrer prestigiosos festivales con el melodrama romántico Chanson d'amourel (2006, Sección Oficial de Cannes), el interesante drama Crónica de una mentira (2009, Sección Oficial de Cannes) y la irregular comedia Superstar (2012, Sección Oficial de Venecia), el director y guionista galo Xavier Giannoli triunfó en Venecia con una de sus mejores creaciones hasta la fecha: una sorprendente comedia dramática de época capaz de ganarse la identificación del espectador desde el principio gracias a una peculiar protagonista excelentemente encarnada por una de las mejores actrices francesas del momento. Y es que cada uno de los respetuosos primeros planos del film es un poema en sí mismo gracias a la extraordinariamente sutil interpretación de Frot, quien logra hacernos partícipes de todo cuanto probablemente pasaba por la mente del personaje real que inspira el film. Esta no es otra que la excéntrica soprano estadounidense Florence Foster Jenkins (1868-1944), a la que curiosamente dará vida nuevamente la gran Meryl Streep en la superproducción británica Florence Foster Jenkins (Stephe Frears, 2016). Vamos, que nos encontramos ante otro de esos curiosos casos de películas similares estrenadas al unísono sin explicación aparente alguna.

22 enero 2016

'La juventud': la melancólica constancia del paso del tiempo

La combinación de deleite y desesperación que supone estar vivo es difícil de captar con la cámara, pero Paolo Sorrentino, ganador del Óscar por La gran belleza (2013), lo ha conseguido con La juventud (Youth/La giovinezza, 2015), su segunda película en inglés tras Un lugar donde quedarse (2011) y su sexta participación en la Sección Oficial del prestigioso festival de Cannes. Y es que la nueva creación del aclamado realizador napolitano rezuma vitalidad por los cuatro costados, granjeando una experiencia evocadora de un modo más sencillo y asequible que sus anteriores obras mas no por ello menos elaborado o trascendente.

Michael Caine y Harvey Keitel en La juventud (Paolo Sorrentino, 2015)
La curiosa relación entre los personajes de Michael
Caine y Harvey Keitel es la clave de La juventud
En La juventud, un gran director de orquesta (Michael Caine) pasa unas vacaciones en un hotel de los Alpes por el que también pasan una mujer deprimida tras una ruptura (Rachel Weisz) —su hija, a la que debe más de una explicación—, un director de cine al que cuesta acabar su última película (Harvey Keitel) —su mejor amigo, al que une una relación peculiar—, una estrella aparentemente enfadada con un mundo al que siempre pide más (Paul Dano), una hermosa modelo en la flor de la vida (Madalina Ghenea) y una actriz madura aferrada a los últimos instantes de grandeza que puede granjearle la existencia (Jane Fonda). Todos ellos, maravillosamente encarnados por un reparto internacional de auténtico lujo, son humanos exitosos en horas bajas a los que la constancia del paso del tiempo y la fugacidad de la vida ha sumido en una perenne melancolía. De este modo, no es tanto la devastadora melancolía, como la propia consciencia de ella, lo que marca el desarrollo del film (y el impacto del mismo). [Más al respecto en 'Arrugas, la vejez y la flor del cerezo']

16 enero 2016

'No es mi tipo': ¿es posible el amor entre polos opuestos?

Cuando un profesor de filosofía parisino es trasladado a Arrás por un año, el tiempo se convierte en un vacío difícil de llenar. Acostumbrado a respirar cultura de día y aventura de noche, él se aburre irremediablemente hasta que una bella peluquera comienza a aderezar su vida con la complejidad escondida tras su risueña sonrisa. Sin embargo, como ya augura el título del film, sus diferencias son abismales: él idolatra a Kant y Proust y ella prefiere los libros “con historias que contar”, él disfruta de veladas selectas y ella de fiesta alocada micrófono en mano, él conoce la historia pasada y ella controla la prensa amarilla y, lo que es peor: aun cuando él aparente mayor madurez que ella, es él quien tiene miedo al compromiso y ella quien cuenta con un hijo a su cargo. ¿Puede el amor unir dos mundos diametralmente opuestos? Tendréis que ver No es mi tipo (Pas son genre, 2014) para averiguarlo.

No es mi tipo optó a dos premios César:
mejor actriz y mejor guion adaptado
El francés Loïc Corbery y la belga Émile Dequenne protagonizan esta agradable coproducción franco-belga, conformando una pareja carismática pero algo descompensada dado que, frente al debut de él en el largometraje, ella ya cuenta con dos premios de Cannes, gracias a las intensas Rosetta (Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne, 1999) y Perder la razón (Joachim Lafosse, 2012). Aun así, Corbery aguanta, nunca mejor dicho, el tipo, conformando un protagonista que se gana al espectador con rapidez pese a no siempre hacer lo que consideraríamos correcto. A ello ayuda enormemente un realizador tan versado como el belga Lucas Belvaux (La raison du plus faible, 2006), quien sabe tratar a sus personajes como se merecen. Así lo explica él: “jamás juzgo a un personaje. Me esfuerzo por estar en buena sintonía con la naturaleza de todos, incluso con los que mienten o peor aún. Renoir dice que cada uno tiene sus motivos. Es cierto, con independencia de que sean buenos o malos. Si juzgas a los personajes, estos se acaban: devienen entidades puramente ficticias que pueden instrumentalizarse enteramente y dejan de interesar. Trato de compartir mi punto de vista mediante el modo en que establezco las escenas y su dirección”.

01 mayo 2015

'Pride', 'Billy Elliot' y 'Full Monty': humor, música, empleo e identidad

Si te gustaron Full Monty (1997) y Billy Elliot (2000), no puedes perderte Pride (2014)… Así se anunciaba recientemente una de las mejores películas del año, una comedia sobre la unión entre una asociación LGTB y un pequeño pueblo minero durante el mandato de Margaret Thatcher. Pero, ¿está justificada la conexión entre los tres títulos o es una mera estrategia comercial? Pues, por una vez, la publicidad ha dado en el clavo, porque las tres películas —todas ellas muy recomendables— comparten mucho más que el tono y la nacionalidad. A ellas va dedicado este artículo como celebración del Día del Trabajador.

Pride (Matthew Warchus, 2014)
Pride deja de lado los efectos negativos que la huelga tuvo
el movimiento sindical y se centra en el mensaje positivo
Dirigida por el dramaturgo británico Matthew Warchus (quien, hasta ahora, sólo tenía otra película en su haber: Círculo de engaños, 1999), Pride (Orgullo) nos traslada al Reino Unido en 1984, cuando el desastre laboral causado por la mano de hierro de Margaret Thatcher dejó a muchas familias en la calle. En medio de la desesperación, un grupo de gais y lesbianas decide crear el LGSM (Lesbians and Gays Support Miners), recaudando una gran suma de dinero que los prejuicios les impiden emplear para lo que desean: ayudar a los parados. Al final, un pequeño pueblo de mineros acepta, no sin reservas, la ayuda, dando pie a una curiosa y divertida alianza. Confeccionada por el escritor novel Stephen Beresford, la cinta parte de una maravillosa historia real y cuenta con la excelente presencia de Bill Nighy (ganador del BAFTA por Love Actually, de Richard Curtis, 2003), Imelda Staunton (nominada al Óscar por El secreto de Vera Drake, de Mike Leigh, 2004) y Dominic West (protagonista de la excelente serie The Wire) junto a los rostros menos conocidos pero igualmente fantásticos de Andrew Scott, Ben Schnetzer, Monica Dolan, George MacKay, Paddy Considine, Joseph Gilgun, Sophie Evans, Jessie Cave y Freddie Fox. La película fue nominada al Globo de Oro a mejor comedia/musical, obtuvo el BAFTA a mejor debut británico del año y triunfó en los British Independent Film Awards.

07 diciembre 2014

‘Once’ y ‘Begin again’: las joyas del musical moderno de John Carney

Este año había pocas películas más esperadas que Begin Again, el nuevo musical del irlandés John Carney, quien hace seis primaveras maravilló al mundo con Once. Ambas películas suponen un giro moderno al cine musical, pues anteponen el realismo y la sencillez a los artificios propios del género y convierten a las canciones en parte natural de la narración en la línea de la clásica Ha nacido una estrella (1954), de George Cukor. Mientras Once es una humilde obra irlandesa, Begin Again es un perfecto ejemplo de cine estadounidense independiente, pero comparten un sensible retrato de las relaciones humanas del siglo XXI a través de la música.

Once (Una vez) (John Carney, 2006)
Once no es una película romántica, pero sí una obra
sobre el amor, expresado a través de la música
Once (Una vez) (2006) se filmó con tan sólo 112 000€ durante 17 días en las calles de Dublín. John Carney obtuvo el 75% de los fondos del Irish Film Board y puso el resto de su bolsillo, prometiendo a todo el equipo una parte de las ganancias si la obra resultaba exitosa. Para ahorrar costes, las escenas se filmaron con luz natural en casas de amigos, muchos de los cuales aparecieron como extras. Además, puesto que no se contaba con permisos para rodar en la calle, las cámaras fueron camufladas, lo que supuso que muchos viandantes aparecieran en los planos sin ser conscientes de ello y ayudó al amateur reparto a actuar con plena naturalidad e incluso improvisar.

01 junio 2014

Las 50 mejores canciones Disney (películas de animación)

El gran éxito de “Let it go”, de la película Frozen, ha devuelto a las canciones Disney la magia y popularidad. Desde 1937 con Blancanieves y los siete enanitos, prácticamente no ha habido un film del estudio sin un par de canciones que recordar y éste ha acumulado ocho merecidos premios Óscar a mejor canción. Como fan de todas ellas, hoy he decidido dedicar un artículo a las 50 mejores.

El rey león (Rob Minkoff y Roger Allers, 1994)
El rey león fue el primer film con tres canciones
nominadas al Oscar, todas de Tim Rice y Elton John
50. “Les aristocats”, de Los aristogatos (Wolfgang Reitherman, 1970). Maurice Chevalier aporta su refinado estilo francés a esta agradable canción que da comienzo al primer film estrenado tras la muerte de Walt Disney.

49. “The unbirthday song”, de Alicia en el País de las Maravillas (Clyde Geronimi, Hamilton Luske y Wilfred Jackson, 1951). Todo un clásico, esta divertida canción tiene la ventaja de poder cantarse (casi) todos los días del año con carácter festivo.

24 diciembre 2013

10 películas para celebrar una Navidad de cine

La Navidad ya está aquí. ¿Soy yo o cada año llega antes? Y, como siempre, lo hace con un buen número de estrenos navideños, pero, al final, la mayoría nos ponemos nostálgicos y recurrimos a clásicos para celebrar estos días. Ya que el año pasado dediqué una breve entrada al trato de estas fechas por el cine (“Navidades para todos los gustos”), hoy os propongo 10 películas para que cada uno disfrute del espíritu navideño a su propio estilo. ¡Que las disfrutéis!

Love Actually (Richard Curtis, 2003)
Love Actually es una de las películas británicas
más exitosas de todos los tiempos
 Navidad romántica: Love Actually (Richard Curtis, 2003). Diez historias de amor se intercalan con acierto en esta brillante comedia romántica durante una Navidad londinense. Un reparto excepcional que incluye a Hugh Grant, Colin Firth, Keira Knightley, Emma Thompson (nominada al BAFTA), Liam Neeson, Laura Linney, Alan Rickman, Bill Nighy (ganador del BAFTA), Billy Bob Thornton, Martin Freeman, Andrew Lincoln y Rowan Atkinson encarna a personajes tan diferentes como atractivos cuyas vivencias reflejan todos los matices del amor, desde los más alegres a los más deprimentes. Aunque sobran edulcorante y tópicos y faltan variedades culturales y sexuales, todas y cada una de las historias de este film transmiten ganas de vivir y dejan una sonrisa en la boca gracias a la calidad del guión y las interpretaciones. La excelente banda sonora, que mezcla éxitos pop de todos los tiempos con melodías navideñas (las maravillosas “Christmas is all around me” y “All I want for Christmas is you” incluidas) es un aliciente más para disfrutar de este clásico navideño instantáneo.

07 junio 2013

Las 10 estrellas del cine musical

Aunque puede parecer un género banal, muchos consideran al musical como el género cinematográfico hollywoodiense por excelencia. Hoy en día, apenas se ruedan musicales, pero a partir del surgimiento del sonido, el musical fue uno de los géneros más queridos por el público. No voy a hablar de la historia de este género porque ya dediqué un artículo al respecto (“La alegría del género musical”). Lo que hoy me interesa son los protagonistas de estas películas. Este artículo va dedicado a diez actores y actrices que sumaron a sus dotes interpretativas un talento innato para la danza y el canto. Diez intérpretes –diez artistas– que han convertido al musical en el símbolo de la grandeza del sistema de estudios y el cine clásico.

Ginger Rogers y Fred Astaire en La alegre divorciada
Ginger Rogers y Fred Astaire revolucionaron
el cine musical con sus bailes llenos de química
10. Ginger Rogers (1911-1995). Aunque esta fantástica actriz y bailarina actuó en 73 películas, son los nueve musicales de la RKO que protagonizó junto al gran Fred Astaire los que la convirtieron en rostro clave del cine clásico. Ginger Rogers se adentró en el mundo del espectáculo gracias a ganar un concurso de baile de charlestón, lo que la llevó a realizar una gira con un teatro de variedades con tan solo 14 años. Tras protagonizar varios cortometrajes fue elegida para actuar en el musical de Broadway Girl Crazy. Gracias a ello, conoció a Fred Astaire y fichó para la Paramount. No obstante, pronto se desvinculó de dicho estudio y, tras saltar a la fama con Calle 42 (Lloyd Bacon, 1933), se convirtió en la pareja artística de Astaire en La alegre divorciada (Mark Sandrich, 1934). Aunque Rogers ganaría un Oscar por el drama romántico Espejismo de amor (Sam Wood, 1940), demostrando que también podía destacar por sí sola, siempre la recordaremos como la irresistible pareja de baile de Fred Astaire. “Él le da clase, ella le da sexo”, dijo de ellos una vez Katherine Hepburn. Hollywood nunca la olvidó y, tres años antes de su muerte por angina de pecho, le concedió un Oscar honorífico.

16 abril 2013

Grandes canciones de películas

La música y el cine son compañeras inseparables. A veces, recordamos más la melodía de una película que la propia película en sí. Pero no hay que confundir a la banda sonora con las canciones. La primera es compuesta de forma uniforme por un compositor y acompaña al film de principio a fin de forma envolvente pero humilde, mientras que cada canción es creada de forma distinta e introducida en un punto concreto de la trama (o, incluso, en los créditos) para convertirse en protagonista indiscutible del momento. Hoy voy a hablar de las canciones de cine, y, para que podáis disfrutarlas una y otra vez, enlazaré cada título de canción a la canción correspondiente.

Dreamgirls, canciones de películas
Dreamgirls es la perfecta plataforma para el lucimiento
de Jennifer Hudson y Beyoncé Knowles
Hoy en día, las canciones de cine forman parte del imaginario musical colectivo, trascendiendo en múltiples ocasiones a la propia película. ¿Alguien recuerda a la película Por fin ya es viernes (Robert Klane, 1978)? Probablemente no, pero ¿a que os suena la canción “Last dance”? Y ¿qué os suena más, New York New York o la película del mismo título de 1977 de Martin Scorsese? No obstante, no hace falta que la película se pierda en el olvido para que la canción tome vida propia. Tanto el film Armas de mujer (Mike Nichols, 1988) como la canción “Let the river run” son bastante memorables, y, sin embargo, pocos recuerdan que la segunda forma parte de la primera (de hecho, para muchos ahora es la canción de Mapfre).

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