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28 julio 2018

'Mamma Mia: Una y otra vez': decisiones que lo cambian todo

En 2008, ¡Mamma Mia! La película, dirigida por una inexperta Phyllida Lloyd en base a un simpático guion de Catherine Johnson que ya había triunfado en los escenarios de Broadway, conquistó a los fans de los musicales desenfadados, de una Meryl Streep que demostró que ningún género se le resiste y, por supuesto, del inmortal grupo sueco ABBA. La crítica, sin embargo, reaccionó con acidez, opinando que probablemente se lo pasaran mejor los intérpretes haciéndola que los espectadores viéndola. Se equivocaban: pese al rebosante cutrerío, aquella cinta fue y sigue siendo un perfecto "placer culpable". Una década más tarde, sin embargo, la secuela y precuela ha logrado lo que parecía imposible: conquistar a toda clase de públicos, incluyendo los más exigentes, gracias a un guion más sólido, un reparto más entregado y, sobre todo, una puesta en escena mucho más elaborada.

Amanda Seyfried, Dominic Cooper y Cher en Mamma Mia: Una y otra vez
Nada como la fabulosidad de Cher
Mamma Mia: Una y otra vez (Mamma Mia: Here We Go Again!, 2018) es la tercera y mejor película del guionista y realizador londinense Ol Parker, quien no terminó de convencer con Rosas rojas (2005) y Ahora y siempre (2012) pero sí con el libreto de El exótico Hotel Marigold (John Madden, 2011) (no tanto, con la insípida secuela: El nuevo exótico Hotel Marigold, también de Madden, 2015). Consciente de qué funcionó en 2008 (el candor del elenco y el retrato del cariño familiar) y qué no lo hizo tanto (la factura amateur y, sí, la falta de entonación), él ha ofrecido la perfecta segunda parte, dando al excelente reparto de aquella la oportunidad, bien de redimirse (Pierce Brosnan, que llegó a ganar el Razzie por lo que parecía más un paseo frente a la cámara que una interpretación, ofrece esta vez un trabajo harto sentido y valiente con el que parece aceptar su edad por vez primera), bien de reencontrarse consigo mismos (Meryl Streep, que brilló en su día como nunca, hace una aparición breve pero estelar que nos recuerda lo efímera que es la vida), bien de demostrar cuánto han evolucionado (Amanda Seyfried, por aquel entonces una "colegiala", ya es toda una actriz hecha y derecha). Junto a los tres intérpretes mencionados, volvemos a encontrarnos, como si de viejos amigos se tratasen, con los divertidos y a todas luces atractivos Christine Baranski, Julie Walters, Colin Firth, Stellan Skarsgard y Dominic Cooper. Y, claro, sumamos rostros nuevos, a destacar una brillante Lily James (la Cenicienta de Kenneth Branagh, 2015) como la versión joven de Streep, además de un simpático Andy García y, sí, la mejor anexión que podía imaginarse: Cher, quien ya ha expandido el misticismo anunciando su propio disco de canciones de ABBA (estos dos últimos, todo hay que decirlo, parecen metidos con calzador).

07 julio 2017

‘Baby Driver’: un vals de acción

Poco margen hay a priori en el blockbuster para la innovación, pero cada año surge algún título capaz de convocar tanto la admiración de las masas como el respeto de la crítica gracias a conjugar una historia sencilla y efectiva con una puesta en escena capaz de fascinar a un público al que la era de las comunicaciones vuelve cada vez más difícil de fascinar. Éxitos de los últimos años como Mad Max: Furia en la carretera (George Miller, 2015) o  El libro de la selva (Jon Favreau, 2016) constituyen perfectos ejemplos de ello. Y este año es indudablemente el turno de Baby Driver (2017), un majestuoso espectáculo de acción con el que la carrera del británico Edgar Wright ha dado un paso de gigante.

Ansel Elgort en Baby Driver
Ansel Elgort ha aprovechado bien la oportunidad
de oro brindada por Baby Driver
Aplaudido dentro y fuera de su natal Reino Unido, Edgar Wright ha dotado a todas y cada una de sus producciones de un delicioso toque de humor británico, pertenecieran estas al género del western (A Fistful of Fingers, 1995), el terror (Zombies Party, 2004), el policiaco (Arma fatal, 2007), la fantasía (Scott Pilgrim contra el mundo, 2010) o la ciencia ficción (Bienvenidos al fin del mundo, 2013). Siempre hay, por tanto, dos formas opuestas de enfrentarse a sus películas: sumergiéndose en sus, pese a todo, emotivos e intrigantes relatos, o dejándose llevar por el absurdo destilado por sus guiones. Aun manteniendo esta línea, Baby Driver, la cinta más ambiciosa del joven realizador, es también la que más desentona dentro de su filmografía al no imponerse nunca el humor a la emocionante acción principal. Así, la historia de Baby —Ansel Elgort en el mejor papel de su carrera desde que nos enamorara con Bajo la misma estrella (John Boone, 2014)—, un joven y talentoso conductor especializado en fugas que depende del ritmo de su banda sonora personal para bordar su trabajo, nos atrapa desde el primer momento gracias al carisma del protagonista, a quien observamos caer prendido de la bella Debora —deliciosa Lily James de Cenicienta (Kenneth Branagh, 2015), quien sustituyó a Emma Stone cuando esta fichó para La La Land (Damien Chazelle, 2016)— mientras tememos por los abusos de Doc (veterano Kevin Spacey), jefe de una banda criminal al que debe rendir cuentas. Jamie Foxx, Jon Hamm y Eiza González conforman el espectacular plantel de secundarios, conscientes empero de que el turno de brillar con luz propia pertenece a Elgort, una de las promesas del cine contemporáneo.

27 febrero 2017

Premios Oscar 2017: entre Moonlight y La La Land (nunca mejor dicho)

Justin Timberlake en los Oscars 2017
La gala comenzó a lo grande con Hollywood bailando
"Can't Stop the Feeling", de Justin Timberlake (Trolls)
El final agridulce de La La Land invadió anoche la 89ª entrega de Premios Oscars, donde, el popular musical de Damien Chazelle terminó perdiendo el galardón principal contra la pequeña Moonlight. Fiasco supremo. Y no porque este pequeño drama no mereciera reconocimiento, sino porque la entrega del entorchado tuvo lugar de la peor manera posible: con Warren Beatty y Faye Dunaway, maravillosos protagonistas de Bonnie & Clyde (1967) reunidos 50 años después, abriendo el sobre equivocado y otorgando primero el triunfo a La La Land de modo que tuviera que ser uno de los productores de esta quien avisara a medio planeta (empezando por los pasmados intérpretes que ocupaban las primeras butacas del Dolby Theatre, cuyos rostros no tenían precio) de que la verdadera vencedora era Moonlight. «No es una broma», repitió varias veces Jordan Horrowitz antes de devolver el galardón. Y, claro, así nadie pudo alegrarse por nadie. Una pena, porque la gracia de Jimmy Kimmel como maestro de ceremonias había convertido la gala en una de las más satisfactorias que se recuerdan: ¡bravo por esa hilarante entrada de “turistas”, así como por las palabras de Charlize Theron, Seth Rogen y Javier Bardem sobre sus principales influencias interpretativas —respectivamente, Shirley MacLaine, Michael J. Fox y la “sobrevalorada” (una de las hilarantes pulla constantes a Donald Trump) Meryl Streep, quien por cierto sumó este año su 20ª candidatura—, dos gags que extrajeron el lado más humano de la estrellas!

16 enero 2017

'La ciudad de las estrellas': cuando los sueños se hacen realidad

People love what other people are passionate about”. Esta maravillosa frase de La ciudad de las estrellas (La La Land, 2016) —que podría traducirse (sin el mismo efecto, como suele suceder con el doblaje) como “a la gente le encanta lo que apasiona a los demás”— resume a la perfección la esencia del tercer filme del jovencísimo Damien Chazelle, quien lo ideó nada más ofrecer Guy and Madeline on a Park Bench (2009) pero sólo encontró apoyos suficientes para producirlo tras triunfar internacionalmente con la impactante Whiplash (2014). Y es que, habiendo transcurrido más de medio siglo desde los tiempos de Cantando bajo la lluvia (Gene Kelly y Stanley Donen, 1952), ¿quién iba a apostar por tan arriesgado regreso al pasado? Por suerte, la deliciosa nostalgia que ha invadido la segunda década del siglo XXI no se ha limitado a galaxias lejanas (Rogue One, de Gareth Edward) y cuentos infantiles (El libro de la selva, de Jon Favreau), sino que ha ido poco a poco llegando a todos los ámbitos. Y el musical no ha sido la excepción.

La ciudad de las estrellas (La La Land, 2016)
En La ciudad de las estrellas, Emma Stone y Ryan
Gosling forman pareja cinematográfica por tercera vez
Antes de adentrarse a discutir La ciudad de las estrellas, conviene recordar que el declive del género musical en los años 60 fue fruto de un cúmulo de acontecimientos. De pronto, los centros comerciales, la televisión y la propia evolución del séptimo arte ofrecían a los ciudadanos estadounidenses (que, a fin de cuentas, siempre han sido los jueces de la cultura de masas) una oferta de entretenimiento mucho más amplia que terminó reduciendo la capacidad de las producciones musicales de recuperar sus exageradas inversiones. Quizá el realismo europeo no contagiara a Hollywood (que, de hecho, se embarcaría pronto en un viaje sin retorno colmado de efectos especiales), pero sí educó a los cada vez más modernos espectadores en un tipo de arte donde los repentinos cantos y bailes parecían invitar más al sonrojo que a la diversión. Todo esto coincidió con el ocaso del sistema de estudios, el cual, como todo sistema, tenía sus lacras pero resultaba innegablemente práctico a la hora de crear cine en serie de calidad. Y así fue como de la noche a la mañana el musical pasó de constituir el entretenimiento cinematográfico por excelencia a desaparecer prácticamente de las salas (a las que tan sólo llegaría ya de vez en cuando a modo de adaptación teatral). En el año 2001, el australiano Baz Luhrmann reavivó el género con Moulin Rouge, una obra posmoderna tan fascinante como infiel al espíritu clásico: relato escabroso, montaje trepidante y partitura a base de remixes frente a la sencillez narrativa, la apuesta por los planos secuencia y la música original de clásicos como Un americano en París (Vincente Minnelli, 1951). Considerada para bien y para mal como “un videoclip de dos horas de duración”, Moulin Rouge no dejó a nadie indiferente (enamorando justamente a más de uno), pero por motivos obvios no atrajo especialmente a los amantes del género y, por consiguiente, tampoco sentó un nuevo comienzo para este.

10 enero 2017

Globos de Oro 2017 en 10 puntazos

La 74ª edición de los Globos de Oro se ha cerrado con el indiscutible triunfo de la maravillosa La ciudad de las estrellas (La La Land). Como ya está todo dicho sobre el palmarés, os dejo mi selección de los 10 puntazos de la ceremonia.

Globos de Oro 2017 - El inesperado triunfo de Aaron Taylor-Johnson
Aaron Taylor-Johnson rompe quinielas ganando
el Globo de Oro por Animales Nocturnos
10. El inesperado triunfo de Aaron Taylor-Johnson. En una entrega de premios tan previsible como esta, siempre es un placer que algún vencedor dé la campanada. Este fue el caso de  Aaron Taylor-Johnson, protagonista de la franquicia Kick-Ass, quien se llevo mejor interpretación masculina secundaria pese a que Mahershala Ali hubiera ganado antes casi todos los galardones de la temporada por Moonlight. Lo hizo por Animales nocturnos, cinta apartada de la categoría principal pese a que Tom Ford fuera nominado como mejor director y guionista, misma situación acontecida en los BAFTA que probablemente no se repita en los Oscars (donde las nominadas pueden ser más de cinco).

29 mayo 2016

'Dr. Horrible's Sing-Along Blog': el musical que pedía la red

En noviembre de 2001 los seguidores de Buffy, cazavampiros, creada en 1997 por Joss Whedon, se encontraron ante un inesperado capítulo musical perfectamente integrado en la sexta temporada de la serie pero disfrutable como obra independiente. Buffy, cazavampiros: Otra vez con más sentimiento supuso un interesantísimo paso para un género que acababa de ser revitalizado en la gran pantalla por la espléndida Moulin Rouge. A diferencia del pastiche posmoderno de Baz Luhrmann, esta animada producción televisiva homenajeaba al cine clásico a la par que aportaba una banda sonora completamente original que se quedó grabada en la mente de los innumerables fans de la icónica serie, probando así que el tristemente olvidado cine musical (1) todavía era de interés, (2) puede hacerse sin excesivo artificio o presupuesto, y (3) tiene encanto propio pese a no contar con cantantes experimentados. Múltiples son los especiales televisivos que han recurrido al antiguo género escapista por excelencia desde entonces.

Neil Patrick Harris, cuerpo y alma de
Dr. Horrible's Sing-Along Blog
Quince años más tarde, los musicales cinematográficos herederos de clásicos como Cantando bajo la lluvia (Stanely Donen y Gene Kelly, 1952) todavía se cuentan con los dedos de una mano, pero las posibilidades del género en otro tipo de plataformas no han pasado desapercibidas. La segunda incursión de Joss Whedon en él es una miniserie en tres actos de 14 minutos cada uno titulada Dr. Horrible's Sing-Along Blog que vio la luz en internet entre el 15 y el 20 de julio de 2008 (mismo año en que Meryl Streep y Pierce Brosnan se hacían chocantemente con el micrófono en la simpática ¡Mamma Mía! de Phyllida Lloyd). Esta sencilla historia de un malvado y mediocre científico (perfecto Neil Patrick Harris, todo un maestro del vodevil pese a lo que su rol en Cómo conocí a vuestra madre pudiera aparentar) enfrentado con el Capitán Hammer (el siempre vanidoso Nathan Fillion, que al año siguiente se convertiría en la estrella de Castle) por el amor de su compañera de lavandería (Felicia Day) es sólo una excusa para dar rienda suelta a una divertidísima mezcolanza de ingenioso humor, singular ciencia-ficción, ácida crítica social y tiernos números musicales que, en la línea de Buffy, evita sabiamente caer en la trampa de tomarse demasiado en serio a sí misma.

08 marzo 2016

13ª Muestra Syfy: 'Absolutamente todo', 'High-Rise' y 'Buffy musical'

La 13ª Muestra Syfy de Cine Fantástico de Madrid ha concluido dejándonos un buen puñado de títulos dispuestos a convertirse en obras de culto (al menos, de cara a aderezar divertidas tardes frikis entre amigos). En esta segunda parte de mi crónica del festival, hablo de Absolutamente todo, High-Rise y el capítulo musical de Buffy cazavampiros, completando así la cobertura de seis de las piezas más destacables de este icónico evento cinematográfico.

High-Rise (Ben Wheatley, 2015)
High-Rise optó a 4 British Independente Film Awards:
actor, secundaria (Miller), secundario (Evans) y guion
“¿Os acordáis de Snowpiercer? Pues esto es igual pero en vertical”. Así presentó Leticia Dolera una de esas películas que no dejan indiferente: High-Rise (2015). Y es que, si la coreana Rompenieves (Snowpiercer) (Bong Joon-ho, 2013) ofrecía un metafórico retrato social en forma de un tren forzado a dar vueltas y vueltas a un mundo congelado para evitar enfriarse, la última película de Ben Wheatley (a quien debemos la interesante Turistas, mejor guion y mejor actriz en Sitges, 2012) parte de la novela de J.G. Ballard para ofrecer una reflexión sobre la sociedad moderna a través de un rascacielos convertido en un mundo propio. Tom Hiddleston —el Loki de Marvel— y Luke Evans —el Bardo de El Hobbit— encabezan con carisma un perfecto reparto donde también brillan Elizabeth Moss (recién salida de la serie Mad Men), Jeremy Irons y, sobre todo, una explosiva Sienna Miller. Ellos y la imaginativa puesta en escena (que juega excitantemente con los colores, las texturas, los sonidos, los movimientos y los reflejos), salvan un enrevesado guion que empieza bien pero desemboca poco a poco en desconcertante locura (firmado, por cierto, por Amy Jump, esposa del realizador). Presentada sin pena ni gloria en el pasado Festival de San Sebastián, la obra tiene innegablemente su público, pero podría resultar mucho más satisfactoria de haber medido mejor sus pretensiones.

30 enero 2015

'Into the Woods': un musical de cuento en el corazón del bosque

Regular está siendo el recibimiento de Into the Woods en España. Pero no me sorprende, pues conjuga los tres géneros más tristemente infravalorados: musical, fantasía y comedia. Y, claro, hace falta ser fan de los tres (o, al menos, de los dos primeros) para disfrutar de la nueva película de Rob Marshall, adaptada por James Lapine a partir de su propio musical de Broadway, que le granjeó a él el Tony a mejor guion y a su compañero Stephen Sondheim el concerniente a mejor composición musical. Con éste último se reunió hace doce años Rob Marshall tras el éxito de Chicago (2002) —que obtuvo 13 nominaciones a los Oscars (incluyendo mejor dirección) y ganó 6 (incluyendo mejor película)— con la intención de llevar al cine uno de sus musicales, como Follies o Sweeney Todd. Y ahí empezó todo.

Lilla Crawford en Into the Woods (Rob Marshall, 2014)
Caperucita, Cenicienta, Jack (con sus habichuelas) y
Rapunzel coinciden en el bosque (into the woods)
Convencido de su idoneidad para el cándido Marshall, Sondheim le ofreció Into the Woods. El cineasta estuvo de acuerdo, pero el best-seller de Arthur Golden se puso en su camino, dando lugar a Memorias de una Geisha (2005). Y después llegaron Nine (2009) y Piratas del Caribe 4 (2011). Visto lo visto, Marshall habría hecho bien en centrarse en Into the Woods, pero necesitó tomarse su tiempo para asimilar tan potencial grandeza. Entonces, en 2011, en el décimo aniversario del 11-S, el cineasta escucho a Barack Obama dirigirse a las familias de las víctimas con un “No estáis solos… Nadie está solo” que le recordó inevitablemente a la conmovedora canción “No one is alone” del musical, así como al esperanzador mensaje del mismo. De ese modo, tras una década de auténticos bodrios que jamás debieron ver la luz, Marshall decidió que había llegado la hora de adentrarse en el bosque, un lugar donde buscar sueños, afrontar miedos, perderse… y reencontrarse.

07 diciembre 2014

‘Once’ y ‘Begin again’: las joyas del musical moderno de John Carney

Este año había pocas películas más esperadas que Begin Again, el nuevo musical del irlandés John Carney, quien hace seis primaveras maravilló al mundo con Once. Ambas películas suponen un giro moderno al cine musical, pues anteponen el realismo y la sencillez a los artificios propios del género y convierten a las canciones en parte natural de la narración en la línea de la clásica Ha nacido una estrella (1954), de George Cukor. Mientras Once es una humilde obra irlandesa, Begin Again es un perfecto ejemplo de cine estadounidense independiente, pero comparten un sensible retrato de las relaciones humanas del siglo XXI a través de la música.

Once (Una vez) (John Carney, 2006)
Once no es una película romántica, pero sí una obra
sobre el amor, expresado a través de la música
Once (Una vez) (2006) se filmó con tan sólo 112 000€ durante 17 días en las calles de Dublín. John Carney obtuvo el 75% de los fondos del Irish Film Board y puso el resto de su bolsillo, prometiendo a todo el equipo una parte de las ganancias si la obra resultaba exitosa. Para ahorrar costes, las escenas se filmaron con luz natural en casas de amigos, muchos de los cuales aparecieron como extras. Además, puesto que no se contaba con permisos para rodar en la calle, las cámaras fueron camufladas, lo que supuso que muchos viandantes aparecieran en los planos sin ser conscientes de ello y ayudó al amateur reparto a actuar con plena naturalidad e incluso improvisar.

03 julio 2014

‘Amanece en Edimburgo’: musical sin historia repartidor de sonrisas

En 2001, el australiano Baz Luhrmann resucitó el cine musical (sobre el que podéis leer más en 'La alegría del musical') con la vibrante Moulin Rouge, y, al año siguiente, Bob Marshall consiguió seis —excesivos— premios Oscar para Chicago (2002). Todo parecía indicar la llegada de una nueva edad dorada del género hollywoodiense por excelencia.

‘Amanece en Edimburgo’ (Dexter Fletcher, 2013)
Sonrisas y lágrimas se intercalan en una de
las películas más entretenidas del año
Pero, con la excepción de la trilogía adolescente iniciada por High School Musical (Kenny Ortega, 2006) la popularidad del musical estadounidense no se ha recuperado. De hecho, durante el inicio del siglo XXI apenas ha surgido una decena de musicales (varios de ellos, independientes, como el fantástico Hedwig and the angry inch, de John Cameron Mitchell, 2001) y ninguno ha estado a la altura de Moulin Rouge o de los grandes musicales de los años 50 y 60. No obstante, el género ha vivido un pequeño impulso precisamente donde nunca destacó: en Europa.

29 junio 2014

Las 100 películas favoritas de Hollywood (que no las mejores)

Hollywood ha hablado y elegido sus 100 películas favoritas. Más de 2.100 productores, directores, agentes, etc. han seleccionado sus películas preferidas, y, como siempre, los comentarios no han tardado en llenar la red. Puesto que no es una lista de ‘mejores películas’, creo que toda crítica está fuera de lugar, pero sin duda es interesante comentar el resultado, ya que es una buena representación de los intereses actuales del séptimo arte. Veamos primero el listado completo, que he traducido y completado (añadiendo los directores) a partir de la publicación en la revista original ‘Hollywood Reporter’:

#1 El Padrino
La película más querida
1. El Padrino
(Francis Ford Coppola, 1972)
2. El mago de Oz 
(Víctor Fleming, 1939)
3. Ciudadano Kane 
(Orson Welles, 1941)
4. Cadena perpetua 
(Frank Darabont, 1994)
5. Pulp Fiction 
(Quentin Tarantino, 1994)
6. Casablanca 
(Michael Curtiz, 1942)

01 junio 2014

Las 50 mejores canciones Disney (películas de animación)

El gran éxito de “Let it go”, de la película Frozen, ha devuelto a las canciones Disney la magia y popularidad. Desde 1937 con Blancanieves y los siete enanitos, prácticamente no ha habido un film del estudio sin un par de canciones que recordar y éste ha acumulado ocho merecidos premios Óscar a mejor canción. Como fan de todas ellas, hoy he decidido dedicar un artículo a las 50 mejores.

El rey león (Rob Minkoff y Roger Allers, 1994)
El rey león fue el primer film con tres canciones
nominadas al Oscar, todas de Tim Rice y Elton John
50. “Les aristocats”, de Los aristogatos (Wolfgang Reitherman, 1970). Maurice Chevalier aporta su refinado estilo francés a esta agradable canción que da comienzo al primer film estrenado tras la muerte de Walt Disney.

49. “The unbirthday song”, de Alicia en el País de las Maravillas (Clyde Geronimi, Hamilton Luske y Wilfred Jackson, 1951). Todo un clásico, esta divertida canción tiene la ventaja de poder cantarse (casi) todos los días del año con carácter festivo.

07 junio 2013

Las 10 estrellas del cine musical

Aunque puede parecer un género banal, muchos consideran al musical como el género cinematográfico hollywoodiense por excelencia. Hoy en día, apenas se ruedan musicales, pero a partir del surgimiento del sonido, el musical fue uno de los géneros más queridos por el público. No voy a hablar de la historia de este género porque ya dediqué un artículo al respecto (“La alegría del género musical”). Lo que hoy me interesa son los protagonistas de estas películas. Este artículo va dedicado a diez actores y actrices que sumaron a sus dotes interpretativas un talento innato para la danza y el canto. Diez intérpretes –diez artistas– que han convertido al musical en el símbolo de la grandeza del sistema de estudios y el cine clásico.

Ginger Rogers y Fred Astaire en La alegre divorciada
Ginger Rogers y Fred Astaire revolucionaron
el cine musical con sus bailes llenos de química
10. Ginger Rogers (1911-1995). Aunque esta fantástica actriz y bailarina actuó en 73 películas, son los nueve musicales de la RKO que protagonizó junto al gran Fred Astaire los que la convirtieron en rostro clave del cine clásico. Ginger Rogers se adentró en el mundo del espectáculo gracias a ganar un concurso de baile de charlestón, lo que la llevó a realizar una gira con un teatro de variedades con tan solo 14 años. Tras protagonizar varios cortometrajes fue elegida para actuar en el musical de Broadway Girl Crazy. Gracias a ello, conoció a Fred Astaire y fichó para la Paramount. No obstante, pronto se desvinculó de dicho estudio y, tras saltar a la fama con Calle 42 (Lloyd Bacon, 1933), se convirtió en la pareja artística de Astaire en La alegre divorciada (Mark Sandrich, 1934). Aunque Rogers ganaría un Oscar por el drama romántico Espejismo de amor (Sam Wood, 1940), demostrando que también podía destacar por sí sola, siempre la recordaremos como la irresistible pareja de baile de Fred Astaire. “Él le da clase, ella le da sexo”, dijo de ellos una vez Katherine Hepburn. Hollywood nunca la olvidó y, tres años antes de su muerte por angina de pecho, le concedió un Oscar honorífico.

16 abril 2013

Grandes canciones de películas

La música y el cine son compañeras inseparables. A veces, recordamos más la melodía de una película que la propia película en sí. Pero no hay que confundir a la banda sonora con las canciones. La primera es compuesta de forma uniforme por un compositor y acompaña al film de principio a fin de forma envolvente pero humilde, mientras que cada canción es creada de forma distinta e introducida en un punto concreto de la trama (o, incluso, en los créditos) para convertirse en protagonista indiscutible del momento. Hoy voy a hablar de las canciones de cine, y, para que podáis disfrutarlas una y otra vez, enlazaré cada título de canción a la canción correspondiente.

Dreamgirls, canciones de películas
Dreamgirls es la perfecta plataforma para el lucimiento
de Jennifer Hudson y Beyoncé Knowles
Hoy en día, las canciones de cine forman parte del imaginario musical colectivo, trascendiendo en múltiples ocasiones a la propia película. ¿Alguien recuerda a la película Por fin ya es viernes (Robert Klane, 1978)? Probablemente no, pero ¿a que os suena la canción “Last dance”? Y ¿qué os suena más, New York New York o la película del mismo título de 1977 de Martin Scorsese? No obstante, no hace falta que la película se pierda en el olvido para que la canción tome vida propia. Tanto el film Armas de mujer (Mike Nichols, 1988) como la canción “Let the river run” son bastante memorables, y, sin embargo, pocos recuerdan que la segunda forma parte de la primera (de hecho, para muchos ahora es la canción de Mapfre).

16 diciembre 2012

La alegría del género musical

Nada como un buen musical para alegrar un día gris o hacer juego con uno feliz. Desde su aparición junto al sonido, el género musical ha traído a millones de personas a los cines para ver cantar y bailar a las estrellas. Lo que para algunos es un simple sinsentido, para otros es todo un espectáculo y, sobre todo, una gran fuente de entretenimiento. Tras más de veinticinco años en los teatros de Londres, el estreno de Los miserables (Tom Hooper, 2012) en gran pantalla promete ser uno de los eventos cinematográficos del año, especialmente por su decisión de grabar las canciones en directo. Pero la historia de este género es larga.

"La vida es un cabaret", nos dice la brillante Cabaret
El cine musical vio su aparición gracias a la introducción del sonido en el cine en 1927 con El cantor de jazz, de Alan Crossland. Su calidad era muy mejorable, pero la mezcla de los clásicos intertítulos del cine mudo con canciones fue muy bien recibida por el público de la época. Dos años después, La melodía de Broadway (Harry Beaumont, 1929) se convertía en el primer film “All talking, all singing, all dancing” y, pese su tópica historia, obtuvo gran popularidad y el primer Oscar a mejor película para un film sonoro. Desde entonces, otros siete musicales han recibido dicho galardón, demostrando el aprecio de Hollywood hacia este género.

18 noviembre 2012

El cine es un montaje

De todas las artes cinematográficas, no hay otra más infravalorada que el montaje. Todo el mundo ha oído hablar de él e intuye de qué trata, pero casi nadie entiende realmente su importantísima función. Por eso, tal y como hice con el también infravalorado maquillaje, mi blog está hoy dedicado al maravilloso arte del montaje.

El ultimátum de Bourne es vibrante, emocionante,
y está llena de giros y shocks, igual que su montaje
En los inicios del cine (espero no perder a la mitad de los espectadores por remitirme a tan atrás, pero es imprescindible para entender este laborioso proceso), no había montaje alguno. Los cineastas se limitaban a grabar una porción de realidad y cortar en cuanto la imagen no diera más de sí. Y eso era todo. La primera proyección cinematográfica, organizada en Francia por los famosos hermanos Lumière, incluía films como Salida de los obreros de la fábrica (1895), que se limitaba a mostrar un minuto de lo que su título indica.
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