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27 julio 2026

'La última ronda en Venecia': viaje de amistad, memoria y placeres

No todas las películas sobre viajes hablan realmente de destinos. En La última ronda en Venecia, la carretera funciona más como un espacio de encuentro que como un simple recorrido: un lugar donde tres personajes con edades, experiencias y expectativas muy diferentes terminan compartiendo algo más importante que un desplazamiento físico. Francesco Sossai construye una historia pequeña en apariencia, pero llena de observaciones sobre la amistad, la nostalgia y esas oportunidades inesperadas que aparecen cuando menos se buscan.

La película sigue a Carlobianchi y Doriano, dos hombres que mantienen una peculiar filosofía de vida alrededor de las conversaciones largas, las noches que se alargan y la tradición de no abandonar nunca la última copa. Su rutina cambia cuando conocen a Giulio, un joven estudiante de arquitectura que atraviesa un momento de dudas y búsqueda personal. El encuentro entre los tres da lugar a un viaje por las llanuras del Véneto donde el humor y la melancolía conviven con naturalidad, alejándose de los relatos de crecimiento más convencionales.

Francesco Sossai, una de las voces emergentes más interesantes del cine italiano contemporáneo, apuesta por una mirada cercana y humanista. La película no necesita grandes conflictos para encontrar emoción: su fuerza está en los diálogos, en los silencios y en la forma en que observa a unos personajes imperfectos pero profundamente reconocibles. Junto al coguionista Adriano Candiago, Sossai construye una narración que encuentra belleza en lo cotidiano y que convierte los pequeños momentos en el verdadero centro de la historia.

El reparto es uno de los pilares del filme. Filippo Scotti (descubrimiento de Fue la mano de Dios), Sergio Romano y Pierpaolo Capovilla forman un trío protagonista con una química que sostiene el equilibrio entre comedia y drama, mientras que intérpretes como Roberto Citran y Andrea Pennacchi completan un peculiar conjunto de secundarios. La naturalidad de las interpretaciones permite que las relaciones evolucionen sin artificios, como una amistad que nace delante del espectador.

En el apartado visual, La última ronda en Venecia destaca por su manera de retratar el paisaje del Véneto, lejos de la imagen turística más conocida de la región. La fotografía de Massimiliano Kuveiller convierte carreteras secundarias, bares y espacios cotidianos en escenarios cargados de identidad. El montaje de Paolo Cottignola y la música de Krano acompañan ese tono entre divertido y contemplativo que define la película.

El recorrido internacional de la película confirmó pronto su buena acogida. La última ronda en Venecia fue presentada en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes y pasó por Toronto. Su reconocimiento se amplió con los premios David di Donatello, donde obtuvo ocho galardones: mejor película, mejor dirección, mejor actor, mejor guion, mejor montaje, mejor casting, mejor canción y mejor producción.

Más allá de su reconocimiento en festivales y premios, el atractivo de La última ronda en Venecia está en su capacidad para encontrar emoción en una historia aparentemente sencilla. Es una película sobre personas que buscan algo sin saber exactamente qué, sobre conversaciones que se alargan más de lo previsto y sobre la importancia de esos encuentros que, sin cambiar necesariamente una vida entera, sí pueden modificar la forma de mirarla. Sossai firma una obra cercana, divertida y melancólica que reivindica el valor de detenerse un momento y prestar atención a quienes viajan a nuestro lado.

11 diciembre 2021

Premios de Cine Europeo 2020: justicia para 'Quo Vadis, Aida?'

Si el mundo fuera justo, la bosnia Jasmila Zbanic tendría en su poder el último Oscar a mejor película internacional. Pero fue Thomas Vinterberg con la tremendamente sobrevalorada Otra ronda quien se llevó el gato al agua tanto ahí como en los EFA 2020. Por desbarajuste de estrenos, Quo Vadis, Aida?, la magnífica y devastadora mirada a uno de los capítulos más tristes de la Guerra de los Balcanes, competía con ella en Hollywood pero no en Europa. Nunca sabremos cómo se habría saldado el duelo a esta lado del charco, pero sí que, en los EFA 2021, Quo Vadis, Aida? se ha hecho con pleno merecimiento con los reconocimientos a mejor película, dirección (para la mentada Zbanic, la tercera mujer que lo consigue) y, claro, actriz para la inmensa Jasna Djuricic.

Quo Vadis, Aida?
Quo Vadis, Aida?

Por su parte, El padre se ha llevado las mismas menciones que consiguió en los Oscars: guion para Florian Zeller (también director y autor de la obra teatral original, que plasma brillantemente la angustia da le vejez y el Alzheimer) y Christopher Hampton y actor para el gran Anthony Hopkins, que, a sus 83 años, no ha recogido personalmente ninguno de los dos reconocimientos. Era su segundo Oscar, pero su primer EFA (también, su primera nominación), algo en apariencia sorprendente al tratarse de uno de los actores europeos más queridos de todos los tiempos, pero no tanto considerando que buena parte de su carrera ha acontecido en Hollywood.

El padre
El padre

Entretanto, el italiano Paolo Sorrentino, que conquistó estos galardones con las muy pretenciosas La gran belleza (2013) y La juventud (2015), se ha ido esta vez de vacío con Fue la mano de Dios a pesar de ser su mejor película, destino compartido por el finlandés Juho Kuosmanen y su absorbente Compartimento Nº 6. Asimismo, la última Palma de Oro, la muy divisoria Titane de Julia Ducournau, ha debido conformarse con el entorchado a mejor maquillaje y peluquería para Flore Masson, Olivier Afonso y Antoine Mancini, ciertamente el único que merecía. Ojalá ver la cinta en los Oscars a través de dicha categoría, que cuenta con el gremio más sensible al talento extranjero.

Un polvo desafortunado o porno loco
Un polvo desafortunado o porno loco

Los cinco filmes mencionados eran los aspirantes al apartado principal y por tanto los favoritos de la edición, pero, entre los nominados en otras categorías cabe mencionar también la polémica y brillante Un polvo desafortunado o porno loco, por la que el rumano Radu Jude se hizo con el último Oso de Oro, y la muy fresca La peor persona del mundo, de Joachim Trier, una de las grandes favoritas al próximo Oscar internacional. Aquí lamentablemente el palmarés no tenía hueco para ellas (realmente, hay pocos premios y muchas películas destacables).

La peor persona del mundo
La peor persona del mundo

Entre los títulos que sí han sido laureados está la popular comedia negra Una joven prometedora, impactante mirada a los abusos sexuales que ha dado a la británica Emerald Fennell, hasta ahora conocida como la Camilla Parker Bowles de la serie The Crown (2016-), el codiciado Premio Discovery. Sí, Carey Mulligan también ha perdido aquí. Al Reino Unido se ha ido también merecidamente el mejor diseño de vestuario, recogido por Michael O'Connor por su meticuloso trabajo en el Ammonite de Frances Lee, cuyo mediocre guion es el único responsable de que Kate Winslet no estuviera siquiera nominada por una de las mejores interpretaciones de su carrera (suerte que los premios televisivos sí se han acordado de ella con la miniserie Mare of Easttown, 2021).

Ammonite
Ammonite

Además de Quo Vadis, Aida? y El padre, dos películas se han llevado más de un premio, ambas curiosamente con temática gay: Great Freedom, el bello drama carcelario del austriaco Nils Petter Molvær (fotografía para Crystel Fournier y música para Peter Brötzmann y Sebastian Meise), y Flee, la reveladora historia de un inmigrante afgano que nos ha regalado Jonas Poher Rasmussen (animación, documental y Premio European University Film). Precisamente este último título aspira al récord de ser nominado a los Oscars a mejor película de animación, documental e internacional, que cada vez se antoja más plausible a pesar de que las tres categorías son dadas a la sorpresa.

Great Freedom
Great Freedom

Lamb, la revelación del último Festival de Sitges, no ha dado el Premio Discovery a Valdimar Jóhannsson, pero sí los mejores efectos visuales a Peter Hjorth y Fredrik Nord, máximos responsables del extraño carácter de la propuesta. El cine de género rara vez tiene presencia en los EFA. Tampoco la comedia, que cuenta para compensar con su propia categoría, cuya vencedora en esta ocasión ha sido la simpática Ninjababy, de la noruega Yngvild Sve Flikke. España, que no ha tenido un año cinematográfico demasiado reseñable, contaba ahí con su única mención en esta edición, gracias al meramente correcto Sentimental de Cesc Gay.

Ninjababy
Ninjababy

También hay que mencionar las distinciones recibidas por Unclenching The Fists, de la rusa Kira Kovalenko (montaje para Mukharam Kabulova); Natural Light, del húngaro Dénes Nagy (diseño de producción para Márton Ágh), y The Innocents, del noruego Eskil Vogt (sonido para Gisle Tveito y Gustaf Berger, muy merecido), que contaron con el beneplácito de los respectivos jurados técnicos pero no estaban presentes en ninguna de las categorías a concurso. A destacar, por último, que My Uncle Tudor, de Olga Lucovnicova, ha sido reconocido como mejor cortometraje y que la excelente serie Small Axe, de Steve McQueen, se ha alzado con el Premio innovación en la narrativa, de reciente creación.

Flee

El sentido de espectáculo ha vuelto a brillar por su ausencia en la gala, pero ha sido un gran año para el cine europeo y así lo han plasmado los EFA, en una 34ª edición muy inspirada. Eso es lo más importante. Ahora solo queda desear mucha suerte a estas películas en la Oscar Race y, sobre todo, confiar en que lleguen al máximo número de espectadores posibles. A fin de cuentas, son nuestras historias y merecen ser escuchadas. Y vistas, claro.

13 diciembre 2020

Premios de Cine Europeo 2020: la hora de Vinterberg y Mikkelsen

Tal y como lleva años sucediendo, las categorías principales de Premios de Cine Europeo (EFA) se concentraron en la misma película. En esta ocasión, la 33ª edición, la afortunada fue la danesa Druk (Another Round), que se hizo con los galardones concernientes a mejor película, director (Thomas Vinterberg), guion (Tobias Lindholm y el propio Vinterberg) y actor (Mads Mikkelsen). Una victoria tan exagerada como aburridamente previsible que confirma a esta dramedia sobre el alcoholismo como una de las películas clave del año y una de las favoritas al Oscar a mejor película internacional.

Druk (Another Round)
Another Round se posiciona como
favorita al Oscar internacional
Al Oscar podría también optar por primera vez el gran Mads Mikkelsen, actor de moda gracias a haber sido elegido para sustituir a Johnny Depp como el malvado Grindelwald de la mediocre pero popular saga de Animales fantásticos y dónde encontrarlos. Él ya optó al EFA por la magnífica La caza (2012), película por la que Vinterberg obtuvo su segundo EFA, como guionista, que no como director (el primero, también merecidísimo, fue el Discovery por Celebración, 1998). Estamos por tanto ante la primera victoria absoluta de dos de los grandes del cine europeo, algo digno de celebrar pero también triste considerando que no se cuenta entre lo mejor de su filmografía y que, para colmo, títulos tan especiales como Martin Eden, de Pietro Marcello; Corpus Christi, de Jan Komasa, o Verano del 85, de François Ozon, se fueron a cambio de vacío.

30 octubre 2020

'Verano del 85' como metáfora perfecta del primer amor

Ya no escribo aquí tanto como antes, en parte por falta de tiempo y en parte, para qué negarlo, porque el periodismo cinematográfico está masificado y encima Blogger cada vez se molesta menos en funcionar bien. Pero no he podido resistirme a hacerlo a propósito de Verano del 85, la maravillosa, y quizás incomprendida, última película de François Ozon.

Benjamin Boisin y Félix Lefebvre en la moto, Verano del 85
Benjamin Boisin y Félix Lefebvre
en la vital pero peligrosa moto
Tras triunfar en la taquilla francesa y pasar por la Sección Oficial del Festival de San Sebastián, Verano del 85 (
Eté 85, 2020) ha llegado a las salas españolas dispuesta a animar el otoño, con una historia que se mueve de lujo entre el romance juvenil, el drama y el thriller. Tras la cámara se encuentra, como ya se ha dicho, François Ozon, uno de los directores más exquisitos e infravalorados del momento, artífice, entre otras, de 8 mujeres (2002), En la casa (2012) y Una nueva amiga (2014). En esta ocasión, el muy personal cineasta galo adapta, con la elegancia que lo caracteriza, la conmovedora novela Dance on My Grave (1982) del británico Aidan Chambers, la cual traslada a un pueblo costero francés en 1985, coincidiendo con el contexto en que él mismo la leyó (bueno, casi: originalmente iba a ser 1984, pero fecha y título se cambiaron a raíz del estreno de la, para qué negarlo, solo pasable cinta de terror Verano del 84, de Anouk Whissell, François Simard y Yoann-Karl Whissell).

08 diciembre 2019

Premios de Cine Europeo 2019: consolidación de la mirada LGTB

La 32ª edición de los Premios de Cine Europeo seré recordada eminentemente por dos asuntos: el récord de galardones de La favorita (ocho) y el triunfo de la cinematografía LGTB, donde se enmarcan tanto esa cinta, que para muchos parecía ya agua pasada al ser realmente un título de 2018, como las que, por así decirlo, se han hecho con las medallas de plata y bronce: Dolor y gloria y Retrato de una mujer en llamas, dos de las joyas europeas del año. Los tres títulos abordan la comunidad no heteronormativa con originalidad, valentía y, ante todo, plena naturalidad.

La favorita, de Yorgos Lanthimos
La favorita estuvo nominada a 10 premios Oscar,
pero finalmente sólo Olivia Colman ganó el suyo
La favorita, que, valga la redundancia, fue una de las cintas favoritas de la carrera hacia el Oscar del año pasado, se hizo con todos los galardones a los que optaba: mejor película, mejor director para el griego Yorgos Lanthimos, personalísimo artífice de Canino (2009) y Langosta (2015); mejor actriz para la magnífica y muy británica Olivia Colman (receptora por este mismo papel del Oscar, el Globo de Oro y el BAFTA), que no acudió a la gala por estar ocupada jugando con sus hijos y sus perros, y mejor comedia (sí, ese absurdo galardón cuyo propósito no termina de quedar claro). A esos cuatro premios, todos muy merecidos pero quizá excesivos, hay que sumar otros cuatro de carácter técnico recogidos con anterioridad: fotografía para Robbie Ryan por "alejarse de las convenciones del drama de época lo máximo posible", montaje para Yorgos Mavropsaridis por dar a la película "un flujo fácil y natural de una manera inteligente, nueva e inventiva", vestuario para la ya mítica Sandy Powell por "ofrecer todos los guiños necesarios para una película de época que refrescantemente se siente como una ópera punk rock" y mejor maquillaje y peluquería para Nadia Stacey por un trabajo "hilarante pero también extremadamente triste". Y es que estamos ante una de las obras más geniales del año, tanto narrativa como visualmente.

17 diciembre 2018

Premios de Cine Europeo 2018: 'Cold War' y el avance de la oscuridad

Joanna Kulig en Cold War, de Pawel Pawlikowski
Cold War es un tristítimo romance impregnado
de los fantasmas del pueblo polaco
Siempre aburridos, los Premios de Cine Europeo lo fueron por partida doble en su 31ª edición: por el lánguido ritmo de una ceremonia sin un solo momento memorable (salvo, quizá, por el simpático, emotivo y absurdo discurso en spanglish de la siempre excesiva Carmen Maura, quien, al igual que el actor Ralph Fiennes y el cineasta Costa-Gavras, recibió un reconocimiento honorífico) y por el alto grado de previsibilidad de los premiados. Sin sorprender absolutamente a nadie, la polaca Cold War recogió hasta cinco entorchados: película, director, guion, montaje y por supuesto actriz para la maravillosa Joanna Kulig, protagonista de la que quizá sea la escena más sencillamente hermosa del año: una mujer, una barra de bar y una música que empieza a sonar… Pawel Pawlikowski recogió personalmente los tres primeros tal y como ya hizo en 2014 con Ida, dejando sin nada a competidores tan dignos como Alice Rohrwacher (Lazzaro feliz), Gustav Möller (The Guilty) o Samuel Maoz (Foxtrot). Vamos, que arrasó, como han hecho casi todas las triunfadoras del EFA de los últimos años, volviendo los palmareses harto homogéneos.

21 marzo 2018

'Call Me by Your Name': enamorarse (para siempre)

Llámame por tu nombre (2007) es la primera novela del americano-italo-egipcio André Aciman, quien ha publicado desde entonces Eight White Nights (2010), Harvard Square (2013) y Enigma Variations: A Novel (2017). La obra, absolutamente maravillosa, nos traslada a un apacible verano ochentero del norte de Italia, donde se fragua un romance entre un perceptivo chico de diecisiete años (Elio), y el nuevo ayudante de su padre, un veinteañero estadounidense (Oliver). Pero lo hace desde un futuro en el que Elio rememora lo vivido con una mezcla de nostalgia y pesar, lo que sume toda la narración en pura melancolía. Diez años más tarde, el palermitano Luca Guadagnino, realizador especializado en producciones italianas con repartos internacionales como Yo soy el amor (2009) y Cegados por el sol (2015), se ha decidido a llevarla a la gran pantalla. Y el resultado no podría haber sido más satisfactorio.

Timothée Chalamet y Armie Hammer en Call Me by Your Name
Timothée Chalamet y Armie Hammer
son la pareja del año
Nominada a los Oscars a mejor película, actor protagonista (Timothée Chalamet, quien ofrece sin exagerar una de las interpretaciones más sentidas, personales y atrayentes de la historia del celuloide) y canción (para Sufjan Stevens y su "Mystery of Love", que brota en el momento perfecto y de la forma perfecta, clavándose en lo más hondo del alma) y receptora con máximo merecimiento de la estatuilla a mejor guion adaptado (tornando a James Ivory en el oscarizado de mayor edad de la historia), Call Me by Your Name (2017) es una auténtica joya. Más elegante e inspirado que nunca, Guadagnino saca máximo partido de las refinadas localizaciones italianas, bien apoyado en la cálida y colmada de significado fotografía de Sayombhu Mukdeeprom y el selecto uso de música clásica, dos claves del lirismo desprendido. Y en el centro de todo tenemos una historia de amor inolvidable que convierte al mentado (y jovencísimo) Chalamet y el irresistible Armie Hammer (que saltó a la fama en 2010 con La red social de David Fincher) en la pareja del año. Claro, que lo tenían fácil: están en la película del año.

10 diciembre 2017

Premios de Cine Europeo 2017: triunfa la comedia negra

The Square, de Ruben Östlund
The Square ofrece una serie de sketches acerca de los
absurdos del mundo del arte... o el mundo a secas
Que The Square triunfaría en los 30º Premios de Cine Europeo se veía venir. A fin de cuentas, la cinta sueca contaba ya con la prestigiosa Palma de Oro de Cannes y la competencia, aunque estimable, era escasa. No se esperaba empero que tan incómodo trabajo vencería en todas las categorías a las que optaba, sumando así al ya obtenido galardón a mejor diseño de producción (entregado a Josefin Åsberg hace unas semanas junto al resto de laureles técnicos) los relativos a mejor película, director (para Ruben Östlund, quien ya optó al mismo con la superior Fuerza mayor en 2014), guion, comedia y actor (Claes Bang). Seis entorchados llevan a la película a emular el triunfo de la maravillosa El escritor (Roman Polanski, 2010), compartiendo con esta el récord de estos premios.

21 abril 2017

Crónica del 35º Festival de Cine Fantástico de Bruselas (BIFFF)

El Brussels International Fantastic Film Festival (BIFFF) fue creado en 1983 como refugio para el cine de género y se ha convertido con el paso de los años en uno de los eventos cinematográficos más disfrutables para los amantes del terror, la fantasía, la ciencia-ficción y el thriller, quienes se enfrentan a películas de todos los rincones del mundo sin prejuicios, dispuestos a pasárselo en grande sea cual sea el producto que tienen delante; eso sí, a veces a costa del mismo. Así, raro es el visionado que no va acompañado de risas constantes (sin necesidad de ser una comedia), comentarios ingeniosos (o no tanto) y gritos ya archiconocidos tales como “¡la puerta!” cada vez que una puerta queda abierta seguido de “¡gracias!” si alguien la cierra, “¡esto sí que es una buena película!” cuando algún personaje se desnuda y el estelar “¿pero por qué es tan malvado?” seguido de un “¡porque sí!” cada vez que algún personaje se pasa de la raya en lo que a maldad se refiere (sea por castigar una madre a su hijo o por asesinar su hijo a toda su clase, poca diferencia hay), así como besos al aire si dos personajes cualesquiera se acercan demasiado, tosidos cuando alguien enciende un cigarro, aullidos cada vez que la luna llena hace su aparición y aplausos tanto durante los créditos iniciales (desde el director hasta el maquillador) como cada vez que la cámara se regodea ante un paisaje. Todo ello, claro está, en francés con algunos retazos de holandés, como es habitual en la capital europea.

Mon Ange, de Harry Cleven
Mon Ange, de Harry Cleven
Esta descripción sonará a los cinéfilos españoles asiduos a certámenes patrios como el Festival de Cine de Sitges o la Muestra Syfy de Cine Fantástico de Madrid, pero ciertamente el BIFFF alcanza niveles excesivos de gamberrada, en especial durante sus sesiones nocturnas. Así, el visionado de Autopsia de Jane Doe, de Andre Øvredal, donde padre e hijo analizan un cadáver lleno de sorpresas, contó con una banda sonora extra de gritos y risas a partes iguales hasta el punto de que no siempre fuera sencillo entender los reveladores diálogos. Receptora del Gran Premio del Jurado del pasado Festival de Sitges (donde la extraordinariamente original Swiss Army Man, de Dan Kwan y Daniel Scheinert, centrada en la extraña relación homoerótica entre Paul Dano y el cadáver flatulento de un sorprendente Daniel Radcliffe, se alzó con el galardón principal), la cinta posee una primera parte excelente que juega con el terror figurado, pero, conforme pierde la sutileza, tiende hacia la convencionalidad. Tan alocado ambiente resulta idóneo para disfrutar proyectos de acción descerebrada al estilo de la india Psycho Raman, de Anurag Kashyap, o la indonesa Headshot, de Kimo Stamboel y Timo Tjahjanto, pero no tanto de cara a enfrentarse a una obra tan delicadamente sensorial como la belga Mon Ange, de Harry Cleven, un bellísimo romance entre un chico invisible y una chica ciega convertido en un verdadero canto de amor a los sentidos gracias especialmente a la onírica fotografía de Juliette Van Dormael (nominado al pasado Spotlight Award del Sindicato de Directores de Fotografía).

11 diciembre 2016

Premios del Cine Europeo 2016: 'Toni Erdmann' hace historia

Toni Erdmann narra entre sonrisas y lágrimas
la odisea de un padre por recuperar a su hija
El duelo que las quinielas auguraban entre el alemán Toni Erdmann de Maren Ade y la francesa Elle de Paul Verhoeven en la 29ª edición de los Premios del Cine Europeo terminó saldándose con el flamante triunfo del primero, convertido así en el primer film receptor de los cinco premios principales de esta entidad: mejor película, mejor dirección, mejor guion ­—ambos para Maren Ade, convertida así junto a Susanne Bier (En un mundo mejor, 2010) en una de las dos únicas directoras premiadas y en la primera cuya película se alza también con el galardón principal—, mejor actor (Peter Simonischek) y mejor actriz (Sandra Hüller). Indudablemente, la victoria más sorprendente es la de Hüller, una intérprete hasta ahora desconocida fuera de Alemania que se impuso a la arrebatadora Isabelle Huppert, quien es sin duda la mejor intérprete europea del año (es más, sobran los vocablos “la” y “europea”) tanto por la mentada Elle como por la tristemente olvidada El Porvenir, de Mia Hansen-Løve, pero se vio perjudicada al contar ya con dos entorchados en su haber (por La pianista, de Michael Haneke, y 8 mujeres —compartida con sus siete compañeras de reparto— de François Ozon, en 2001 y 2002 respectivamente). En la misma categoría perdieron Adriana Ugarte y Blanca Suárez, candidatas conjuntamente por la Julieta de un Pedro Almodóvar que, como casi todos, se fue de vacío. ¿Es este un augurio del Óscar que las tres cintas anhelan?

27 septiembre 2016

Festival de San Sebastián 2016: mejores y peores películas

La 64ª edición del certamen cinematográfico más importante de nuestro país ha vuelto a regalar a críticos, cinéfilos y cineastas españoles uno de los momentos más memorables del año. Durante nueve intensos días, cientos de producciones de distinta índole han motivado ardientes debates y despertado todos los sentimientos posibles. Superando mi propio récord, he disfrutado de cuarenta y siete producciones, las cuales os presento ordenadas de la que considero menos estimable a la que no podéis perderos de ninguna manera.

Porto, de Gabe Klinger
Lo mejor: la química entre Alton Yelchin y Lucie Lucas
47. Fin de semana (Moroco Colman, Argentina, Nuev@s Director@s). Tan insoportable como los personajes que acoge, este drama sobre relaciones humanas y juegos sexuales fue la cinta peor valorada por el Jurado de la Juventud por motivos obvios.

46. Viejo Calavera (Kiro Russo, Bolivia / Qatar, Horizontes Latinos). Un hombre perdido en la vida ha de reemplazar a su padre en la mina tras la muerte de este. Ya no le queda nada por lo que ilusionarse, nada por lo que luchar. La película plasma bien esta realidad, pero no deja por ello de ser infumable (al menos, dentro del ritmo vertiginoso de un festival).

22 septiembre 2016

20 actrices muy especiales (Aniversario del blog IV)

Ya van cuatro años de La estación del fotograma perdido y, como siempre, toca festejarlo. Celebré el primer aniversario pidiendo a 10 críticos amigos que seleccionaran sus películas preferidas; el segundo, con mis 10 directores preferidos, el tercero, con mis 100 películas preferidas y, en esta ocasión, lo hago con mis 20 actrices favoritas (¿es fácil adivinar de qué irá el siguiente, no?). Reducir tan grandes intérpretes a unas líneas es insuficiente, pero he intentado incluir en las descripciones de todas ellas los títulos más representativos, de modo que este artículo os sirva de guía para explorar sus interesantes carreras (sean estas más o menos amplias). Sobra decir que estas veinte estrellas no están seleccionadas (u ordenadas) en función de parámetros objetivos, sino que se trata de una elección tan subjetiva como personal para la que sólo el corazón ha sido escuchado. ¡Espero que la disfrutéis!

Maggie Cheung: Su Li-zhen (Deseando amar, 2000)
Mi papel favorito de Maggie Cheung:
Su Li-zhen (Deseando amar, 2000)
20. Maggie Cheung (20 septiembre 1964 / Hong Kong, China). ¿Qué sería de la magistral Deseando amar (Wong Kar-Wai, 2000) sin los movimientos sinuosos de Maggie Cheung? Pues, bien, con anterioridad la intérprete ya había trabajado en decenas de producciones, pero ella admitió que las únicas que significaron algo para ella fueron Song of Exile (Ann Hui, 1990), Center Stage (Stanley Kwan, 1992) y Comrades: Almost a Love Story (Peter Chan, 1996). Tras la que siempre será su película clave, Cheung voló bellamente por los aires en el Hero (2002) de Zhang Yimou y se convirtió en la primera actriz asiática galardonada en Cannes gracias a Clean (2004), donde fue dirigida por su propio marido, Olivier Assayas (a quien conoció rodando la peculiar Irma Vep, 1996).

21 agosto 2016

10 curiosidades sobre ‘The Duke of Burgundy’, la mejor película del año

La británico-húngara The Duke of Burgundy (2014) es una de las películas más fascinantes que han pisado la cartelera durante los últimos años. Mucho se ha hablado sobre ella… Y sin embargo es casi mejor no decir nada, ya que la cinta se disfruta más si se ve partiendo de cero y se digiere con la mente abierta. Por ello, en lugar de hacer una crítica convencional, voy a centrarme en diez curiosidades (o datos, o detalles, llámeselos como se quiera) de tan interesante obra.

The Duke of Burgundy (2014)
Las mariposas son clave de The Duke of Burgundy
-La cinta debe su nombre a un tipo de mariposa conocido en ámbitos científicos como  hamearis lucina. De pequeño tamaño y tonos marrones y amarillos, esta especie tan sólo se encuentra en Inglaterra. Puesto que las protagonistas estudian lepidopterología, las mariposas juegan un papel importancia en el film, pero nadie recuerda a qué se debe el título exactamente.

-The Duke of Burgundy es el tercer largometraje de ficción —tras Katalien Varga (2009) y Berberian Sound Studio (2012)— del siempre arriesgado realizador británico Peter Strickland, quien ha vivido en el este de Europa durante la última década, lo que explica que fuera filmada en los alrededores de Budapest.

04 agosto 2016

'Theo y Hugo, París 5:59': ¿y después del cuarto oscuro... qué?

Desde que empezó a hacer acto de presencia en el cine, la homosexualidad ha estado ligada a la segunda parte del vocablo, hasta el punto de que prácticamente no se concibe una película protagonizada por homosexuales sin algún instante subido de tono. Según la obra, esta decisión puede verse, bien como un resquicio más de homofobia, bien como todo un acto de reivindicación, pero muchas de estas escenas están sencillamente fuera de lugar, aportando poco o nada al desarrollo de la acción y los personajes más allá de recordarnos que estos, efectivamente, tienen —como la mayoría de la población mayor de edad— relaciones sexuales. No es este el caso de las grandes obras de temática LGTB que nos ha regalado el cine francés últimamente, comenzando por La vida de Adele, de Abdellatif Kechiche, y El desconocido del lago, de Alain Guiraudie, aclamadas a su paso por el Festival de Cannes del 2013, y, ahora, la extraordinaria Theo y Hugo, París 5:59, una película más humilde pero igual de hermosa que ha pasado tristemente desapercibida pese a contener (al igual que sus dos predecesoras) una de las historias de amor homosexual —o de amor, a secas— más maravillosas que recuerda el séptimo arte.

Theo y Hugo, París 5:59 (Théo et Hugo dans le même bateau, 2015)
Geoffrey Couët y François Nambot se estrenan
en la gran pantalla con Theo y Hugo, París 5:59
Theo y Hugo, París 5:59 (Théo et Hugo dans le même bateau, 2015) es innegablemente la mejor película de Olivier Ducastel y Jacques Martineau, pareja de realizadores galos a la que debemos Jeanne y el chico formidable (1998, nominada al César a mejor dirección novel), Drôle de Félix (2000), Mi verdadera vida en Rouen (2002), Crustacés et coquillages (2005), Nés en 68 (2008) y Family Tree (2010), todas ellas con la homosexualidad como tema, sea principal o secundario. La cinta comienza en un club de sexo dominado por el deseo carnal masculino, curioso contexto en el que se conocen, entregan y enamoran Theo y Hugo (Geoffrey CouëtFrançois Nambot, ambos debutantes, ambos maravillosos). Y es que, evitando los prejuicios que suelen acompañar a esta clase de ambientes, la cinta introduce a dos jóvenes inseguros, apacibles, soñadores… y dispuestos a encontrar a su media naranja. Mas al igual que no renuncian ambos por ello al placer sexual más extremo, la envolvente cámara de Manuel Marmier no tiene reparos en retratar su encuentro en todo su ardor, presentando un tratamiento que sería tachado de mera pornografía de no estar por completo justificado de cara a lo que está por venir. Y es que, dejados atrás el anonimato y la lujuria del local, los dos jóvenes se desvelan como almas sensibles ávidas por conocerse mutuamente y comprobar si su conexión sexual puede ser el primer paso de algo mucho más grande y hermoso.

05 junio 2016

5 películas clave narradas en un único plano secuencia

El plano secuencia, consistente en rodar una escena o conjunto de escenas sin corte de montaje alguno, es uno de los elementos de puesta en escena más representativos, impactantes y arriesgados, pudiendo ser su uso tanto una complicadísima maniobra como sencillamente la forma más rápida de ahorrar dinero en producción. Dada la fascinación que despierta, varios son los cineastas que han optado por narrar (que no necesariamente filmar) sus historias enteramente en plano secuencia, o sea, sin un solo corto desde el primer fotograma hasta el último. Hoy voy a hablaros de las cinco cintas que encuentro más representativas a este respecto, aun cuando no todas sean completamente honestas en lo que al método se refiere...

La soga (Alfred Hitchcock, 1948)
La soga (1948): 80' de plano secuencia falseado
La soga (Alfred Hitchcock, 1948). A nadie debería sorprender que el maestro del suspense fuera pionero en lo que a planos secuencia se refiere a la hora de contar la cínica historia de dos universitarios (John Dall y Farley Granger en personajes claramente homosexuales) que estrangulan a un compañero, esconden el cadáver en un arcón e invitan a su profesor (James Stewart) a cenar justo encima de él. La imposibilidad tecnológica de la época de filmar más de diez minutos seguidos no impidió al cineasta británico confeccionar un intrigante film en una supuesta sola toma. Cierto es que cada diez minutos la cámara se acerca a un fondo oscuro para permitir el corte (y que dos de estos se notan intencionadamente), pero el resultado es continuo en apariencia, lo que supone todo un record para la época. Curiosamente, también se trata de la primera obra en color de Hitchcock, quien partió de la obra de teatro homónima de Patrick Hamilton (escrita en 1929 a partir del asesinato real de Bobby Franks a manos de Nathan Freudenthal Leopold, Jr. y Richard A. Loeb en 1924). El milimetrado rodaje fue posible gracias a que los muros del escenario se movían sobre ruedas y podían desplazarse silenciosamente, encargándose un grupo de operadores de mover los muebles fuera de la trayectoria de la cámara, la cual, al igual que los micrófonos, se mantenía en constante movimiento. Como complemento, el fondo neoyorkino mostrado a través de las ventanas era el diorama más grande jamás utilizado en un escenario sonoro, siendo su propia contemplación, que incluye una señal roja de neón con el perfil de Hitchcock promocionando un producto ficticio para la pérdida de peso —usado previamente durante el cameo en Náufragos (1944)— y nubes hechas de fibra de vidrio que cambian de posición hasta ocho veces, todo un espectáculo en sí mismo.

17 mayo 2016

'Noche real': cóctel británico de comedia social y drama de época

Si hay dos géneros que bordan especialmente los británicos desde los años noventa esos son la comedia social y el drama de época. En ambos casos, se procede a comentar la actualidad desde el entretenimiento, bien relacionando a la recién fallecida Lady Di con la protagonista de Elizabeth (Shekhar Kapur, 1998), bien exponiendo el peligro de los prejuicios a través del grupo de parados de Full Monty (Peter Cattaneo, 1997), por citar sólo dos ejemplos. En el primer caso, se deslumbra al espectador gracias al diseño de producción y el vestuario; en el segundo, a través del humor y la música. Mientras, el subtexto es bastante más complejo de lo que se entrevé a simple vista. Noche real (A Royal Night Out, 2015), la nueva producción de Julian Jarrold —director de Pisando fuerte (2005) y La joven Jane Austen (2007) pero más conocido por sus meticulosas creaciones de época para la BBC— supone una curiosa mezcla de las dos corrientes comentadas, con lo que verdaderamente no podría tratarse de una obra más encantadoramente británica.

Sarah Gadon en Noche real (A Royal Night Out, 2015)
El contraste entre la sofisticada princesa Elizabeth
y el alocado mundo real es la clave de Noche real
Nos encontramos ante una recreación ficcionada de los hechos que acontecieron el 8 de mayo de 1945 (Día de la Victoria) en el seno de la Casa Real británica: la salida más que controlada de las princesas a celebrar la victoria en un grupo de dieciséis personas que incluía a la niñera, varios amigos y militares protectores sirve a Kevin Hood (que ya colaboró con Jarrold en La joven Jane Austen) y el debutante Trevor De Silva para imaginar divertidas aventuras nocturnas vividas por la sensata heredera Elizabeth (refinada Sarah Gadon, receptora del Genie canadiense por la inquietante Enemy, de Denis Villeneuve, 2013) y su alocada hermana Margaret (hilarante Bell Powley, ganadora del Gotham por la fresca The Diary of a Teenage Girl, de Marielle Heller, 2015), hasta entonces refugiadas —o encerradas, según se mire— en una cristalina burbuja. Que las edades de actrices y personajes reales (28 y 23 frente a 19 y 14, respectivamente) no concuerden lo más mínimo es lo de menos, ya que la fidelidad a la aburrida historia original es, para bien y para mal, escasa. No obstante, como suele suceder en las producciones británicas de este tipo, el respeto a la Casa Real es mayúsculo, fomentándose el humor más sutil y elegante sin caer jamás en la vulgar caricatura.

14 abril 2016

'The Lady in the Van': el eterno carisma de Maggie Smith

Hay actrices que se bastan por sí solas para engrandecer un proyecto. A sus 81 años, la británica Maggie Smith, oscarizada por Los mejores años de Miss Brodie (Ronald Neame, 1969) y California Suite (Herbert Ross, 1978), eternamente unida al drama de época a raíz de películas como Una habitación con vistas (James Ivory, 1985) y series como Downton Abbey (2010-2015) e inmortalizada por las nuevas generaciones como la sabia profesora McGonagall de la saga Harry Potter (2001-2011), es indudablemente una de ellas. Por consiguiente, oír hablar de una película hilarantemente denominada The Lady in the Van (2015) y saber que ella la protagoniza es todo un aliciente para visitar las salas. Por suerte, la cinta no decepciona.

Maggie Smith en The Lady in the Van (2015)
La gran Maggie Smith tiene en su haber el Óscar
cinematográfico, el Emmy televisivo y el Tony teatral
The Lady in the Van es la nueva comedia dramática del infravalorado realizador británico Nicholas Hytner, a quien debemos cintas tan variadas e interesantes como el apabullante drama histórico La locura del rey Jorge (1994), candidata a catorce BAFTA (incluyendo mejor dirección); el sugerente drama de brujería El crisol (1998), interesante metáfora de la “caza de brujas” de McCarthy, y la simpática comedia romántica Mucho más que amigos (1998), en la que Jennifer Aniston se enamora de su mejor amigo gay (adorable Paul Rudd al que conoció en la serie Friends). Su última película cuenta la historia real de Mary Shepherd, una anciana que vivió durante quince años en una caravana en la entrada del garaje del escritor Alan Bennett (candidato al Óscar por la mencionada La locura del rey Jorge), quien firma el guion a partir de la producción teatral de 1999. En dicha obra, que sería adaptada en 2009 por la BBC Radio 4, ya participaron los tres responsables de The Lady in the Van: Hytner, Bennett y Smith.

03 abril 2016

'Madame Marguerite': la amarga hilaridad de una mentira piadosa

Los cuatro premios César alcanzados por Madame Marguerite (Marguerite, 2015) son perfecta muestra de sus características virtudes. Glamurosamente ambientada en el París de los años 20, la cinta recogió merecidamente los galardones concernientes a mejor diseño de producción (Martin Kurel) y mejor vestuario (Pierre-Jean Larroque), a los que se sumó como no podía ser de otra manera el entorchado a mejor actriz para la genial Catherine Frot (quien ganó el primero en 1996 con la tierna comedia negra Como en las mejores familias, de Cédric Klapisch, y suma un total de… ¡diez nominaciones!), además de, irónicamente, el de mejor sonido para François Musi y Hafner Gabriel precisamente por captar los espantosamente divertidos sonidos que salían de la boca de Marguerite Dumont, una mujer adinerada empeñada en ser cantante de ópera pese a ser incapaz de entonar correctamente dos notas seguidas.

Madame Marguerite (Marguerite, 2015)
Madame Marguerite fue candidata a 11 premios César,
incluyendo película, dirección, guion original y montaje
Tras recorrer prestigiosos festivales con el melodrama romántico Chanson d'amourel (2006, Sección Oficial de Cannes), el interesante drama Crónica de una mentira (2009, Sección Oficial de Cannes) y la irregular comedia Superstar (2012, Sección Oficial de Venecia), el director y guionista galo Xavier Giannoli triunfó en Venecia con una de sus mejores creaciones hasta la fecha: una sorprendente comedia dramática de época capaz de ganarse la identificación del espectador desde el principio gracias a una peculiar protagonista excelentemente encarnada por una de las mejores actrices francesas del momento. Y es que cada uno de los respetuosos primeros planos del film es un poema en sí mismo gracias a la extraordinariamente sutil interpretación de Frot, quien logra hacernos partícipes de todo cuanto probablemente pasaba por la mente del personaje real que inspira el film. Esta no es otra que la excéntrica soprano estadounidense Florence Foster Jenkins (1868-1944), a la que curiosamente dará vida nuevamente la gran Meryl Streep en la superproducción británica Florence Foster Jenkins (Stephe Frears, 2016). Vamos, que nos encontramos ante otro de esos curiosos casos de películas similares estrenadas al unísono sin explicación aparente alguna.

12 marzo 2016

'Mustang': 5 hermanas, un destino

Pocas óperas primas brillan tanto como Mustang (2015), una pequeña joyita justísimamente nominada a todos los galardones concernientes a mejor película de habla no inglesa de la temporada. En ella, Deniz Gamze Ergüven (Premio Discovery en los European Film Awards) nos traslada a un pueblecito al norte de Turquía donde cinco hermanas huérfanas pasan el verano contradictoramente situadas entre apetitosos juegos inocentes y ofuscadas obligaciones ancestrales. Criada en Francia (donde estudió cine en La Fémis) pero nacida en Ankara, la escritora y directora de treinta y siete años conoce bien la triste realidad de la que habla, ofreciéndonos una obra tan emotiva y entretenida como fiel a sus potentes hechos.

La puesta en escena de Mustang amplifica la bella
relación entre las cinco hermanas protagonistas
Gran parte del éxito internacional de Mustang corresponde a la fresca labor interpretativa de Güneş Şensoy, Doğa Doğuşlu, Elit İşcan, Tuğba Sunguroğlu y İlayda Akdoğan, absolutamente perfectas como el innegable corazón del film. Carismáticas, hermosas y llenas de vida, ellas dotan a las cinco hermanas de un encanto capaz de conquistar la empatía del espectador prácticamente desde el primer fotograma. Voyerista pero siempre cortés, la cámara de David Chizallet las retrata con cariño y honestidad, dotando de un fuerte lirismo al rítmico guion de la parisina Alice Winocour (quien debutó como realizadora en 2012 con Augustine) y la propia Ergüven. Cierto es que todos ellos parecen tener en mente esa prometedora ópera prima de Sofía Coppola denominada Las vírgenes suicidas (1999) —influida a su vez por el sugerente Picnic en Hanging Rock (1975) de Peter Weir—, pero Mustang supera con creces ambos trabajos al aportar un contexto mucho más real, impactante y doloroso que la acerca más a la comprometida Offside (2005) de Jafar Panahi (sí, la última película que el aclamado realizador iraní pudo dirigir libremente antes de que se le prohibiera hacer cine o abandonar el país).

22 enero 2016

'La juventud': la melancólica constancia del paso del tiempo

La combinación de deleite y desesperación que supone estar vivo es difícil de captar con la cámara, pero Paolo Sorrentino, ganador del Óscar por La gran belleza (2013), lo ha conseguido con La juventud (Youth/La giovinezza, 2015), su segunda película en inglés tras Un lugar donde quedarse (2011) y su sexta participación en la Sección Oficial del prestigioso festival de Cannes. Y es que la nueva creación del aclamado realizador napolitano rezuma vitalidad por los cuatro costados, granjeando una experiencia evocadora de un modo más sencillo y asequible que sus anteriores obras mas no por ello menos elaborado o trascendente.

Michael Caine y Harvey Keitel en La juventud (Paolo Sorrentino, 2015)
La curiosa relación entre los personajes de Michael
Caine y Harvey Keitel es la clave de La juventud
En La juventud, un gran director de orquesta (Michael Caine) pasa unas vacaciones en un hotel de los Alpes por el que también pasan una mujer deprimida tras una ruptura (Rachel Weisz) —su hija, a la que debe más de una explicación—, un director de cine al que cuesta acabar su última película (Harvey Keitel) —su mejor amigo, al que une una relación peculiar—, una estrella aparentemente enfadada con un mundo al que siempre pide más (Paul Dano), una hermosa modelo en la flor de la vida (Madalina Ghenea) y una actriz madura aferrada a los últimos instantes de grandeza que puede granjearle la existencia (Jane Fonda). Todos ellos, maravillosamente encarnados por un reparto internacional de auténtico lujo, son humanos exitosos en horas bajas a los que la constancia del paso del tiempo y la fugacidad de la vida ha sumido en una perenne melancolía. De este modo, no es tanto la devastadora melancolía, como la propia consciencia de ella, lo que marca el desarrollo del film (y el impacto del mismo). [Más al respecto en 'Arrugas, la vejez y la flor del cerezo']
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