06 julio 2026

'Los músicos': tocar (y vivir) juntos

Hay películas que hablan de música y otras que consiguen hacerte sentir cómo funciona realmente. Los músicos pertenece a este segundo grupo. Grégory Magne construye un relato aparentemente sencillo (la reunión de un cuarteto de cuerda para interpretar una obra inédita con cuatro Stradivarius excepcionales), pero encuentra en ese punto de partida un espacio perfecto para hablar del ego, la escucha, la vulnerabilidad y la dificultad de crear algo en común.

Uno de los grandes aciertos de la película es que evita convertir la música clásica en un objeto solemne o inaccesible. Los ensayos, las discusiones y los silencios tienen tanta importancia como la interpretación final, porque Magne entiende que un cuarteto no se forma únicamente con cuatro grandes instrumentistas, sino con cuatro personas capaces de encontrar un lenguaje compartido. Esa idea atraviesa toda la película con una naturalidad admirable.

La autenticidad de ese proceso se percibe también en el reparto. Mathieu Spinosi, Emma Ravier, Marie Vialle y Daniel Garlitskys los cuatro intérpretes que dan vida a los músicos, son músicos reales. No solo por la credibilidad con la que sostienen cada ensayo o cada concierto, sino por la manera en que sus cuerpos, sus gestos y su relación con los instrumentos transmiten años de aprendizaje imposibles de fingir. Algunos de ellos nunca habían actuado. En cambio, Frédéric Pierrot Valérie Donzelli tienen largas carreras a sus espaldas y están, una vez más, fantásticos.

También merece una mención especial la partitura original de Grégoire Hetzel, que no acompaña la historia desde un segundo plano, sino que se convierte en uno de sus auténticos protagonistas. La película entiende que la música no ilustra las emociones: las provoca, las contradice y, en ocasiones, las resuelve mejor que cualquier diálogo.

Los músicos demuestra que no hacen falta grandes giros de guion para mantener el interés cuando los personajes están escritos con sensibilidad y el tema está tratado con conocimiento. Es una comedia elegante y cálida que celebra el valor de la escucha (musical y personal) sin caer en el sentimentalismo y ofrece una reflexión muy precisa sobre lo complicado y hermoso que resulta aprender a tocar, y a vivir, con los demás.

24 junio 2026

'15 pruebas de amor': luminoso viaje hacia la maternidad


15 pruebas de amor aborda una realidad poco habitual en el cine: la experiencia de la madre no gestante dentro de una pareja de mujeres que espera un hijo. Alice Douard convierte esa situación en el centro de una historia que habla de identidad, vínculos familiares y reconocimiento, evitando el tono reivindicativo más obvio para centrarse en las dudas y emociones de sus personajes.

La película sigue a Céline mientras se prepara para la llegada de su primera hija. Aunque forma parte del proyecto familiar desde el principio, el embarazo de su pareja, Nadia, despierta en ella una serie de inseguridades sobre su lugar como madre. El guion encuentra interés precisamente en esos conflictos cotidianos, tratados con una mezcla equilibrada de humor y sensibilidad.

Gran parte de la fuerza de la película reside en las interpretaciones. Ella Rumpf (Crudo) compone un personaje lleno de matices, capaz de transmitir vulnerabilidad sin excesos dramáticos. Monia Chokri (Los amores imaginarios) aporta naturalidad y complicidad a la relación de pareja, mientras que la veterana Noémie Lvovsky destaca en un papel secundario que añade profundidad emocional al conjunto.

El proyecto tiene además un componente autobiográfico. La directora se inspiró en su propia experiencia como futura madre no gestante. Esa cercanía con el material se percibe en la precisión con la que retrata situaciones y sentimientos muy concretos. Es su primer largometraje de ficción tras varios cortos premiados. Apoyada en la fotografía de Jacques Girault (Sauvage), opta por una puesta en escena sobria que confía en los personajes, sin necesidad de artificios.

Más que una película sobre el conflicto, 15 pruebas de amor funciona como una observación detallada, y a menudo hilarante, de cómo se construye una familia.



07 junio 2026

'Rebuilding': empezar de cero

Rebuilding es una de esas joyitas que no necesitan grandes giros ni discursos grandilocuentes para dejar huella. Dirigida y escrita por Max Walker-Silverman, la cinta toma una historia aparentemente sencilla (la de un ranchero que pierde todo tras un devastador incendio forestal) y la convierte en una reflexión delicada sobre la pérdida, la familia y la capacidad humana para empezar de cero.


Lo más hermoso de Rebuilding es su honestidad emocional. El personaje de Dusty, interpretado por Josh O'Connor, no es un héroe tradicional del wéstern, sino un hombre herido, silencioso y vulnerable que descubre que reconstruir una vida implica mucho más que levantar paredes: significa volver a conectar con quienes ama. La estrella de Tierra de Dios y Rivales ofrece una interpretación contenida y profundamente humana: es, sin duda alguna, el corazón de la película.

El reparto que lo acompaña está igualmente inspirado. Meghann Fahy aporta sensibilidad y matices como Ruby, la exesposa de Dusty; la pequeña Lily LaTorre destaca con una naturalidad sorprendente como su hija Callie-Rose; mientras que Kali Reis (nominada al Spirit por este papel) y Amy Madigan (ganadora del Oscar por Weapons) enriquecen la historia con personajes que encarnan la solidaridad y el sentido de comunidad.

A nivel técnico, este bello drama también merece reconocimiento. La fotografía de Alfonso Herrera Salcedo captura los paisajes del Valle de San Luis (Colorado) con una belleza melancólica, sin artificios. La música de Jake Xerxes Fussell y James Elkington acompaña el relato con discreción y sensibilidad, mientras que el montaje de Jane Rizzo y Ramsi Bashour mantiene un ritmo pausado que invita a la contemplación.

Lejos de regodearse en el desastre natural, Rebuilding es una película sobre la esperanza. Sobre cómo las personas pueden encontrar refugio las unas en las otras cuando todo parece perdido. Su mirada cálida, su sensibilidad y su rechazo a los tópicos convierten esta pequeña producción independiente en una de las obras más conmovedoras y humanas del año. 

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