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13 febrero 2022

Premios Goya 2022: la ¿gran, en serio? noche del cine español

Siempre defiendo a la Academia de Cine y sus Premios Goya; al menos lo intento (véase mi comentario de las nominaciones). Pero la gala de su 36ª edición no ha tenido ritmo, ni un solo gag memorable (¿acaso hemos desterrado el humor para siempre?, ¿y entonces por qué gana lo que gana?), ni apenas chicha en los eternos discursos. Para colmo, el palmarés resultante es perezoso, antepone la cantidad a la calidad y en absoluto refleja la variedad de nuestro cine.

Javier Bardem y Blanca Portillo, mejor actor y mejor actriz

Tal y como cabía esperar, la muy divertida pero problemática (sí, cae en los mismos problemas que denuncia) El buen patrón, que partía de ¡veinte nominaciones!, fue la gran vencedora de la noche, con seis entorchados: película, dirección, guion original (los tres para Fernando León de Aranoa, que suma la friolera de nueve cabezones mientras muchos maestros siguen a cero), actor (el sexto Goya interpretativo para el gran Javier Bardem, quien bate así su propio récord), montaje (quizá el más merecido, para Vanessa L. Marimbert) y música (Zeltia Montes, quien, a pesar de estar más nerviosa de lo que nadie ha estado nunca en la historia de la humanidad, ofreció uno de los pocos discursos bien hilados de la velada, empezando por el clásico agradecimiento a los padres que le permitieron estar donde está, el cual por una vez sonaba sincero; siguiendo por la denuncia de la situación de los compositores españoles, a los que se exigen partituras al nivel de Hollywood con medios infinitamente inferiores, y concluyendo con una dedicatoria a las compositoras, tradicionalmente muy maltratadas).

Zeltia Montes, mejor música original

La emotiva y sanadora pero formalmente plana Maixabel de Icíar Bollaín, que básicamente estaba nominada a todo lo factible y un poco más (dicen por ahí que los espectacularmente punteros efectos especiales de El buen patrón se le adelantaron a última hora), tuvo entretanto que conformarse con ver reconocidos a sus maravillosos intérpretes: Blanca Portillo (nominada por cuarta vez y sorprendentemente nunca antes premiada), Urko Olazabal (que dedicó el entorchado secundario con suma humildad a sus alumnos, alumnas y alumnes de interpretación y debería tener mucho más trabajo en pantalla grande a partir de ahora) y María Cerezuela (que solo por su desgarrador grito en la playa ya sería la mejor de la categoría revelación, en la que, eso sí, faltaba incomprensiblemente Tamara Casellas por Ama).

Urko Olazabal, mejor actor de reparto

A pesar de que las nominaciones le dieron un buen palo al negarle categorías aparentemente obvias como montaje y sonido, el bienintencionado Mediterráneo de Marcel Barrena consiguió tantas victorias como Maixabel: dirección de producción (el trabajo de Albert Espel y Kostas Seakianakis es impresionante, sí, lástima que el guion no acompañe), canción ("Te espera el mar", de María José Llergo, es bellísima tanto por melodía como por mensaje) y fotografía (bien por Kiko de la Rica, cuya labor tiene mucho mérito, pero vaya robo a Gris Jordana por Libertad, que podría haber sido la segunda mujer en ganar en la muy heterogénea y sin embargo muy masculina categoría). Rompiendo quinielas, perdió los efectos especiales frente a Pau Costa y Laura Pedro por el nada sorprendente thriller de atracos Way Down, con el que Jaume Balagueró pretendía beber del éxito de La casa de papel.

María José Llergo, mejor canción original

Sin estar presente en ninguna categoría principal, Las leyes de la frontera superó a Maixabel y Mediterráneo en triunfos, convirtiendo cinco de sus seis nominaciones en oro gracias a la falta de alternativas y la suma holgazanería de los votantes. Ametrallar la novela de Javier Cercas valió el Goya a mejor guion adaptado a Jorge Guerricaechevarría y Daniel Monzón (también director pero afortunadamente no nominado como tal esta vez). Asimismo, Balter Gallart, Vinyet Escobar y el equipo formado por Sarai Rodríguez, Benjamín Pérez y Nacho Díaz vencieron respectivamente en las categorías de dirección artística, diseño de vestuario y maquillaje y peluquería por un bonito trabajo a lo cartón piedra que hunde por completo la credibilidad del filme (bueno, lo que quedaba de ella). Finalmente, el correcto Chechu Salgado se alzó como mejor actor revelación gracias a la escasa competencia (y a que el contrincante más destacable, Jorge Motos, que por cierto demostró en la alfombra roja que los hombres pueden arriesgar estéticamente sin hacer el ridículo, estaba en una pequeña cinta que nadie se había molestado en ver: Lucas).

Nora Navas, mejor actriz de reparto

Mientras películas rematadamente mediocres coleccionaban premios, las dos mejores de la noche (recordemos que el Espíritu sagrado de Chema García Ibarra, el Destello bravío de Ainhoa Rodríguez y los Sedimentos de Adrián Silvestre no optaban a nada) celebraban migajas. Así, el magnífico documental Quién lo impide, oda a la adolescencia (sí, por una vez con adolescentes de verdad), por fin valió el Goya a Jonás Trueba, con quien la Academia nunca ha conectado demasiado, y la muy sutil Libertad dio el quinto triunfo femenino consecutivo de la categoría de dirección novel a la brillante Clara Roquet (que reconoció en su acertado discurso haber tenido la posibilidad de hacer su película y ganar un Goya a cambio cuando mucha gente no puede sencillamente por motivos económicos) y a la siempre carismática Nora Navas (responsable, por cierto, de entregar el Goya de Honor a José Sacristán, que lo recogió con la elegancia suprema que faltó a tantos otros) su segundo cabezón, tiempo después del primero (por Pa negre, claro). Este último, aunque muy merecido, quizá sea el más controvertido de la noche al dejar así sin nada a las Madres paralelas de Almodóvar, que parecían tener en la nunca antes siquiera nominada Aitana Sánchez-Gijón (el único elemento del filme que ha gustado a todo el mundo) su mayor baza para evitar irse de vacío.

José Sacristán, Goya de Honor

Pedro Almodóvar tampoco ganó nada con Los amantes pasajeros, La mala educación, La flor de mi secreto, Tacones lejanos, ¡Átame!, La ley del deseo y Matador, pero recordemos que su filmografía suma 33 Goyas, a repartir entre Dolor y gloria (7), Julieta (1), La piel que habito (4), Los abrazos rotos (1), Volver (5), Hable con ella (1), Todo sobre mi madre (7), Carne trémula (1), Kika (1) y Mujeres al borde de un ataque de nervios (5). Vamos, que eso de que en España no lo valoramos es injusto y sencillamente mentira. Tampoco es cierto que Madres paralelas haya tenido poco éxito por culpa de abordar la memoria histórica o el lesbianismo, como se ha insinuado: el problema es la torpeza con que lo hace. Y es que el maestro lleva tiempo necesitando que alguien ose darle consejos. Que la inteligentísima Cate Blanchett protagonice y produzca su Manual para mujeres de la limpieza es por tanto la mejor noticia imaginable.

Cate Blanchett, Penélope Cruz y Pedro Almodóvar

La siempre enigmática actriz australiana, que hasta ahora no estaba en absoluto conectada con nuestro cine, al menos a nivel profesional (en lo personal aseguró ser gran fan, pero qué iba a decir), recogió anoche el primer Goya Internacional de la historia, un premio creado únicamente para atraer estrellas al evento pero organizado desde la desgana: aparte de que, con Almodóvar en el escenario, todo parecía más bien la promoción de su próximo largo, no hubo siquiera un vídeo de introducción en homenaje, solo una imagen digna de un anuncio de colonia. Y encima el manchego tuvo que pedir nada sutilmente al público que se levantara en muestra de respeto (sobra decir que ya era tarde). Imaginar a la estrella soportando ojiplática el esperpéntico número musical con el que Jedet, Bebe y Cristina Castaño abrieron la gala es divertido, eso sí.

Número musical inicial

Volviendo al soso palmarés, la nota discordante la puso el Tres de Juanjo Giménez, por el que Daniel Fontrodona, Oriol Tarragó, Marc Bech y Marc Orts se alzaron merecidamente con el Goya a mejor sonido. Asimismo, Chile venció por quinta vez en la categoría iberoamericana con La cordillera de los sueños del gran Patricio Guzmán, primer documental que lo logra, y la sobrevalorada (qué término tan feo y pedante, pero es que esta vez es necesario) Otra ronda recogió de la nada inspirada categoría europea su enésimo reconocimiento (en serio, ¿para qué lo quiere Thomas Vinterberg si ya tiene el EFA, el BAFTA y el Oscar?). Valentina dio a Chelo Rodríguez un Goya bastante fácil pero al menos no regalado como el año pasado, así como la posibilidad de soltar un discurso sobre las personas con síndrome de Down que se antojó tan importante como eterno (si no duró tanto como todos los demás juntos, lo pareció).

Verónica Echegui y el equipo de Tótem Loba

Finalmente, los cortos reconocidos fueron los interesantes The Monkey, de Xosé Manuel Zapata Pérez y Lorenzo Degl' Innocenti; Mama, de Pablo de la Chica, y Tótem Loba, de Verónica Echegui, actriz que de algún modo se desquitaba así del Goya que le arrebataron por enésima vez el año pasado por Explota explota. ¿Deben las estrellas triunfar también en las pocas categorías que se antojan al alcance de los simples mortales? Probablemente no, pero bravo por Echegui al dirigirse directamente a Pedro Sánchez y pedirle que se reúna con ella para hablar de la violencia machista. El presidente, por cierto, había reconocido un rato antes en la alfombra roja no haber visto más que Maixabel y Mediterráneo, dejando claro de paso que ni siquiera se sabía los títulos del resto. Tanto chuletón es lo que tiene.

Clara Roquet, mejor dirección novel

Y eso es todo. Lamento el exceso de pullas, pero es que realmente las cosas pueden hacerse bien (véase el año pasado) y en esta ocasión no ha sido el caso. Nuestro cine, rico y variado, merece algo mejor. Lo más bonito de la noche, aparte del doble triunfo de esperanzadora Libertad y la infravalorada profesionalidad periodística de Carlos del Amor, es la luz que irradiaba Penélope Cruz. Nuestra estrella más querida internacionalmente (sí, más incluso que su marido, que por cierto debe ensayar su defensa del icónico personaje cubano que encarna en Ser los Ricardo si no quiere que lo cancelen). Talentosísima y sin embargo tal humilde como cuando empezó, ella representa lo mejor de nuestra industria cinematográfica y es un motivo imperecedero de orgullo patrio. Todo lo contrario que estos Goya.

26 abril 2021

Premios Oscar 2021: el triunfo de 'Nomadland' (y del cine plural)

Prometieron que la gala de la 93ª edición de los Premios Oscar sería "muy cinematográfica" y no puede decirse que haya sido así más allá del fabuloso plano secuencia inicial dirigido por Steven Soderbergh y protagonizado por Regina King y los constantes giros de guion, todos plenamente absurdos. ¿La explicación? Que no han ganado quienes los organizadores esperaban. De lo contrario no se explica que el último premio de la noche fuera a manos de un actor que no solo no se contaba entre los asistentes sino que ni siquiera se había conectado digitalmente. Hablamos por supuesto del gran Anthony Hopkins, quien, a los 83 años, es ya el intérprete oscarizado de mayor edad. Su trabajo en El padre, brillante adaptación teatral por la que el francés Florian Zeller (director) y el británico-portugués Christopher Hampton compartieron el galardón a mejor guion adaptado, es colosal, pero no deja de ser triste que se impusiera a Chadwick Boseman (La madre del blues), quien, habiendo fallecido recientemente a causa del cáncer, no tendrá otra oportunidad de alzarse con un premio que el veterano, de hecho, ya tenía (por la mítica El silencio de los corderos en 1991).

26 marzo 2021

'Nomadland': reconectar con uno mismo, (vi)viendo la película del año

La mejor película del año rara vez coincide con la más galardonada, pero este año es la excepción que confirma la regla: Nomadland, ganadora del León de Oro de Venecia, el Premio del Público de Toronto, el Gotham, el Globo de Oro, el Satellite, el Critics Choice y, probablemente, el BAFTA, el Spirit y por supuesto el Oscar [ver análisis nominaciones], es una obra descomunal, la más premiada de la historia. Irónicamente, sobre el papel, es una cinta muy pequeñita... y pocos la entenderán del todo.

Frances McDormand en Nomadland

08 diciembre 2019

Premios de Cine Europeo 2019: consolidación de la mirada LGTB

La 32ª edición de los Premios de Cine Europeo seré recordada eminentemente por dos asuntos: el récord de galardones de La favorita (ocho) y el triunfo de la cinematografía LGTB, donde se enmarcan tanto esa cinta, que para muchos parecía ya agua pasada al ser realmente un título de 2018, como las que, por así decirlo, se han hecho con las medallas de plata y bronce: Dolor y gloria y Retrato de una mujer en llamas, dos de las joyas europeas del año. Los tres títulos abordan la comunidad no heteronormativa con originalidad, valentía y, ante todo, plena naturalidad.

La favorita, de Yorgos Lanthimos
La favorita estuvo nominada a 10 premios Oscar,
pero finalmente sólo Olivia Colman ganó el suyo
La favorita, que, valga la redundancia, fue una de las cintas favoritas de la carrera hacia el Oscar del año pasado, se hizo con todos los galardones a los que optaba: mejor película, mejor director para el griego Yorgos Lanthimos, personalísimo artífice de Canino (2009) y Langosta (2015); mejor actriz para la magnífica y muy británica Olivia Colman (receptora por este mismo papel del Oscar, el Globo de Oro y el BAFTA), que no acudió a la gala por estar ocupada jugando con sus hijos y sus perros, y mejor comedia (sí, ese absurdo galardón cuyo propósito no termina de quedar claro). A esos cuatro premios, todos muy merecidos pero quizá excesivos, hay que sumar otros cuatro de carácter técnico recogidos con anterioridad: fotografía para Robbie Ryan por "alejarse de las convenciones del drama de época lo máximo posible", montaje para Yorgos Mavropsaridis por dar a la película "un flujo fácil y natural de una manera inteligente, nueva e inventiva", vestuario para la ya mítica Sandy Powell por "ofrecer todos los guiños necesarios para una película de época que refrescantemente se siente como una ópera punk rock" y mejor maquillaje y peluquería para Nadia Stacey por un trabajo "hilarante pero también extremadamente triste". Y es que estamos ante una de las obras más geniales del año, tanto narrativa como visualmente.

03 febrero 2019

Premios Goya 2019: palmarés facilón en falso Reino de Campeones

Dadas las nominaciones, esperábamos un palmarés mediocre y así ha sido, con El reino, thriller de viva actualidad sobre la corrupción política, venciendo en número de galardones (hasta siete) pero Campeones, comedia en torno a un equipo de baloncesto compuesto de personas con discapacidad intelectual, llevándose a última hora el máximo laurel de la noche, el cual anunció Pedro Almodóvar en compañía de tres de sus mujeres al borde de un ataque de nervios: Julieta Serrano, Rossy de Palma y una Loles León que, poco después de escuchar al director manchego presentarla con el nombre equivocado, chilló emocionada «¡Te lo dijeeeee!» justo antes de que se confirmara el nefasto pero, dado el espíritu facilón de los académicos, comprensible resultado.

Goya 2019: Campeones
Campeones ganó tres premios, siendo el más festejado
el reportado a Jesús Vidal como actor revelación
Campeones, cuyo reparto completo subió al estrado al inicio de la velada para “intimidar” a Sorogoyen, sólo recogió dos laureles más: mejor canción original para la cansina “Este es el momento” de Coque Malla (interpretada en directo al igual que el resto de nominadas por Manu Guix, Rozalén, Judit Neddermann y una siempre fresca Amaia que con suma profesionalidad no temió pedir el reinicio del número al no haber escuchado bien la claqueta por culpa de uno de los problemas de sonido a los que TVE nos tiene acostumbrados) y mejor actor revelación para el joven discapacitado Jesús Vidal, quien protagonizó el momento más emblemático y conmovedor de la velada al dedicar su triunfo a sus padres afirmando que a él sí le gustaría tener un hijo como él para ser un padre como ellos. Su larguísimo (y perfectamente memorizado) discurso es más honesto, emotivo y revolucionario que cualquier escena de una película a cuyo manipulador recorrido ha puesto la guinda Javier Fesser al afirmar con suma irresponsabilidad que la terminología referente a las personas discapacitadas ha cambiado gracias a ella.

05 marzo 2018

Premios Oscar 2018: 'La forma del agua' y la victoria de los favoritos

Premios Óscar 2018: Sam Rockwell, Frances McDormand, Allison Janney y Gary Oldman
Sam Rockwell, Frances McDormand, Allison Janney
y Gary Oldman dominaron la Oscar Race
«Que todas las mujeres nominadas se pongan de pie; miraos, porque todas tenemos historias que contar y necesitamos que se financien nuestros proyectos; señoras y señores: inclusión». El poderoso discurso de Frances McDormand al ganar el Óscar a mejor actriz en el año del Time’s Up fue, de lejos, el momento más poderoso de la noche. Y es que tan sencillo gesto resonó especialmente por venir de alguien que rara vez se ha posicionado sobre tema político alguno, prefiriendo en su lugar toques de humor punzante como los que dedicó al público de los Spirit Awards la noche anterior, en la que no dudó en quejarse de lo fatigante que puede resultar la Oscar Race para un front-runner. Ciertamente la intérprete, que ya obtuvo la estatuilla con el Fargo (1996) de los hermanos Coen, lo había ganado todo esta temporada, al igual que había hecho su brillante compañero de cartel en Tres anuncios en las afueras (la gran derrotada de la noche), Sam Rockwell (digno mejor actor de reparto), así como la hasta ahora infravalorada Allison Janney (mejor actriz de reparto, en este caso por Yo, Tonya) y el ya icónico Gary Oldman (mejor actor, por fin, por El instante más oscuro, donde está irreconocible), dejando respectivamente de lado a los también maravillosos Saoirse Ronan, Willem Dafoe, Laurie Metcalf y Timothée Chalamet; otra vez será.

04 febrero 2018

Premios Goya 2018: triunfo del feminismo y la multiculturalidad

Lo que mal empieza, mal acaba. Y la trigésimo segunda edición de los Premios Goya no pudo empezar peor, con dos presentadores completamente fuera de lugar que no lograron despertar carcajadas ni recurriendo a los golpes más bajos imaginables: que Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla no vuelvan, por favor. Entre eso, la falta de ritmo (pasada la hora y media apenas se había dado galardón de interés alguno) y los errores de producción de principiante (sobres que no aparecían a tiempo, planos que desvelaban el teleprónter o las nada estéticas butacas vacías, etc.), el resultado fue uno de los peores que se recuerdan aun cuando, por suerte, el canto feminista logró que la noche fuera memorable en el mejor sentido del vocablo.

Isabel Coixet y Carla Simón fueron el rostro
del éxito del movimiento #MásMujeres
Así, Nora Navas, vicepresidenta segunda de la Academia, prometió un paso adelante por la paridad, por la igualdad de oportunidades y para derrotar la superioridad de género, responsable de la violencia de género, Leticia Dolera y Paula Ortiz recordaron que las mujeres constituyen la mitad del mundo… y la mitad de la imaginación, y finalmente La Terremoto de Alcorcón trajo datos tan deprimentes como que no había una sola mujer nominada en categorías como fotografía, música, animación o sonido, que sólo 30 de los 135 nominados eran mujeres (12 de ellas, en categorías de interpretación femenina, «que sólo faltaría que los nominaran ahí a ellos también»…), que sólo el 34% de los papeles protagonistas recaen en mujeres y que estas cobran un 40% menos, todo ello antes de dirigirse a varones del público con frases habitualmente reservadas para ellas, en relación a atuendos, embarazos y arroz que se pasa. Entretanto, toda la sala se teñía de rojo con abanicos que pedían algo tan simple como “más mujeres”, algo irónico considerando que la propia —desastrosa— gala estaba orquestada principalmente por hombres, hipocresía que la siempre punzante Dolera recordó en cuanto tuvo oportunidad: «os ha quedado un campo de nabos precioso».

10 diciembre 2017

Premios de Cine Europeo 2017: triunfa la comedia negra

The Square, de Ruben Östlund
The Square ofrece una serie de sketches acerca de los
absurdos del mundo del arte... o el mundo a secas
Que The Square triunfaría en los 30º Premios de Cine Europeo se veía venir. A fin de cuentas, la cinta sueca contaba ya con la prestigiosa Palma de Oro de Cannes y la competencia, aunque estimable, era escasa. No se esperaba empero que tan incómodo trabajo vencería en todas las categorías a las que optaba, sumando así al ya obtenido galardón a mejor diseño de producción (entregado a Josefin Åsberg hace unas semanas junto al resto de laureles técnicos) los relativos a mejor película, director (para Ruben Östlund, quien ya optó al mismo con la superior Fuerza mayor en 2014), guion, comedia y actor (Claes Bang). Seis entorchados llevan a la película a emular el triunfo de la maravillosa El escritor (Roman Polanski, 2010), compartiendo con esta el récord de estos premios.

30 noviembre 2017

'La librería' de Coixet: el refugio de la literatura como canto feminista

Corre 1959 y Florence Green, viuda tras un matrimonio sí, para sorpresa de varios personajes— feliz, decide hacer realidad uno de sus mayores sueños: abandonar Londres y abrir una pequeña librería en un pueblo costero. Aparentemente, esta acción no debería tener mayores consecuencias, pero las altas esferas de la zona no están conformes, ya que su idea era tornar el mismo establecimiento en un centro cultural. Así es la sencilla trama de La librería (1978), la hermosa novela de Penelope Fitzgerald que acaba de llevar al cine nuestra Isabel Coixet, quien, tal y como ya hizo con Aprendiendo a conducir (2014), rehúye así el fatuo estilo al que se la suele asociar. Atención porque, tras el sutil envoltorio, se halla un interesante comentario social: ¿qué molesta más al pueblo, la librería en sí o el hecho de que una mujer haya decidido tomar las riendas de su vida?

La librería (The Bookshop, 2017)
La bella relación entre los personajes de Kneafsey
y Mortimer es clave de la feminista La librería
La librería (The Bookshop, 2017) es una coproducción británico-germano-española, con lo que podría y debería colarse en los Goya, pero su esencia es puramente “British”, contrastando las conversaciones engominadas de la alta sociedad con el apacible candor de la existencia campestre: se respira Inglaterra, a lo que contribuye la esencia de Emily Mortimer, quien, tanto en estilo como en acento, conforma una protagonista muy especial, lleno de brío pero también de luz. Su Florence es toda una heroína feminista que, contra viento y marea, lucha por sus ilusiones mientras escucha necedades varias de abogados, banqueros y demás, todas ellas escritas brillantemente por Coixet, cuya adaptación no podría ser más refinada, contribuyendo además la envolvente voz en off a mantener el necesario espíritu literario de una cinta cuya alma gira en torno al poder de los libros: cómo sus páginas pueden enternecer el corazón más cínico (¡qué maravilloso es el personaje de Bill Nighy, quien arranca las solapas de sus amados libros para olvidar que estos nacen de la imaginación de la decepcionante especie humana) y cómo nadie puede sentirse nunca solo en una librería, envuelto como está en miles de historias ávidas de ser contadas y escuchadas. Junto a Mortimer y Nighy, ambos magníficos, hallamos a una divertidamente malvada Patricia Clarkson (flamante protagonista de Aprendiendo a conducir) y a una encantadora Honor Kneafsey con deliciosos aires de “repipi Hermione Granger” que, pese constituir el único infante del reparto, es también uno de los más cuerdos y juiciosos. Ella se torna en la hija que la protagonista nunca tuvo (ni necesita tener, por mucho que la conservadora sociedad insista en lo contrario).

15 noviembre 2017

¿Es ‘Okja’ animalista? ¿Promueve el vegetarianismo y el veganismo?

La polémica sobre si la última película del aclamado realizador surcoreano Bong Joon-ho —artífice de las magníficas Memories of Murder (2003) y The Host (2006)— merecía acceder al palmarés de Cannes pese a que ser una producción de Netflix la apartase de las salas comerciales desvió la atención acerca de su incómodo —y tristemente olvidado por el séptimo arte— tema principal, que no es otro que la explotación animal. Así, Okja (2017) aborda, desde una perspectiva fantástico-dramática, la relación entre una inocente niña y un gigantesco cerdo creado artificialmente con el propósito de la explotación cárnica. El debate animalista está servido, si bien la cinta no se posiciona del todo. Veamos sus pros y sus contras desde esta perspectiva.

Seo-Hyun Ahn comparte pantalla con la digital Okja
Aun siendo monstruosa, Okja es una criatura entrañable con la que el espectador se identifica con rapidez, lo que acrecienta el deseo de salvarla y el miedo a perderla. Esta empatía generada hacia lo que no deja de ser un cerdo gigante es idónea como reivindicación del veganismo (o el vegetarianismo), pero también peligrosa: ¿acaso merece Okja más respeto que los innumerables animales torturados a diario por la industria cárnica? Al tratarse de una criatura fantástica (y, claro, digital), de alguna forma Okja está a la altura de Dumbo y Bambi: personajes entrañables por los que lo daríamos todo sin llegar a pensar en todos los elefantes maltratados por los circos y todos los ciervos cazados en nuestro propio mundo. Empero, a diferencia de las películas Disney evocadas, en Okja sí hay una voluntad clara de denuncia, lo que prueba el alto número de personas decididas a abrazar una dieta más vegetal tras su visionado (como siempre, la cantidad varía según la fuente, pero lo cierto es que hasta la jovencísima actriz principal, Seo-Hyun Ahn, se lo planteó).

06 marzo 2017

Crónica de la 14ª Muestra Syfy de Cine Fantástico de Madrid

La Muestra Syfy de Cine Fantástico es uno de los eventos cinematográficos más divertidos e icónicos de nuestro país. No tanto por las películas —que también—, sino por el ambiente único que se respira en el Palacio de la Prensa durante sus cuatro días, una singular combinación de amor cinéfilo y ensoñación friki impulsada por el involucrado público —ver una película en la Muestra Syfy es verla en compañía, pues ninguna proyección se libra de comentarios ocurrentes (o no tanto), risas estridentes y bromas internas— y, claro está, la presentadora Leticia Dolera, quien, consciente de que la mayoría de espectadores son hombres heterosexuales, aprovecha cualquier ocasión para reivindicar el feminismo, hasta el punto de bautizar la 14ª Muestra Syfy como “la Muestra feminista”.

Kong: La isla calavera
Kong: La isla calavera es la primera favorita a los
próximos Oscars a montaje de sonido y efectos visuales
Pese a la caída a última hora de la vencedora del último Festival de Sitges (Swiss Army Man, de Dan Kwan y Daniel Scheinert, una película maltratada por su propia distribuidora, que extrañamente no es otra que la Disney), la programación de la 14ª Muestra Syfy ha resultado muy interesante. El evento dio comienzo por todo lo alto con la que probablemente sea la mejor película de la saga X-Men hasta la fecha: Logan, de James Mangold. Contagiada por el espíritu distópico-existencial de Mad Max: Furia en la carretera (George Miller, 2015), esta cinta presenta a un Lobezno desorientado, vulnerable y apesadumbrado al que Hugh Jackman dota de más humanidad que nunca. El resultado es tan visceral como conmovedor: una pausada road movie que sirve de evocador crepúsculo para una saga que ha vivido demasiados altibajos. Por su parte, la obra de clausura, Kong: La isla calavera, de Jordan Vogt-Roberts, constituye el último éxito de la encomiable tendencia de Hollywood de encargar ambiciosas superproducciones a realizadores independientes de cara a que el cine comercial no esté exento de personalidad. Así es como el joven director de la encantadora Los reyes del verano (2013) ha creado lo mejor que ha protagonizado el simio gigante desde su creación en 1933. Tom Hiddleston, Brie Larson, Samuel L. Jackson, John Goodman y John C. Reilly protagonizan una mística aventura al más puro estilo clásico con tintes de Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979) y Jurassick Park (Steven Spielberg, 1993). El buen ritmo de un guion que fusiona aventura, terror y comedia y la fascinación de unos efectos visuales cuyas prodigiosas criaturas harán las delicias de los amantes de la naturaleza dan como resultado uno de los grandes entretenimientos del año, además de un siempre necesario canto animalista y antibelista.

27 febrero 2017

Premios Oscar 2017: entre Moonlight y La La Land (nunca mejor dicho)

Justin Timberlake en los Oscars 2017
La gala comenzó a lo grande con Hollywood bailando
"Can't Stop the Feeling", de Justin Timberlake (Trolls)
El final agridulce de La La Land invadió anoche la 89ª entrega de Premios Oscars, donde, el popular musical de Damien Chazelle terminó perdiendo el galardón principal contra la pequeña Moonlight. Fiasco supremo. Y no porque este pequeño drama no mereciera reconocimiento, sino porque la entrega del entorchado tuvo lugar de la peor manera posible: con Warren Beatty y Faye Dunaway, maravillosos protagonistas de Bonnie & Clyde (1967) reunidos 50 años después, abriendo el sobre equivocado y otorgando primero el triunfo a La La Land de modo que tuviera que ser uno de los productores de esta quien avisara a medio planeta (empezando por los pasmados intérpretes que ocupaban las primeras butacas del Dolby Theatre, cuyos rostros no tenían precio) de que la verdadera vencedora era Moonlight. «No es una broma», repitió varias veces Jordan Horrowitz antes de devolver el galardón. Y, claro, así nadie pudo alegrarse por nadie. Una pena, porque la gracia de Jimmy Kimmel como maestro de ceremonias había convertido la gala en una de las más satisfactorias que se recuerdan: ¡bravo por esa hilarante entrada de “turistas”, así como por las palabras de Charlize Theron, Seth Rogen y Javier Bardem sobre sus principales influencias interpretativas —respectivamente, Shirley MacLaine, Michael J. Fox y la “sobrevalorada” (una de las hilarantes pulla constantes a Donald Trump) Meryl Streep, quien por cierto sumó este año su 20ª candidatura—, dos gags que extrajeron el lado más humano de la estrellas!

05 febrero 2017

Premios Goya 2017: la noche de Arévalo, Bayona y Emma Suárez

J. A. Bayona y Raúl Arévalo en los Premios Goya 2017
J. A. Bayona y Raúl Arévalo compartieron los
honores de la 31ª edición de los Premios Goya
«No somos un sector que vive del Estado, somos un sector que genera riqueza para el Estado. Pero la taquilla no es la única referencia para medir el valor del cine español: también hay otro tipo de cine que busca y abre nuevos caminos. Su rentabilidad es distinta, es la rentabilidad cultural, del conocimiento y la identidad». Así habló anoche Mariano Barroso, vicepresidente de la Academia, durante el discurso que dio en compañía de la presidenta Yvonne Blake. Bellas palabras, sí, pero nada acordes al espíritu de unos premios centrados año tras año en los trabajos de mayor envergadura y popularidad. Quizá Un monstruo viene a verme y Tarde para la ira, innegables vencedoras de la 31ª edición de los Premios Goya, representen dos vertientes opuestas del cine español contemporáneo, pero ambas figuraban en todas las quinielas antes incluso de ser estrenadas. A fin de cuentas, nos hallamos ante la tercera película del aclamado J. A. Bayona y la primera de Raúl Arévalo, dos rostros habituales de las últimas ediciones. Y sí, tanto la castiza y personal búsqueda de venganza de Tarde para la ira como la emotiva e internacional batalla contra el cáncer de Un monstruo viene a verme suponen dos trabajos excepcionales, pero en el fondo todo el mundo había oído hablar ya de ellos, ¿acaso no merece el “otro cine español” también el respaldo de la Academia?

10 enero 2017

Globos de Oro 2017 en 10 puntazos

La 74ª edición de los Globos de Oro se ha cerrado con el indiscutible triunfo de la maravillosa La ciudad de las estrellas (La La Land). Como ya está todo dicho sobre el palmarés, os dejo mi selección de los 10 puntazos de la ceremonia.

Globos de Oro 2017 - El inesperado triunfo de Aaron Taylor-Johnson
Aaron Taylor-Johnson rompe quinielas ganando
el Globo de Oro por Animales Nocturnos
10. El inesperado triunfo de Aaron Taylor-Johnson. En una entrega de premios tan previsible como esta, siempre es un placer que algún vencedor dé la campanada. Este fue el caso de  Aaron Taylor-Johnson, protagonista de la franquicia Kick-Ass, quien se llevo mejor interpretación masculina secundaria pese a que Mahershala Ali hubiera ganado antes casi todos los galardones de la temporada por Moonlight. Lo hizo por Animales nocturnos, cinta apartada de la categoría principal pese a que Tom Ford fuera nominado como mejor director y guionista, misma situación acontecida en los BAFTA que probablemente no se repita en los Oscars (donde las nominadas pueden ser más de cinco).

01 diciembre 2016

Por qué el gallo de la película 'Vaiana' es ofensivo

Sin John Musker y Ron Clements, directores de Basil, el ratón superdetective (1986), La sirenita (1989), Aladdin (1992), Hércules (1997), El planeta del tesoro (2002) y Tiana y el sapo (2009), las infancias de mi generación no habrían sido ni la mitad de mágicas. Es por ello una verdadera lástima que su última creación para Disney, escrita por ellos mismos junto a Jared BushPamela RibonTaika Waititi, constituya tal decepción. Hablo, por supuesto, de Vaiana (Moana, 2016), cinta antaño favorita para el próximo Óscar a mejor film animado que al final las pasará canutas incluso para alcanzar la candidatura, tal y como han probado las nominaciones a los Premios Annie, donde se ha impuesto su compañera de estudio: la genial Zootrópolis, de Byron Howard, Rich Moore y (nuevamente) Jared Bush. ¿Qué distingue ambas producciones? Pues, básicamente, que una está decidida a sorprender y divertir al espectador a cada minuto y la otra parece partir de un cuadriculado manual sin imaginación alguna. Bueno, eso y que Zootrópolis es un canto de amor animalista y Vaiana… todo lo contrario.

El gallo de Vaiana es el peor personaje
secundario de la historia del estudio
Desde Blancanieves y los siete enanitos (David Hand, 1937) hasta la recién mencionada Zootrópolis, creada ochenta años después de la primera, el Estudio Disney siempre ha destacado por su amor a los animales, el cual caracterizaba también a un Walt Disney que siempre reivindicó Bambi (David Hand, 1942) como su creación favorita. Dumbo (Ben Sharpsteen, 1941), Los aristogatos (Wolfgang Reitherman, 1970) y Tod y Toby (Art Stevens, Ted Berman y Richard Rich, 1981) son algunos claros ejemplos de esta tendencia. ¿Qué ha pasado entonces en Vaiana con el personaje del gallo? Pues probablemente, tal y como explicaron Musker y Clements en el coloquio posterior al preestreno español, que el proceso de guion terminó llevándolo a un lugar que ni se esperaba ni se imaginaba en un primer momento, dejándose los guionistas arrastrar por la necesidad de aportar toques de humor facilones a un guion por completo exento de carisma. Al final, el gallo se ha convertido, no ya en un bufón, sino directamente en el blanco de todo tipo de ataques físicos y verbales que vuelven el visionado de la película verdaderamente desagradable para cualquier persona que sienta la menor empatía por los animales. ¿De verdad es tan divertido ver a un pobre gallo debilucho ser insultado, golpeado e incluso utilizado como lapicero? La situación se agrava al pensar en todas esas aves de corral cuya salud es lamentable a raíz de la mezcla de los antibióticos con los que se las atiborra y los minúsculos recintos donde se las amontona...

27 noviembre 2016

'The Neon Demon': la polémica oda a la belleza de Nicolas Winding Refn

La última película del siempre polémico Nicolas Winding Refn (de pronto también conocido como NWR), The Neon Demon (2016), es tan difícil de ver como de comentar, lo que explica la mezcla de abucheos y aplausos que recibió a su paso por el Festival de Cannes, emulando así el recibimiento de su previa Solo Dios perdona (2013). Curiosamente, un par de años antes el realizador danés dejó el prestigioso certamen con el galardón concerniente a mejor dirección bajo el brazo gracias a Drive (2011), cinta que constituyó, no sólo su salida —por el momento definitiva— de su Dinamarca natal —donde había destacado con cintas como Pusher (1995) o Valhalla Rising (2009)—, sino también su producción más aclamada hasta la fecha, la clase de éxito que prácticamente da carta blanca a su creador para hacer lo que le venga en gana a partir de él.

Recién cumplidos los 18 años, Fanning ha alcanzado
con The Neon Demon la madurez en todos los sentidos
Inspirados por la asesina en serie Elizabeth Báthory (1560-1614), las debutantes Mary Laws (autora estadounidense) y Polly Stenham (dramaturga británica) y el propio realizador confeccionaron un guion que parte de la clásica premisa de la joven inocente que trata de abrirse un camino en Hollywood para desembocar poco a poco en una auténtica locura audiovisual capaz de dejar patidifuso al  crítico más versado. Así describe el realizador el casi azaroso proceso creativo: “decidí que ya había hecho suficientes películas sobre hombres violentos y quería hacer una sólo con mujeres, con lo que escribí esta historia porque mi mujer estaba harta de Asia y, de dejar Copenhague, sólo aceptaría Los Ángeles. Fui allí y di con esta absolutamente fantástica mujer llamada Elle Fanning para encarnar a la protagonista”. Acostumbrada a cándidos personajes en cintas comerciales como Super 8 (J. J. Abrams, 2011) o Maléfica (Robert Stromberg, 2014), la hermana de Dakota Fanning ha dado con su  papel de madurez de forma tan brusca como satisfactoria, apoderándose del film desde esa primera escena donde vemos su rostro y sus hombros inquietantemente maquillados, a modo de premonición de los espantos que su bello cuerpo soportará durante el resto del film. Decir que la joven está absolutamente radiante es poco, ya que devora la pantalla tanto en su vertiente más frágil y hermosa como en los momentos donde el relato le exige un carisma más turbador.

11 noviembre 2016

'El ciudadano ilustre': conformismo pueblerino vs. cinismo intelectual

La hipocresía es uno de los elementos más peligrosos de la sociedad. Lo inunda todo sin que nos demos cuenta. Y, encima, resulta difícil luchar contra ella sin hacerlo desde la propia hipocresía. ¿Es hipócrita sentirse realizado por solucionar económicamente la vida a una persona en concreto cuando muchos son los que necesitan ayuda sin tener ocasión de pedirla? Probablemente. Pero, ¿acaso no es más hipócrita negar una ayuda que puede concederse sin problema por el mero hecho de evitar sentirse hipócrita al hacerlo? Estas cuestiones corresponden a un momento fugaz de El ciudadano ilustre (2016), pero, de alguna manera, reflejan la esencia de una obra que renuncia a las respuestas fáciles pero no al constante cuestionamiento de los valores del mundo contemporáneo, los cuales prueban no ser necesariamente más “humanos” en pueblos tradicionales que en ambientes más modernos habitualmente ligados a la pérdida de los mismos.

El ciudadano ilustre ganó la Espiga de Plata y el premio
a mejor guion de la Seminci y es favorito al Goya latino
La película que nos ocupa constituye la nueva colaboración de la pareja de realizadores integrada por Mariano CohnGastón Duprat, artífices de El artista (2008) y El ciudadano de al lado (2009). Nos hallamos ante la historia de un aclamado escritor argentino recién receptor del Premio Nobel que, para sorpresa de todos, decide cancelar sus múltiples compromisos para ser nombrado “ciudadano ilustre” en Salas, lugar que —como todos aquellos que lo han acogido— dista mucho de poder considerarse un hogar para él. Irónicamente, el ficticio autor lleva cuarenta años sin volver a su pueblo natal y sin embargo ha forjado su carrera a base de escribir sobre él desde una mezcla de nostalgia y resentimiento. “Creo que hice una sola cosa en toda mi vida: escapar de ese lugar”, dice el complejo protagonista al comienzo del film, demasiado pronto para que podamos conocer los motivos. Merecidamente laureado en Venecia, Óscar Martínez lo encarna con solvencia, dotándolo de la dualidad que requiere: la ternura transmitida por un hombre cansado de estar vivo para quien la vuelta a casa supone un reencuentro consigo mismo frente a la antipatía despertada por alguien abiertamente enfadado con un mundo conformista al que no se cansa de dar lecciones. Por supuesto, gran parte del mérito corresponde al libreto de Andrés Duprat, maestro del humor irónico, mordaz y filosófico que no por casualidad comparte padres con uno de los realizadores (con los que acostumbra a trabajar). Sea cual sea el contexto —desde la aceptación del prestigioso Nobel hasta la organización de un pequeño concurso pictórico de pueblo—, guionista y personaje aprovechan para dejar a la sociedad por los suelos sin prestarle siquiera una mano para levantarse de nuevo.

17 octubre 2016

'Captain Fantastic': ¿qué educación necesitamos?

Que todos los niños necesitan una educación es algo harto repetido y aceptado por la mayoría de los mortales, pero todavía no está claro qué educación es exactamente la que necesitan. ¿Se halla en las clásicas normas y asignaturas la clave de un desarrollo personal satisfactorio o sería acaso mejor recurrir a una formación más práctica, libre y desprejuiciada? ¿Cumplen las escuelas con las necesidades del ser humano tal y como están planteadas o residen estas en terrenos más salvajes y osados? Y, en cualquier caso, ¿qué constituye verdaderamente una instrucción completa? El segundo trabajo del estadounidense Matt Ross (que no terminó de convencer con 28 Hotel Rooms, 2012) aborda estas cuestiones mediante una combinación de riesgo y convención ideal de cara a llegar a la audiencia más amplia posible, lo que explica que posea dos galardones tan diferentes como la mejor dirección de la sección “Un Certain Regard” de Cannes y el Premio del Público de Karlovy Vary, habiendo conquistado así a crítica y público por igual. Y es que, pese a partir de técnicas narrativas formularias, el original guion del propio Ross logra adentrarnos en un universo audiovisual tan atractivo como inquietante.

Captain Fantastic (2016)
Aunque cínica y alocada, Captain Fantastic
es una tierna mirada a la entidad familiar
En Captain Fantastic (2016) el siempre arriesgado Viggo Mortensen encarna a un hombre que lleva diez años viviendo en los aislados bosques del noroeste del Pacífico en compañía de sus seis hijos, quienes han crecido (y siguen creciendo) sin conocer otro modo de vida, pero no por ello descuidando el ejercicio de cuerpo y mente. Así, duros entrenamientos físicos y vivos debates filosóficos forman parte de una rutina ajena a la contaminación  —tanto literal como metafóricamente hablando— del mundo contemporáneo. La red, la telefonía móvil o la televisión prueban ser prescindibles en lo que a la felicidad de los infantes se refiere, mas no así el contacto con otros seres humanos. Muchos son, de hecho, los sentimientos que no pueden explorarse en la sola compañía de la familia y la naturaleza, como descubre antes que nadie (como es natural) el mayor de los hermanos —el rudo pero encantador George MacKay de Mi vida ahora (Kevin Macdonald, 2013) y Pride (Matthew Warchus, 2014)—, para quien todos los conocimientos teóricos adquiridos en el campo revelan ser fútiles a la hora de conquistar el corazón femenino. Y es que, como no podía ser de otra manera, la familia es arrastrada a la sociedad a causa de un acontecimiento relacionado con la bipolar progenitora, cuya ausencia actúa durante la primera parte de la cinta como único obstáculo al perenne bienestar de los personajes. De la noche a la mañana, los siete protagonistas habrán de verse las caras con el orden establecido, lo que dará lugar a algunos de los momentos más hilarantes de una obra que sabe moverse con solvencia entre el drama y la comedia durante todo el metraje.

Cartel de Captain Fantastic (2016)
La extravagancia domina el colorido
cartel original de Captain Fantatic
Así, las espectaculares secuencias iniciales del filme, durante las que el preciosista director de fotografía Stéphane Fontaine y el espiritual compositor Alex Sommers captan con garbo la existencia humana más salvaje, ceden paso a otras más convencionales en las que, evocando Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006) —empezando, claro está, por sendos hogares móviles en forma de furgonetas—, los personajes exploran las relaciones surgidas, tanto entre ellos mismos, como con otros miembros de la sociedad en la que acaban de aterrizar. La simpatía permanece, pero la crítica social se acentúa, revelándose el mundo contemporáneo como un lugar hipócrita cuyos delineados hábitos luchan en vano por tapar agujeros ideológicos insalvables. Que la más pequeña de la familia sea capaz, no sólo de memorizar el código legislativo estadounidense, sino también de reflexionar al respecto, mientras sus supuestamente civilizados primos —receptores de la educación que sus padres echan en cara al protagonista haber arrebatado a sus hijos— se limitan a poner cara de circunstancia resulta tan desternillante como mordaz (y, lo que es peor, verídico). A fin de cuentas, así funciona el sistema educativo: mucho ruido y pocas nueces, o, lo que es lo mismo, apariencia grandilocuente que, a la hora de la verdad, revela una insuficiencia plena. Sin embargo, para bien o para mal, Matt Ross no se atreve a cuestionar por completo el orden establecido, admitiendo que la idealizada existencia presentada posee, no ya peligros, sino directamente sus propias carencias. “La virtud está en el término medio”, parece decir Captain Fantastic después de todo. Quizá esta no sea la conclusión más arriesgada posible, pero sí es la más objetiva, así como la única viable para un producto decidido a auspiciar la reflexión complaciendo al mayor número de espectadores. Y es que para eso hace falta esperanza.

12 agosto 2016

Nerve: ¿eres jugador u observador?

Desde que debutaran extraordinariamente con Catfish (2010), un falso —¿o no?— documental casero sobre un joven neoyorkino que viaja a Michigan a ver a una chica que ha conocido por Facebook que fue vendido como “historia real”, Henry Joost y Ariel Schulman han estado ocupados con una de las sagas de terror más populares de los últimos años, para la que han confeccionado las irregulares Paranormal Activity 3 (2011) y Paranormal Activity 4 (2012). Seis años más tarde, han regresado por fin al terreno que mejor controlan: la reflexión sobre la era de internet. Lo han hecho con Nerve (2016), un thriller bastante más comercial que su ópera prima dispuesto a conquistar los corazones adolescentes con su trepidante ritmo, posmoderna estética y encantador reparto. 

Dave Franco y Emma Roberts en Nerve (2016)
Dave Franco y Emma Roberts ofrecen romanticismo
entre el ritmo trepidante y la crítica social
El corazón de Nerve, basada en la novela homónima de Jeanne Ryan, no es otro que el ficticio juego online homónimo en el que los “jugadores” deben atreverse constantemente a realizar las pruebas exigidas por la comunidad anónima de “observadores”. Por tanto, el juego exige a cada uno tomar la decisión de lanzarse a la acción o limitarse a mirar. Y, claro, siendo un adolescente inseguro, como es el caso de la protagonista, lanzarse a la piscina puede ser la forma de dar un giro radical a una vida con la que no está conforme. ¿Acaso no es la adolescencia el momento de dejarse llevar y hacer locuras? Quizá sí, quizá no; y es que la cinta no termina de posicionarse entre la celebración y la crítica: ¿dónde está la línea entre el riesgo cargado de adrenalina y la mera temeridad?, ¿entre aprovechar las delicias de estar vivo y exponerse tontamente a dejar de estarlo? Bueno, siendo justos, no siempre está claro.

05 julio 2016

Vida y obra de Abbas Kiarostami, el maestro del cine iraní

El cáncer se ha llevado a uno de los grandes: el guionista y realizador iraní Abbas Kiarostami, al cual incluí hace un par de años en mi personal artículo ‘10 directores muy especiales’. Lamentablemente, no me siento preparado para dedicarle el homenaje que tan maravillosa figura se merece, pero no puedo resistirme a intentarlo. Ojalá lo disfruten tanto quienes lo admiraban tanto como yo como quienes aún no hayan tenido la ocasión de profundizar en su obra, la cual se encuentra indudablemente entre los mayores tesoros de la historia del séptimo arte.

Abbas Kiarostami nació en Teherán en 1940
y murió en París en 2016 a los 76 años
Abbas Kiarostami nació en Teherán el 22 de junio de 1940, siendo la pintura su primera experiencia artística, lo que explica la poesía visual irradiada por sus películas. De hecho, se graduó en pintura y diseño gráfico por la Universidad de Teherán de Bellas Artes, estudios que se costeó trabajando de policía de tráfico. A partir de entonces trabajó en la industria publicitaria, diseñando posters y creando anuncios, aunque también fue autor de títulos de películas e ilustrador de libros infantiles. En 1969, cuando la Nueva Ola Iraní dio comienzo con La vaca, de Dariush Mehrjui, Kiarostami se casó con Parvin Amir-Gholi (con quien tendría dos hijos pero se divorciaría en 1982) y ayudó a crear un departamento de cinematografía en el Intellectual Development of Children and Young Adults (Kanun) de Teherán, cuya primera producción fue el cortometraje neorrealista El pan y la calle (1970), ópera prima centrada en la confrontación entre un niño y un perro agresivo con la que él afirmó no haber seguido en absoluto las convenciones cinematográficas, dando así rápida muestra de su fuerte identidad autoral. Esta entidad se convirtió rápidamente en uno de los estudios más importantes de Irán, ayudando al ilusionado realizador a confeccionar varios cortometrajes y mediometrajes de interés hasta ofrecer Gozaresh (The Report) (1977), su primer largometraje, la historia de un recaudador de impuestos que debe lidiar al tiempo con acusaciones de aceptar sobornos y el intento de suicidio de su esposa. Sin embargo, ni esta ni ninguna de sus obras posteriores gozó de popularidad alguna fuera de Irán, siendo aún hoy por completo desconocidas.
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