Desde que debutaran
extraordinariamente con Catfish (2010), un falso —¿o no?— documental
casero sobre un joven neoyorkino que viaja a Michigan a ver a una chica que ha
conocido por Facebook que fue vendido como “historia real”, Henry Joost y Ariel Schulman han estado ocupados con una de las sagas de terror
más populares de los últimos años, para la que han confeccionado las irregulares
Paranormal Activity 3 (2011) y Paranormal Activity 4 (2012). Seis años
más tarde, han regresado por fin al terreno que mejor controlan: la reflexión
sobre la era de internet. Lo han hecho con Nerve (2016), un thriller bastante
más comercial que su ópera prima dispuesto a conquistar los corazones
adolescentes con su trepidante ritmo, posmoderna estética y encantador reparto.
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Dave Franco y Emma Roberts ofrecen romanticismo entre el ritmo trepidante y la crítica social |
El corazón de Nerve, basada en la novela homónima de Jeanne Ryan, no es otro que el ficticio juego
online homónimo en el que los “jugadores” deben atreverse constantemente a
realizar las pruebas exigidas por la comunidad anónima de “observadores”. Por
tanto, el juego exige a cada uno tomar la decisión de lanzarse a la acción o
limitarse a mirar. Y, claro, siendo un adolescente inseguro, como es el caso de
la protagonista, lanzarse a la piscina puede ser la forma de dar un giro
radical a una vida con la que no está conforme. ¿Acaso no es la adolescencia el
momento de dejarse llevar y hacer locuras? Quizá sí, quizá no; y es que la
cinta no termina de posicionarse entre la celebración y la crítica: ¿dónde está
la línea entre el riesgo cargado de adrenalina y la mera temeridad?, ¿entre
aprovechar las delicias de estar vivo y exponerse tontamente a dejar de estarlo?
Bueno, siendo justos, no siempre está claro.