Popular donde los haya, el cine de terror y
ciencia-ficción (para cuya fusión debería crearse un subgénero propio) busca
cada año formas de reinventarse para seguir sorprendiendo al espectador. En 2008,
el guionista Drew Goddard, el
director Matt Reeves y el productor J. J. Abrams lo lograron con la
excepcional Monstruoso, cinta para la
que ocho años después ha surgido una secuela igual de lograda, repitiendo el
todopoderoso Abrams al mando de la producción pero encargándose esta vez Damien Chazelle, Josh Campbell y Matthew Stuecken del guion y el
debutante Dan Trachtenberg de la dirección. Hablamos de Calle Cloverfield 10,
una de las mejores cintas del año.
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| La cámara de vídeo es el alma de Monstruoso, a la que otorga un personal estilo cinéma verité |
Monstruoso (Cloverfield, 2008) sigue a varios jóvenes que
cambian en cuestión de minutos una alocada fiesta por una espeluznante huida
por las calles de un Nueva York infestado de peligros a raíz de la inexplicable
llegada de una gigantesca criatura. Filmada (o pretendiendo estarlo)
enteramente por una videocámara casera que rara vez deja de grabar (licencia
narrativa que debemos aceptar para entrar en el hipnótico juego), la cinta es
verdaderamente singular por su manera de atrapar en sus redes a un espectador
rápidamente identificado con los aterrados protagonistas. Y es que desde que la
cámara empieza a filmar, la escalofriante necesidad de conocer más y más se
apodera de nosotros, algo a lo que había contribuido también una inteligente
campaña viral que buscaba emular los efectos de El proyecto de la bruja de Blair (Daniel Myrick y Eduardo
Sánchez, 1999), obra clave del cine de metraje encontrado. De
hecho, toda la confección de Monstruoso
estuvo envuelta en el máximo misterio, realizándose los castings (de los que
salió un reparto eminentemente desconocido) con guiones falsos y cambiándose
constantemente el nombre de la producción para despistar a los curiosos. Así,
las dos metas principales de la cinta eran el realismo (rodando y editando al
más puro estilo cinéma verité) y el
impacto (manteniendo la intriga hasta el último momento), elementos ambos que,
combinados, conforman una experiencia única en su especie.


