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La llegada a Hogwarts de La piedra filosofal es uno de los momentos más mágicos de toda la saga |
Aunque las apariencias llevan a pensar que Harry Potter es el típico
proyecto cinematográfico nacido con el único afán de inflar las arcas de
Hollywood, lo cierto es que la historia que hay detrás es bastante más íntima y
romántica. De hecho, la planificación de esta saga comenzó antes de que los
libros fueran famosos siquiera, o sea, coincidiendo con la publicación de Harry Potter y la piedra filosofal en
1997 (siete años después de ser concebido). En aquella época, David Heyman se encontraba en Hollywood
buscando un libro infantil que pudiera ser llevado a la gran pantalla; su
primera opción fue The Ogre Downstairs, (Diana Wynne Jones, 1974), pero
su equipo de producción, Heyday Films, le hizo llegar una copia de la novela de
J. K. Rowling, de la que se enamoró
al instante. El productor llevó entonces el proyecto a Warner Bros., estudio
con el que tenía un acuerdo de colaboración, y juntos lograron convencer a la
que ahora es la escritora más rica del mundo de que cediera sus derechos (recibiendo
un millón de libras por los cuatro primeros libros). Las condiciones de la
autora fueron estrictas, pero también clave de la calidad de las producciones: el
control de la historia quedaría en sus manos, las secuelas se limitarían al
material hallado en los libros y el reparto lo constituirían eminentemente
intérpretes británicos.