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10 mayo 2017

La saga 'Harry Potter': siete libros, ocho películas, infinita magia

Harry Potter y la piedra filosofal (2001)
La llegada a Hogwarts de La piedra filosofal es
uno de los momentos más mágicos de toda la saga
Aunque las apariencias llevan a pensar que Harry Potter es el típico proyecto cinematográfico nacido con el único afán de inflar las arcas de Hollywood, lo cierto es que la historia que hay detrás es bastante más íntima y romántica. De hecho, la planificación de esta saga comenzó antes de que los libros fueran famosos siquiera, o sea, coincidiendo con la publicación de Harry Potter y la piedra filosofal en 1997 (siete años después de ser concebido). En aquella época, David Heyman se encontraba en Hollywood buscando un libro infantil que pudiera ser llevado a la gran pantalla; su primera opción fue The Ogre Downstairs, (Diana Wynne Jones, 1974), pero su equipo de producción, Heyday Films, le hizo llegar una copia de la novela de J. K. Rowling, de la que se enamoró al instante. El productor llevó entonces el proyecto a Warner Bros., estudio con el que tenía un acuerdo de colaboración, y juntos lograron convencer a la que ahora es la escritora más rica del mundo de que cediera sus derechos (recibiendo un millón de libras por los cuatro primeros libros). Las condiciones de la autora fueron estrictas, pero también clave de la calidad de las producciones: el control de la historia quedaría en sus manos, las secuelas se limitarían al material hallado en los libros y el reparto lo constituirían eminentemente intérpretes británicos.

04 agosto 2016

'Theo y Hugo, París 5:59': ¿y después del cuarto oscuro... qué?

Desde que empezó a hacer acto de presencia en el cine, la homosexualidad ha estado ligada a la segunda parte del vocablo, hasta el punto de que prácticamente no se concibe una película protagonizada por homosexuales sin algún instante subido de tono. Según la obra, esta decisión puede verse, bien como un resquicio más de homofobia, bien como todo un acto de reivindicación, pero muchas de estas escenas están sencillamente fuera de lugar, aportando poco o nada al desarrollo de la acción y los personajes más allá de recordarnos que estos, efectivamente, tienen —como la mayoría de la población mayor de edad— relaciones sexuales. No es este el caso de las grandes obras de temática LGTB que nos ha regalado el cine francés últimamente, comenzando por La vida de Adele, de Abdellatif Kechiche, y El desconocido del lago, de Alain Guiraudie, aclamadas a su paso por el Festival de Cannes del 2013, y, ahora, la extraordinaria Theo y Hugo, París 5:59, una película más humilde pero igual de hermosa que ha pasado tristemente desapercibida pese a contener (al igual que sus dos predecesoras) una de las historias de amor homosexual —o de amor, a secas— más maravillosas que recuerda el séptimo arte.

Theo y Hugo, París 5:59 (Théo et Hugo dans le même bateau, 2015)
Geoffrey Couët y François Nambot se estrenan
en la gran pantalla con Theo y Hugo, París 5:59
Theo y Hugo, París 5:59 (Théo et Hugo dans le même bateau, 2015) es innegablemente la mejor película de Olivier Ducastel y Jacques Martineau, pareja de realizadores galos a la que debemos Jeanne y el chico formidable (1998, nominada al César a mejor dirección novel), Drôle de Félix (2000), Mi verdadera vida en Rouen (2002), Crustacés et coquillages (2005), Nés en 68 (2008) y Family Tree (2010), todas ellas con la homosexualidad como tema, sea principal o secundario. La cinta comienza en un club de sexo dominado por el deseo carnal masculino, curioso contexto en el que se conocen, entregan y enamoran Theo y Hugo (Geoffrey CouëtFrançois Nambot, ambos debutantes, ambos maravillosos). Y es que, evitando los prejuicios que suelen acompañar a esta clase de ambientes, la cinta introduce a dos jóvenes inseguros, apacibles, soñadores… y dispuestos a encontrar a su media naranja. Mas al igual que no renuncian ambos por ello al placer sexual más extremo, la envolvente cámara de Manuel Marmier no tiene reparos en retratar su encuentro en todo su ardor, presentando un tratamiento que sería tachado de mera pornografía de no estar por completo justificado de cara a lo que está por venir. Y es que, dejados atrás el anonimato y la lujuria del local, los dos jóvenes se desvelan como almas sensibles ávidas por conocerse mutuamente y comprobar si su conexión sexual puede ser el primer paso de algo mucho más grande y hermoso.

26 abril 2016

'El despertar de la Fuerza' vs. 'La amenaza fantasma' (Star Wars)

El pasado 18 de diciembre tuvo lugar uno de los acontecimientos cinematográficos más relevantes de la historia del cine, quizá sólo comparable al que aconteció el 19 de mayo dieciséis años atrás. Hablo, por supuesto, de El despertar de la Fuerza (The Force Awakens, 2015), de J. J. Abrams, y La amenaza fantasma (The Phantom Menace, 1999), de George Lucas, respectivos último (hasta la fecha) y primer episodios de la saga Star Wars, donde representan dos reinicios tan diferentes como interesantes (aunque también cuestionables). A raíz de esto último, he decidido contrastar ambas producciones para sacar a relucir los puntos fuertes (y, claro está, los débiles) de tan populares cintas. ¡Empecemos!

La amenaza fantasma (The Phantom Menace, 1999), de George Lucas
La historia original: punto para La amenaza fantasma
1. La historia original. Si algo se ha echado en cara por activa y por pasiva a El despertar de la Fuerza es su escasa inventiva a nivel narrativo, al haber optado sus creadores por el homenaje hasta límites imposibles. Que el resultado sea prácticamente un calco de La guerra de las galaxias (George Lucas, 1977) con algún detalle de El imperio contraataca (Irvin Kershner, 1980) garantiza tanto el entretenimiento como la nostalgia, pero lastra el carácter fascinador. Por su parte, la más arriesgada La amenaza fantasma se adentró en senderos políticos que, si bien buscaban invitar a reflexionar sobre cuestiones muy actuales, se quedaban a medio gas. Aun así, los senderos recorridos por esta cinta son clave de la riqueza de este universo. Y, sobre todo, muy novedosos. 

16 septiembre 2015

¿Por qué escalar el ‘Everest’?: experiencia 3D sobrecogedora

Algunas personas sueñan con ser astronautas; otras, con dar la vuelta al mundo; otras, con ganar un concurso musical. Y otras, solo unas pocas, sueñan con subir a lo más alto del Everest, la montaña más alta del planeta (8848 metros sobre el nivel del mar). A estos últimos va dedicada Everest, la nueva película de Baltasar Kormákur, realizador de 101 Reikiavik (2002, Premio Discovery en Toronto), Las marismas (2006, mejor película en Karlovy Vary) y Contraband (2012), exitoso debut en Hollywood apadrinado por Working Title, popular productora británica que aprendió así a confiar en él.

Jason Clarke en Everest (Baltasar Kormákur, 2015)
Aunque Jason Clarke es escalador, dice que no escalaría
el Everest porque "hay mejores picos que escalar"
Como ya hizo en Lo profundo (2012), el cineasta hispano-islandés se interesa por la supervivencia del hombre en circunstancias naturales extremas, esta vez partiendo de un guion de William Nicholson —nominado al Óscar por Tierras de penumbra (Richard Attenborough, 1993) y Gladiator, de Ridley Scott, 2000)— y Simon Beaufoy —ganador del Óscar por Slumdog Millionaire (Danny Boyle, 2008) y nominado por Full Monty (Peter Cattaneo, 1997) y 123 horas (Danny Boyle, 2010)—. Por desgracia, los dos guionistas no han parecido llevar del todo bien el trabajo conjunto, pues es en el guion —esqueleto de todo film— donde encontramos el gran bache de Everest.

08 septiembre 2015

De 'Pequeña Miss Sunshine' a 'Nuestro último verano en Escocia'

Las familias desestructuradas están a la orden del día. A fin de cuentas, ¿qué familia no lo está hoy en día, aunque sólo sea un poco? ¿Qué familia que se preste carece de un poco de locura y unos cuantos gritos de vez en cuando? Y, pese a todo, ¿quién no ha llegado a pensar que no hay familia más curiosa que la suya? Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006) y Nuestro último verano en Escocia (Andy Hamilton y Guy Jenkin, 2015) nos recuerdan que el sentimiento de pertenecer a una familia de locos es más generalizado de lo que pensamos. Y ambas lo hacen combinando con maestría la comedia y el drama, sin abusar en exceso de ninguno de los dos géneros para dejar una sensación que roza lo agridulce pero desemboca en una bella —pero realista— positividad.

Abigail Breslin en Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006)
La genialAbigail Breslin fue la revelación de
la joya indie Pequeña Miss Sunshine
Nuestro último verano en Escocia supone el salto conjunto al séptimo arte de los sexagenarios realizadores británicos Andy Hamilton y Guy Jenkin, artífices de la popular serie Outnumbered (2007), centrada en un matrimonio con problemas para educar a sus tres hijos. Presentada en la pasada Seminci de Valladolid, la cinta bebe enormemente, tanto de dicha serie, como de Pequeña Miss Sunshine, al presentar una pareja londinense en pleno divorcio —la deliciosa Rosamund Pike nominada al Óscar por Perdida (David Fincher, 2014) y el icónico David Tennant de Doctor Who— que debe aparentar felicidad mientras visita en Escocia al enfermo padre de él —Billy Connolly, tan simpático como estuvo en Una serie de catastróficas desdichas (Brad Silberling, 2005)— acompañada de sus tres hijos (Emilia Jones, Bobby Smalldridge y Harriet Turnbull). Aunque todo el reparto (que también incluye a Ben Miller, Amelia Bullmore y la siempre agradable pero algo fuera de lugar Celia Imrie) está perfectamente escogido, la frescura del film se debe principalmente a la impagable espontaneidad de los tres niños, quienes actúan con una naturalidad de la que muchos intérpretes profesionales tienen mucho que aprender. Gracias a ellos, la cinta es capaz de imprimir una sonrisa permanente en el rostro de los espectadores pese a la dureza de algunos temas tratados, tales como los problemas conyugales, la depresión crónica o la aceptación de la muerte.

11 enero 2015

Descifrando 'The Imitation Game'

Aunque Birdman y Boyhood son las grandes favoritas de la temporada de premios, The Imitation Game (espantosamente subtitulada en castellano como Descifrando Enigma) está decidida a luchar hasta el final. En la línea de Una mente maravillosa (Ron Howard, 2001), esta cinta lo tiene todo para triunfar: biopic sobre una personalidad (Alan Turing) tristemente desconocida, bien orquestado y repleto de intérpretes de moda. Pese a ello, la falta de riesgo de la realización la convierten, en mi opinión, en una obra bastante convencional que, si bien resulta intensamente entretenida, está lejos de cumplir los requisitos mínimos de una ganadora del Óscar (los cuales, eso sí, tampoco cumple la cinta de Howard). Pero, antes de dar un fácil veredicto, analicemos con cautela sus pros (que son muchos) y sus contras.

The Imitation Game (Morten Tyldum, 2014)
Keira Knightley y Benedict Cumberbatch son
dos de los actores más nominados del año
La historia de la creación del film se remite a 2011, cuando el guion del mismo, del escritor Graham Moore, encabezó la llamada Black List, que incluye a los mejores guiones de Hollywood no producidos. Warner Bros. compró el libreto por una suma de siete cifras debido al interés de Leonardo DiCaprio en interpretar a Turing, pero, cuando la estrella se apartó del proyecto, los derechos fueron devueltos al guionista y adquiridos por Black Bear Pictures. La película recibió el apoyo del Fondo Cineasta Sloan del Festival de Tribeca, destinado a cintas relacionadas con la ciencia y las matemáticas. Tanto David Yates (director de las últimas cintas de la saga Harry Potter) como el mencionado Ron Howard fueron considerados para dirigirlo, pero en diciembre de 2012 se anunció que el noruego Morten Tyldum, realizador de Headhunters (2011), había sido el elegido. The Imitation Game es, por tanto, su primera cinta en inglés. ¿Habrá afectado eso a la capacidad inventiva del cineasta?

23 diciembre 2014

10 razones para odiar ‘El Hobbit: la batalla de los cinco ejércitos’

Cuando Peter Jackson se puso a cargo del proyecto cinematográfico de El Hobbit los fans respiramos aliviados. Y cuando afirmó contar con el mismo equipo de El Señor de los Anillos (2001-2003), incluyendo a las guionistas Philippa Boyens y Fran Walsh, el director de fotografía Andrew Lesnie, el compositor Howard Shore y parte del reparto original, nos alegramos todavía más. Sin embargo, la magia de la trilogía que les dio a todos la fama se ha perdido. Las tres películas de El Hobbit, no sólo no poseen el espíritu de Tolkien en absoluto, sino que han supuesto una decepción tras otra, superando cada una a la anterior en mediocridad hasta llegar a una tercera entrega digna del Razzie. Quienes han leído mis artículos ‘La historia de El Señor de los Anillos, ‘El secreto de El Señor de los Anillos y ‘Guía de El Hobbit saben que me duele escribir este artículo, pero me temo que plasmar mi decepción es absolutamente necesario. Aquí están los 10 motivos para detestar El Hobbit: la batalla de los cinco ejércitos (2014):

Póster de El Hobbit: la batalla de los cinco ejércitos (2014)
El póster de la cinta deja claro lo
poco que importan los 13 enanos
 
1. La (falta de) historia. Hay malas películas con buenas historias, pero nunca buenas películas con malas historias. Y la historia de esta cinta, más que mala, es inexistente. Dividir un libro tan pequeño en tres films tenía sentido si se tenía algo que contar con cada uno de ellos. Pero no ha sido el caso: tras Un viaje inesperado (2012) y La desolación de Smaug (2013) sencillamente no queda nada que decir. Por tanto, personajes sin interés han sido desarrollados y tramas vacías han sido expandidas. Todo ello sin resquicio alguno de originalidad. Y, claro, tenemos horas de batalla mal planeada (por los personajes y por los guionistas). 

2. La monotonía. Si algo salvaba a las dos obras anteriores de El Hobbit era la majestuosa ambientación de territorios conocidos (La comarca, Rivendel…) y por conocer (el Bosque Negro, la Ciudad del Lago…). La calidad de la dirección artística y el vestuario convertía a ambas cintas en auténticos festines para los sentidos que nos despistaban ante los errores del guion. No es este el caso de La batalla de los cinco ejércitos, que ocurre en su práctica totalidad en el mismo escenario, no ofreciendo nada nuevo visualmente (lo cual, insisto, no sería un problema si hubiera algo que contar). 

26 noviembre 2014

'Trash': joyas entre la basura

Hay películas cuyos personajes actúan con perfecta credibilidad. Y otras en las que, sencillamente, parecen saberse el guion y seguirlo ciegamente sin temor a la falta de coherencia. Este vienes se estrena una de las segundas: Trash, ladrones de esperanza, coproducción británico-brasileña ambientada en las favelas de Río de Janeiro. Una cinta que, pese al dramatismo de su historia, no debe tomarse demasiado en serio, sino como un cuento de aventuras destinado al divertimento. De hecho, la elección de Richard Curtis (creador de Love Actually, 2003) como guionista y Stephen Daldry —nominado al Óscar por las notables Billy Elliot (2000), Las horas (2002) y The reader (2008)— como realizador es pista clara de que la obra se acerca más a la oscarizada Slumdog Millionaire (Danny Boyle, 2008) que a la crudísima Ciudad de Dios (Fernando Meirelles, 2002).

Póster anglosajón de Trash, ladrones de esperanza (Stephen Daldry, 2014)
El colorido póster anglosajón de Trash
emula el de Slumdog Millionaire
Basada en la novela de Andy Mulligan de 2010, Trash es un thriller dramático sobre las aventuras de tres niños cuyas vidas parecían destinadas a la basura eterna (al ostracismo eterno). Ellos son Raphael (Rickson Teves), Gardo (Eduardo Luis) y Rato (Gabriel Weinstein), involucrados en la cruda realidad política de Brasil al encontrar una misteriosa cartera que los hace poseedores de una información privilegiada. Ayudados por un cura (adorable Martin Sheen en su madurez) y una trabajadora de una ONG (Rooney Mara en un papel opuesto al de Los hombres que no amaban a las mujeres, thriller de David Fincher que le dio la fama en 2011), los tres se enfrentan a una sociedad que se les hace grande, dominada por la corrupción de todas sus esferas. Aún así, no pierden nunca la esperanza, tema clave de la cinta, que también nos enseña que el miedo no debe ser jamás una barrera a la hora de hacer lo correcto. El reparto se completa con los brasileños Wagner Moura, como el bondadoso José Ángelo, y Selton Mello, como el malvado jefe policial; como curiosidad, los carteles brasileños enfatizan la presencia de éstos, mientras que los pósters anglosajones se centran en Sheen y Mara (pese a que el noventa por ciento de los planos pertenece a los niños). 

14 julio 2014

La ‘Maléfica’ de Angelina Jolie: el lado oscuro de ‘La bella durmiente’

En 1959 Clyde Geronimi dirigió para Walt Disney la versión animada de La bella durmiente, popularizando a nivel mundial este cuento de la tradición oral europea. Son muchas las versiones de esta historia —entre otras, destacan las versiones del italiano Giambattista Basiel (Sol, Luna y Talía, 1634), Charles Perrault (La bella del bosque durmiente, 1697, versión en la que se basa el clásico Disney) y los alemanes Jacob y Wilhelm Grimm (Rosita de Espino, 1812)—, pero, hasta ahora, ninguna había indagado en uno de los personajes más intrigantes: la malvada Maléfica, a la que situé en sexta posición en mi top de los mejores villanos Disney.

'Maléfica' (Robert Stromberg, 2014)
La escena de la maldición es la más esperada del film
y una de las más poderosas del mismo
Este es precisamente el propósito de la nueva producción de acción real del estudio Disney, Maléfica (2014), la cual, al igual que las recientes Blancanieves y la leyenda del cazador (Rupert Sanders, 2012) y Oz: un mundo de fantasía (Sam Raimi, 2013), crea más devoción por las antagonistas de los cuentos que por sus heroína. Sin embargo, Maléfica es la primera que se atreve a convertir a la villana en la indiscutible protagonista, aunque, tal y como explicaré a continuación, lo hace con trampa (aprovecho para mencionar que, al contrario que la mayoría de mis artículos, éste destapará la trama del film por completo, así que desaconsejo su lectura a quienes todavía no hayan visto la obra).

27 marzo 2014

El cine y el teatro: similitudes y diferencias de artes hermanas

Un año más, el mundo celebra el Día Mundial del Teatro. Y esta vez he decidido celebrarlo yo también con un artículo sobre la relación entre este arte y el cine. Una relación intensa y muy interesante, con muchos puntos en común y otros muchos que separan las dos formas de expresión. Y es en sus similitudes y distanciamientos, donde reside la fuerza de ambas artes.

Kim Hunter y Marlon Brando en Un tranvía llamado deseo (Elia Kazan, 1951)
La conexión entre cine y teatro lleva inevitablemente
a la mítica Un tranvía llamado deseo
El cine ha estado unido al teatro desde su creación. Puede que incluso desde antes. Y es que, en sus orígenes, el séptimo arte se dedicaba a grabar espectáculos teatrales con cámara fija y planos generales. ¿Es eso cine o una mera grabación de otro arte? No es fácil responder a esta pregunta, pero lo indudable es que el cine necesitaba forjarse su propia identidad al margen del teatro; necesitaba convertirse en un modo diferente de contar historias. Y, poco a poco, lo consiguió, pese a que nunca dejaría de retornar a su hermano mayor.

20 diciembre 2012

Adaptados: del libro a la pantalla

Orgullo y prejuicio es un ejemplo fácil
de buena adaptación cinematográfica
Hace ya varios años tuve que discutir con una profesora de inglés que nos pidió títulos de películas adaptadas de libros y afirmó mi error al mencionar Slumdog Millionaire (Danny Boyle y Loveleen Tandan, 2009). “Are you sure?”, preguntó. “Absolutely”, respondí. Lo estaba: el autor es el novelista indio Vikas Swarup y de hecho la película acababa de ganar el Oscar a mejor guión adaptado. Probablemente mi profesora, que sólo había lanzado la pregunta por hablar de algo en inglés, ni siquiera estaba segura de la diferencia entre los premios a guión adaptado y guión original. Está claro qué respuesta esperaba: Orgullo y prejuicio, Harry Potter y El Señor de los Anillos. Es decir, esas películas creadas a partir de clásicos literarios o best-sellers. Películas adaptadas de libros que todo el mundo conoce.
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