Prometieron que la gala de la 93ª edición de los Premios Oscar sería "muy cinematográfica" y no puede decirse que haya sido así más allá del fabuloso plano secuencia inicial dirigido por Steven Soderbergh y protagonizado por Regina King y los constantes giros de guion, todos plenamente absurdos. ¿La explicación? Que no han ganado quienes los organizadores esperaban. De lo contrario no se explica que el último premio de la noche fuera a manos de un actor que no solo no se contaba entre los asistentes sino que ni siquiera se había conectado digitalmente. Hablamos por supuesto del gran Anthony Hopkins, quien, a los 83 años, es ya el intérprete oscarizado de mayor edad. Su trabajo en El padre, brillante adaptación teatral por la que el francés Florian Zeller (director) y el británico-portugués Christopher Hampton compartieron el galardón a mejor guion adaptado, es colosal, pero no deja de ser triste que se impusiera a Chadwick Boseman (La madre del blues), quien, habiendo fallecido recientemente a causa del cáncer, no tendrá otra oportunidad de alzarse con un premio que el veterano, de hecho, ya tenía (por la mítica El silencio de los corderos en 1991).
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26 abril 2021
05 marzo 2018
Premios Oscar 2018: 'La forma del agua' y la victoria de los favoritos
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| Sam Rockwell, Frances McDormand, Allison Janney y Gary Oldman dominaron la Oscar Race |
«Que todas las mujeres nominadas se pongan de pie; miraos, porque todas
tenemos historias que contar y necesitamos que se financien nuestros proyectos;
señoras y señores: inclusión». El poderoso discurso de Frances McDormand
al ganar el Óscar a mejor actriz en el año del Time’s Up fue, de lejos, el momento
más poderoso de la noche. Y es que tan sencillo gesto resonó especialmente por
venir de alguien que rara vez se ha posicionado sobre tema político alguno,
prefiriendo en su lugar toques de humor punzante como los que dedicó al público
de los Spirit Awards la noche anterior, en la que no dudó en quejarse de lo
fatigante que puede resultar la Oscar Race para un front-runner. Ciertamente la
intérprete, que ya obtuvo la estatuilla con el Fargo (1996) de los hermanos Coen, lo había ganado todo esta
temporada, al igual que había hecho su brillante compañero de cartel en Tres anuncios en las afueras (la gran derrotada de la noche), Sam
Rockwell (digno mejor actor de reparto), así como la hasta ahora infravalorada Allison Janney (mejor actriz de
reparto, en este caso por Yo, Tonya)
y el ya icónico Gary Oldman (mejor actor, por fin, por El
instante más oscuro, donde está irreconocible), dejando respectivamente de lado a los también maravillosos Saoirse Ronan, Willem Dafoe, Laurie Metcalf y
Timothée Chalamet; otra vez será.
09 febrero 2016
'La verdad duele': cine de denuncia para lucimiento de Will Smith
Entre el 2002 y el 2012 el doctor Bennett Omalu,
un neuropatólogo forense, trató de hacer ver a la liga de fútbol norteamericana que las
concusiones derivadas de practicar tal deporte a nivel profesional tenían
consecuencias terribles en los jugadores. Pero, claro, admitir la existencia
del síndrome post conmoción cerebral atentaba contra una de las
tradiciones más importantes de EE.UU., surgiendo una problemática disyuntiva:
¿queremos realmente siempre conocer la verdad? ¿O es mejor vivir en una relajada
indiferencia y esperar a que pase lo que tenga que pasar? A fin de cuentas,
sólo se vive una vez, ¿debemos negarnos algo que nos hace felices tan sólo por
los riesgos que reporta? Y, por el mismo motivo, ¿debemos poner en peligro
nuestra vida entera por un solo detalle del que probablemente podríamos
prescindir? (Sí: de pronto parece que hablo del tabaco, pero es que el tema
puede extrapolarse a muchos ámbitos.)
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| Will Smith tiene 2 nominaciones al Óscar y 5 al Globo de Oro, pero nunca ha ganado un premio importante |
Escrita y dirigida por Peter Landesman (Parkland, 2013) a partir de un artículo de Jeanne Marie Laskas, La
verdad duele (Concussion,
2015) es un intenso drama sobre esta increíble historia real que insta a replantearse
el fútbol americano y, por ende, las propias bases de la sociedad
norteamericana. Nominado al Globo de Oro a mejor actor dramático (mas no al
Óscar, uno de los argumentos de la campaña “Oscars Still So White” [más al respecto aquí]), Will Smith ofrece
una de las mejores interpretaciones de su carrera (peliagudo acento nigeriano
incluido). Así habla él de tan importante experiencia: “Ha sido un papel muy
difícil de interpretar. El rodaje lo realizamos en Pittsburg y cada día venían
a saludarnos familiares de jugadores fallecidos (…) No hubo un instante en que no
sintiera el peso emocional de la repercusión de esta película (…) A mí me costó
un tiempo asimilar y entender lo que significaba el estudio de Omalu. Mi hijo
fue jugador de futbol americano y como padre no tenía ni idea de que podría acabar
con lesiones cerebrales; él jugó durante cuatro años y nunca lo pusimos en
duda. Después averigüé la realidad y el miedo se me metió en el cuerpo (…) Este
filme, como ningún otro que he interpretado, me ha demostrado la barrera constante
que existe en la real fragilidad de la humanidad, y ese es un precio que he
tenido que pagar porque me costó entre tres y cuatro meses desprenderme
completamente del personaje”.
23 enero 2016
¿Es racista la Academia? ¿Ignoran los Oscars a los actores negros?
Por segundo año consecutivo, los veinte intérpretes
candidatos a los Oscars interpretativos son caucásicos, o sea, blancos;
procedentes, eso sí, de ambos lados del Atlántico. Y, claro, el mundo se ha
levantado indignado hasta el punto de llevar a la Academia a replantearse su
normativa. Pero, ¿es esto realmente necesario? ¿Son verdaderamente racistas los
premios más ansiados de la industria? Mi respuesta es una rotunda negativa. Pero
veamos por qué.
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| En 2002, Halle Berry y Denzel Washingon ganaron el Óscar |
A lo largo de los 88 años de estos galardones
catorce estatuillas han ido a parar a actores negros, comenzando por Hattie McDaniel por la mítica Lo que el viento se llevó (George Cukor,
Sam Wood y Víctor Fleming, 1939) y concluyendo (hasta ahora) con Lupita Nyong’o por 12 años de esclavitud (Steve McQueen, 2012). Bastan precisamente
estas dos estatuillas para negar todo rasgo de racismo en los Oscars: McDaniel,
una auténtica desconocida, arrebató la estatuilla a su propia compañera de
reparto (la guapísima y blanquísima Olivia de Havilland) en los tiempos en que
los derechos de las personas de color todavía eran inhumanos. Por su parte,
Nyong’o obtuvo el suyo por el debut que le dio la fama, un trabajo notable pero
bastante breve con el que se impuso a tres intérpretes estadounidenses de
prestigio de la talla de June Squibb (Nebraska,
de Alexander Payne), Julia Roberts (Agosto,
de John Wells) y Jennifer Lawrence (La
gran estafa americana, de David O. Russell), todas ellas asombrosas en sus papeles.
¿Encaja todo esto en unos premios racistas? Creo que no.
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