La película sigue a Céline mientras se prepara para la llegada de su primera hija. Aunque forma parte del proyecto familiar desde el principio, el embarazo de su pareja, Nadia, despierta en ella una serie de inseguridades sobre su lugar como madre. El guion encuentra interés precisamente en esos conflictos cotidianos, tratados con una mezcla equilibrada de humor y sensibilidad.
Gran parte de la fuerza de la película reside en las interpretaciones. Ella Rumpf (Crudo) compone un personaje lleno de matices, capaz de transmitir vulnerabilidad sin excesos dramáticos. Monia Chokri (Los amores imaginarios) aporta naturalidad y complicidad a la relación de pareja, mientras que la veterana Noémie Lvovsky destaca en un papel secundario que añade profundidad emocional al conjunto.
El proyecto tiene además un componente autobiográfico. La directora se inspiró en su propia experiencia como futura madre no gestante. Esa cercanía con el material se percibe en la precisión con la que retrata situaciones y sentimientos muy concretos. Es su primer largometraje de ficción tras varios cortos premiados. Apoyada en la fotografía de Jacques Girault (Sauvage), opta por una puesta en escena sobria que confía en los personajes, sin necesidad de artificios.
Más que una película sobre el conflicto, 15 pruebas de amor funciona como una observación detallada, y a menudo hilarante, de cómo se construye una familia.


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