22 septiembre 2015

100 películas muy especiales (Aniversario del blog III)

Pues sí: ya han pasado tres años desde el nacimiento de este espacio cinematográfico. “¡Cómo pasa el tiempo!”, debería decir, pero lo cierto es que me resulta sorprendente que sean sólo tres los años transcurridos, porque ya no concibo mi existencia sin La estación del fotograma perdido. Y es que el cine es una parte imprescindible de mi vida, con lo que hablar de él con total libertad y, sobre todo, teneros a vosotros como lectores es muy importante para mí. El año pasado, decidí celebrar este día prescindiendo de la clásica objetividad en el artículo ‘10 directores muy especiales’, donde os hablé de mis realizadores preferidos. Este año, he decidido mojarme más aún y seleccionar, no diez (algo imposible), sino cien películas muy especiales para mí, situadas por estricto orden alfabético. ¡Espero incitaros a echar un vistazo a los films que aún no hayáis descubierto!

Amelie (Jean-Pierre Jeunet, 2001)
Amelie (Jean-Pierre Jeunet, 2001)
2001: una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968): poética reflexión sobre el desarrollo de la vida humana dotada de unos efectos visuales impresionantes.

(500) días juntos (Marc Webb, 2009): cínica-pero-dulce comedia romántica diferente repleta canciones emotivas que acentúan el poder de los recuerdos.

16 septiembre 2015

¿Por qué escalar el ‘Everest’?: experiencia 3D sobrecogedora

Algunas personas sueñan con ser astronautas; otras, con dar la vuelta al mundo; otras, con ganar un concurso musical. Y otras, solo unas pocas, sueñan con subir a lo más alto del Everest, la montaña más alta del planeta (8848 metros sobre el nivel del mar). A estos últimos va dedicada Everest, la nueva película de Baltasar Kormákur, realizador de 101 Reikiavik (2002, Premio Discovery en Toronto), Las marismas (2006, mejor película en Karlovy Vary) y Contraband (2012), exitoso debut en Hollywood apadrinado por Working Title, popular productora británica que aprendió así a confiar en él.

Jason Clarke en Everest (Baltasar Kormákur, 2015)
Aunque Jason Clarke es escalador, dice que no escalaría
el Everest porque "hay mejores picos que escalar"
Como ya hizo en Lo profundo (2012), el cineasta hispano-islandés se interesa por la supervivencia del hombre en circunstancias naturales extremas, esta vez partiendo de un guion de William Nicholson —nominado al Óscar por Tierras de penumbra (Richard Attenborough, 1993) y Gladiator, de Ridley Scott, 2000)— y Simon Beaufoy —ganador del Óscar por Slumdog Millionaire (Danny Boyle, 2008) y nominado por Full Monty (Peter Cattaneo, 1997) y 123 horas (Danny Boyle, 2010)—. Por desgracia, los dos guionistas no han parecido llevar del todo bien el trabajo conjunto, pues es en el guion —esqueleto de todo film— donde encontramos el gran bache de Everest.

08 septiembre 2015

De 'Pequeña Miss Sunshine' a 'Nuestro último verano en Escocia'

Las familias desestructuradas están a la orden del día. A fin de cuentas, ¿qué familia no lo está hoy en día, aunque sólo sea un poco? ¿Qué familia que se preste carece de un poco de locura y unos cuantos gritos de vez en cuando? Y, pese a todo, ¿quién no ha llegado a pensar que no hay familia más curiosa que la suya? Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006) y Nuestro último verano en Escocia (Andy Hamilton y Guy Jenkin, 2015) nos recuerdan que el sentimiento de pertenecer a una familia de locos es más generalizado de lo que pensamos. Y ambas lo hacen combinando con maestría la comedia y el drama, sin abusar en exceso de ninguno de los dos géneros para dejar una sensación que roza lo agridulce pero desemboca en una bella —pero realista— positividad.

Abigail Breslin en Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006)
La genialAbigail Breslin fue la revelación de
la joya indie Pequeña Miss Sunshine
Nuestro último verano en Escocia supone el salto conjunto al séptimo arte de los sexagenarios realizadores británicos Andy Hamilton y Guy Jenkin, artífices de la popular serie Outnumbered (2007), centrada en un matrimonio con problemas para educar a sus tres hijos. Presentada en la pasada Seminci de Valladolid, la cinta bebe enormemente, tanto de dicha serie, como de Pequeña Miss Sunshine, al presentar una pareja londinense en pleno divorcio —la deliciosa Rosamund Pike nominada al Óscar por Perdida (David Fincher, 2014) y el icónico David Tennant de Doctor Who— que debe aparentar felicidad mientras visita en Escocia al enfermo padre de él —Billy Connolly, tan simpático como estuvo en Una serie de catastróficas desdichas (Brad Silberling, 2005)— acompañada de sus tres hijos (Emilia Jones, Bobby Smalldridge y Harriet Turnbull). Aunque todo el reparto (que también incluye a Ben Miller, Amelia Bullmore y la siempre agradable pero algo fuera de lugar Celia Imrie) está perfectamente escogido, la frescura del film se debe principalmente a la impagable espontaneidad de los tres niños, quienes actúan con una naturalidad de la que muchos intérpretes profesionales tienen mucho que aprender. Gracias a ellos, la cinta es capaz de imprimir una sonrisa permanente en el rostro de los espectadores pese a la dureza de algunos temas tratados, tales como los problemas conyugales, la depresión crónica o la aceptación de la muerte.

18 agosto 2015

La fotografía en 4:3 de 'Ida' y 'Jauja': la onírica verticalidad del universo

Si algo aprenden los estudiantes de comunicación audiovisual desde el primer día es que el formato 4:3 (también denominado 1.33:1) lleva décadas obsoleto. De hecho, muchos se preguntan quién tuvo la absurda idea de emplearlo desde los orígenes. ¿Qué ventajas presenta un formato casi cuadrado de cara a rodar bellos paisajes o dinámicas conversaciones? Aparentemente ninguna. A fin de cuentas, al poseer dos ojos alineados horizontalmente, nuestra propia visión es más cercana a la pantalla panorámica (si bien, según la ciencia, el ángulo de visión del ser humano es 40º en horizontal y 30º en vertical, o sea, 4:3). Pero, como faceta artística y expresiva que es, el cine admite todo tipo de miradas. Así, años después de la sustitución del arcaico 4:3 por el más moderno 16:9 incluso en televisión, se siguen rodando películas con el viejo formato. Concretamente, dos de las cintas más interesantes que han pasado recientemente por las salas fueron rodadas de este modo: la polaco-danesa Ida (Pawel Pawlikowski, 2013), triunfadora de los pasados Premios de Cine Europeo, y la argentino-danesa-estadounidense-etcétera Jauja (Lisandro Alonso, 2014), ganadora del premio FIPRESCI de la sección "Un Certain Regard" del Festival de Cannes. A ellas y su inolvidable fotografía va dedicado este artículo.

Fotograma de Ida (Pawel Pawlikowski, 2013)
La fría fotografía de Ida se hizo con el Premio de Cine Europeo y fue
nominada al Óscar, el BAFTA y el premio de la British Film Academy
Ida fue filmada en 4:3 por Lukasz Zal y su asistente, Ryszard Lynzewski, quien tomó el relevo de su maestro a mitad del rodaje a raíz de las desavenencias entre el arriesgado realizador y el contenido director de fotografía (la juventud de Zal ofrecía a Pawel Pawlikowski la fresca valentía que buscaba). La película se rodó en color pero fue convertida al blanco y negro en posproducción con el sistema Nucoda. Pawlikowski, que abandonó su Polonia natal en plena adolescencia, se decantó por una estética antigua que fomentara la esencia meditativa de la obra: “Ida es sobre Polonia, mi infancia, mis pensamientos sobre la religión. Uno de mis impulsos era traer esos tiempos a la vida, porque ya no sé qué recuerdos son reales y cuáles imaginados”. El formato visual de Ida es clave porque transmite una sensación de pérdida y soledad que refleja muy bien los sentimientos encontrados de la protagonista, que se debate entre empezar a tomar las riendas de su vida o dedicársela para siempre a la religión. El carácter vertical de las imágenes fomenta esta disruptiva: por un lado, los bordes del marco parecen oprimir a la protagonista; por otro, el aire que inunda la parte superior del plano acentúa la infinitud del universo y el carácter libre de la existencia. Además, situar a la joven Agata Trzebuchowska (tan inexperta como perfecta) en la parte inferior del cuadro deja mucho espacio para otro personaje clave: Dios, quien nunca la abandona, o, incluso, el propio cosmos. Así, mientras la imagen panorámica potencia la condición épica pero coherente de la vida terrenal, la imagen vertical hace hincapié en nuestra pertenencia a un universo infinito que nunca comprenderemos del todo.

04 agosto 2015

Las escenas más famosas de la historia del cine

Sharon Stone en Instinto básico
Hay películas famosas y escenas famosas. Hace años, dediqué un artículo a las películas más famosas de la historia (uno de los más populares de este blog, por cierto) y hoy haré lo propio con las escenas más famosas: diez momentos cinematográficos inolvidables que conocen incluso aquellos que no han visto las obras que los incluyen. Diez fragmentos de cine que ya forman parte del imaginario colectivo.

10. El provocador cruce de piernas de Instinto básico (Paul Verhoeven, 1992). Sharon Stone saltó a la fama gracias a un erótico cara a cara con Michael Douglas en el que tanto él como los espectadores vimos mucho más de lo que esperábamos. Por cierto, la actriz afirma que accedió a rodar la escena sin ropa interior confiando en que la cámara respetaría más su intimidad...

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