Entre el 5 y
el 8 de marzo, el Cine Callao de Madrid acoge la duodécima edición de la
Muestra Syfy, todo un evento para los fans del cine de fantasía,
terror y ciencia ficción. Este año, tengo la suerte de contar con un pase de
prensa, así que he decidido contaros día a día cómo se vive este alocado
evento. Y es que, si el Sitges catalán supone la institución sensata del género,
el Syfy madrileño siempre está marcado por el humor, el frikismo y el esperpento (a ambos
lados de la pantalla). Puesto que las películas se proyectan por las tardes (y las noches),
aprovecharé las mañanas para informaros de lo que se cuece en este divertido encuentro cinematográfico, cita obligada para los amantes del género de la capital española.
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| Curiosamente, el cartel de la 12ª Muestra Syfy recuerda a la recién estrenada Ex_Machina, gran ópera prima |
Como siempre,
la Muestra dio comienzo con una interminable cola que llamó la atención de
todos los viandantes ajenos al certamen. ¿El motivo? El preestreno de la
esperada Chappie, tercer trabajo del sudafricano Neill Blomkamp, cuya ópera prima (District 9, 2009) fue nominada al Óscar a mejor película, no siendo
su segunda obra (Elysium, 2013) tan
bien recibida. Algunos espectadores llegaron a esperar hasta dos horas para
verla, con lo que la decepción debió ser mayúscula. Y es que esta historia de
un robot prodigio (molesta voz de Sharlto Copley) atrapado entre su deseo de
amar (sí, tan cursi como suena) y su carácter destructivo (sí, excusa perfecta
para la violencia gratuita) es uno de los mayores despropósitos de ciencia
ficción de los últimos años. Nada se salva: ni las espantosas interpretaciones
(pretender que los chillones músicos Ninja
y Yolandi Visser son actores es de
por sí vergonzoso, pero un pánfilo Dev
Patel, un ‘malo-malísimo’ Hugh
Jackman y una aburrida Sigourney
Weaver tampoco ponen de su parte), el montaje (prestad atención a cualquier
escena y veréis fallos de raccord sencillamente atroces) y el guion (si alguien
encuentra un solo instante lógico en la narración, que avise). Gran parte de la
culpa es, por supuesto, de un Blomkamp cuyo talento directivo es más que cuestionable.




