Espero que me
disculpéis, porque, por una vez, voy a dejar de lado el séptimo arte para hablaros
de mi primera novela: Bajo el arcoíris,
una historia sobre la amistad y la identidad protagonizada por cinco jóvenes
homosexuales que comparten sueños y decepciones en las calles de Madrid.
La literatura
y el cine (del que, como veis, no puedo estar mucho tiempo sin hablar) comparten
una característica principal: contar historias. El principal motivo para
embarcarse en la creación de una película o una novela es tener una historia
que contar. Y yo, en Bajo el arcoíris,
no tenía una, sino cinco. Las historias del sensato y enamoradizo Besay, el cínico
y cautivador Guille, el bonachón y despistado Leo, el conservador y acomplejado
Álex y el ingenioso y valiente Fran, las cuales, en parte, constituyen mi
propia historia, pero, sobre todo, conforman las historias de las personas que
conocí en COGAM (la asociación LGTB de Madrid), que he intentado retratar con
humor y honestidad.
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| Portada de Bajo el arcoíris (Juan Roures, 2015) |
Suena tópico
decirlo, pero realmente he escrito el libro que a mí me habría gustado leer
hace unos años. Si os acercáis a la sección LGTB de cualquier librería, descubriréis
que la mayoría de las portadas incluyen hombres sexis, a menudo directamente
desnudos. Para mí, la homosexualidad es otra cosa. Y escribí Bajo el arcoíris con la intención de
normalizarla. Por eso, creé personajes que afrontan la homosexualidad de
distintas maneras y hablan sobre ella con naturalidad (sería ingenuo afirmar
que los gais no hablan de ser gais a menudo, sobre todo cuando acaban de “salir
el armario”). Sin embargo, la homosexualidad no es el elemento principal del
libro, del mismo modo que no es el elemento principal de la vida de nadie. La
sexualidad (sea la que sea) tan sólo es una parte de nosotros. Y, por supuesto,
afecta a nuestra forma de relacionarnos con las personas que nos rodean, tanto
en el amor como en la amistad.




