08 marzo 2013

Defensa de 'Bambi', clásico Disney

En un principio, los 6 conejos iban a ser similares
emulando a los 7 enanitos, pero Tambor ganó fuerza

Demasiado a menudo oigo decir que “Bambi está sobrevalorada”, que “es un rollo” o que “es la peor de las películas Disney de la Era de Oro”. Además, el film sólo tiene un 6,5 de nota media en Filmaffinity, donde son los propios usuarios los que deciden; no miro a nadie, pero Los aristogatos (Wolfgang Reitherman, 1970) tiene la misma nota... En Rotten Tomatoes, los críticos le dan un 91%, pero los usuarios solo un 72%. Para colmo, es el único film de la Era de Oro de Disney no incluido entre las “1001 películas que hay que ver antes de morir”. ¿Qué tiene todo el mundo contra esta película? Reconozco que Bambi (David Hand, 1942) no es precisamente mi película preferida, pero creo que sólo la infravaloran los que no se han parado a pensar en ello. Por eso, aunque ya dediqué un artículo a Disney en general ("Siempre magia Disney"), hoy dedico mi blog a este clásico de la animación que ha marcado las infancias de muchos de nosotros. Además, es mi cumpleaños y me merezco un artículo especial.


Las bellas escenas de la vida en el bosque envuelven
la historia del cervatillo Bambi con poesía
En 1933, Sidney Franklin, productor y director de la Metro-Goldwyn-Mayer, compró los derechos de la novela Bambi, una vida en el bosque (1923), del austriaco Felix Salten, con la intención de convertirla en una película de acción real. Sin embargo, tras años de experimentación, decidió que esto era imposible y vendió los derechos a Walt Disney en abril de 1937. A fin de cuentas, contar con animales en un rodaje era todavía algo complicado y, de hecho, pasarían más de veinte años hasta que un ciervo fuera protagonista de un rodaje en la fallida Mansiones verdes (Mel Ferrer, 1959).

"¡Esto es oro puro!", exclamó
Disney al ver esta escena
Pero Walt Disney, mago de la animación, tenía un plan distinto y empezó a trabajar en la adaptación en seguida, con la intención de convertir a Bambi en el segundo largometraje del estudio. Sin embargo, la dureza de la historia original no parecía muy apropiada para el estilo de Disney, lo que, unido a las dificultades para animar ciervos de forma realista (ya aparecen algunos en Blancanieves y los siete enanitos (David Hand, 1937), pero su animación es más adorable que creíble…, de hecho, en palabras de Eric Larson, estaban animados como “grandes sacos de flores”), dejó la producción en espera.

La estructura y el movimiento de ciervos reales fueron
estudiados a fondo por el equipo para alcanzar realismo
En 1938, el estudio empezó a trabajar en los storyboards de Bambi, pero la atención requerida por la experimental Fantasía (1940) volvió a retrasar su producción, que dio por fin comienzo el 17 de agosto de 1939. No obstante, los cambios que atravesaba el estudio en los ámbitos de personal, localizaciones y metodología de trabajo hicieron que los progresos fueran bastante lentos.

La elaboración del guión fue bastante costosa, ya que una obra para adultos debía convertirse en una historia para niños que no perdiera el espíritu original de la novela. Una de las aportaciones clave fue la creación del conejo Tambor y la mofeta Flor, los simpáticos amigos del protagonista. Además, se tomó la decisión de no mostrar al hombre en ningún momento, así como de omitir la escena de la muerte de la madre de Bambi. En julio de 1940 el guión estaba terminado y Bambi había pasado de corzo a ciervo de cola blanca, ya que el corzo de la novela original (ambientada en Europa) no habita en Norteamérica.

Esta pintura en óleo refleja el misticismo que envuelve
al padre de Bambi, príncipe del bosque
Ahora llegaba lo más difícil: la animación. Disney quería animales realistas, con lo que pidió al pintor del reino animal Rico LeBrun que diera clases magistrales a sus animadores sobre morfología animal. Los animadores visitaron también el zoo de Los Angeles e incluso un pequeño zoo fue construido en el estudio para que todos los trabajadores de Bambi pudieran observar a los animales de cerca. Aunque la anatomía de los personajes fue exagerada a propósito para darles mayor personalidad, esto no habría dado el mismo resultado de no haber contado con una base creíble. Trabajar en Bambi supuso para todos un enorme aprendizaje que reflejarían los posteriores films del estudio, para los que los animales siempre han sido clave.

Tyrus Wong es el artífice de la acertada
estética impresionista del film
Por otro lado, los decorados del film fueron inspirados por paisajes del este de EE.UU., donde uno de los artistas más conocidos del estudio, Maurice “Jake” Day, pasó varias semanas estudiando y fotografiando la flora y la fauna. No obstante, añadió tanto detalle a los dibujos que comprobó que estos quitaban protagonismo a los personajes. La solución vino del animador chino Tyrus Wong, cuyas pinturas impresionistas convencieron a Day para recomendarle como director de arte del film. La técnica de Wong era transmitir la esencia del bosque sin dibujarlo por completo. Así, mientras Bambi y sus amigos están dibujados con líneas marcadas y tonos bien definidos, los fondos son a menudo una combinación de colores y formas abstractas que, no obstante, nos transmiten la idea del bosque con gran belleza. El bosque es un lugar donde la vida fluye a raudales pero tiene la habilidad de esconderse cuando vamos en su busca y las pinturas al oleo son perfectas para mantener esa sensación de misterio. La escena más difícil de rodar fue el travelling inicial, con el que la cámara nos da la bienvenida a la vida en el bosque, para el que se recurrió a nueve niveles de pintura sobre placas de cristal.

Como público, descubrimos las maravillas del bosque
al mismo tiempo que el joven Bambi
Debido a la II Guerra Mundial, Pinocho (Ben Sharpsteen y Hamilton Luske, 1940) y Fantasía (1940) no tuvieron el éxito de taquilla esperado y acercaron al estudio a la ruina, lo que forzó a Disney a recortar varias escenas de Bambi para reducir costes. La propia Bambi supuso pérdidas en su estreno en 1942 (1,64 millones de dólares a partir de 1,7 millones de presupuesto): sin duda los tiempos de guerra eran bastante inoportunos para reivindicar la vida del bosque. Las críticas fueron regulares e incluso hubo alguna protesta por el negativo tratamiento de la caza en el film. Al igual que Blancanieves, Pinocho y Dumbo (Ben Sharpsteen, 1941), la película alcanzó tres nominaciones a los Oscar en categorías sonoras (no sin razón: apenas 900 palabras de diálogo hacen de Bambi la película con menos diálogo del estudio, lo que convierte al sonido en un elemento clave): mejor banda sonora, mejor canción (Love is a song) y mejor sonido, pero no ganó ninguna de ellas.

Para la escena del hielo se contó con actores humanos
que sirvieran de ejemplo para los movimientos
Está claro que las canciones de Bambi no pueden competir con las pegadizas melodías de sus predecesoras, pero los alegres cantos y dulces tonos de Edward Plumb y Frank Churchill, que combinaron instrumentos musicales con sonidos de la naturaleza, eran muy acordes como banda sonora del bosque. De hecho, la película es sin duda un canto de vida y de amor por los bosques, gracias al agudo diseño de la vida en estos. Desde la mamá perdiz con sus hijos en línea hasta las hojas balanceándose con el viento otoñal, todos los detalles de Bambi transmiten un mensaje defensor de las maravillas naturales que a menudo nos perdemos por no estar atentos. Y, aunque en su momento el papel del hombre como villano fue muy mal visto, hay que reconocer que no hay mayor enemigo de los bosques que nosotros mismos: la caza y la tala de árboles han supuesto y siguen suponiendo un ataque a la vida en muchos rincones del planeta.

Bambi aprende a estar alerta en la desprotegida pradera,
una de las últimas lecciones de su madre
Sin embargo, lo más bello de la historia del cervatillo Bambi es cómo refleja el ciclo de la vida y de cómo ésta siempre sigue su curso. Bambi ve la luz en primavera, con la alegría de los cantos de los pájaros y la emoción por descubrir este mundo; es una época de felicidad y carente de complicaciones en la que el bosque es hermoso y apacible. En verano, el personaje empieza a comprender que la vida tiene sus cambios y nada permanece del mismo modo para siempre; es un tiempo de maduración y descubrimiento de valores como la sabiduría (representada por el viejo Búho), la amistad (el conejo Tambor y la mofeta Flor) y el amor (la cervatilla Falina); además, Bambi ve a otros miembros de su especie y descubre la historia de su emblemático y misterioso padre, príncipe del bosque, y empieza a conocer la idea de “responsabilidad”: él podría ser el príncipe en un futuro. El otoño es una época de descubrir los peligros de la vida en la que Bambi aprende a temer al hombre y que la existencia no es tan sencilla como creía, mientras que el duro y frío invierno supone la confirmación de que sus miedos no eran infundados: su madre cae bajo el fuego del hombre y Bambi se encuentra con que la vida, tal y como la conocía, ha perdido su sentido.

El búho es símbolo de sabiduría, algo que retomaría
Tod y Toby cuarenta años después
Pero lo más hermoso de todo es que el mundo tiene preparada una sorpresa: el invierno no es el final y, tras él, llega de nuevo la primavera. La nieve da paso a las flores y el aparentemente imborrable dolor puede desaparecer. Bambi nunca olvidará a su madre, pero el ciclo de la vida le ha demostrado que la primavera siempre sigue al invierno, que los buenos y los malos momentos siempre están alternándose y que todo puede superarse.

Varias generaciones han llorado la muerte de la madre de Bambi y muchos se han preguntado: “¿Era realmente necesario?”. Después de todo, es una película para niños, y varias de las obras de Disney han cambiado sus finales originales para ser más apropiadas para ellos. Pero, aunque nos cueste aceptarlo, la muerte de la madre de Bambi sí es necesaria. No hay mayor temor en un niño que el perder a su propia madre. Ver al protagonista de su película favorita sobrellevar tal dolor y superarlo es muestra de que la vida, aunque dura y trágica en ocasiones, nos ha dado el valor de subsistir sin importar las circunstancias.

Mientras crece, Bambi descubre que hay otros seres
distintos a él atravesando los mismos cambios vitales
Y, claro, luego está la aventura del crecer, clave del cine de animación y visible más que nunca en Bambi. Al principio, Bambi está desamparado ante la vida y se refugia en su madre ante cualquier novedad. Los propios Tambor y Flor le asustan porque suponen algo nuevo para él. No obstante, con el paso del tiempo aprende a distinguir amigos de enemigos y encuentra apoyo en el pequeño conejo y la tierna mofeta. Algo similar sucede con la cervatilla Falina: la primera vez que se ven, Bambi siente una mezcla de admiración y rechazo y nosotros mismos vemos con malos ojos a un personaje que, aparentemente, busca privar a Bambi de su pureza e inocencia. Pero, cuando el ciclo de la vida vuelve al principio, Bambi y Falina se encuentran de nuevo y la situación es distinta: ambos han crecido y cambiado. Tanto Falina como nosotros somos conscientes de que hay algo diferente en Bambi, una madurez y una sabiduría que el dolor y las necesidades de salir adelante han dejado en él. Al final, es el propio Bambi el que se convierte en un héroe, sobrevive a sus propios miedos de la infancia (el hombre) y se gana el orgullo de su padre. Ya es el príncipe del bosque.

Al conocer a Falina, todo tipo de sentimientos pasan
por la mente de Bambi, quien ve que no está solo
Bambi no fue un éxito en su día, pero desde entonces ha vuelto a los cines en seis ocasiones (1947, 1957, 1966, 1975, 1982 y 1988) y ha sido todo un éxito de ventas desde su estreno en vídeo en 1989 y en DVD remasterizado en 2007. Además dio lugar a una insustancial pero exitosa secuela centrada en la relación de Bambi con su padre: Bambi 2, el príncipe del bosque (Brian Pimental, 2006). En junio de 2008, el American Film Institute colocó a Bambi como la tercera mejor película animada estadounidense de todos los tiempos, solo por detrás de Blancanieves y los siete enanitos y Pinocho. El propio Walt Disney la calificó como su película preferida de todas las de su estudio. Yo confío en que mis hijos rían con Shrek (Andrew Adamson y Vicky Jenson, 2001), se sorprendan con El viaje de Chihiro (Hayao Mitazaki, 2001) y vivan aventuras con Buscando a Nemo (Andrew Stanton y Lee Unkrich, 2005), pero espero que descubran el amor por este mundo y el significado de la vida con ese pequeño clásico que es Bambi. Recordad: el invierno siempre va seguido de la primavera.



© El copyright del texto pertenece exclusivamente a Juan Roures
© El copyright de las imágenes pertenece a sus respectivos autores y/o productoras/distribuidoras

03 marzo 2013

Efectos especiales: todo es posible


La bella estética de 300 es obra de un ordenador...
y de la persona que lo maneja, claro
“La mayoría de lo que veis es falso, es un efecto visual”, así empezó el discurso de aceptación de los ganadores del Oscar por los efectos visuales de La vida de Pi, que fue cortado antes de que aquéllos pudieran protestar por la situación de su estudio, el Rhythm n Hue, recién sumido en la bancarrota pese a que el film recaudase más de 600 millones de dólares. Toda una ironía considerando que son sus efectos visuales lo que han convertido a un film con un guión mejorable y una dirección menos acertada de lo que Ang Lee nos tiene acostumbrados (con Oscar o sin él) en una de las más taquilleras del año. Pero es que Rhythm n Hue no se lleva ni un céntimo de todo ello. En honor a esta absurda injusticia, dedico mi artículo de hoy a los efectos visuales.

Nunca hubo un tigre en el
set de La vida de Pi
Desde los orígenes del cine, los efectos visuales han jugado un papel muy importante a la hora de contar historias y atraer a los espectadores. Tal y como mostré en los artículos “Cómo triunfar en taquilla” y “las películas más exitosas de la historia”, los efectos especiales son clave a la hora de atraer al público a las salas. Aunque las nuevas tecnologías nos vuelven cada vez más difíciles de sorprender, el avance en los efectos visuales no deja de crecer y películas como Cleopatra (Joseph L. Mankievicz, 1963), Independence day (Roland Emmerich, 1996) o Los vengadores (Joss Whedon, 2012) nos impresionan precisamente debido a ello.

Sin embargo, los efectos visuales fueron descubiertos por accidente, o eso se cree. En 1895, el genio George Méliès estaba rodando una escena en la calle cuando su cámara se atascó por unos instantes. Cuando el aparato volvió a funcionar, el carruaje que ocupaba su ángulo de visión había sido sustituido por un coche fúnebre. Al ser proyectada, la película dio la sensación de que el primero se había transformado en el segundo por arte de magia. Fue eso lo que dio a Méliès miles de ideas que plasmaría en su obra maestra Viaje a la luna (1902), la primera película fantástica de la historia. Por eso se le conoció como “el mago del cine”.

Viaje a la luna demostró que el cine no tenía que ser
realista y abrió todo un abanico de posibilidades
Aunque no lo parezca, la creación del primer King Kong (Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, 1933) siguió un proceso similar al empleado por Méliès: el gorila era un muñeco de aluminio cubierto de piel de conejo de 60 centímetros que se movía manualmente. De este modo, se filmaba un fotograma, se movía el muñeco un poco y se filmaba el siguiente fotograma y así sucesivamente. Al verse todos los planos filmados seguidos, nuestra sensación era la de ver a King Kong en movimiento. Esta es la famosa técnica conocida como stop-motion, que en la actualidad se ha estilizado y perfeccionado.

Se trata del efecto visual más sencillo, pero con resultados fascinantes. Se considera que la primera película rodada enteramente con este efecto es la francesa El hotel eléctrico (Segundo de Chomón, 1908), en la que los objetos de un hotel cobran vida para peinar, afeitar y acomodar a sus huéspedes con gran realismo para la época.

Todos los elementos de un film como La novia cadáver
han sido construidos como si de juguetes se trataran
No obstante, alcanzar un grado de perfección absoluta es casi imposible, con lo que la técnica ha sido relegada al campo de la animación, donde pueden tomarse algunas licencias con el realismo. Sin duda, la figura más conocida a este respecto es Tim Burton, artista y máximo artífice de Pesadilla antes de Navidad (Henry Selick, 1993) y director de La novia cadáver (2005) y Frankenweenie (2012). Estos maravillosos films crean una atmósfera encantada que mezcla el terror gótico y la ternura nostálgica gracias a unos ambientes fascinantes construidos pieza a pieza y animados fotograma a fotograma. Increíble pero cierto.

En Harry Potter y el prisionero de Azcabán personajes
reales y ficticios interactúan gracias a la magia digital
Cuando el stop-motion hace uso de figuras moldeables creadas a partir de plastilina, arcilla u otro material maleable, se conoce como Plastimación o Claymation (nombre inglés, por el que es más conocido, como en la mayoría de los casos que estoy tratando). Experto en este campo es el estudio británico Aardman, cuyos míticos personajes Wallace y Gromit han dado lugar a múltiples cortometrajes y un largometraje. Aunque las historietas no son demasiado novedosas, una retrospectiva a las divertidas aventuras de estos personajes refleja los avances técnicos del estudio, desde la artesanal Wallace & Gromit: la gran excursión (1989), de 24 minutos de duración, hasta la sorprendente Wallace & Gromit. La maldición de las verduras (2005), ganadora del Oscar a mejor película de animación, la mejoría es impresionante. El director de todas ellas es Nick Park, quien también dirigió, junto a Peter Lord (creador de Aardman junto David Sproxton en los 70), la excelente Chicken Run: Evasión en la granja (2000), sobre unas gallinas que luchan por evitar convertirse en pastel de pollo.

Forrest Gump es insertado en los acontecimientos
históricos de los 60 y 70 con humor y realismo
No, no me estoy equivocando de artículo: la animación no es sino un efecto especial más. De hecho, los límites entre películas de acción real y películas de animación son difusos, o, si no, que se lo digan a Avatar, incluida en varios tops de películas animadas. Pero no avancemos tan rápido, porque esta impresionante película debe mucho a sus predecesoras, incluida Toy Story (John Lasseter, 1995), primer film generado por completo por ordenador.

Los paisajes de El Señor de los Anillos combinan
realidad, miniaturas, fondos matte y retoques digitales
Una de las técnicas más empleadas por los cineastas es el matte painting, que consiste, sencillamente, en dibujar los escenarios y utilizarlos de fondo. Al haber objetos tridimensionales y personajes reales en primer plano, la falsedad del segundo plano pasa desapercibida. Se trata de una técnica muy empleada en el sistema clásico de estudios, que grababan todas las escenas en interiores, aunque a menudo el efecto es tan obvio que la credibilidad se queda por el camino, como en el caso de los exagerados fondos campestres de Siete novias para siete hermanos (Stanley Donen, 1954). El truco está en dar perspectiva a la imagen, lo que puede crear efectos ópticos asombrosos, como en la escena final de Blade Runner (Ridley Scott, 1982), donde Harrison Ford parece colgar sobre el abismo cuando apenas le separan unos centímetros del suelo.

Los 4 Fantásticos y otros
superhéroes deben sus poderes
a la tecnología digital
Las superproducciones modernas utilizan esta técnica con tal cuidado que resulta complicado saber qué es real y qué no. Muchos se sorprenderán al saber que varios de los paisajes de El Señor de los Anillos (Peter Jackson, 2001-2003) son meros dibujos de los artistas conceptuales. No obstante, hay una diferencia importante: en el caso del musical de Donen, el fondo estaba literalmente colocado tras los actores, mientras que en la fantasía de Jackson está incrustado por ordenador. Esto es lo que se conoce como croma (en inglés, chroma key): la escena se graba con un fondo de un color uniforme que, en posproducción, es sustituido por el escenario que se desee. Dicho color suele ser el verde por ser el que menos existe en el cuerpo humano, pero también es muy utilizado el azul (por ejemplo, cuando se graban elementos vegetales), o incluso el rojo y el amarillo si procede. (A fin de cuentas, la posproducción convertirá en transparentes todos los elementos de dicho color para sustituirlo por el nuevo fondo, con lo que todo objeto o ser vivo de dicho tono también desaparecería.)

Los diez mandamientos no reparó en gastos para
conseguir los mejores efectos posibles en la época
Algo muy importante al usar el ordenador es la iluminación: ya que la escena se graba sin el fondo conveniente, hay que controlar que los actores reciban la misma iluminación que el fondo: no podemos ver una puesta de sol con personajes en primer plano que no se ven alterados por ella. La poesía visual 300 (Zack Snyder, 2006) fue grabada por completo en interiores, pero su resultado es excelente gracias al sumo cuidado de estos detalles. Y hablando de iluminación, no siempre fue fácil rodar de noche con la calidad actual: de hecho, hasta los años 50 la mayoría de las escenas nocturnas se grababan con el truco de “la noche americana”: filmar en un día soleado, cerrar un poco el diafragma de la cámara para que entre menos luz y poner un filtro azul al objetivo.

El imperio contraataca convierte unas miniaturas dignas
de exposición en amenazante maquinaria de guerra
Otro elemento importantísimo es el morphing, que surgió en los 80 y permite la metamorfosis de un elemento corpóreo en otro. Para ello, se fotografían el elemento de origen y el final y el programa de ordenador hace el resto. El primer ejemplo de la historia es la realista transformación de la hechicera Fin Raziel en una serie de animales en Willow (Ron Howard, 1988) gracias al trabajo de técnicos de Industrial Light & Magic (ILM). En 1991, el morphing dio un paso más con las transformaciones del malvado androide T-1000 de Terminator 2: el juicio final, con la que James Cameron consiguió, sorprendentemente, superar a su Terminator (1984) original, no sólo en efectos, sino también en profundidad de la historia.

Blade Runner crea una acertada ilusión óptica
gracias a
fondos matte con perspectiva
Y, hablando de ILM, esta empresa fue fundada por George Lucas en 1975 para alcanzar los efectos visuales que él buscaba para su famosa saga espacial, sobre la que acababa de obtener luz verde. Él era consciente de que La guerra de las galaxias (1977) no triunfaría sin universo creíble. Al final, se convirtió en una de las películas más taquilleras de la historia para sorpresa de todos (incluido el estudio). El desarrollo del control de movimiento (motion control) y el go motion (similar al stop-motion, pero fotografiando las figuras sin estar completamente inmóviles, lo que da realismo al movimiento) dio lugar a fascinantes naves espaciales, criaturas nunca vistas y mundos jamás imaginados. ILM tiene en su haber múltiples logros, como la primera secuencia generada totalmente por ordenador –Star Trek II: La ira de Khan (Nicholas Meyer, 1982)–, el primer personaje completamente generado por ordenador –el caballero de la vidriera en El secreto de la pirámide (Barry Levinson, 1985–, y el primer personaje creado 100% digital –Grievous, de Star Wars. Episodio III: La venganza de los Sith (George Lucas, 2005) –. No sin razón el estudio ha recibido 16 premios Oscar.

Jurassic Park combina tecnología
digital y animatronics
Aunque quizá el mayor avance del mismo fuera la creación de seres vivos de Parque Jurásico (Steven Spielberg, 1993), donde los dinosaurios se mueven con sumo realismo. Las mejoras en este ámbito llevaron a múltiples criaturas a cobrar vida en películas fantásticas, con creaciones tan fascinantes como el hipogrifo de Harry Potter y el prisionero de Azcabán (Alfonso Cuarón, 2004) o el gorila gigante de King Kong (Peter Jackson, 2005). Sin embargo, aunque parezca mentira, es más difícil todavía crear animales ya existentes: las criaturas fantásticas no tienen un “original" con el que compararse, pero el león de Las crónicas de Narnia: el león, la bruja y el armario (Andrew Adamson, 2004), sí, y la diferencia se percibe. Precisamente, uno de los grandes logros de La vida de Pi es hacernos creer que un tigre creado digitalmente es real, un efecto menos conseguido con otras de las criaturas del film, que, si bien son perfectas físicamente, carecen de vida.

Dentro del laberinto crea un
mundo de animatronics
Claro, que siempre serán más creíbles que los animatronics, es decir, máquinas robóticas que hacen pasarse por seres vivos. Quizá el más famoso sea el asesino protagonista de Tiburón (Steven Spielberg, 1975), cuya falta de realismo llevó a su director a recurrir al “terror por omisión” (lo que no vemos puede aterrarnos más que lo que vemos con claridad). También hay películas donde la práctica totalidad de los personajes está creada con este sistema, como la imaginativa Dentro del laberinto (Jim Henson, 1986), pero el efecto resulta bastante más curioso que realista. Incluso el mítico Yoda era bastante cuestionable pese al control de Frank Oz de la marioneta en El imperio contraataca (Irvin Kershner, 1980) y, por ello, al realizar la nueva trilogía, Lucas decidió crearlo directamente por ordenador, lo que hace que el personaje ni siquiera parezca el mismo pero gane expresión y, sobre todo, movimiento (a fin de cuentas, la marioneta ni podía levantarse del suelo).

Piratas del Caribe: el cofre del hombre muerto utiliza el
control de movimiento para crear criaturas fantásticas
A este respecto, conviene destacar que hay dos tipos de efectos visuales. Por un lado están los efectos mecánicos, alcanzados con trucos en el momento del rodaje, y, por otro, los efectos fotográficos, conseguidos por manipulación de la imagen en posproducción. Los primeros han dado poco a poco paso a los segundos en las grandes producciones, pero todavía son muy empleados en todo tipo de films. De hecho, la propia lluvia es un efecto visual, ya que la lluvia real no es captada con realismo por las cámaras de cine y además un rodaje es demasiado caro para depender del tiempo atmósferico. De ahí viene el chiste de Los Simpson en el que unos cineastas afirman que, como las vacas no parecen vacas en pantalla, se utilizan caballos con cuernos, mientras que para crear caballos se atan varios gatos.

La nueva trilogía de Star Wars ha sido criticada por su
estética de videojuego y no ha recibido un solo Oscar
En la época dorada de Hollywood, en los estudios se creaba de todo, desde el terremoto de San Francisco (W. S. van Dyke, 1936) y el tornado de El mago de Oz (Víctor Fleming, 1939), hasta la impresionante apertura del Mar Rojo de Los diez mandamientos (Cecil B. DeMille, 1956), calificada por Spielberg como “la mejor secuencia de efectos especiales de la historia”. Sin reparar en gastos, el equipo de efectos especiales combinó pinturas mate, imágenes de personas diminutas y secuencias de miles de litros de agua cayendo en un tanque proyectadas al revés. El Oscar de efectos visuales fue el único alcanzado por el film, pero sin duda le ayudó a alcanzar la séptima posición en el top de películas más taquilleras de todos los tiempos.

También memorable es la escena de lucha contra los esqueletos de Jasón y los argonautas (Don Chaffey, 1963), aunque hoy en día resulta bastante anticuada. Y es que la tecnología digital nos ha llevado a rechazar todo efecto que “se note”. A fin de cuentas, Alien (Ridley Scott, 1979), X-Men (Bryan Synger, 2000), Inteligencia artificial (Steven Spielberg, 2001) o Los 4 Fantásticos (Tim Story, 2005) nos tienen mal acostumbrados.

Los maravillosos efectos visuales de Eva nos 
regalan escenas mágicas de gran belleza
Una vez más, EE.UU. es el líder indiscutible de los efectos visuales, única categoría de los Oscar por la que nunca ha perdido un solo premio a favor de otras cinematografías (apenas nominaciones siquiera, aunque esto es más producto del egocentrismo que de otra cosa). No obstante, poco a poco otros países van aprendiendo de él y aportando su propia contribución. Nuestro país puede estar especialmente orgulloso de los efectos de las exitosas El laberinto del fauno (Guillermo del Toro, 2006) y Lo imposible (J. A. Bayona, 2012), aunque personalmente me quedo con Eva (Kike Maíllo, 2011), cuyo mejorable guión no empaña unos efectos robóticos, que son, no solo impresionantes, sino de las visiones más bellas que ha regalado el cine.

Nada es real en Matrix, ni dentro
ni fuera de la historia
De hecho, los mejores efectos visuales no son los más impresionantes, sino los que se insertan con tal perfección en la historia que nos hacen dudar de que realmente sean falsos, como en el caso de la espectacular Matrix (Andy & Lana Wachowsky, 1999), pionera en el bullet time (ralentización de tiempo para poder ver movimientos tan veloces como el de una bala gracias a registrar el movimiento desde distintos puntos de vista a partir de una batería de cámaras fotográficas sincronizadas). Hay que tener cuidado con las nuevas tecnologías, porque pueden dar lugar a una estética más propia del videojuego que de la realidad. Así, si bien los efectos visuales de Star Wars. Episodio I: La amenaza fantasma (George Lucas, 1999) y El Hobbit (Peter Jackson, 2012) son superiores a los de sus predecesoras (La guerra de las galaxias y El Señor de los Anillos) técnicamente hablando, resultan menos realistas y, por tanto, peores. De hecho, las tres películas de El Señor de los Anillos obtuvieron este Oscar precisamente por convertir la Tierra Media en un lugar fantástico, asombroso, inimaginable… pero creíble.

En esta saga fue también imprescindible el uso de la captura de movimiento (motion capture), que permitió aplicar los gestos y movimientos de Andy Serkis a la criatura Gollum con sumo realismo. Al contemplar a Gollum, vemos el toque humano de Serkis, pero también el misterio que una criatura así conlleva gracias a la magia del ordenador. El mismo proceso se utilizó en la impresionante Avatar (James Cameron, 2009) para convertir a todo el reparto en criaturas Na´vi. Esta última fue también pionera en el uso del 3D, que nos permite vivir los efectos visuales con más intensidad que nunca.

En la visualmente brillante Avatar, la 
captura de movimiento permite traspasar
expresiones reales a personajes digitales
De todos modos, los efectos visuales no surgen, ni por arte de magia ni por creación de un ordenador. Aunque la sofisticación de los efectos visuales actuales lleva a creer que son el resultado de un simple programa informático, lo cierto es que detrás de las inserciones de Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994) en distintos periodos históricos, los monstruos marinos de Piratas del Caribe: el cofre del hombre muerto (Gore Verbinski, 2006) o el decrecimiento de Brad Pitt en El curioso caso de Benjamin Button (David Fincher, 2008) hay un equipo de expertos dedicando horas y horas a cada fotograma. Una vez más, la magia del cine nace del duro trabajo de personas que dedican horas, días, meses e incluso años a crearla. Y a regalárnosla.


© El copyright del texto pertenece exclusivamente a Juan Roures
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25 febrero 2013

Oscars 2013: premios para todos en una edición muy musical

Los cuatro "mejores actores" del 2012:
Day-Lewis, Lawrence, Hathaway y Waltz
La 85ª edición de premios Oscar a lo mejor del 2012 prometía ser emocionante y divertida y no decepcionó. Seth MacFarlane condujo la gala con gracia y musicalidad gracias en gran parte al lujo de las colaboraciones: desde el maravilloso baile inicial de Charlize Theron y Channing Tatum supimos que, más que ante una entrega de premios, nos encontrábamos frente a todo un espectáculo.

Las quinielas se cumplieron y Argo se alzó con la estatuilla a la mejor película del año pese a no estar su director, Ben Affleck, siquiera nominado. La sorpresa no fue esa, sino quien anuncio el premio en directo desde la Casa Blanca: la magnífica Michelle Obama. Con anterioridad, tan sólo Gran Hotel (1932) y Paseando a Miss Daisy (1989) han conseguido tal empujón de última hora. Además, se trata de la primera película que gana el galardón principal pese a partir de la quinta posición en número de nominaciones (siete) y de una de las ganadoras con menos estatuillas. Como ya hizo Crash en 2005 y tal y como predije ayer, la película triunfó gracias a solo dos categorías más: montaje y guión adaptado, este último por encima del excelente libreto de El lado bueno de las cosas, que podría haberse ido de vacío de no ser por el merecido premio a mejor actriz para Jennifer Lawrence, quien terminó imponiéndose a Emmanuelle Riva y Jessica Chastain en una de las categorías más emocionantes de la noche. Su voluminoso vestido le jugó una mala pasada al hacerla caer por las escaleras camino del premio, pero ella lo sobrellevó con el buen humor que la caracteriza.

Michelle Obama anuncia la ganadora
Con ello se fue la única posibilidad de un film español de rascar algo anoche, pues Naomi Watts fue, como era previsible, olvidada por su brillante trabajo en Lo imposible. Tampoco el diseñador de vestuario canario Paco Delgado logró imponerse al bellísimo trabajo de Ana Karenina en la categoría con mayor competencia de la noche pese a su aparente banalidad: Lincoln, Mirror Mirror y Blancanieves y la leyenda del cazador eran todas ellas fuertes contrincantes. Ésta última se fue justamente de vacío, pero sus dos nominaciones nos maldijeron con la presencia de su protagonista, Kristen Stewart, quien, más fea que nunca y con apariencia estreñida (quizá por el merecido Razzie a peor actriz del año que acababa de recibir), entregó el premio de mejor diseño de producción junto al “mago” Daniel Radcliffe (quien también protagonizó un divertido número musical junto a MacFarlene y Joseph Gordon-Levitt) a la aburrida pero artísticamente impecable Lincoln.

El educado Ang Lee recoge su segundo Oscar
de manos de Michael Douglas
Ese premio ayudó al film de Steven Spielberg a abandonar la gala con algo de dignidad. Pese a partir de 12 nominaciones, Lincoln hubo de conformarse con dos premios, siendo el segundo el destinado al mejor actor para Daniel Day-Lewis, quien se convertía así en el primer intérprete con tres premios a mejor actor principal. No dudo de la excelencia de este aclamado actor británico, pero me pregunto si realmente merece tres premios antes de que Joaquín Phoenix, impresionante en la olvidada The Master, consiga uno siquiera. El que no consiguió tercer Oscar fue Spielberg, quien, en la mayor sorpresa de la noche, perdió ante el taiwanés Ang Lee, quien, no contento con ser el primer director no caucásico premiado (en 2005 con Brokeback Mountain), se ha alzado con un segundo galardón que probablemente merecía más por varios de sus films que por La vida de Pi, en la que su talento como director de actores apenas se ve reflejado.

Catherine Zeta-Jones recupera su
papel de Chicago en el escenario
La impresionante aunque de guión mejorable La vida de Pi fue, por cierto, el film más oscarizado de la noche al alcanzar también merecidas distinciones en fotografía, banda sonora y efectos visuales. Este último premio acabó con las posibilidades de El Hobbit de llevarse algo a casa después de su inaudita derrota en la categoría de maquillaje frente a Los miserables.

Era esto, no obstante, previsible considerando los malos ojos con que ha visto Hollywood la última superproducción de Peter Jackson y su exagerado cariño hacia La vida de Pi y Los miserables. Ésta, de hecho, fue la gran protagonista de una noche dedicada a los musicales en su honor, algo que quizá ayudó a Searching for Sugar Man, fantástico documental musical sobre el olvidado rockero Rodríguez, a alzarse con el Oscar a mejor película documental del año. Para celebrar todo esto, tuvo lugar un magnífico número musical con actuaciones de una Catherine Zeta-Jones que cambió su disfraz de Cleopatra por el atuendo de Chicago (varias tallas más que cuando lo lució en 2002, eso sí), una impresionante Jennifer Hudson de la que nadie ha oído hablar desde su Oscar por Dreamgirls (2006), y todo el irregular elenco de Los Miserables demostrando que, en efecto, pueden cantar sin necesidad de retoques.

Los Miserables se convirtió en la protagonista de
la noche gracias al impresionante número musical
Entre estos últimos, brilló una vez más con luz propia Anne Hathaway, quien, pese a llevar un vestido que no dejaba lugar a la imaginación con respecto a sus pezones, recogió el Oscar más cantado de la noche (nunca mejor dicho) por una magnífica actuación que, de hecho, salva el mediocre film. No obstante, éste aun obtuvo un premio más: el correspondiente a mejor sonido, sin duda debido a lo impresionada que ha quedado la Academia ante el primer musical rodado sin playback (sí, los actores cantan de verdad, y sólo un sonido excelente puede evitar que ello parezca una actuación de fin de curso).

Channing Tatum y Charlize Theron sorprenden
a todos marcándose un baile
Curiosamente, fue la normalmente insustancial categoría de mejor montaje de sonido la que dio el puntazo de la noche al alcanzar el tercer empate de la historia de estos premios en apartados de largometrajes tras los alcanzados por Fredric March y Wallace Beery en 1932 en la categoría de actor y Barbra Streissand y Katherine Hepburn en 1968 en la de mejor actriz. Fue un empate muy oportuno, pues ayudó a que la polémica La noche más oscura no se fuera con las manos vacías y a que la brillante Skyfall (quizá la mejor película de todos los tiempos de James Bond, saga a la que también se rindió homenaje en la gala) fuera premiada al margen de su canción. Sí, la excelente “Skyfall” fue la mejor canción de la noche, algo previsible considerando lo mucho que se había anunciado el hecho de que Adele la cantaría en la ceremonia. 

Tarantino recibe su segundo Oscar por guión 
original (aun no tiene ninguno como director)
Mientras ambos films se peleaban por una categoría que pocos distinguen de la de mejor sonido, la notable Django desencadenado obtenía, como quien no quiere la cosa, los importantes premios a mejor guión original y mejor actor secundario. El primero fue a parar a un siempre extraño Quentin Tarantino, quien ya lo obtuvo en 1994 por Pulp Fiction, y el segundo a las del genial Christopher Waltz, quien hace solo tres años se llevó su primera estatuilla por su impresionante trabajo en Malditos bastardos (2009), un papel muy distinto al de esta ocasión pero también dirigido por Tarantino. En sólo cuatro años, Waltz ha pasado de completo desconocido a rostro imprescindible del cine contemporáneo, algo similar a lo vivido por Jennifer Lawrence y Jessica Chastain, quien sin duda obtendrá su estatuilla antes o después.

Adele interpreta la canción que le dio el Oscar
Como curiosidad, es la tercera vez en la historia que los seis premios principales (película, director e interpretaciones) recaen en seis películas distintas (las otras dos ocasiones fueron 1952 y 2005). La que no obtuvo nada fue Bestias del sur salvaje, pero, considerando que ya sus nominaciones han sido bastante discutidas, no puede quejarse. Y no porque no sea un film notable, sino porque jugaba en categorías de un altísimo nivel. Eso sí, menos mal que la niña de nueve años e impronunciable nombre Quvenzhané Wallis no se alzó con la estatuilla, porque, si sólo estando nominada alcanza tal grado de repelencia, no quiero ni pensar lo que haría con un Oscar en su haber… Por otro lado, una graciosa parodia con calcetines en un avión fue lo único que se llevó El vuelo, que en realidad ni siquiera debería haber optado a mejor guión y actor, por mucho que la imprescindible Meryl Streep (la cual, por una vez, no estaba nominada, todo un honor para las que sí lo estaban, en palabras del presentador) se empeñara en decir que cualquiera de los nominados en esta última categoría habría destacado en un año sin tan grado de competencia.

Haneke recibe el Oscar más previsible de la noche
Ante el bombazo que estaba recibiendo la austriaca Amor, de Michael Haneke, se llegó a pensar que el film podía dar la nota y coronarse como el primer vencedor de la historia de estos premios en lengua no inglesa (The Artist ganó por Francia, pero recordemos que era un film mudo). Sin embargo, todo quedó en una ilusión y al final la película fue relegada a la categoría de mejor película extranjera, la más previsible de la noche. Eso sí, no por ello debe estar descontenta, ya que los otros cuatro films nominados en dicha categoría (la noruega Kon-Tiki, la danesa Un asunto real, la chilena No –representada en la gala por un Gael García Bernal que se negó a hablar en inglés con los medios para recordar que iba en representación de la primera película de Chile nominada– y la canadiense Rebelle) son excelentes.

El presentador Seth MacFarlene se rodea de
Joseph Gordon-Levitt y Daniel Radcliffe
Fue una noche en la que casi todo salió bien, pero que dejó un horrible sabor de boca en la categoría de mejor película de animación, que fue a parar a un film tan brillante artísticamente como mediocre narrativamente: Brave. Ésta se impuso a Frankenweenie y ¡Rompe Ralph! demostrando que a la Academia le importa más el prestigio del estudio que la calidad del film en sí. Se esfumó así la ocasión de Disney de conseguir su primer Oscar en esta categoría, aunque por suerte fue compensado en el apartado de cortometraje animado con la deliciosa Paperman, por encima de las también excelentes Fresh Guacamole y Head Over Heels en una categoría con mayor calidad que la principal.

Ben Afflect y George Clooney,
oscarizados productores de Argo
Y hablando de cortos, el mejor cortometraje de ficción fue Hora límite (Curfew) y el mejor cortometraje documental, Inocente. Lo que no fue nada corto fue el discurso de alguno de los premiados, convenientemente interrumpido por la orquesta, logrando así que la ceremonia fuera bastante más corta que la de los premios Goya… pese a que sucedieran muchas más cosas.

Pero, claro, en España no tenemos presentadores como MacFarlane, que emuló al genial Hugh Jackman de la ceremonia de 2008 combinando el humor y las dotes musicales a la perfección. Eso sí, con algo menos de gusto que el galán mencionado, pues incluso canturreó una canción sobre las actrices que habían enseñado los pechos alguna vez, algo que llevó un buen rato a la hora de hablar de Kate Winslet. Mientras escuchaban la pegadiza canción, Charlize Theron no pudo evitar sonrojarse al escuchar su nombre, mientras que la genial (si no lo creéis, ved su ronda de preguntas posterior a ganar) Jennifer Lawrence hizo un gesto de satisfacción al comprobar que era la única que no ha enseñado carne todavía. ¡Bien por ella!

Barbra Streissand nos emociona con
"The way we were"
Ambas fueron, por cierto, las más elegantes de una noche que demostró que Amy Adams, Nicole Kidman, Naomi Watts, Catherine Zeta-Jones y Kristen Stewart deberían cambiar de estilista (bueno, en el caso de la última, habría que cambiar otras cosas también). La octogenaria Emmannuelle Riva les dio una lección de elegancia francesa a todas ellas, mientras que Jennifer Aniston demostró que el hecho de que ninguno de sus films haya sido jamás nominado a nada no le impide lucir despampanante.

Entre tanto chiste y momentazo, hubo menos espacio para reivindicar la magia del cine como en la maravillosa gala pasada, pero quedó espacio para la nostalgia cuando Barbra Streissand acompañó el “In Memorian” con su canción “The way we were” de la sobrevalorada aunque mítica película Tal como éramos (1973). Un momento mágico que demuestra que los Oscars, aun comerciales y a menudo equivocados, consiguen que, por una noche, olvidemos nuestros problemas y nos adentremos en un mundo de glamour y magia cinematográfica donde el sueño americano parece más posible que nunca.

Las más (y prácticamente únicas) elegantes de la noche: Charlize Theron, Jennifer Aniston,
la oscarizada Jennifer Lawrence y las nominadas Emmanuelle Riva y Jessica Chastain











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