19 mayo 2017

'Personal Shopper': los fantasmas de una generación en busca de sentido

Entre las películas más diferentes y arriesgadas de la temporada se encuentra Personal Shopper (2016), con la que el realizador Olivier Assayas y la actriz Kristen Stewart vuelven a colaborar tras la reflexiva Viaje a Sils Maria (2014), por la que la segunda se convirtió en la primera intérprete norteamericana en alzarse con el César de la Academia del Cine Francés (a mejor actriz secundaria), dejando atrás definitivamente su espantosa "etapa Crepúsculo". Pese a dividir a la prensa a su paso por Cannes, Olivier Assayas dejó el certamen con el premio a mejor dirección, al cual había optado sin éxito en cinco ocasiones previas. Y es que, aunque el deliberadamente extraño guion del propio cineasta puede resultar frustrante, la dirección es tan inquietante como elegante, desembocando en una de una propuesta inolvidable.

Kristen Stewart en Personal Shopper
De la noche a la mañana, Stewart se ha convertido en
una de las estrellas más interesantes del momento
La trama de Personal Shopper no podría ser más peculiar: Maureen, una joven estadounidense hipnóticamente encarnada por Stewart, empieza a recibir extraños mensajes anónimos mientras trabaja en París a cargo del guardarropa de una celebridad, única forma que ha encontrado de pagar su estancia mientras espera una manifestación del espíritu de Lewis, su hermano gemelo (con quien pactó que el primero que muriera contactaría con el otro desde el más allá). La joven se encuentra en la ciudad más bella del mundo, pero es incapaz de disfrutarla al haber de rendir cuentas en todo momento a una jefa caprichosa: "me paso el día haciendo cosas que, no sólo no quiero hacer, sino que me impiden hacer aquellas que realmente quiero hacer", exclama la chica, en un grito de socorro que podría perfectamente proferir la Generación del Milenio en su conjunto. Para colmo, la única parte interesante de su trabajo (probarse las prendas de ropa a la hora de decidir cuáles adquirir) está prohibida, lo cual la vuelve aún más llamativa; que Maureen prefiera saltarse las normas no es baladí: harta de que le digan qué (no) puede hacer, la juventud contemporánea está decidida a sacar el máximo partido a la existencia, luchando por dejar atrás el inevitable carácter conformista de los relativamente más duros tiempos de sus progenitores. En el pasado, se instaba a la población a mantener los pies en la tierra; ahora, se nos insta a soñar despiertos, aun cuando no siempre haya recompensa para los valientes soñadores. Maureen fantasea con otra vida, incluso con ser otra persona, lo que dota las escenas en que opta por probarse sugerentes vestidos ajenos de enorme poder: de pronto, es otra persona, aunque no necesariamente quien desea ser.

10 mayo 2017

La saga 'Harry Potter': siete libros, ocho películas, infinita magia

Harry Potter y la piedra filosofal (2001)
La llegada a Hogwarts de La piedra filosofal es
uno de los momentos más mágicos de toda la saga
Aunque las apariencias llevan a pensar que Harry Potter es el típico proyecto cinematográfico nacido con el único afán de inflar las arcas de Hollywood, lo cierto es que la historia que hay detrás es bastante más íntima y romántica. De hecho, la planificación de esta saga comenzó antes de que los libros fueran famosos siquiera, o sea, coincidiendo con la publicación de Harry Potter y la piedra filosofal en 1997 (siete años después de ser concebido). En aquella época, David Heyman se encontraba en Hollywood buscando un libro infantil que pudiera ser llevado a la gran pantalla; su primera opción fue The Ogre Downstairs, (Diana Wynne Jones, 1974), pero su equipo de producción, Heyday Films, le hizo llegar una copia de la novela de J. K. Rowling, de la que se enamoró al instante. El productor llevó entonces el proyecto a Warner Bros., estudio con el que tenía un acuerdo de colaboración, y juntos lograron convencer a la que ahora es la escritora más rica del mundo de que cediera sus derechos (recibiendo un millón de libras por los cuatro primeros libros). Las condiciones de la autora fueron estrictas, pero también clave de la calidad de las producciones: el control de la historia quedaría en sus manos, las secuelas se limitarían al material hallado en los libros y el reparto lo constituirían eminentemente intérpretes británicos.

21 abril 2017

Crónica del 35º Festival de Cine Fantástico de Bruselas (BIFFF)

El Brussels International Fantastic Film Festival (BIFFF) fue creado en 1983 como refugio para el cine de género y se ha convertido con el paso de los años en uno de los eventos cinematográficos más disfrutables para los amantes del terror, la fantasía, la ciencia-ficción y el thriller, quienes se enfrentan a películas de todos los rincones del mundo sin prejuicios, dispuestos a pasárselo en grande sea cual sea el producto que tienen delante; eso sí, a veces a costa del mismo. Así, raro es el visionado que no va acompañado de risas constantes (sin necesidad de ser una comedia), comentarios ingeniosos (o no tanto) y gritos ya archiconocidos tales como “¡la puerta!” cada vez que una puerta queda abierta seguido de “¡gracias!” si alguien la cierra, “¡esto sí que es una buena película!” cuando algún personaje se desnuda y el estelar “¿pero por qué es tan malvado?” seguido de un “¡porque sí!” cada vez que algún personaje se pasa de la raya en lo que a maldad se refiere (sea por castigar una madre a su hijo o por asesinar su hijo a toda su clase, poca diferencia hay), así como besos al aire si dos personajes cualesquiera se acercan demasiado, tosidos cuando alguien enciende un cigarro, aullidos cada vez que la luna llena hace su aparición y aplausos tanto durante los créditos iniciales (desde el director hasta el maquillador) como cada vez que la cámara se regodea ante un paisaje. Todo ello, claro está, en francés con algunos retazos de holandés, como es habitual en la capital europea.

Mon Ange, de Harry Cleven
Mon Ange, de Harry Cleven
Esta descripción sonará a los cinéfilos españoles asiduos a certámenes patrios como el Festival de Cine de Sitges o la Muestra Syfy de Cine Fantástico de Madrid, pero ciertamente el BIFFF alcanza niveles excesivos de gamberrada, en especial durante sus sesiones nocturnas. Así, el visionado de Autopsia de Jane Doe, de Andre Øvredal, donde padre e hijo analizan un cadáver lleno de sorpresas, contó con una banda sonora extra de gritos y risas a partes iguales hasta el punto de que no siempre fuera sencillo entender los reveladores diálogos. Receptora del Gran Premio del Jurado del pasado Festival de Sitges (donde la extraordinariamente original Swiss Army Man, de Dan Kwan y Daniel Scheinert, centrada en la extraña relación homoerótica entre Paul Dano y el cadáver flatulento de un sorprendente Daniel Radcliffe, se alzó con el galardón principal), la cinta posee una primera parte excelente que juega con el terror figurado, pero, conforme pierde la sutileza, tiende hacia la convencionalidad. Tan alocado ambiente resulta idóneo para disfrutar proyectos de acción descerebrada al estilo de la india Psycho Raman, de Anurag Kashyap, o la indonesa Headshot, de Kimo Stamboel y Timo Tjahjanto, pero no tanto de cara a enfrentarse a una obra tan delicadamente sensorial como la belga Mon Ange, de Harry Cleven, un bellísimo romance entre un chico invisible y una chica ciega convertido en un verdadero canto de amor a los sentidos gracias especialmente a la onírica fotografía de Juliette Van Dormael (nominado al pasado Spotlight Award del Sindicato de Directores de Fotografía).

15 marzo 2017

Los filmes con más estatuillas que perdieron el Óscar a mejor película

Que La La Land perdiera el Óscar a mejor película fue un verdadero shock atendiendo, tanto al desarrollo de la temporada de premios, como al modo en que se anunció el resultado, sin olvidarse de las seis candidaturas que sí convirtió en oro. Sin embargo, no es el único filme acumulador de estatuillas que perdió la principal. Hoy os hablo de las quince películas más oscarizadas exentas del máximo entorchado.

Cautivos del mal (Vincente Minnelli, 1952)
Distinciones a mejor película que sí
recibió Cautivos del mal: ninguna
15. Cautivos del mal (Vincente Minnelli, 1952). 5 Oscars (actriz de reparto, fotografía (blanco y negro), dirección artística (blanco y negro), vestuario (blanco y negro) y guion) y 1 nominación (actor). Y el Óscar es para… El mayor espectáculo del mundo, de Cecil B. DeMille. Que El mayor espectáculo del mundo sea una de las peores ganadoras del Óscar de la historia quizá podría haberse evitado si Cautivos del mal no hubiera sido olvidada en el momento de las nominaciones, ya que todo indica que la arrepentida Academia hizo lo posible por enmendar su error durante la entrega de estatuillas (pero, claro, donde no la había nominado, no la podía premiar).

06 marzo 2017

Crónica de la 14ª Muestra Syfy de Cine Fantástico de Madrid

La Muestra Syfy de Cine Fantástico es uno de los eventos cinematográficos más divertidos e icónicos de nuestro país. No tanto por las películas —que también—, sino por el ambiente único que se respira en el Palacio de la Prensa durante sus cuatro días, una singular combinación de amor cinéfilo y ensoñación friki impulsada por el involucrado público —ver una película en la Muestra Syfy es verla en compañía, pues ninguna proyección se libra de comentarios ocurrentes (o no tanto), risas estridentes y bromas internas— y, claro está, la presentadora Leticia Dolera, quien, consciente de que la mayoría de espectadores son hombres heterosexuales, aprovecha cualquier ocasión para reivindicar el feminismo, hasta el punto de bautizar la 14ª Muestra Syfy como “la Muestra feminista”.

Kong: La isla calavera
Kong: La isla calavera es la primera favorita a los
próximos Oscars a montaje de sonido y efectos visuales
Pese a la caída a última hora de la vencedora del último Festival de Sitges (Swiss Army Man, de Dan Kwan y Daniel Scheinert, una película maltratada por su propia distribuidora, que extrañamente no es otra que la Disney), la programación de la 14ª Muestra Syfy ha resultado muy interesante. El evento dio comienzo por todo lo alto con la que probablemente sea la mejor película de la saga X-Men hasta la fecha: Logan, de James Mangold. Contagiada por el espíritu distópico-existencial de Mad Max: Furia en la carretera (George Miller, 2015), esta cinta presenta a un Lobezno desorientado, vulnerable y apesadumbrado al que Hugh Jackman dota de más humanidad que nunca. El resultado es tan visceral como conmovedor: una pausada road movie que sirve de evocador crepúsculo para una saga que ha vivido demasiados altibajos. Por su parte, la obra de clausura, Kong: La isla calavera, de Jordan Vogt-Roberts, constituye el último éxito de la encomiable tendencia de Hollywood de encargar ambiciosas superproducciones a realizadores independientes de cara a que el cine comercial no esté exento de personalidad. Así es como el joven director de la encantadora Los reyes del verano (2013) ha creado lo mejor que ha protagonizado el simio gigante desde su creación en 1933. Tom Hiddleston, Brie Larson, Samuel L. Jackson, John Goodman y John C. Reilly protagonizan una mística aventura al más puro estilo clásico con tintes de Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979) y Jurassick Park (Steven Spielberg, 1993). El buen ritmo de un guion que fusiona aventura, terror y comedia y la fascinación de unos efectos visuales cuyas prodigiosas criaturas harán las delicias de los amantes de la naturaleza dan como resultado uno de los grandes entretenimientos del año, además de un siempre necesario canto animalista y antibelista.
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