14 febrero 2013

San Valentín de películas de amor

"Para mí eres perfecta" (Love Actually)
Llega San Valentín, también conocido como “el día de El Corte Inglés” y, aunque este blog es enemigo del consumismo y las celebraciones impuestas por EE.UU., se trata de la excusa perfecta para ponernos un poco más románticos que de costumbre y repasar los innumerables romances que ha dado el cine desde sus orígenes. Además, todo sea por evitar que algún despistado cometa la imprudencia de celebrar este día con Historias de San Valentín (Garry Marshall, 2010), cuidadosamente descrita por el crítico Mark Kermode como “una tarjeta de felicitación llena de vómito”.

Se dice que todas las canciones hablan de amor. El cine, por suerte, tiene una inmensa variedad de temas, pero lo cierto es que éste es sin duda el más popularizado. Quizá porque, en el fondo, todos somos más románticos de lo que nos gusta reconocer. Ya en los tiempos del cine mudo era la temática preferida por los espectadores, enamorados de grandes estrellas llenas de misticismo como Greta Garbo y Rodolfo Valentino.

"A pesar de ti, de mí y del mundo que se resquebraja,
yo te amo" (Lo que el viento se llevó)
Pero la llegada del sonoro no hizo sino afianzar esto. De hecho, la película más taquillera de todos los tiempos, pese a tratar múltiples temas como la guerra, la familia o el hambre, debe sin duda su éxito al romance central entre la caprichosa Scarlett O´Hara (Vivien Leigh) y el cínico Rhett Buttler (Clark Gable). Ambos son egoístas y egocéntricos y deben aprender a dejar el orgullo a un lado para luchar por el amor antes de que sea demasiado tarde. Se trata por supuesto, de Lo que el viento se llevó (Víctor Fleming, George Cukor y  Sam Wood, 1939), que inauguró el género de romance épico, que nos regalaría historias tan bellas como las Doctor Zhivago (David Lean, 1965) y Braveheart (Mel Gibson, 1995). ¿Os acordáis?

"El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos"
(Casablanca)
Pero, si hay un romance cinematográfico más famoso que éstos, ése es el de Casablanca (Michael Curtiz, 1942), que convirtió a Humphrey Bogart e Ingrid Bergman en la pareja más mítica del séptimo arte. La brillante película demostraba que quererse puede no ser suficiente y que la mayor muestra de amor puede ser, precisamente, dejar marchar a la persona que se ama. Bastante más melodramática fue Carta de una desconocida (Max Ophüls, 1948), donde un famoso pianista (Louis Jordan) recibe una carta de una antigua mujer que ya no recuerda. En ella, una joven enamorada (Joan Fontaine) relata la intensidad de una relación que para él nunca significó nada y para ella aún lo es todo.

"Amar es no tener que decir nunca lo siento"
(Love story)
Así, desde sus inicios, el cine nos ha hecho llorar con trágicas historias de amor que nos mantienen pegados a la pantalla deseosos de que los destinos de los protagonistas terminen idílicamente entrelazados. Pero, por suerte para los románticos, no todo acaba en tragedia. De hecho, la comedia romántica fue uno de los géneros más rentables de la época de los estudios de Hollywood. Ante la posibilidad de un rodaje cómodo y bien pagado donde un equipo de vestuario y maquillaje se encargaba de hacerlas resplandecer, pocas estrellas se resistían a protagonizar uno de estos films.

"De repente el mundo parece un lugar perfecto"
(Moulin Rouge)
Uno de los más famosos fue Sucedió una noche (Frank Capra, 1934), que, concebida como una simple comedia de enredo entre una caprichosa heredera (Claudette Colbert) y un reportero en busca de la noticia (Clark Gable) embarcados por azar en una curiosa aventura, terminó convertida en la primera película ganadora de los cinco Oscar principales: película, director, guión, actor y actriz. La propia Colbert ni siquiera acudió a la gala convencida de que acababa de participar en un film terriblemente mediocre.

El argumento recuerda ligeramente a Vacaciones en Roma (William Wyler, 1953), donde una princesa (Audrey Hepburn) de visita en la capital italiana se harta del protocolo y decide escaparse, cruzándose con un periodista (Gregory Peck) al que no vendría nada mal una exclusiva;  pero los encantos de la joven son demasiado fuertes. Se trataba del primer papel protagonista de Hepburn, quien, por unos años, quedaría ligado al género con divertidos films romanticones como Sabrina (Billy Wyler, 1954) y Desayuno con diamantes (Blake Edwards, 1961). Este último tenía poco que ver en tono con la novela original, de un enfadadísimo Truman Capote, pero mantenía la esencia nostálgica de aquella.

"Tápate los oídos fuerte fuerte fuerte, muy fuerte...
¿oyes lo mucho que te quiero?" (Quiéreme si te atreves)
De todos modos, las comedias románticas clásicas tienen poco que ver con las que empezaron a ver la luz durante los años 90. El éxito de Cuando Harry encontró a Sally (Rob Reiner, 1989) y Pretty Woman (Garry Marshall, 1990) dio lugar a un innumerable grupo de films como Algo para recordar (Nora Ephron, 1993), Cómo perder a un chico en diez días (Donald Petrie, 2003), La cruda realidad (Robert Luketic, 2009) y otros muchos aun más olvidables en los que los tópicos se amontonan y el final se ve venir antes incluso de que empiecen. Esto ha desprestigiado el género por completo y llevado a la comunidad cinéfila a desconfiar de todo film protagonizado por Jennifer Aniston o Sandra Bullock.

"Si tú saltas, yo salto" (Titanic)
Aun así, hay estrellas que han sabido destacar entre la mediocridad y brillar en cualquier producción. El claro ejemplo es Julia Roberts, que, tras enamorar al mundo en la, por lo demás, tópica Pretty Woman, se convirtió en “la novia de América” gracias a agradables comedias como la sorprendente La boda de mi mejor amigo (P. J. Hogan, 1997) o la sofisticada Notting Hill (Roger Mitchell, 1999). Esta última formaba parte de la “nueva comedia británica”, una serie de films románticos de tramas cruzadas con el bello Londres de fondo que dio comienzo con la divertida Cuatro bodas y un funeral (Mike Newell, 1994), que puede parecer tópica hoy en día pero fue precursora de otros brillantes films como El diario de Bridget Jones (Sharon Maguire, 2001), que acaba con los prejuicios colocando a una joven rellenita (excelente Renée Zellweger) en el punto de mira de dos apuestos hombres (Hugh Grant y Colin Firth, rostros habituales del género), y Love Actually (Richard Curtis, 2003) una maravillosa película coral repleta de todo tipo de historias de amor, tanto tristes como alegres, de mano de los mejores intérpretes (Emma Thompson, Alan Rickman y Keira Knightley, entre otros).

"Cuando se trata del amor, incluso los héroes más
grandes parecen indefensos" (Tigre y dragón)
Algunos han intentado acabar con los tópicos con propuestas más originales como Dos en la carretera (Stanley Donen, 1967), que alterna cinco viajes de distintas etapas en la vida de un matrimonio (fantásticos Audrey Hepburn y Albert Finney), Mejor… imposible (James L. Brooks, 1997), en la que un obsesivo y desagradable escritor (excelente Jack Nicholson) queda prendido de una camarera (sensual y divertida Helen Hunt) y decide cambiar por ella o (500) Días Juntos (Marc Webb, 2009), que ya en sus inicios explica que es una película de chico conoce chica… pero no es una película de amor… Curiosamente, pocos films reflejan el amor como éste, donde una maravillosa relación nos envuelve y atrapa, nos hace recordar amores perdidos y reflexionar sobre los futuros y nos regala momentos mágicos gracias a las frescas interpretaciones de Josep Gordon-Levitt y Zooey Deschanel y a una nostálgica banda sonora. Sin olvidar El lado bueno de las cosas (David O. Russell, 2012), la comedia romántica revelación del momento, con una relación divertida y loca, pero tierna, entre dos almas perdidas (fantásticos Bradley Cooper y Jennifer Lawrence).

"Me haces querer ser un hombre mejor"
(Mejor... imposible)
Pero no hace falta hacer una comedia romántica para hablar de amor, ni mucho menos. De hecho, todos los géneros recurren al amor para afianzar a los espectadores, desde el western con Pasión de los fuertes (John Ford, 1946) hasta el musical con Moulin Rouge (Baz Luhrmann, 2001), pasando por las artes marciales en Tigre y dragón (Ang Lee, 2000) y el thriller en Memento (Christopher Nolan, 2000). A veces, encontramos las historias de amor más emocionantes en los géneros menos esperados, como la relación prohibida entre Padmé Amidala (Natalie Portman) y el Jedi Anakin (Hayden Christensen) de Star Wars. Episodio II: el ataque de los clones (George Lucas, 2002) o el complicado amor entre la Elfa inmortal Arwen (Liv Tyler) y el hombre mortal Aragorn (Viggo Mortensen) de El Señor de los Anillos (Peter Jackson, 2001-2003).

"Estar enamorada no es fácil... no basta con desearlo,
hay que oírlo" (Los amantes del círculo polar)
Aunque los países no anglosajones prefieren temáticas más arriesgadas y originales que las relaciones amorosas, encontramos romances muy bellos en todas las cinematografías, desde el tierno amor entre dos campesinos chinos de la maravillosa El camino a casa (Zhang Yimou, 1999), hasta el joven musulmán al que el síndrome de Asperger no impide luchar por el amor de una bella hindú en la emocionante Mi nombre es Khan (Karan Johar, 2010). La iraní A través de los olivos (Abbas Kiarostami, 1994) es muy especial, ya que se basa en el rodaje del anterior film del director (Y la vida continúa, 1991) y retrata una historia de amor auténtica que tuvo lugar entre dos trabajadores de ésta.

En general, fuera de EE.UU. el amor se ve con menos optimismo y más dureza, como reflejan la hongkonesa Deseando amar (Wong Kar-Wai, 2000), en la que un hombre (sutil Tony Leung) y una mujer (sinuosa Maggie Cheung) contienen sus deseos mutuos pese a saber que sus propios cónyuges son amantes; la portuguesa Tabú (Miguel Gomes, 2011), sobre un profundo romance en el corazón de África; o la francesa Quiéreme si te atreves (Yann Samuell, 2003), en la que una pareja (Guillaume Canet y Marion Cotillard) lleva un macabro juego de retos hasta las últimas consecuencias. La culminación de esta sensación llega con la austriaca Amor (Michael Haneke, 2012), que muestra con realismo y crudeza el final de una vida en pareja.

"Prefiero vivir una vida contigo que enfrentarme al
resto de las Edades sin ti" (El Señor de los Anillos)
De todos modos, los amores trágicos venden, o si no que se lo digan a Love Story (Arthur Hiller, 1970), que conmocionó a todos los jóvenes de su tiempo con una emotiva relación entre dos jóvenes que ponen amor por encima de las clases sociales y su propio futuro. La película fue tal éxito para la Paramont que, al celebrar su 100º aniversario en 2012, el estudio decidió colocar a sus dos actores (Ryal O´Neal y Ali MacGraw) a la cabeza de una foto especial con todas las estrellas que habían formado parte de él. Muchos de los grandes éxitos del cine son romances trágicos como la sobrevalorada El diario de Noa (Nick Cassavetes, 2004) o las excelentes El paciente inglés (Anthony Minghella, 1996) y Titanic (James Cameron, 1977). Esta última podrá ser muy criticable, pero momentos como aquél en que Rose (Kate Winslet) salta de la balsa para volver al barco en que su querido Jack (Leonardo DiCaprio) sigue luchando por la vida sobrecogen el corazón más duro.

"Nos quiero" ((500) Días Juntos)
Algunos directores han centrado sus cinematografías en el amor y ya han aportado su propia visión sobre él. En las comedias románticas de Woody Allen como Manhattan (1978) o Hanna y sus hermanas (1986) los personajes suelen estar ligados a alguien que no les conviene y terminan encontrando el amor en la persona más inesperada… aunque no siempre lo conserven. Mientras para Zhang Yimou el amor es poderoso, peligroso e incondicional, como reflejan films como Ju Dou (1990) o La casa de las dagas voladoras (2004), para Pedro Almodóvar es arriesgado, pasional y explosivo, como muestran Átame (1990) y Hable con ella (2001).

En La ley del deseo (1987), Almodóvar fue revolucionario al mostrar una historia de amor obsesivo homosexual de forma explícita. Los primeros tratamientos de la homosexualidad en el cine mostraban amores incondicionales pero imposibles, como reflejan La calumnia (Wyler, 1961) o El beso de la mujer araña (Héctor Babenco, 1985), pero, conforme la situación se fue normalizando, encontramos films de todo tipo, que reflejan, desde los primeros amoríos adolescentes, como en Beautiful thing (Hettie MacDonald, 1996) y Fucking Amal (Lukas Moodysson, 1998), tan tiernas como sinceras, hasta la vida en pareja, con la arriesgada Happy together (Wong Kar-Wai, 1997), donde dos hombres (inolvidables Tony Leung y Leslie Cheung) viajan desde Hong Kong hasta Argentina y pierden el amor por el camino.

Si bien el cine gay es cada vez más prolífico, apenas hay todavía films correctos sobre lesbianismo, quizá por la falta de cineastas femeninas interesadas en el tema. En los últimos años, ha crecido la representación del amor transexual, con películas como la divertida Las aventuras de Priscilla, reina del desierto (Stephan Elliott, 1993) y la profunda Romeos (Sabine Bernardi, 2011). En cualquier caso, si algo demuestran todos los films LGTB es que todos tenemos derecho al mismo tipo de amor, a darlo a quien queramos y recibirlo de quien podamos.

Clave para esto fue Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005), un bellísimo film que mostró el problema de poner trabas al amor. Dos vaqueros (perfectos Heath Ledger y Jake Gyllenhaal) se enamoran durante un verano en la montaña, pero deben volver a las vidas que la sociedad ha impuesto para ellos y son condenados a la eterna añoranza.

"Los amores imposibles no pueden desarrollarse,
transformarse o modificarse... por tanto nunca mueren"
(Los puentes de Madison)
Pero no nos pongamos tristes de nuevo, porque hay muchas formas de vivir este San Valentín con una sonrisa. Entre ellas destacan la romántica Todos los días de mi vida (Michael Sucsy, 2012), la simpática The Holiday (Nancy Meyers, 2006) y la nostálgica Flipped (Rob Reiner, 2010), en la que asistimos al enamoramiento de dos niños convertidos en adolescentes  a través de la perspectiva de ambos. La misma estrategia fue utilizada años atrás por la casi mística Los amantes del círculo polar (Julio Medem, 1998).

Las muestras de amor del cine son interminables. Desde el vagabundo (Chaplin) de Luces de la ciudad (Charles Chaplin, 1931) tratando de ayudar a uno vendedora de flores ciega (Virginia Cherrill) de la que se ha enamorado, hasta la relación casi prohibida de Los puentes de Madison (Clint Eastwood, 1995), donde un ama de casa (Meryl Streep) redescubre la emoción de la vida de manos de un apuesta fotógrafo (Eastwood)… aunque sólo sea por unos instantes imperecederos.

"Quiero recordarnos como estamos ahora"
(El curioso caso de Benjamin Button)
La magia del cine ha dado luz a historias de amor aparentemente imposibles, como las de La bella y la bestia (Gary Trousdale y Kirk Wise, 1991), La novia cadáver (Tim Burton y Mike Johnson, 2005) o El curioso caso de Benjamin Button (David Fincher, 2008). En esta última, un hombre (Brad Pitt) nace anciano y vive la vida en sentido inverso, lo que no le impide encontrar el amor en una bella bailarina (Cate Blanchett). Ambos son conscientes de que tan sólo durante unos años de sus vidas serán sus edades compatibles, pues en cuanto él alcance la juventud, ella hará lo propio con la vejez…, pero, pese a todo, deciden luchar por sus sentimientos hasta el final.

Y es que el amor todo lo puede, o al menos casi todo. Además, tal y como muestra Manuale d´amore (Giovanni Veronesi, 2005), “el amor no avisa: aparece y punto”. Cuando más nos resistamos o más nos lo impidan, más difícil será no dejarse llevar por él.

De todos modos, no olvidéis que hoy es un día más. El 14 de febrero no debe ser, ni un motivo de tristeza para quienes están solos, ni una excusa para mostrar el romanticismo que se esconde el resto del año. Nunca se sabe lo que puede suceder, así que lo mejor es no esperar a un día en concreto para decir un “te quiero”.


© El copyright del texto pertenece exclusivamente a Juan Roures
© El copyright de las imágenes pertenece a sus respectivos autores y/o productoras/distribuidoras

5 comentarios:

  1. Genial el repaso por algunas de las más grandes historias de amor, también por otras más desconocidas pero igualmente inolvidables, como por ejemplo la china "El camino a casa", una pequeña joya. El cine en sí es una carta de amor al espectador.

    Abrazos!
    Cine en conserva

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  2. Ains, Juan, yo si que te quiero mucho :)
    Acabo de terminar de ver Ana Karenina, como me recomendaste, muy interesante. Maldo y bendito amor... jjajaj

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  3. Flipped y Quiéreme si te atreves (a la que prefiero llamar Jeux d'enfants) me encantan! Ambas transmiten tanto de una manera tan clara y sencilla.
    Me apunto Los amantes del Círculo Polar.
    Y como bien has dejado claro a lo largo de todo tu artículo, el amor es algo que está ahí durante todo el año, no dejemos que nos digan también cuándo tenemos que ser románticos y cuándo no! ;)

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  4. Buena página de cine. Os dejo mi nuevo blog sobre cine: http://todocinemaniacos.com

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  5. ME ENCANTAN TUS COMENTARIOS AUNQUE LOS LEO CON RETRASO

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