27 febrero 2017

Premios Óscar 2017: entre Moonlight y La La Land (nunca mejor dicho)

La gala comenzó a lo grande con Hollywood bailando
"Can't Stop the Feeling", de Justin Timberlake (Trolls)
El final agridulce de La La Land invadió anoche la 89ª entrega de Premios Oscars, donde, el popular musical de Damien Chazelle terminó perdiendo el galardón principal contra la pequeña Moonlight. Fiasco supremo. Y no porque este pequeño drama no mereciera reconocimiento, sino porque la entrega del entorchado tuvo lugar de la peor manera posible: con Warren Beatty y Faye Dunaway, maravillosos protagonistas de Bonnie & Clyde (1967) reunidos 50 años después, abriendo el sobre equivocado y otorgando primero el triunfo a La La Land de modo que tuviera que ser uno de los productores de esta quien avisara a medio planeta (empezando por los pasmados intérpretes que ocupaban las primeras butacas del Dolby Theatre, cuyos rostros no tenían precio) de que la verdadera vencedora era Moonlight. «No es una broma», repitió varias veces Jordan Horrowitz antes de devolver el galardón. Y, claro, así nadie pudo alegrarse por nadie. Una pena, porque la gracia de Jimmy Kimmel como maestro de ceremonias había convertido la gala en una de las más satisfactorias que se recuerdan: ¡bravo por esa hilarante entrada de “turistas”, así como por las palabras de Charlize Theron, Seth Rogen y Javier Bardem sobre sus principales influencias interpretativas —respectivamente, Shirley MacLaine, Michael J. Fox y la “sobrevalorada” (una de las hilarantes pulla constantes a Donald Trump) Meryl Streep, quien por cierto sumó este año su 20ª candidatura—, dos gags que extrajeron el lado más humano de la estrellas!

Los equipos de La La Land y Moonlight compartieron
escenario en el Dolby Theatre... por una mala causa
Pero, ¿cómo pudo darse tamaña equivocación? Pues, sencillamente, porque todo el mundo apuntaba al triunfo de La La Land, con lo que, al recibir por error —error, dicho sea de paso, de la empresa PwC (PricewaterhouseCoopers), no de la Academia— el sobre correspondiente a la mejor actriz protagonista —que sí, acababa de ser entregado, y sí: contaba con una copia idéntica—, Beatty y Dunaway obviaron el nombre de Emma Stone y se centraron en la palabras que todo el mundo esperaba escuchar: La La Land. Surrealista, impactante, doloroso, vergonzante… y, pese a todo, comprensible. Y es que, claro, de haber abierto la tarjeta de mejor montaje de sonido para La llegada, por ejemplo, quizá la pareja habría dudado más, pero recordemos que el musical de la década ya se había hecho con el Critics’ Choice, el Satellite, el PGA, el DGA, el Globo de Oro y el BAFTA, o sea, todos los indicadores clave del receptor del Óscar a mejor película. Es más: aunque Moonlight es magistral, su triunfo sólo se explica atendiendo al número de profesionales afroamericanos que la Academia sumó a sus filas este año como respuesta al movimiento “Oscars Still So White” auspiciado por la —comprensiblemente— nada igualitaria última edición, causante también de que esta vez las cuatro categorías interpretativas contaran con nominados no caucásicos.

La chistosa Shirley MacLaine felicitó a Charlize Theron
por "tener tan buen gusto eligiendo influencias"
Dicho esto, el triunfo de Moonlight lo es en muchos sentidos. Triunfo del cine independiente. Triunfo del cine negro. Y, sobre todo, triunfo del cine LGTB, ya que, inesperada derrota de Brokeback Mountain (2005) mediante, ninguna obra de temática homosexual se había hecho antes con el Óscar a mejor película. La alegría es aún mayor considerando la bellísima sutileza con que esta producción aborda la crisis de identidad de un chico negro homosexual atrapado en el mundo de las drogas del Miami de los años 80 y 90. Emulando el triunfo de 12 años de esclavitud (2013) —primer gran hito del cine afroamericano en estos galardones—, la cinta completó su palmarés con el mejor guion adaptado para Barry Jenkins (a su vez, realizador de la cinta) y Tarell Alvin McCraney y la mejor interpretación masculina de reparto para el musulmán (no es que importe, ¡pero es el primero!) Mahershala Ali, estrella de House of Cards que verdaderamente venció en calidad de representante de tan magnífico reparto (su trabajo es encomiable, sí, pero ni siquiera necesariamente el mejor de la propia Moonlight), respaldado por la falta de favoritos (recordemos que el vencedor de los Globos de OroAaron Taylor-Johnson (por Animales nocturnos, peculiar thriller del que la Academia se acordó sólo gracias al trabajo de Michael Shannon), no estaba siquiera nominado y el receptor del BAFTA correspondiente (Dev Patel, Lion) se limitó a “ganar en casa”). Aclamada universalmente por la crítica, la delicada Moonlight es, pese a todo, una de las mejores receptoras del Óscar de los últimos años. «Dios, amo Moonlight, estoy tan emocionada por Moonlight; por supuesto, fue maravilloso escuchar La La Land, a todos nos hubiera encantado ganar mejor película, pero estamos emocionados por Moonlight. Creo que es una de las mejores películas de la historia», diría con gracia suprema Emma Stone en el backstage en respuesta a la polémica.

Javier Bardem y Meryl Streep entregaron el 
Óscar al director de fotografía Linus Sandgren
Entretanto, La ciudad de las estrellas (La La Land) cumplió más o menos las expectativas recogiendo seis de los nueve premios a los que aspiraba (sí, partía de 14 nominaciones, pero varias de ellas tenían ganador asegurado): mejor dirección para Damien Chazelle (el realizador más joven de la historia en alzarse con este entorchado, con 32 años), mejor actriz para Emma Stone (cuyas juventud, frescura y expresividad se impusieron a la hipnótica Isabelle Huppert de Elle, una de las mejores intérpretes de todos los tiempos, así como a la sorprendente Natalie Portman de Jackie, quien realmente carecía de posibilidades al haber vencido hace poco por Cisne negro, 2010), mejor fotografía para Linus Sandgren (galardón imprescindible atendiendo a la fastuosidad visual del musical, que conjuga a la perfección el estilo clásico con una puesta en escena atractivamente contemporánea), mejor diseño de producción para David Wasco y Sandy Reynolds-Wasco (madura pareja de directores artísticos, colaboradora habitual de Quentin Tarantino, que optaba a la estatuilla por primera vez), mejor música para Justin Hurwitz (¡obvio!) y mejor canción para “City of Stars” (que se impuso a su compañera, “Audition” —John Legend interpretó ambas con fuerza en el escenario justo antes de que se hiciera entrega de la estatuilla—, y ganó en representación de todas las pegadizas canciones de la cinta, teniendo las olvidadas “Another Day of Sun” y “Someone in the Crowd” poco que envidiarle).

Damien Chazelle recibió la estatuilla de manos de Halle
Berry, única receptora negra del Óscar a mejor actriz
Además del galardón principal, a La La Land se le escapó el premio a mejor mezcla de sonido, que parecía garantizado al haberlo recogido últimamente hasta cuatro musicales —Chicago (2002), Ray (2005), Dreamgirls (2006) y Los miserables (2011)— pero terminó yendo a manos del drama bélico Hasta el último hombre, esperado retorno del mejor Mel Gibson que también dio a John Gilbert (nominado por primera y última vez por El señor de los anillos. La comunidad del anillo, 2001) el merecido premio a mejor montaje. Curiosamente, esta apabullante mirada a la figura de Desmond Doss (el primer objetor de conciencia en la historia estadounidense en recibir la Medalla de Honor del Congreso, lo cual logró tras salvar decenas de vidas en una sola batalla, interpretado carismáticamente por Andrew Garfield) perdió el único Óscar que parecía tener asegurado, el concerniente a mejor montaje de sonido, pero nadie se quejó porque los dos aspirantes al mismo (Robert Mackenzie y Andy Wright) también optaban al otro galardón sonoro; y lo hacían en compañía de Peter Grace y Kevin O’Connell, quien se alzó por fin con la estatuilla ¡con su 21ª nominación! Tamaño giro de acontecimientos dejó a todos contentos al servir también para que evitar que la impresionante La llegada, filosófica mirada del canadiense Denis Villeneuve al poder de la comunicación a través de la llegada de pacíficos extraterrestres a la Tierra, se fuera de vacío. Sylvain Bellemare se llevó el gato al agua en reconocimiento a la potente calidad sonora de un clásico instantáneo de la ciencia-ficción donde música, efectos, tecnologías y vocablos alienígenas se funden para garantizar una experiencia cinematográfica harto evocadora.

Pocas personas recibieron el Óscar anoche tan
sorprendidas como la diseñadora Colleen Atwood
El reparto de galardones técnicos tuvo cabida para dos sorpresas más: mejor maquillaje y peluquería para Alessandro Bertolazzi, Giorgio Gregorini y Christopher Nelson por Escuadrón suicida, denostado trabajo de David Ayer que emula así el triunfo de El hombre lobo (2010), otro desastre que se hizo con este galardón sin optar a ninguno más. Ciertamente, la creación visual —que no narrativa— de  los ocho supervillanos más peligrosos del mundo es brillante, si bien parecía más justo laurear Star Trek: Más allá, una aventura bastante más redonda donde el maquillaje también juega un papel decisivo. Por su parte, la gran diseñadora de vestuario Colleen Atwood se hizo inesperadamente con el cuarto Óscar de su carrera —ya ganó con pleno merecimiento por Chicago (2001), Memorias de una Geisha (2005) y Alicia en el País de las Maravillas (2011)— gracias a los Animales fantásticos y dónde encontrarlos de David Yates, hermosa combinación visual del nostálgico aroma de los años 20 y la magia del universo de Harry Potter. «Sting me dijo que iba a ganar esta noche y no le creí», dijo la sorprendida Atwood, que optaba al galardón por 12ª vez. Irónicamente, ha tenido que ser un spin-off sin Harry Potter el que dé a esta saga su primer —y esperadísimo— Óscar. En el backstage, la diseñadora afirmó sentirse sorprendidísima por este hecho dada «la increíble habilidad artística de las películas de Harry Potter».

Dos décadas después de ganarlo, Ben Affleck y Matt
Damon entregaron juntos el Óscar mejor guion original
Quienes no lograron abrirse paso en el palmarés fueron Figuras ocultas, de Theodore Melfi; Lion, de Garth Davis, y la extraordinaria Comanchería, de David Mackenzie (la favorita de la crítica según Rotten Tomatoes), que, tal y como cabía esperar, se fueron de vacío pese a optar al Óscar principal. No fue este el caso de Fences, de Denzel Washington, que dio a Viola Davis su primera estatuilla tras dos candidaturas fallidas —por La duda (2008) y Criadas y señoras (2011)— en calidad de actriz secundaria (algo bastante cuestionable atendiendo a su amplia aparición en pantalla pero nada extraño considerando que Alicia Vikander ganó la misma estatuilla el año pasado pese a ser la indiscutible protagonista de La chica danesa, 2015). «Sabéis que sólo hay un lugar donde la gente con el mayor potencial se reúne… Y ese es el cementerio. Exhumad esos cuerpos; exhumad esas historias; las historias de la gente que soñó a lo grande y nunca vio esos sueños hacerse realidad…», expresó con fuerza la intérprete, algo influida por el espíritu La La Land, antes de zanjar su discurso con un bello «poseemos la única profesión que celebra lo que significa vivir una vida». Kenneth Lonergan y Casey Affleck, oscarizados guionista y actor protagonista de Mánchester frente al mar, desgarradora mirada a la (¿imposible?) superación del pasado, se mostraron menos elocuentes (normal, atendiendo a tan contenida película), centrándose en agradecerse mutuamente la colaboración en un extraordinario drama que podría haber reportado sendos galardones también a los arrebatadores secundarios Michelle Williams y Lucas Hedges. Por cierto, para desgarro, el del momento In Memoriam, que honró el recuerdo de Debbie Reynolds, Carrie Fisher, Gene Wilder, George Kennedy, Emmanuelle Riva, John Hurt, Mary Tyler Moore, Kenny Baker, Prince, Adrzej Wajda, Garry Marshall, Michael Cimino y Abbas Kiarostami, entre otros muchos grandes del cine fallecidos este año, al ritmo del Both Sides Now de Joni Mtchell en la dulce voz de Sara Bareilles.

"Invitados" por Jimmy Kimmel, unos turistas entraron
a la ceremonia en uno de sus momentos más divertidos
Entretanto, el genial Zootrópolis de Byron Howard, Rich Moore y Jared Bush se alzó como mejor filme animado del año, dando a Disney●Pixar su 11ª estatuilla en este apartado (tan sólo cinco títulos han podido hasta la fecha arrebatárselo a esta pareja de estudios). Además de resultar divertidísima para toda la familia, esta aventura animada ofrece un esperanzador mensaje de apoyo al diferente que resulta hoy en día más necesario que nunca, con lo que, con perdón de Kubo y las dos cuerdas mágicas, el premio no podría ser más merecido. Este último trabajo, todo un triunfo visual (aunque menos ingenioso a nivel narrativo que la cinta oscarizada), era el segundo filme animado de la historia nominado en la categoría de efectos visuales (el primero fue Pesadilla antes de Navidad, 1993), categoría donde vencieron, como no podía ser de otra manera (con perdón de las impresionantes Doctor ExtrañoRogue One), Robert Legato, Adam Valdez, Andrew R. Jones y Dan Lemmon por El libro de la selva de Jon Favreau, maravillosa revisión de acción real del clásico animado de 1967 donde toda una jungla (carismáticos animales incluidos) brota con extraordinario mimo de la magia digital. La factoría Disney también recibió el Óscar a mejor corto animado, que fue a manos del delicioso Piper de Alan Barillaro.

Los cuatro intérpretes oscarizados este año son
estadounidenses, pero el color de piel aporta la variedad
El palmarés se completó con Cascos blancos, de Orlando von Einsiedel, como mejor corto documental; Mindenki (Sing), de Kristóf Deák, como mejor corto de ficción (por encima del español Timecode, de Juanjo Giménez Peña), O.J. Made in América, de Ezra Edelman, como mejor largometraje documental (pese a tratarse realmente de una miniserie a la que 450 minutos convierten en la obra más larga receptora de un Óscar), y El viajante, de Asghar Farhadi, como mejor filme de habla no inglesa. Estos dos últimos trabajos se impusieron respectivamente a Enmienda XIII, de Ava DuVernay, y Toni Erdmann, de Maren Ade, los dos únicos largometrajes dirigidos por mujeres aspirantes este año a Óscar alguno. Aunque merecido, el triunfo de Asghar Farhadi (que ya venció en 2011 con Nader y Simin: una separación, siendo el sexto realizador foráneo que vence dos veces) ha estado enormemente influenciado por factores políticos relacionados con el opresivo gobierno de Trump. Así lo confirmó el mensaje enviado por el cineasta, el cual leyó en su nombre la astronauta iraní Anousheh Ansari: «Siento no estar con vosotros esta noche; mi ausencia se debe a mi apoyo a la gente de mi país y otras seis naciones a las que han faltado al respeto las inhumanas leyes de inmigración de EE.UU. Dividir el mundo entre EE.UU. y sus enemigos crea terror, una engañosa justificación para la regresión y la guerra», rezaba un discurso que concluía haciendo mención al papel social del séptimo arte: «Los cineastas pueden utilizar sus cámaras para capturar cualidades humanas compartidas y romper estereotipos de nacionalidades y religiones varios. Crean empatía entre nosotros y el resto. Una empatía que a día de hoy necesitamos más que nunca». El propio Jimmy Kimmel inaguró la ceremonia llamando a la unidad del país, un mensaje extensible a un planeta que, a diferencia de su cine, no atraviesa precisamente su mejor momento.


Algunos triunfos de la Alfombra Roja:
Viola Davis, Andrew Garfield, Janelle Monáe, Mahershala Ali,
Halle Berry, Michelle Williams, Sunny Pawar y Ruth Negga

-La ciudad de las estrellas (La La Land), de Damien Chazelle: 6 premios (director, actriz, fotografía, diseño de producción, música y canción).
-Moonlight, de Barry Jenkins: 3 premios (película, guion adaptado y actor de reparto).
-Mánchester frente al mar, de Kenneth Lonergan: 2 premios (guion original y actor).
-Fences, de Denzel Washington: 1 premio (actriz de reparto).
-Hasta el último hombre, de Mel Gibson: 2 premios (montaje y mezcla de sonido).
-Animales fantásticos y dónde encontrarlos, de David Yates: 1 premio (vestuario).
-La llegada, de Denis Villeneuve: 1 premio (montaje de sonido).
-El libro de la selva, de Jon Favreau: 1 premio (efectos visuales).
-Escuadrón Suicida, de David Ayer: 1 premio (maquillaje y peluquería).
-El viajante, de Asghar Farhadi: 1 premio (película en lengua no inglesa).
-O. J. Made in America, de Ezra Edelman: 1 premio (película documental).
-Zootrópolis, de Byron Howard, Rich Moore y Jared Bush: 1 premio (película de animación).

1 comentario:

  1. Es impresionante cómo te curras estos relatos que incluyen gran cantidad de datos sobre agraciados en las fiestas de los premios y los olvidados, por otro lado necesarios, pues hay más candidatos que galardones, y con los que suelo estar de acuerdo casi al cien por cien. Odio la palabra posverdad cuando es más correcto denominar a esta gran lacra por su verdadero nombre, mentira, pero incluso me ha decepcionado Iñaki Gabilondo cuando, para hablar de Trump ha empezado señalando a Warren Beatty y al error en la designación de la película premiada. Errare humanum est, y no se puede, bajo ningún concepto, colocar en el mismo plano una equivocación que, gracias al sistema establecido de los dos sobres, puedo ser subsanado en unos minutos, a montar galas paralelas para oscurecer un acto como la gran fiesta del cine, molesto cuando no es sumiso. Yo prefiero pensar en la inocencia de los empleados que cometieron el error, que imaginar que alguien, conocedor de cómo funcionan las masas, convierten en primera plana algo que puede ser subsanado de forma incruenta, y me duele que hasta quienes se consideran periodistas de pro se sumen a esta campaña, olvidando que si algo hace grande a América es su situación de pionera en las artes audiovisuales, científicas y tecnológicas que no pueden quedar reducidas a unas fronteras para hacer bueno el slogan de 'American first'.

    Respecto a 'Moonlight' y 'La La Land', estoy totalmente de acuerdo contigo. Creo que la primera acertó en un lenguaje muy apropiado para acercarse a un personaje que se erige en representante de un grupo doblemente marginado, (negro y homosexual), y el resultado es una película muy bonita, pero la de Chazelle creo que no se ha entendido en absoluto por muchos críticos, aunque a las masas les ha gustado porque es también muy bonita, pero se ha obviado el IVA de sufrimiento que acompaña al acto creativo,algo que comprende quien tiene cerca a los que deciden dar el paso de su protagonista. Hijo de un francés ha sabido conjuntar el maravilloso musical americano con la interpretación que hizo de éste la Nouvelle Vague europea. Me encantó.

    Estoy de acuerdo contigo con el resto de tu artículo y te felicito por ello. Un saludo.

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