06 marzo 2017

Crónica de la 14ª Muestra Syfy de Cine Fantástico de Madrid

La Muestra Syfy de Cine Fantástico es uno de los eventos cinematográficos más divertidos e icónicos de nuestro país. No tanto por las películas —que también—, sino por el ambiente único que se respira en el Palacio de la Prensa durante sus cuatro días, una singular combinación de amor cinéfilo y ensoñación friki impulsada por el involucrado público —ver una película en la Muestra Syfy es verla en compañía, pues ninguna proyección se libra de comentarios ocurrentes (o no tanto), risas estridentes y bromas internas— y, claro está, la presentadora Leticia Dolera, quien, consciente de que la mayoría de espectadores son hombres heterosexuales, aprovecha cualquier ocasión para reivindicar el feminismo, hasta el punto de bautizar la 14ª Muestra Syfy como “la Muestra feminista”.

Kong: La isla calavera es la primera favorita a los
próximos Oscars a montaje de sonido y efectos visuales
Pese a la caída a última hora de la vencedora del último Festival de Sitges (Swiss Army Man, de Dan Kwan y Daniel Scheinert, una película maltratada por su propia distribuidora, que extrañamente no es otra que la Disney), la programación de la 14ª Muestra Syfy ha resultado muy interesante. El evento dio comienzo por todo lo alto con la que probablemente sea la mejor película de la saga X-Men hasta la fecha: Logan, de James Mangold. Contagiada por el espíritu distópico-existencial de Mad Max: Furia en la carretera (George Miller, 2015), esta cinta presenta a un Lobezno desorientado, vulnerable y apesadumbrado al que Hugh Jackman dota de más humanidad que nunca. El resultado es tan visceral como conmovedor: una pausada road movie que sirve de evocador crepúsculo para una saga que ha vivido demasiados altibajos. Por su parte, la obra de clausura, Kong: La isla calavera, de Jordan Vogt-Roberts, constituye el último éxito de la encomiable tendencia de Hollywood de encargar ambiciosas superproducciones a realizadores independientes de cara a que el cine comercial no esté exento de personalidad. Así es como el joven director de la encantadora Los reyes del verano (2013) ha creado lo mejor que ha protagonizado el simio gigante desde su creación en 1933. Tom Hiddleston, Brie Larson, Samuel L. Jackson, John Goodman y John C. Reilly protagonizan una mística aventura al más puro estilo clásico con tintes de Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979) y Jurassick Park (Steven Spielberg, 1993). El buen ritmo de un guion que fusiona aventura, terror y comedia y la fascinación de unos efectos visuales cuyas prodigiosas criaturas harán las delicias de los amantes de la naturaleza dan como resultado uno de los grandes entretenimientos del año, además de un siempre necesario canto animalista y antibelista.

Your Name fue designada como mejor cinta animada del
año por el prestigioso Círculo de Críticos de Los Ángeles
Aunque las obras de inauguración y clausura constituían indudablemente sus platos fuertes, la Muestra Syfy ha acogido títulos aún más esperados, como es el caso de Your Name, de Makoto Shinkai, que ya es el Anime más taquillero de la historia. Estrenada erróneamente en nuestro país en la Sección Oficial de San Sebastián (lo que llevó a muchos críticos a cuestionarla desde su incomprensión del género), esta joyita explora el vínculo entre dos adolescentes —un chico y una chica— cuyos cuerpos y mentes se intercambian constantemente, dando pie primero a la habitual comedia de enredo, posteriormente al drama de ciencia-ficción y finalmente al romance. Envuelta en la maravillosa música de la banda de rock Radwimps, la cinta ofrece un cuidado retrato de la cultura japonesa contemporánea, desde el magnetismo de la superpoblada Tokio hasta la paz de la vida rural del extrarradio, cuya reflexión existencial se ve acrecentada por el hecho de que sea un chico quien habite la primera y una chica quien se abra paso en la segunda. Tan divertida como conmovedora, Your Name se quedó a las puertas del último Óscar foráneo, al cual sí optó La vida de Calabacín, del suizo Claude Barras, una delicada mirada al maltrato infantil que resulta sumamente cruda, pero también tierna y espontánea. El perfecto uso del stop-motion hace el resto. El trío de producciones animadas de la Muestra Syfy se completa con Seoul Station, precuela animada de Train to Busan que, pese a estar firmada también por Yeon Sang-ho, carece de todo lo que convirtió a aquella en una de las joyas del año. Los personajes no podrían resultar menos atractivos, el guion carece de fuerza y para colmo la animación es lamentable: mejor ahorrársela. Eso sí, gracias a ella la Muestra Syfy cuenta con un nuevo hito aplaudible: el “¡cierra la puerta!” derivado de una protagonista a la que ser perseguida por zombis no basta para recordar cerrar las puertas a su paso.

Crudo no se lanza a la reflexión sobre el
vegetarianismo, pero aborda el tema con respeto
Lamentablemente, Seoul Station hace poco por el feminismo, presentando un personaje femenino harto inútil (algo que, por cierto, era lo único que podía achacarse a la magistral Train to Busan). Todo lo contrario que Crudo, que no por casualidad es la única cinta dirigida por una mujer que ha acogido este año la Muestra Syfy. Premiada tanto en Cannes (FIPRESCI de la Semana de la Crítica) como en Sitges (mejor dirección novel), la debutante Julia Ducournau ofrece un agobiante retrato de la vida universitaria a través de una joven vegetariana (Garance Marillier) que se vuelve caníbal tras ser obligada a comer carne como parte de las vergonzantes novatadas. Así, la cinta aborda la contradicción entre los principios morales y los deseos primarios del ser humano, especialmente en lo que a la —siempre oprimida, aún hoy— mujer respecta. El resultado es hipnóticamente truculento, si bien el canto feminista se pierde un poco entre tanto embarullamiento, no quedando tampoco demasiado claro por qué ha de ser el personaje gay (encarnado sin tópicos ni prejuicios por Rabah Naït Oufella) quien, por así decirlo, “pague el pato”. De todos modos, se trata de la gran cinta de terror que ha dado el certamen, ya que la también notable I Am Not A Serial Killer, del irlandés Billy O'Brien, se aproxima más al thriller o incluso la comedia. Receptora del premio principal de la sección Panorama de Sitges, esta producción independiente adapta con gracia la paródica novela de Dan Wells, centrada en un adolescente marginado (Max Records) que se involucra en la resolución de los extraños asesinato que asolan su pueblo mientras trata de ahogar sus propios instintos psicóticos (derivados del constante bullying que padece). Aunque intrigante y aterradora, la cinta destaca por su fresca ironía (así como por el perturbador trabajo secundario del icónico Christopher Lloyd).

El perturbador diseño de producción de 31 es
clave de la inquietante atmósfera imperante
Ninguna de las producciones recién mencionadas es apta para estómagos sensibles, ya que la sangre brota a borbotones para beneplácito de gran parte de los espectadores de la Muestra Syfy (habituado a celebrar las muertes como si de noticiones se trataran). Tanto o más gore se mostraron los slasher nocturnos 31, uno de los mejores trabajos del icónico Rob Zombie (lo cual no es mucho decir), y Scare Campaign, de los australianos Cameron Cairnes y Colin Cairnes, titulada ambas a partir de los “juegos” que acogen. La primera presenta, a través de una puesta en escena inquietantemente extravagante y sarcásticamente esotérica, a cinco personas obligadas a jugar al “31” en el Murder World, lo que supone exponerse a varios psicópatas ávidos de sangre que harán lo imposible por asesinarlos del modo más doloroso posible; el terror se antoja gratuito, faltando profundidad tanto en la acción como en los personajes, pero nos hallamos ante la clase de entretenimiento que resulta idónea para la Muestra Syfy. La segunda reflexiona sobre la era de la comunicación mediante un programa de televisión de sustos (“Scare Campaign”) que, buscando la innovación, se sume en una auténtica pesadilla al tratar de asustar a la persona equivocada; sin ser precisamente un triunfo de la coherencia y la sutileza, la cinta subvierte el subgénero del slasher y sorprende al espectador una y otra vez hasta desembocar en un final abierto idóneo para la meditación.

Pet extrae potentes interpretaciones de
Ksenia Solo y Dominic Monaghan
Por otro lado, la Muestra Syfy ha acogido este año a dos realizadores españoles: Carles Torrens, cuya Pet presenta la perturbada relación entre un joven marginado —Dominic Monaghan, amado en este entorno gracias a El Señor de los Anillos (Peter Jackson, 2001-2003) y la serie Perdidos— y el objeto de su deseo (Ksenia Solo). Ninguno es lo que parece, lo que da lugar a un guion lleno de giros (por el que Jeremy Slater fue premiado en Sitges) que, si bien se antoja algo forzado y reiterante por momentos, mantiene la intriga hasta el final. También entretenida pero mucho más desastrosa resulta el Stop Over in Hell de Víctor Matellano, un western plagado de psicópatas que trata de emular el éxito de Bone Tomahawk (S. Craig Zahler, 2015) pero no consigue anclar su locura a coherencia alguna: dentro del ambiente distendido de este tipo de eventos, se deja ver, pero difícilmente ampliará su círculo de expansión. En cualquier caso, el espíritu distendido y alocado de la Muestra Syfy es idóneo para que películas así hallen su sitio, aunque sólo sea para celebrar sus desaciertos. Muchos se quejan de la costumbre del público de la Muestra Syfy de comentar las películas en voz alta, pero es precisamente eso lo que da al certamen su esencia, no significando en absoluto que el amor por el cine fantástico deje de ser el motor que lo mueve.

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