07 julio 2017

‘Baby Driver’: un vals de acción

Poco margen hay a priori en el blockbuster para la innovación, pero cada año surge algún título capaz de convocar tanto la admiración de las masas como el respeto de la crítica gracias a conjugar una historia sencilla y efectiva con una puesta en escena capaz de fascinar a un público al que la era de las comunicaciones vuelve cada vez más difícil de fascinar. Éxitos de los últimos años como Mad Max: Furia en la carretera (George Miller, 2015) o  El libro de la selva (Jon Favreau, 2016) constituyen perfectos ejemplos de ello. Y este año es indudablemente el turno de Baby Driver (2017), un majestuoso espectáculo de acción con el que la carrera del británico Edgar Wright ha dado un paso de gigante.

Ansel Elgort ha aprovechado bien la oportunidad
de oro brindada por Baby Driver
Aplaudido dentro y fuera de su natal Reino Unido, Edgar Wright ha dotado a todas y cada una de sus producciones de un delicioso toque de humor británico, pertenecieran estas al género del western (A Fistful of Fingers, 1995), el terror (Zombies Party, 2004), el policiaco (Arma fatal, 2007), la fantasía (Scott Pilgrim contra el mundo, 2010) o la ciencia ficción (Bienvenidos al fin del mundo, 2013). Siempre hay, por tanto, dos formas opuestas de enfrentarse a sus películas: sumergiéndose en sus, pese a todo, emotivos e intrigantes relatos, o dejándose llevar por el absurdo destilado por sus guiones. Aun manteniendo esta línea, Baby Driver, la cinta más ambiciosa del joven realizador, es también la que más desentona dentro de su filmografía al no imponerse nunca el humor a la emocionante acción principal. Así, la historia de Baby —Ansel Elgort en el mejor papel de su carrera desde que nos enamorara con Bajo la misma estrella (John Boone, 2014)—, un joven y talentoso conductor especializado en fugas que depende del ritmo de su banda sonora personal para bordar su trabajo, nos atrapa desde el primer momento gracias al carisma del protagonista, a quien observamos caer prendido de la bella Debora —deliciosa Lily James de Cenicienta (Kenneth Branagh, 2015), quien sustituyó a Emma Stone cuando esta fichó para La La Land (Damien Chazelle, 2016)— mientras tememos por los abusos de Doc (veterano Kevin Spacey), jefe de una banda criminal al que debe rendir cuentas. Jamie Foxx, Jon Hamm y Eiza González conforman el espectacular plantel de secundarios, conscientes empero de que el turno de brillar con luz propia pertenece a Elgort, una de las promesas del cine contemporáneo.

El cartel de Baby Driver tiene
un atractivo aroma retro
De todos modos, la historia y el propio reparto son lo de menos. La clave de Baby Driver —que debe su nombre a la canción homónima de  Simon & Garfunkel— reside en el virtuosismo de la fotografía, el montaje, el sonido y, por supuesto, la omnipresente música, elementos mágicamente conjugados para ofrecer un despliegue de escenas de acción harto impresionante. Todo, absolutamente todo, está coreografiado en esta película, desde las trepidantes persecuciones por las calles de Atlanta (rodadas prácticamente sin efectos visuales, siguiendo la tendencia del “nuevo Hollywood”) hasta las meras acciones cotidianas del tierno protagonista, que se mueve al ritmo de la música con una parsimonia hipnótica. No por casualidad, el primer uso que Wright hizo de la idea para Baby Driver fue un vídeo musical que dirigió para la canción “Blue Song” del dúo electrónico Mint Royale. Nos hallamos por tanto ante una rara mezcla de dos géneros tan dispares como la acción y el musical con los suficientes ingredientes para contenta a los fans de ambos. Este vals de acción es, sin lugar a dudas, el blockbuster del año.

1 comentario:

  1. Excelente post. Recien descubrimos este blog. Aprovechamos para invitarte a nuestro blog en el cual hemos hecho una ultima reseña acerca de cine. Te esperamos!!!
    http://hoyelijoycomparto.blogspot.com.ar/2017/07/premio-platino-del-cine-iberoamericano.html
    un beso grande!!!

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