23 diciembre 2014

10 razones para odiar ‘El Hobbit: la Batalla de los Cinco Ejércitos’

Cuando Peter Jackson se puso a cargo del proyecto cinematográfico de El Hobbit los fans respiramos aliviados. Y cuando afirmó contar con el mismo equipo de El Señor de los Anillos (2001-2003), incluyendo a las guionistas Philippa Boyens y Fran Walsh, el director de fotografía Andrew Lesnie, el compositor Howard Shore y parte del reparto original, nos alegramos todavía más. Sin embargo, la magia de la trilogía que les dio a todos la fama se ha perdido. Las tres películas de El Hobbit, no sólo no poseen el espíritu de Tolkien en absoluto, sino que han supuesto una decepción tras otra, superando cada una a la anterior en mediocridad hasta llegar a una tercera entrega digna del Razzie. Quienes han leído mis artículos ‘La historia de El Señor de los Anillos, ‘El secreto de El Señor de los Anillos y ‘Guía de El Hobbit saben que me duele escribir este artículo, pero me temo que plasmar mi decepción es absolutamente necesario. Aquí están los 10 motivos para detestar El Hobbit: la Batalla de los Cinco Ejércitos (2014):

Póster de El Hobbit: la batalla de los cinco ejércitos (2014)
El póster de la cinta deja claro lo
poco que importan los 13 enanos
 
1. La (falta de) historia. Hay malas películas con buenas historias, pero nunca buenas películas con malas historias. Y la historia de esta cinta, más que mala, es inexistente. Dividir un libro tan pequeño en tres films tenía sentido si se tenía algo que contar con cada uno de ellos. Pero no ha sido el caso: tras Un viaje inesperado (2012) y La desolación de Smaug (2013) sencillamente no queda nada que contar. Por tanto, personajes sin interés han sido desarrollados y tramas vacías han sido expandidas. Todo ello sin resquicio alguno de originalidad. Y, claro, tenemos horas de batalla mal planeada (por los personajes y por los guionistas). 

2. La monotonía. Si algo salvaba a las dos obras anteriores de El Hobbit era la majestuosa ambientación de territorios conocidos (La comarca, Rivendel…) y por conocer (el Bosque Negro, la Ciudad del Lago…). La calidad de la dirección artística y el vestuario convertían a ambas cintas en auténticos festines para los ojos que nos despistaban ante los errores del guion. No es este el caso de La Batalla de los Cinco Ejércitos, que ocurre en su práctica totalidad en el mismo escenario, no ofreciendo nada nuevo visualmente (lo cual, insisto, no sería un problema si hubiera algo que contar). 

3. El maquillaje de fiesta chamuscada. La trilogía de El Señor de los Anillos obtuvo dos Oscars a mejor maquillaje, premio que, aunque de carácter menor, no se entrega a la ligera. Sin embargo, La Batalla de los Cinco Ejércitos no está siquiera entre las preseleccionadas para el premio de este año. ¿El motivo? Que las sutiles técnicas de las cintas originales han sido sustituidas por exageradas transformaciones que, no sólo resultan por completo inverosímiles, sino que se notan en cada uno de los 48 fotogramas por segundo (costuras incluidas). Para colmo, el propio Bilbo Bolson lleva un maquillaje más propio de una boda que de una aventura bélica: colorete, brillo de labios… ¡y hasta los ojos pintados!

El Hobbit: la batalla de los cinco ejércitos (2014)
Batalla, batalla y más batalla, pero sin la fuerza
y originalidad de Las dos torres y El retorno del rey
4. Los efectos especiales de videojuego. Las tres películas de El Señor de los Anillos se llevaron a casa el Óscar a mejores efectos visuales, al cual han optado sin éxito las dos cintas anteriores de El Hobbit. La tercera parte no debería ser siquiera nominada. Smaug es impresionante, sin duda, pero ya lo vimos en la película anterior (por cierto, ¿no es vergonzosa la forma de Bardo de acabar con él?). Todo lo demás parece salir de un videojuego, habiendo momentos absolutamente ridículos como aquél en que Legolas salta sobre rocas que se desprenden. Por no hablar de los villanos, cuya espantosidad es tan exagerada que ni siquiera se toma en serio.

5. Más que guiños, plagios. Al margen de los gusanos de tierra calcados de los videojuegos de Dune, abundan las escenas que, lejos de ser meros guiños a la trilogía de El Señor de los Anillos, son absolutos plagios. Por ejemplo, el primer plano de los sinuosos pies de Galadriel en Dol Guldur es calcado al de Lothlórien de La comunidad del anillo (2001) y la salida de los enanos de Erebor intenta emular a Aragorn, Légolas y Gimli llegando a Minas Tirith con el ejército de los muertos en El retorno del rey (2003) Esta escena resulta, a su vez, absolutamente ridícula, considerando la escasa diferencia que la entrada de trece enanos sin armadura puede marcar en una batalla entre miles de seres. De hecho, ese es un ejemplo claro de la diferencia entre la majestuosa sencillez de El Señor de los Anillos y el cantoso carácter comercial de El Hobbit. Pero para plagios, el cometido por Howard Shore, quien se plagia a sí mismo en una banda sonora que sólo destaca cuando recupera las melodías que ya conocemos.

El Hobbit: la desolación de Smaug (2013)
Alfrid ya apareció en La desolación de Smaug, pero,
por desgracia, no nos libramos de su molesta presencia
6. El insufrible Alfrid. Este desagradable ser es el asistente lameculos del Gobernador, convertido inexplicablemente en uno de los protagonistas de la cinta por encima de los trece enanos.  No sólo es una descarada copia del Grima Lengua de Serpiente de Las dos torres (2002), sino que da lugar a algunos de los peores errores de guion de la cinta. De hecho, cada uno de sus planos puede estudiarse por su mediocridad. Especialmente barato resulta el hecho de que, conociendo Bardo su carácter cobarde y maquinador (sin ir más lejos, ambos se encuentran cuando Alfrid intenta asesinar a una mujer a traición), le ceda con tanta facilidad labores tan importantes como la guardia nocturna o la protección de sus hijos durante la batalla. Sin comentarios. Por cierto, ¿no es ridícula la escena en que las mujeres deciden unirse a la batalla armadas con sartenes? ¡Normal que Alfrid se negase!

El Hobbit: la batalla de los cinco ejércitos (2014)
Pese a todo, los momentos del Concilio Blanco
son lo más interesante de la cinta
7. El desaprovechado Concilio Blanco. Quizá uno de los mejores detalles de esta trilogía es el protagonismo dado al Consejo de Sabios: Gandalf, Saruman, Galadriel y Elrond, a los que permite tomar papeles distintos a los que disfrutamos en El Señor de los Anillos. Su presencia en las obras anteriores de El Hobbit fue bastante cuestionada, pero plenamente justificada por mi parte por dar profundidad a la saga y conectar las dos trilogías. Por desgracia, esa fuerza se pierde en esta tercera parte, donde su lucha contra el renacido Sauron y los Espectros del Anillo (quienes, sin explicación aparente, son distintos a los vistos en la Cima de los Vientos de La comunidad del anillo) carece por completo de lógica. ¿Por qué se tira Galadriel al suelo tras rescatar a Gandalf? ¿De verdad es un trineo de conejos el mejor método de salvación? Muchas son las preguntas, pero mi mayor duda es por qué la Galadriel poseída es tan distinta a la que vimos en La comunidad del anillo. En resumidas cuentas: si la idea es conectar ambas trilogías, ¿no deberían los elementos comunes ser iguales? De todos modos, estas escenas son las únicas que nos dejan descansar de la vacía batalla, pero da pena el poco partido que ha sacado Jackson a contar con cuatro grandes como Christopher Lee, Cate Blanchett, Hugo Weaving e Ian McKellen a su completa disposición.

Legolas en El Hobbit: la batalla de los cinco ejércitos (2014)
Basta una imagen para distinguir al nuevo Legolas
del personaje clásico... ¡¿Qué le pasa en la mirada?!
8. Un Legolas que no es Legolas. Mucho se ha criticado la presencia de este mítico personaje en la trilogía. Sin embargo, ya dejé claro en el artículo ‘¿Por qué aparece Legolas en El Hobbit?’ que está plenamente justificada. Lo que no lo está en absoluto es la estética del mismo. ¿Por qué son tan azules —tan falsas— sus lentillas?, ¿por qué está tan maquillado su rostro?, ¿por qué parece mayor, no sólo que el personaje visto en El Señor de los Anillos, sino también que el propio actor? Toda la fuerza de Legolas se ha desvanecido y ha sido sustituida por un carácter arrogante carente de elegancia. El problema no es que su personalidad haya cambiado (a fin de cuentas, todavía no ha visto mundo y es normal que sea tan cerrado), sino que es imposible reconocer al mítico personaje que nos enamoró hace trece años.

9. La banalización del amor. Las relaciones entre seres de distintas razas en el universo Tolkien es algo que no debe banalizarse, pues se limita a casos aislados muy especiales. El romance de Aragorn y Arwen se entendía por tratarse de dos auténticas personalidades que habían compartido miles de momentos juntos. Entre ellos y la relación entre Kili y Tauriel, limitada a un simplón flechazo, hay un abismo. Tan poco creíble resulta esta historia de amor comercial, que todas sus escenas son sencillamente irrisorias. Para colmo, ambos forman, junto a Legolas, un triángulo que busca emular —de nuevo: plagiar— el clásico entre Aragorn, Arwen y Éowyn, pero se acerca más al de sagas adolescentes como Crepúsculo y Los juegos del hambre. Es decir: no es propio de la Tierra Media, al igual que toda la película. Y, hablando de amor, ¿a qué viene tanta cursi palabrería por parte del impasible Thranduil durante los últimos minutos del film?

El Hobbit: la batalla de los cinco ejércitos (2014)
Cuesta encontrar un personaje que evolucione algo
a lo largo de las tres películas de El Hobbit
10. El pseudofinal (cuidado: spoilers incluidos). La película empieza tan mal que resulta difícil imaginar un final que estropee todo aún más. Pero Jackson y su equipo lo consiguen. De entrada, las muertes de los tres enanos son absolutamente insustanciales: Fili cae en una trampa ridícula; Kili muere por culpa de la propia Tauriel, convertida de pronto en una auténtica inútil pese al carácter de súper heroína que exhibió en la cinta anterior; y finalmente Thorin perece tras una pesadísima lucha tan tópica como previsible (¿acaso alguien no esperaba que Azoj saliera del agua de nuevo?). A todo esto, los demás enanos, pese a ser los protagonistas del libro original, apenas aparecen en un par de planos generales; y ninguno de ellos ha evolucionado un ápice en toda la saga. Muertes aparte, nos despedimos de todos los personajes sin glamour alguno. Tiene gracia: después de nueve horas, no queda tiempo para zanjar todos los asuntos, siendo el último momento de personajes tan importantes como Bardo, Galadriel o Tauriel tan abierto como olvidable. Aún peor es el regreso de Bilbo a la Comarca: curiosamente, en El Señor de los Anillos Jackson decidió prescindir de las rencillas comarcales finales por lo banales que resultaban después de tan épica obra. Pero parece que Jackson no aprende, sino que retrocede. Por cierto, ¿a qué viene ese ridículo intento de ‘mensaje a favor de la amistad’ final?

He concentrado las críticas en 10 motivos para detestar este filme, pero, como habréis podido comprobar, todos ellos incluyen múltiples comentarios. Todos ellos se resumen en uno: El Señor de los Anillos se hizo por amor [más al respecto en los artículos mencionados al inicio de éste], pero El Hobbit se ha creado en busca del dinero fácil, y, por tanto, abundan el efectismo y las americanadas y falta la identidad propia. Podría seguir analizando los infinitos fallos de esta cinta, pero no voy a gastar más tiempo en este artículo del que Jackson ha dedicado a reflexionar. Porque, si se hubiera parado a pensar, aunque sólo fuera un momento, en lo que engrandeció El Señor de los Anillos, si se hubiera parado a pensar en qué le ganó el Óscar a mejor director hace diez años, esta trilogía sería, sencillamente, mucho mejor. Mucho se habla de la excesiva duración, de la presencia de Legolas o de la invención de nuevas tramas. Pero en realidad nada de eso importa. Lo que importa es que el maravilloso espíritu de Tolkien ha sido poco a poco fulminado en la trilogía de El Hobbit hasta llegar a una tercera parte tan mediocre que ni alcanza el entretenimiento de las anteriores. Lo único salvable es la maravillosa canción final, "The Last Goodbye", compuesta e interpretada por Billy Boid (también conocido como Pippin). Eso sí: si algo nos han enseñado estas precuelas  (y, sobre todo, esta tercera entrega) es a admirar aún más a esa obra maestra única llamada El Señor de los Anillos.


© El copyright del texto pertenece exclusivamente a Juan Roures
© El copyright de las imágenes pertenece a sus respectivos autores y/o productoras/distribuidoras

8 comentarios:

  1. Potentes motivos para odiar esta película.
    Cuando hace años surgió la noticia de que un libro más fino que cualquiera de los otros tres de ESDLA iba a ser despiezado en tres partes, muchos nos temimos lo peor: estaba claro que la falta de material iba a ser suplida con relleno barato (y no es que los efectos especiales cuesten poco precisamente).
    Las dos primeras películas esquivaron un poco este problema, a pesar de que no hacían ni sombra a su saga predecesora; sin embargo en esta película ya no quedaba nada por contar: la muerte del dragón encajaba más en la anterior y el resto parecía una partida de videojuego: a ratos miraba para ver si había alguien con un mmando de una consola moviendo a los personajes.
    Una decepción, tendré que ver la saga original para quitarme este mal sabor de boca.

    ResponderEliminar
  2. Tengo una desventaja clara para participar en este debate, porque no he visto la película, y tras conocer tu opinión, sentarte varias horas en una butaca y mirar el reloj constantemente no es lo que más me apetece en este momento. Un saludo.

    ResponderEliminar
  3. Por fin, que gusto da que te den la razón ajajaja.
    Aunque falta el punto 11, (fallos de tamaños jajajaja) En alguna escena de Kili y Tauriel, resulta que el tamaño de sus manso es el mismo e incluso el de su cabeza. Si un enano tuviera el tamaño de cabeza de un elfo, la iria arrastrando por el suelo a todas partes jajaja.

    ResponderEliminar
  4. Oh sí, siguenos ilustrando con tu blog y sacando errores de la película, si no es por ti... no llegaría a entenderla oh gran bolguero, todo para ti es comercial (bienvenido al mundo), todo es americanada y amor fácil y fácil y sencillo... es el Hobbit mi niño, no es Proust, es el hobbit, libro más bien infantil que juvenil, Jackson está tan tan cansado de decir sus motivos por los que Legolas, Tauriel etc aparecen que no sé como no manda al carajo a quien sigue preguntándole... tío hemos crecido desde LOTR han pasado 14 años, hemos crecido y no la vemos con los mismos ojos... eso que para ti es mensajito pueril sobre la amistad, en LOTR sale no sé cuantas veces entre Frodo y Sam, por Dios pero tú has visto El Señor de Los Anillos? esta trilogía no es que sea más comercial, es que hay un precedente... y cuando lo hay no se si sabes lo que es el cine... las cosas cambian... star wars, los simios...300, etc.

    ResponderEliminar
  5. Esas razones que tú das tío... las encuentras en cualquier casi cualquier película que te pongas a analizar, a mi también me encanta Miyazaki y la princesa mononoke... anda que no tiene diálogos "cursis" como definirías tú el mejor anime... y es el mejor, sostengo que Scorses, Tarantino... todos entro de sus estilos son comerciales, porque en el momento que te gastas más de 100 mill. de dólares amigo mío... no puedes andarte con chikitas, sabes? no es como tener un blog que no cuesta dinero sabes lo que quiero decirte? te arán la razón... te leerán... algunos te comentarán... otros te cojerán tirria por meterte con sus directores favoritos y películas que cambiaron su vida... pero al fin y al cabo tú no te la juegas, los filmmakers sí... y Jackson ha jugado y ha acertado. una vez más

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ha jugado y ha fallado. La película puede gustarte pese a eso, pero hay que estar ciego para no ver sus errores. Y no, no los encuentras en cualquier película. Si no eres capaz de ver los errores de esta cinta, te aconsejo que aproveches las rebajas para comprarte un poco de criterio a buen precio. Lo necesitas con urgencia.

      Eliminar
    2. P.D. Si crees que llevar un blog no cuesta dinero estás muy equivocado. Un blog cuesta tiempo y el tiempo es dinero. Jackson no ha arriesgado nada porque no pone el dinero de su bolsillo y, sobre todo, porque sabe que, por muy mal que hubiera hecho la película, la taquilla respondería positivamente porque, aunque sólo sea por curiosidad, todos vamos a verla.

      Eliminar
  6. me dejo con un gran gusto a poco DESEPCIONANTE!!

    ResponderEliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...