03 abril 2016

'Madame Marguerite': la amarga hilaridad de una mentira piadosa

Los cuatro premios César alcanzados por Madame Marguerite (Marguerite, 2015) son perfecta muestra de sus características virtudes. Glamurosamente ambientada en el París de los años 20, la cinta recogió merecidamente los galardones concernientes a mejor diseño de producción (Martin Kurel) y mejor vestuario (Pierre-Jean Larroque), a los que se sumó como no podía ser de otra manera el entorchado a mejor actriz para la genial Catherine Frot (quien ganó el primero en 1996 con la tierna comedia negra Como en las mejores familias, de Cédric Klapisch, y suma un total de… ¡diez nominaciones!), además de, irónicamente, el de mejor sonido para François Musi y Hafner Gabriel precisamente por captar los espantosamente divertidos sonidos que salían de la boca de Marguerite Dumont, una mujer adinerada empeñada en ser cantante de ópera pese a ser incapaz de entonar correctamente dos notas seguidas.

Madame Marguerite (Marguerite, 2015)
Madame Marguerite fue candidata a 11 premios César,
incluyendo película, dirección, guion original y montaje
Tras recorrer prestigiosos festivales con el melodrama romántico Chanson d'amourel (2006, Sección Oficial de Cannes), el interesante drama Crónica de una mentira (2009, Sección Oficial de Cannes) y la irregular comedia Superstar (2012, Sección Oficial de Venecia), el director y guionista galo Xavier Giannoli triunfó en Venecia con una de sus mejores creaciones hasta la fecha: una sorprendente comedia dramática de época capaz de ganarse la identificación del espectador desde el principio gracias a una peculiar protagonista excelentemente encarnada por una de las mejores actrices francesas del momento. Y es que cada uno de los respetuosos primeros planos del film es un poema en sí mismo gracias a la extraordinariamente sutil interpretación de Frot, quien logra hacernos partícipes de todo cuanto probablemente pasaba por la mente del personaje real que inspira el film. Esta no es otra que la excéntrica soprano estadounidense Florence Foster Jenkins (1868-1944), a la que curiosamente dará vida nuevamente la gran Meryl Streep en la superproducción británica Florence Foster Jenkins (Stephe Frears, 2016). Vamos, que nos encontramos ante otro de esos curiosos casos de películas similares estrenadas al unísono sin explicación aparente alguna.

Madame Marguerite (Marguerite, 2015)
El cartel de Madame Marguerite
acentúa el deseo de estrellato
Desternillante, amarga y conmovedora, Madame Marguerite insta a plantearse cuán peligrosas son las mentiras piadosas, remarcando además cuán injusto es el mundo artístico al ser la combinación de suerte y talento innato mucho más efectiva que la del deseo y el esfuerzo. ¿Merece Marguerite nuestro alzamiento de cejas por luchar por aquello que la hace feliz? Aunque, claro, la respuesta probablemente sea otra pregunta: ¿merecen nuestros oídos tal aberración tan sólo por hacer feliz a una persona que, a fin de cuentas, puede permitirse tal honor a raíz de un estatus social igualmente innato? Lástima que para explotar esta fascinante reflexión el guion firmado de Marcia Romano y el propio Giannoli introduzca tantos personajes innecesarios y toque tantos palos prescindibles, pues el viaje interior de la protagonista y su apesadumbrado esposo (perfecto André Marcon) se bastaban por sí solos para crear tensión. De esta manera, lo que podría haber sido una gran película de hora y media se conforma con ser una interesante producción de dos horas. Y todo, precisamente, por dejarse llevar por una ambición relativamente desmedida que, eso sí, nos regala un producto apasionante tanto por su elegante forma como por su peculiar contenido.

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