23 junio 2014

'El crepúsculo de los dioses', película clásica con mayúsculas

El crepúsculo de los dioses es una gran película sobre el mundo de las grandes películas. O, mejor dicho, sobre el triste ocaso de las mismas. “Yo soy grande; son las películas las que se han hecho pequeñas”, brama la actriz en decadencia Norma Desmond en uno de los muchos grandes momentos de esta obra a la que hoy he decidido dedicar el blog tras disfrutar de un segundo visionado que me ha enamorado de ella.

Gloria Swanson en 'El crepúsculo de los dioses' (Billy Wilder, 1950)
Gloria Swanson era consciente de que el personaje
de Norma Desmond tenía mucho en común con ella
El crepúsculo de los dioses supone la octava película del gran Billy Wilder, quien, allá en 1950 (fecha de estreno de la obra), ya nos había regalado obras maestras como el clásico de cine negro Perdición (1944) y la impactante versión del alcoholismo Días sin huella (1945). Las películas más famosas del cineasta —Sabrina (1954), La tentación vive arriba (1955), Testigo de cargo (1957), Con faldas y a lo loco (1959) y El apartamento (1960)— aún tardarían años en llegar, pero El crepúsculo de los dioses no tiene nada que envidiar a ninguna de ellas.

Póster de 'El crepúsculo de los dioses' (Billy Wilder, 1950)
El póster de la película refleja su
atmósfera de cine negro
Esta obra cuenta la historia de Joe Gillis, un guionista desesperado (William Holden) que se refugia en la mansión de una vieja gloria del cine mudo llamada Norma Desmond (Gloria Swanson), quien vive a su vez refugiada de la realidad, convencida de que el público todavía la recuerda. A esto contribuye su criado Max (Erich von Stroheim), quien aviva el fuego de su ego con su fiel adoración y pronto se descubre como el exmarido y exdirector de la diva. Así, la mansión recrea una inquietante atmósfera con ecos de El fantasma de la ópera y convierte a todos en protegidos y prisioneros al mismo tiempo: protegidos de la realidad y prisioneros de sus propias realidades soñadas.

Acosado por sus acreedores y necesitado de empleo, Joe termina convertido en el gigoló de Norma, quien solicita su ayuda con el guión de la película que supondrá su retorno —que no “regreso”— a la pantalla grande, una ridícula versión de Salomé destinada únicamente al lucimiento de la actriz. Aunque la labor de William Holden no debe desestimarse, es Gloria Swanson quien devora cada plano del film con su magnífica presencia, sin duda ayudada por la alta similitud que guardaba con el personaje, pues ella misma llevaba años sin trabajar. Curiosamente, ninguno de los dos era la primera opción del director, quien pensó primero en Montgomery Clift y Mary Pickford; ambos rechazaron los papeles, el primero por considerarlo demasiado ambiguo (aunque se cree que el hecho de que en ese momento el actor mantuviera una relación con una mujer mayor influyó...) y la segunda por verse reflejada demasiado en él (aunque otras versiones afirman que estaba demasiado borracha cuando se lo propusieron... Siempre es difícil conocer la verdad en Hollywood). Los nombres de Fred MacMurray, Marlon Brando, Mae West, Pola Negri y Greta Garbo (a la que se menciona en el film como único resquicio de las grandes actrices del pasado) también se barajaron.

Erich von Stroheim y William Holden en 'El crepúsculo de los dioses' (Billy Wilder, 1950)
Erich von Stroheim se mueve entre las sombras y
aporta misterio y fantasmas del pasado
También perfecto está Erich von Stroheim, quien, al igual que Swanson, vio revividos fantasmas del pasado en su papel. Así, la película que Norma obliga a ver a su invitado no es otra que La reina Kelly (1929), obra que supuso el final de la carrera directiva de Stroheim, quien tuvo serios problemas con la actriz que, por lo visto, ya habían sido resueltos en 1950. Buster Keaton, H. B. Warner y Anna Q. Nilsson son otras celebridades del cine mudo cuyas apariciones recalcan la mordaz ironía del film, cuya falta de tapujos a la hora de retratar el mundo del cine no sentó demasiado bien entre las altas esferas de los estudios. Pese a ello, el mítico Cecil B. DeMille aceptó aparecer en la obra interpretándose a sí mismo en el rodaje de Sansón y Dalila (1949), que tenía lugar en aquellos momentos. Él es el director en el que Norma confía para dirigir su retorno; sin embargo, al contrario que ella, DeMille sí supo aguantar el paso del tiempo y mantener su prestigio, lo que convierte al encuentro entre ambos en el estudio Paramount en una escena enormemente irónica que conjuga a la perfección el humor con la tristeza.

Cecil B. DeMille, Billy Wilder y Gloria Swanson en 'El crepúsculo de los dioses' (Billy Wilder, 1950)
Billy Wilder dirige a Cecil B. DeMille y Gloria Swanson
en una de las escenas clave de la película
Todo el film juega con el sentimiento de cambio: bien es sabido que el paso del cine mudo al sonoro supuso el momento de renovación más grande que ha vivido el séptimo arte, a lo que se suma la triste dificultad de las actrices para encontrar trabajo conforme envejecen. Norma Demond vive, así, en el ocaso y con temor al ocaso, separada de la muerte (artística y física) por una delgada línea contra la que lucha diariamente al crearse su impenetrable coraza. Del mismo modo, Joe Gillis está acosado por la muerte desde la primera escena, que —tal y como repetiría décadas después Sam Mendes en otro brillante ataque al sueño americano denominado American beauty (1999)— nos muestra la muerte del personaje, quien narra la historia (un largo flashback) desde el más allá. Dicha escena incluía un plano del cadáver en la piscina desde el punto de vista de un pez, el cual era imposible de rodar así; como solución, se colocó un espejo en el fondo de la piscina, se enfrió bastante el agua para que fuera cristalina y se grabó desde arriba. Por cierto, conviene destacar que el inicio original del film mostraba el cadáver parlante del personaje, pero la recepción irrisoria del mismo obligó a Wilder a cambiarlo.

Imagen promocional de 'El crepúsculo de los dioses' (Billy Wilder, 1950)
Imagen promocional del film con los
cuatro intérpretes principales,
resaltando la importancia de Swanson
Fue así como se constituyó uno de los mejores inicios del cine clásico, tan sólo superado por el magnífico final de la obra, en el que Norma Demond desciende las escaleras de su mansión como si de la mismísima Salomé se tratase (de hecho, acaba de poner fin a la vida de su propio Juan Bautista) y se acerca a la cámara en busca de su primer plano, ignorando que todos los “fans” que la rodean tan sólo tienen la intención de detenerla por asesinato. Es éste sin duda un final memorable para una obra memorable sobre la presión del mundo del espectáculo.

Aunque la temática se ganó el rechazo de muchos (como el magnate Louis B. Mayer, quien abandonó la proyección enfurecido y chilló a Wilder que había deshonrado a la industria que le daba de comer), el film fue un auténtico éxito de crítica y obtuvo 11 nominaciones a los Oscar, pero la alta competencia de 1950 (que incluía a otra obra maestra sobre el mundo del espectáculo: Eva al desnudo, de Joseph L. Mankievitz) supuso que tan sólo obtuviera tres estatuillas: mejor guión original para D. M. Marshman Jr., Charles Bracket, y Billy Wilder (estos dos últimos realizaron así su última colaboración, tras regalarnos guiones sublimes como el de Ninotchka, dirigida por Ernst Lubitsch en 1939), mejor música para la extraordinaria partitura de Franz Waxman —quien, al año siguiente, se convertiría en el primer compositor ganador de dos premios consecutivos al alzarse con su segundo Oscar por Un lugar en el sol, de George Stevens, hazaña repetida por Gustavo Santaolalla al ganar premio consecutivos por Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005) y Babel (Alejandro Gutiérrez Iñárritu, 2006)— y mejor dirección artística para Hans Dreier, John Meehan, Sam Comer y Ray Moyer, quienes construyeron la mansión por completo con sumo lujo de detalles.

Nancy Olson y William Holden en 'El crepúsculo de los dioses' (Billy Wilder, 1950)
La historia de amor entre Nancy Olson y William Holden
aporta un descanso al cruel tono cínico del film
Tristemente, no hubo premio para el magnífico reparto, pese a que los cuatro intérpretes principales (Holden, Swanson, Stroheim y la jovencita Nancy Olson, quien interpretó al único personaje idealista y bondadoso del film: la guionista enamorada del protagonista) fueran nominados. Especialmente triste fue la derrota de Gloria Swanson, quien perdió así su última oportunidad de hacerse con el galardón. Probablemente, fue la presencia de la gran Bette Davis (quien, al igual que Swanson, había disfrutado de un glamuroso retorno en Eva al desnudo) entre las nominadas lo que le quitó votos, pero, para sorpresa de todos el premio terminó en manos de Judy Holliday por Nacida ayer, aplaudida comedia de George Cukor.

Afortunadamente, los Globos de Oro sí premiaron a Swanson, así como al film, el director y la banda sonora, reservando a Eva el desnudo el de mejor guión. De este modo, ambas obras maestras quedaron reconocidas, aunque el paso de El crepúsculo de los dioses por los Oscar (que también la nominaron en las categorías de montaje y fotografía, pero no en vestuario quizá porque su artífice, la mítica Edith Head, sería nominada por el film de la competencia) debería haber sido algo más sonado. En cuanto a otros galardones, conviene recordar los de mejor película y actriz del año otorgados por la prestigiosa National Board of Review.

William Holden y Gloria Swanson en 'El crepúsculo de los dioses' (Billy Wilder, 1950)
En la lista del American Film Institute de 1998 de los
mejores films estadounidenses fue colocada en 12º lugar
De todos modos, a estas alturas los premios importan poco, porque los diálogos e imágenes de El crepúsculo de los dioses permanecen vivos a nuestro alrededor, dispuestos a sorprendernos con cada nuevo visionado. Y es que ésta es una película para ver una y otra vez, para sumergirse en su atmósfera y adentrarse en un Hollywood que el film odia y ama a partes iguales… (¿Y quién no?). Y, así, inmersos en esa mansión de Sunset Boulevard (mítica avenida de Los Ángeles que da el título original a la obra), volvemos a los tiempos en que las películas y sus estrellas eran grandes con letras mayúsculas.


© El copyright del texto pertenece exclusivamente a Juan Roures
© El copyright de las imágenes pertenece a sus respectivos autores y/o productoras/distribuidoras

4 comentarios:

  1. Gran comentario, y justo homenaje a esta gran película, su final es simplemente genial y Billy Wilder uno de los mejores directores del cine clásico
    Saludos.

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  2. Una gozada de crónica. Entran ganas de volver a verla. Gracias por el post!

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  3. Gran comentario como siempre!! Billy Wilder es uno de mis directores favoritos y aunque adoro sus comedias "El crepúsculo de los dioses" es una de sus muchas obras maestras. Una de las mejores películas clásicas de todos los tiempos.
    Saludos!

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