un blog de Juan Roures

04 noviembre 2012

'Lo imposible' y otras películas de catástrofes

Tres años después de que el Tsunami más devastador que se recuerda arrasara el sureste asiático, Belén Atienza escuchó en la radio la historia de una familia española que lo había sufrido en primera persona. Ella acababa de producir El orfanato, brillante ópera prima de Juan Antonio Bayona, quien enseguida se interesó por el emocionante relato: “Nunca pensé en hacer un film sobre el Tsunami, pero desde aquel momento contar esta historia se convirtió para mí en una necesidad”, comentaría tiempo después un Bayona emocionado con el proyecto.

Las escenas de madre e hijo luchando por la vida son
el corazón y la fuerza de Lo imposible
Más de cien días de rodaje y medio millar de personas fueron requeridas para lograr lo imposible. Y lo lograron: Lo imposible (2012) ya es la película más taquillera de la historia del cine español y una de nuestras producciones con mayor proyección internacional. Y el secreto ha sido encontrar una historia de supervivencia humana con la que todos podemos identificarnos.

Aunque su estilo y reparto le dan una imagen completamente americana, la mayoría del equipo técnico pertenece a nuestro país, lo que evita que el inevitable “americanismo” de este tipo de films se vaya de las manos. Aún así, hay síntomas de éste en la extremada fotogenia del reparto, el uso excesivo y melodramático de la banda sonora y, sobre todo, la utilización de actores estadounidenses para encarnar a los miembros de una familia española. Pero no podemos culpar a Bayona por esta decisión, sino a los propios espectadores españoles, mucho más propensos a ver una película protagonizada por Ewan McGregor y Naomi Watts que por cualquier de nuestros excelentes intérpretes.

De todos modos, la pareja protagonista está impecable, especialmente ella, quien junto al joven Tom Holland, protagoniza la parte más dramática y conseguida del film: sin esperanzas y ante un total desasosiego, una madre y su hijo afrontan, primero el impacto de la terrible ola gigante y, después, la desesperación de encontrarse solos en medio de la desolación. En esos momentos solo existen ellos dos; lo demás es una incógnita. Se trata de los momentos más duros del film, pues los protagonistas desconocen el destino del resto de su familia y prefieren no planteárselo. La misma perspectiva por parte del resto de personajes se echa en falta.

La emocionante Aeropuerto marcó un antes
y un después en el cine de catástrofes
La lucha por la supervivencia y la unión familiar son las claves de un film que se enfrenta a una situación límite y mantiene al espectador con la mirada fija en la pantalla durante sus casi dos horas de duración. Hay sin duda una búsqueda de la emoción fácil por parte del realizador, pero, ¿no es esto inevitable al tratar la situación más dura que ha enfrentado una familia, la sensación de que la vida pende de un hilo? La lucha por la supervivencia lleva a situaciones de impacto en el que los sentimientos se disparan. Así lo ha demostrado el cine de catástrofes a lo largo de la historia: lo importante no es la catástrofe en sí, sino su impacto en las personas que tienen la mala suerte de vivirla.

El cine de desastres es uno de los que más tarde se desarrolló, pero lo hizo con fuerza y para quedarse. Todo comenzó con Aeropuerto (George Seaton, 1970), que enfrenta a los pasajeros de un avión transoceánico a un temporal y la presencia a bordo de un polizonte (la divertida anciana Helen Hayes, quien lleva años colándose en los aviones para visitar a su familia) y un hombre menos gracioso que porta un maletín sospechoso. El guión del film era digno de telenovela en cuanto a las historias personales, pero el resultado era a la vez humorístico y emocionante y el éxito fue abrumador.

La aventura del Poseidón explota con acierto la idea
de unión ante la adversidad y confianza en un líder 
Se originó así una serie de películas que enfrentaban a impresionantes elencos a las peores tragedias. Gene Hackman, Ernest Borgnine y Shelley Winters trataban de salir con vida de un barco volcado por una ola gigante en La aventura del Poseidón (Ronald Neame, 1972), uno de los mejores films del género, mientras que Steve McQueen, Paul Newman, Faye Dunaway, William Holden y Fred Astaire quedaban atrapados en un edificio gigante azotado por un incendio en El coloso en llamas (John Guillermin y Irwin Allen, 1974), que invirtió tanto en estrellas y efectos especiales que quedó poco para el guión. Ambas fueron producidas por Irvin Allen, “el maestro del desastre”, triunfaron en taquilla y obtuvieron la atención de los Oscar. Mientras tanto, Charlton Heston y Ava Gardner agonizaban en Terremoto (Mark Robson, 1974), mediocre film oscarizado por su sonido Sensurround, que daba a la audiencia la sensación del propio temblor gracias a una banda sonora extra inaudible al oído humano que se sentía en forma de vibraciones. Varios cines sufrieron daños y hubo casos de hemorragias nasales, con lo que la innovación fue descartada para próximas producciones.

No fue la acción lo que ganó 11 Oscars a Titanic
Aunque en todos estos films jugaban un gran papel los efectos especiales, el fruto de su éxito era lograr la identificación del público con sus variopintos personajes. La mayoría mostraban defectos humanos, así como planes y aspiraciones, lo que hacía al espectador comprender lo que estaba en juego. En general, las malas acciones (egoísmo, lujuria, cobardía) se pagan con la muerte, aunque siempre hay alguna sorpresa reservada. El estilo melodramático de las historias sentimentales llevó a la producción de la parodia Aterriza como puedas (Jim Abrahams, David Zucker y Jerry Zucker, 1980), una sucesión de gags simplones pero efectivos en un avión cuyos pilotos caen enfermos por una indigestión, lo que hace necesaria la búsqueda de alguien “que sepa manejar el avión y, sobre todo, no haya cenado pescado”.

Estas películas sentaron la base de las posteriores películas sobre catástrofes, pero ya con anterioridad se habían tomado éstos para dotar al cine de espectacularidad. Algunas de las primeras fueron San Francisco (W.S. Van Dyke, 1936) y Chicago (Henry King 1937) en las que la tragedia era el clímax pero no el tema central. Pero las colosalistas Quo vadis (Mervin LeRoy, 1951), Los diez mandamientos (Cecil DeMille, 1956) o Los últimos días de Pompeya (Mario Bonnard y Sergio Leone, 1959) demuestran que no hay mejor fuente de catástrofes que la Biblia. ¿Alguien lo dudaba?

El título de El día de mañana apunta directamente a los
espectadores: el cambio climático es una realidad
Sin embargo, los films anteriores a Aeropuerto carecían de las características que han conformado al cine de catástrofes como un subgénero de pleno derecho. Nada mejor que comparar dos películas con un tratamiento similar para observar esto: tanto la británica La última noche del Titanic (Roy Ward Baker, 1958) como la estadounidense Titanic (James Cameron, 1997) muestran el hundimiento del barco más famoso de la historia con crítica social incluida, pero, mientras que la primera cede espacio a decenas de personajes sin que podamos llegar a encariñarnos con ninguno, la segunda centra su trama en la relación entre un joven artista (Leonardio DiCaprio) y una chica de buena familia (Kate Winslet), cuya historia de amor es interrumpida por la tragedia. Para cuando el Titanic está sumergido, la primera nos ha transmitido una mera sensación de tragedia injusta, mientras que la segunda nos ha llegado al corazón. No sin motivos la primera ha sido olvidada y la segunda pasó a la historia tras obtener 11 Oscars y emocionar al mundo entero con su “My heart will go on”.

La empatía hacia los personajes es crucial. Por ello, los avances en efectos especiales no deben ponerse nunca por delante de las historias personales reflejadas por el guión. Éstas suelen exponerse rápidamente para que el espectador, consciente de que el desastre es inminente, sea consciente de lo mucho que está en juego. Pero hay que tener cuidado con quiénes mueren, no sea que el film sea acusado de racista como en el caso de Poseidón (Wolfgang Petersen, 2006), bochornoso remake del clásico original. Lo único que aportan éste y otros muchos films recientes son unos efectos especiales impactantes gracias a los avances en tecnología digital.

Toda excusa es buena para mostrar al mundo ante
el Armageddon y a EE.UU. como salvador
La creciente preocupación por el futuro de nuestro planeta ha llevado este tipo de films a una nueva dimensión. Ya no se trata de contemplar a famosos en peligro, sino de un recordatorio sobre los peligros que conlleva descuidar la naturaleza y de lo minúsculos que somos frente a la grandeza del universo. Roland Emmerich advertía de los peligros del calentamiento global con la entretenida El día de mañana (2004) y creaba la americanada del siglo con 2012 (2009), donde todos los desastres posibles eran combinados con impresionantes efectos especiales y un guión impresionantemente malo. Claro que americanadas ha habido de sobra: en La tormenta perfecta (Wolfgang Peterson, 2000) George Clooney y Mark Wahlberg se enfrentan al mar enfurecido y en la científicamente risible Armageddon (Michael Bay, 1998) Liv Tyler, Bruce Willes y Ben Affleck ven como un meteorito gigante se acerca a la Tierra. Algo más interesante es la sobria ¡Viven! (Frank Marshall, 1993), basada en la historia real de un equipo de rugby cuyo avión se estrelló en los Andes y hubo de recurrir al canibalismo para sobrevivir. Se trata de historias impactantes al más puro estilo estadounidense, cinematografía que prácticamente se ha apropiado de este subgénero, con pequeños excepciones como la interesante Aftershock (Feng Xiaogang, 2010), emotivo homenaje a las víctimas del terremoto acaecido en Tagshan (China) en 1976.

Aftershock es consciente de que un buen homenaje 
viene de las vidas implicadas y no del desastre en sí
Muchos de estos films juegan con la idea del sacrificio personal como clave para la salvación general. El héroe es quien termina muriendo en un acto de valentía y generosidad que permite a los demás seguir viviendo. Las situaciones extremas llevan a acciones extremas, así como a lo peor y lo mejor del hombre: egoísmo y cobardía por tratar de salvarse, pero también mucho calor humano y la idea de que todos estamos unidos ante la adversidad (la cual es a menudo fruto de la inutilidad humana). Frente al desastre, todas las rencillas son olvidadas y los sentimientos de amor, amistad y unión familiar florecen en los parajes más sombríos. Lo imposible es heredera de una tradición que refleja lo mucho que el ser humano puede sufrir sin rendirse, porque lo único más importante que luchar por la vida es hacerlo por las personas que queremos.


© El copyright del texto pertenece exclusivamente a Juan Roures
© El copyright de las imágenes pertenece a sus respectivos autores y/o productoras/distribuidoras


3 comentarios:

  1. Desde luego este no es mi género y concuerdo contigo en que muuuuuuuuchas de estas películas se centran en los efectos especiales olvidándose un poco de la trama y de los personajes, pero a mi los efectos me dejan con la boca abierta, así que disfruto con ellos.
    Ahora quiero ver Lo imposible... mi lista de pelis para visionar crece! ajajaj

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  2. Juan,
    enhorabuena por la entrada.Menudo repaso te has marcado del género.
    A mí siempre me han gustado las películas de catástrofes naturales precisamente por lo que tu señalas,por el impacto que éstas tienen en la vida de las personas,y por ser testigo de sus reacciones ante las situaciones límites.
    A "Lo imposible" se le ha atribuido "manipulación sensiblera" pero yo creo que sus méritos superan sus puntos flacos.Creo que ha sido una película decisiva para resucitar la taquilla española,el cine es ante todo espectáculo y ·"Lo imposible" lo ofrece.Los actores lo bordan,para mí en especia Naomi y el ñiño que hace el papel de Lucas y es un historia de supervivencia en la que como bien dices,todos nos vemos reflejados.
    La empatía es decisiva en estas películas y Juan Antonio Bayona la logra,por eso,en parte,sigue arrasando en los cines.
    Me ha gustado mucho la entrada,de las películas anteriores a "LO imposible" me quedo con "Poseidón","El coloso en llamas","Titanic" y toda la saga de "Aeropuertos".
    Te dejo enlace a la entrada que le he dedicado a "LO imposible" por si te quieres pasar:
    http://historias-troyanas.blogspot.com.es/2012/10/lo-imposible.html
    saludos!!!!

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    Respuestas
    1. Tienes mucha razón en que muchos se han centrado en los defectos. Sin duda los tiene, pero ¿qué película carece realmente de ninguno? Muchas gracias por pasarte.

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