25 febrero 2019

Premios Oscar 2019: mediocridad para el libro de los records

La 91ª edición de los Premios Oscar será recordada como un auténtico horror por partida doble. Para empezar, la gala fue tremendamente cutre, aburrida e impersonal, no logrando la Academia compensar la falta de maestro de ceremonias pese a que las siempre ingeniosas Amy Poehler, Tina Fey y Maya Rudolph nos hicieran olvidarla por un momento con su discurso inicial. Para seguir, el palmarés es tan esperpéntico como populista, exento por completo del prestigio del que luego busca presumir. Tanto el evento como los premios en él repartidos se cuentan, de hecho, entre los peores de la historia de esta mítica entidad... y eso que varios de sus records son dignos de celebración.

Malek, Colman, King y Ali, Premios Oscar 2019
Tres de los cuatro intérpretes premiados
lo fueron por personajes LGTB
Dos películas harto facilonas han triunfado a nivel cualitativo y cuantitativo. Así, Green Book, de Peter Farrelly sí, el codirector de Dos tontos muy tontos (1994) y Algo pasa con Mary (1998) se ha llevado los reconocimientos a mejor película, guion original y actor de reparto (Mahershala Ali, quien ya ganó hace dos años con Moonlight (2016) y es por tanto el segundo intérprete negro con dos estatuillas en su haber, tras Denzel Washington), continuando la tradición reciente de vencedoras con colecta escasa. En número de menciones la supera Bohemian Rhapsody, biopic de Freddy Mercury que dirigió Bryan Singer hasta que fue despedido por su conducta pasota y acosadora en el que han recaído tres premios técnicos ya acostumbrados a ir de la mano (montaje, mezcla de sonido y montaje de sonido), además del esperado reconocimiento a Rami Malek, actor de nombre y ascendencia egipcia que brilla bastante más en la serie Mr. Robot. Ambas películas, además, están envueltas en polémica a propósito tanto de su escasa verosimilitud histórica como del tratamiento reaccionario que, con supuestas buenas intenciones, dan al racismo y la homofobia, algo que quizá pueda perdonarse a Green Book por tratarse de una (divertidísima) comedia pero no a la supuestamente seria Bohemian Rhapsody (la cual, por cierto, terminó Dexter Fletcher, quien estrena pronto otro biopic musical: Rocketman, sobre la vida de Elton John).

Alfonso Cuarón, Premios Oscar 2019
Alfonso Cuarón recogió tres premios en una sola noche
aunque uno de ellos es realmente para México
La carísima campaña de Netflix no ha servido a Roma para convertirse en la primera película de habla no inglesa receptora del Oscar principal, pero sí para recoger los respectivos a mejor director (Alfonso Cuarón, quien ya ganó por Gravity (2013) y da así a México su quinto triunfo en la categoría en sólo seis años), fotografía (también para Cuarón, el primero que logra este premio por su propio filme) y, claro está, película de habla no inglesa (el primero para México tras ocho candidaturas fallidas), los tres por encima de Cold War, con la que el polaco Pawel Pawlikowski probablemente habría tenido más suerte cualquier otro año. Triple ha sido también el triunfo de la trepidante pero sobrevalorada Black Panther, de Ryan Coogler, a saber diseño de producción, vestuario y música original (los dos primeros, bastante merecidos, tratándose además de la primera vez que van a manos afroamericanas; el tercero, no tanto). Se trata de la primera victoria de Marvel en estos galardones, si bien el premio a mejores efectos visuales se le ha vuelto a escapar: Black Panther ni siquiera estaba nominada y la impresionante Vengadores: Infinity War, de Anthony Russo y Joe Russo, terminó perdiendo frente a la elegante El primer hombre, de Damien Chazelle, emulando la inspirada victoria minimalista de Ex Machina allá por 2015.

Green Book: mejor película, Premios Oscar 2019
Green Book suma el Oscar a las victorias en los Globos
de Oro y los premios del Sindicato de Productores
Dejando de lado los triunfos paralelos de Free Solo, de Jimmy Chin y Elizabeth Chai Vasarhelyi (mejor película documental, sin lugar a dudas), Spider-Man: Un nuevo universo, de Bob Persichetti, Peter Ramsey y Rodney Rothman (mejor película de animación), Skin, de Guy Nattiv (mejor corto de ficción, por encima de Madre, de nuestro Rodrigo Sorogoyen), Bao, de Domee Shi (mejor corto de animación, de nuevo para Pixar) y Una revolución en toda regla, de Rayka Zehtabchi (mejor corto documental, ¡y por una obra sobre la menstruación!), los únicos premios que vale la pena celebrar son los de las dos actrices, porque Olivia Colman (ay, qué genuina felicidad: la suya y la nuestra) y Regina King han brillado como nunca y porque así han evitado irse de vacío dos cintas tan especiales como La favorita , de Yorgos Lanthimos (clásico caso de película que se queda a las puertas en numerosas categorías y acaba prácticamente sin nada), y El blues de Beale Street, de Barry Jenkins, que han evitado así el destino de trabajos desinflados como ¿Podrás perdonarme algún día?, de Marielle Heller, y El regreso de Mary Poppins, de Ron Marshall. Curiosamente, las dos intérpretes se han impuesto a damas de honor que nunca logran ser reinas: Glenn Close (La buena esposa, de Björn Runge) y Amy Adams (El vicio del poder), quienes optaban respectivamente por séptima y sexta vez a un galardón que merecen ganar por un papel más reseñable (si no lo lograran, para algo existen los reconocimientos honoríficos).

Lady Gaga y Bradley Cooper, Premios Oscar 2019
Ha nacido una estrella recogió el único premio
que merecía: mejor canción original
Aunque mediocre, el palmarés ha tenido cabida para todas las aspirantes al podio, al recoger Infiltrado en el KKKlan el reconocimiento a mejor guion adaptado (compensando así tras largo tiempo de ninguneo a Spike Lee, a quien por cierto no gustó nada el triunfo de Green Book), El vicio del poder, del marcadamente político Adam McKay, el concerniente a mejor maquillaje y peluquería (por encima de Border, de Ali Abbasi, tercer filme sueco nominado en esta sección) y, tal y como deseaban hasta sus detractores, Ha nacido una estrella el referente a mejor canción para esa pegadiza “Shallow” que tan bien han interpretado Bradley CooperLady Gaga en uno de los escasísimos momentos de la ceremonia cuyas emociones, aunque por completo calculadas, se antojaban sinceras (bastante más que las de la sobrevalorada película, de hecho). Y es una pena, porque todo esto sirve de perfecto argumento a quienes, incapaces de ver en los Premios Oscar la magia que pese a todo evocan, los relegan a la artificiosa mediocridad en que sin duda alguna esta vez han caído.  

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